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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

30
Jul
2016
Vida monástica: temas para reflexionar
1 comentarios

La reciente constitución apostólica sobre la vida monástica indica que uno de los temas sobre los que es necesario reflexionar es el de la autonomía de los monasterios femeninos. Autonomía no es autorreferencialidad. Debe estar abierta a la comunión con los otros monasterios. De ahí la importancia y la necesidad de las federaciones. A partir de ahora no podrá haber monasterios que no estén federados.

La autonomía necesita replantearse desde la plena confianza en las monjas y también desde la comunión con el carisma compartido con la rama masculina de sus Órdenes. Esta disposición abre caminos: “Se favorecerá la asociación, también jurídica, de los monasterios con la Orden masculina correspondiente”. Otro tema importante es la formación permanente, exigencia intrínseca de la consagración religiosa. Es necesario tener monjas bien formadas y con buena base teológica. Sin buena teología no hay buena espiritualidad.

La oración litúrgica y personal es una exigencia fundamental para alimentar la contemplación. La oración monástica puede ser estímulo y guía para aquellos que no sienten la necesidad de rezar, o no saben rezar, o reducen la oración a una petición en los momentos de dificultad. La oración es ante todo alabanza y acción de gracias, que no se reduce a un momento puntual, sino que abarca todos los tiempos y dimensiones de la vida. Más aún, al recitar la liturgia las horas, las monjas se convierten en la voz de todas las personas que no rezan. Y de esta forma las arrastran con ellas hacia Dios, viviendo así la comunión de los santos y siendo solidarias con toda la humanidad.

Sin olvidar la oración de intercesión por los presos, los refugiados, los emigrantes, las víctimas de dependencias, los perseguidos, los parados, los enfermos, las familias desestructuradas… O sea, una oración que de nuevo abarca a la humanidad doliente, pobre y necesitada. “Por vuestra oración, dice el Papa, vosotras curáis las llagas de tantos hermanos”. Y recordando la escena del libro del Éxodo (17,11) en la que la oración de Moisés decide la suerte de su pueblo, Francisco dice: “Hoy, como entonces, podemos pensar que las suertes de la humanidad se deciden en el corazón orante y en los brazos levantados de las contemplativas”.

La vida comunitaria, reflejo de Dios comunión de Amor, es elemento esencial de la vida monástica. De ahí la necesidad de ser constructores de comunidad (y no solo consumidores), aportando cada uno los dones que ha recibido. La vida común es un testimonio de la belleza del vivir unidos, a pesar de las diferencias, en un mundo marcado por divisiones y desigualdades. Pues las diferencias, lejos de separar, enriquecen. La vida común es también la primera forma de evangelización: “en esto, en que os amáis unos a otros, conocerán que sois mis discípulos”.

El Papa es consciente de las dificultades y tentaciones que comporta una vida así. La más peligrosa es la apatía, la desidia, la desmotivación. Por eso, importa no sólo aprender de las monjas, sino apoyarlas y rezar por ellas.

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26
Jul
2016
Buscar el rostro de Dios
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Por fin ha salido la esperada constitución apostólica sobre la vida monástica femenina, que lleva por título: “La búsqueda del rostro de Dios”. El Papa afirma haber escrito esta constitución “tras las debidas consultas”. En este caso la frase no tiene nada de retórica. Más aún, me permito añadir: tras las debidas consultas a la base, o sea, tras una amplia encuesta a todos los monasterios de vida contemplativa. Por este motivo, las monjas esperaban expectantes el resultado de la consulta.

Algunos medios han destacado solo una disposición, sin duda importante, de la constitución, que afecta directamente a los monasterios españoles, a saber: “hay que evitar en modo absoluto el reclutamiento de candidatas de otros Países con el único fin de salvaguardar la supervivencia del monasterio. Que se elaboren criterios para asegurar que esto se cumpla”. Pero la constitución es mucho más que esta disposición. Contiene una rica y actualizada doctrina sobre la vida monástica femenina, que también puede servir, a su manera, para todos los consagrados y, en general, para todos los cristianos.

La constitución comienza con un merecido elogio de la vida monástica, signo que recuerda al pueblo de Dios el sentido primero y último de lo que él vive. En efecto, todos los seres humanos, y de forma más consciente los cristianos, buscamos, de una u otra forma, el rostro de Dios, aunque no seamos del todo conscientes. Normalmente lo buscamos bajo la forma genérica de “la felicidad”. Los monjes y las monjas señalan de forma explícita dónde esta la fuente de la vida de la que todos venimos y a la que todos nos encaminamos. El Papa considera que, cincuenta años después del Vaticano II, es bueno mirar de nuevo algunos aspectos a la vida monástica, a la luz de las nuevas condiciones socio-culturales, para que pueda seguir siendo un desafío para la mentalidad de hoy.

Las y los que entran en un monasterio no quieren alejarse del mundo y, mucho menos, huir del mundo y, menos aún, condenarlo. Lo que buscan es contemplar el mundo y las personas con la mirada de Dios, allí donde los demás “tienen ojos y no ven”, porque miran con los ojos de la carne. Y desde esta contemplación ser la voz de la Iglesia que incansablemente alaba, agradece y suplica por toda la humanidad; ser, con la plegaria, colaboradoras de Dios y apoyo de los miembros vacilantes del cuerpo de Cristo.

La constitución indica que hay una serie de cuestiones sobre las que es necesario reflexionar y discernir para mejorar la situación de los monasterios; y añade que la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica ofrecerá en breve pautas e indicaciones concretas. En un próximo post me referiré a algunas de estas cuestiones.

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23
Jul
2016
Biblia del Papa Francisco
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Me acaban de informar de la aparición de una “Nueva Biblia del Papa Francisco”, que se está ofreciendo por teléfono, sobre todo a comunidades religiosas y a parroquias, asegurando que los beneficios de la venta son para “Caritas”. Se trata de una estafa más de las muchas que se hacen apelando a los sentimientos religiosos de la gente, que utiliza indebidamente los nombres del Papa y de “Caritas”. Desde “Caritas” ruegan que se dé la máxima difusión a este hecho. Me añaden que “Caritas” está estudiando emprender acciones legales por el uso no autorizado del nombre y del logo. También me dicen que la BAC ya ha emprendido acciones legales por el uso no autorizado de derechos de autor, lo que me hace suponer que la traducción que están utilizando esos mentirosos estafadores es la de la Biblia de Nacar-Colunga o de Bover-Cantera, o incluso alguna otra de las traducciones que tiene en su catálogo esta editorial.

No conozco, ni de cerca ni de lejos, ese producto que se pretende vender, pero me pregunto: ¿qué puede significar eso de “Biblia del Papa Francisco”? ¿Quizás una traducción de la Biblia a la que se añade alguna homilía o reflexión del Papa, bien en nota, bien en recuadros aparte? Si así fuera, que no lo sé, me parece un poco grotesco el calificativo. La Biblia es la Biblia y para tener una buena traducción no hay que acudir al Papa, sino a los biblistas, expertos en griego y en el conocimiento del texto. Y si en una Biblia es bueno que haya notas aclaratorias, quienes deben redactarlas son los teólogos o los exégetas. Otra cosa es que una traducción pueda tener el aval o la aprobación de un Obispo, de una Conferencia Episcopal o de un organismo de la Santa Sede, pero este no es el caso que nos ocupa.

Más allá de las notas técnicas, los “otros” añadidos que pueda haber en una edición de la Biblia corren el riesgo de distraer la atención del lector de lo verdaderamente importante que es el texto revelado. Eso no niega la oportunidad de algunas ediciones de textos evangélicos, preparadas para facilitar las celebraciones en una peregrinación o incluso el seguimiento de las lecturas litúrgicas del día.

Esos estafadores (porque esa es la palabra que merecen) cuentan con la ingenuidad de muchos buenos católicos, que se dejan seducir por los nombres de la Biblia, del Papa y de “Caritas”. En estas cuestiones religiosas, sobre todo cuando hay dinero de por medio, lo mejor es ser muy desconfiados. Este caso me recuerda otras mentiras, que abusan de la buena fe de las personas, como el envío masivo de correos electrónicos con el ruego de reenviarlos a todos los contactos, en los que se anuncian falsedades tales como la aparición de películas escandalosas sobre Jesús, y se invita a protestar por un hecho que no existe. Yo jamás reenvío correos así, y me molesta recibirlos. Mi recomendación es que, cualquier información, petición, recomendación sobre cuestiones religiosas no habituales o no comprobadas, sea tomada con mucha cautela.

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19
Jul
2016
Contemplar siempre el misterio de la misericordia
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“Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia”, afirma el Papa Francisco. Además de otros, ofrece este primer motivo: es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Hay muchos motivos que hacen conveniente, más aún necesario como dice el Papa, volver nuestra mirada, o nuestra reflexión, hacia el misterio de la misericordia. Porque efectivamente, se trata de un misterio, una realidad que siempre se nos escapa y que, por eso, no podemos controlar del todo. Nunca acabamos de comprender esta actitud tan humana y tan divina como es la misericordia, porque parece que va más allá de todas las razones. A veces, se diría que lo razonable no es el amor, sino la indiferencia, el rechazo o incluso el odio. ¿Por qué tener misericordia de un desconocido y no digamos de alguien que nos ha hecho daño? La misericordia es, efectivamente, una realidad misteriosa. ¿Será que hay rincones del corazón humano, rincones buenos, que de vez en cuando nos sorprenden?

Además, la necesidad de contemplar este misterio de la misericordia parece absoluta: siempre hay que hacerlo. ¿Será porque se nos olvida con demasiada frecuencia? ¿Será que nuestro egoísmo siempre está ahí, cegándonos los ojos a lo que de verdad nos conviene? ¿O lo de “siempre” quiere decir que este rostro de la misericordia es como el aire que necesitamos para vivir y por eso está en todo momento presente en nuestra vida? Quizás las dos cosas: se nos olvida y, sin embargo, es lo que nos da la vida. Normalmente no prestamos atención a lo que nos da la vida. Por eso es bueno, de vez en cuando, recordar que respiramos aire, que la sangre corre por nuestras venas, que hay que cuidar el aire y cuidar la sangre. La misericordia es como la sangre y el aire que nos hace vivir. Vivimos de misericordia. Cuando respiramos bien o la sangre circula bien, entonces estamos tranquilos.

Por eso, la misericordia es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Alegría, serenidad y paz: tres dimensiones que van muy unidas, que son consecuencia y expresión de una vida bien orientada, bien ordenada, bien fundamentada. La alegría y la paz son dones mesiánicos, que Jesús entregó a sus discípulos en el momento de su despedida. La alegría y la paz que Jesús propone son muy distintas de las que ofrece el mundo. No se manifiestan de forma ostentosa, no nacen de la búsqueda egoísta del propio bienestar, sino de la satisfacción que produce el contemplar, con gratitud y sin envidia, el bien de los demás. Precisamente trabajando por el bien, la alegría y la paz de los demás, así y sólo así, trabajamos por nuestro propio bien, nuestra alegría y nuestra paz. Si esto es lo que brota de la misericordia, entonces sí, siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia.

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15
Jul
2016
En Argentina convento se escribe con K
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Con K de Kirchner, supongo. Escucho la frase en boca de unos amigos argentinos a propósito de la sorprendente entrega, a altas horas de la madrugada, de bolsas con dinero en un supuesto convento. Supuesto, sí, porque aquello no es ni ha sido nunca un convento. Y las tres mujeres que allí viven no son monjas. Pertenecen a una asociación de fieles fundada por el anterior Obispo de Luján, ya difunto. He leído en distintas páginas españolas de información religiosa que el actual Obispo de Mercedes-Luján, en sus primeras declaraciones, negó que existiera complicidad de “las monjas” con José López, el funcionario del gobierno de Cristina Kirchner que depositó las bolsas en el supuesto convento.

Me dicen (cuando escribo esto son las cuatro y media de la madrugada en España del viernes, 15 de julio; las once y media de la noche en Argentina del jueves, 14 de julio) que a estas horas, como ya el “pastel” esta cada vez más claro, el mismo Obispo ha dejado claro que no son monjas. Mis amigos añaden que el fundador de esta asociación de fieles, para conseguir la autorización de la Santa Sede, envío una lista de vocaciones “truchas”. O sea: falsas. Dicho de otra forma: como con tres vocaciones (las actuales) en Roma no iban a aprobar la Congregación, el Obispo puso nombres de personas que pertenecían a otras asociaciones de fieles.

Al parecer todo está relacionado con la herencia de Perón, parte de la cual reclamaban los Kirchner (ignoro la base de la reclamación). Pero para que esta herencia pudiera cobrarse por parte de los Kirchner se necesitaba el aval del Obispo fundador, ya difunto. Que por cierto, pedía más de la mitad del monto del dinero (si recuerdo bien, me han hablado de cien millones de dólares, insisto, si recuerdo bien) para firmar donde había que firmar. De ahí que el círculo de los Kirchner entregase grandes cantidades de dinero a esas personas, y muchos kirchneristas visitasen con frecuencia el lugar. Así se explica que en Argentina convento se escribe con K. Oigo también que el funcionario que les llevaba el dinero les dijo algo así: hemos robado para darles a ustedes, ahora tienen que ayudarnos a guardar estas bolsas.

Todo muy divertido. Cuento lo que oigo. Me parece coherente. Y triste. Conclusión: el dinero es una droga con altas probabilidades de conducir a la locura. Porque por el dinero todos perdemos la cabeza fácilmente.

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12
Jul
2016
Razón y sentidos no explican toda la realidad
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La razón es lo más valioso que tiene el ser humano. Pero la razón, a veces, es pretenciosa. Por ejemplo, cuando califica de infantil, cuando no de irracional, todo discurso que desemboca en lo religioso. Ya un gran matemático como Pascal hizo notar la insuficiencia del orden puramente racional. Hay que tener en cuenta, además, que lo religioso posee su ló¬gica interna. El que la racionalidad de lo religioso no coincida con la lógica de la ra¬zón analítica o instrumental no significa que en la religión no estén presentes otros tipos de razón, como la simbólica, la utópica, la vital, la hermenéutica, la narrativa, la dialéctica o la cordial. Cierto, tal como reconoce el Catecismo de la Iglesia Católica, “en el sentido de las pruebas propias de las ciencias naturales”, no podemos probar ni desprobar la existencia de Dios. Pero tam¬poco podemos dar cuenta de la verdad última de las proposiciones científicas. Desde el momento en que los enunciados empíricos basan su validez en el principio de inducción, su verdad es sólo probable, jamás absoluta. De modo que, mientras no se demuestre su falsedad , la validez de las conclusiones científicas depende de la confianza que en ellas depositemos.

Por otra parte, una razón puramente “científica”, que se queda en el plano de las causas físicas, no es capaz de explicar toda la realidad. Las explicaciones teológicas no se contraponen a las naturales. Suponerlo es pasar por alto el hecho de que existen múltiples estratos de comprensión o explicación. Todo lo que podemos experimentar admite una pluralidad de niveles explicativos; y las diversas explicaciones no compiten entre sí. Por ejemplo, una explicación de este post es que alguien ha utilizado el teclado de un ordenador y se ha servido de un programa informático. Otra explicación es que el blogger pretende comunicar ciertas ideas. Y aún cabe una tercera explicación: el director de la página web ha pedido al blogger que redacte estas ideas. Todo estos estratos ni compiten entre sí, ni son contradictorios; todos ellos explican la página que el lector está leyendo. No tiene sentido argumentar que la página se explica mejor atendiendo solamente al programa informático y al técnico que lo ha hecho posible, que a la intención del autor del artículo. Ni tampoco tiene sentido afirmar que la página existe por la petición del director de la página antes que a causa del deseo del autor del texto de compartir sus ideas.

Igualmente hay que decir: que la existencia humana tenga causas naturales, que la teoría de la evolución explica perfectamente; o que la psicología y la neurología ofrezcan una razonable explicación de los deseos humanos, no impide que la teología pueda dar también una explicación en la que Dios aparece como la causa última de la vida y de la esperanza humana. La realidad es muy compleja y no podemos reducirla a una sola de sus perspectivas. En otras palabras: la razón científica, técnica e instrumental no es la única medida de la razonabilidad, del sentido y de la esperanza. Hay además otras formas de inteligencia y de saber que no son inferiores en hondura a la razón científica.

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8
Jul
2016
El dinero se limpia con claridad
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El dinero es sucio. Recuerdo que un empleado de banca me decía: el dinero huele mal. Añadía, para que quedase claro lo que quería decir: huele físicamente mal. Y cuanto más se acumula, como en las cajas fuertes de los bancos, más y peor debe oler. En este caso, lo físico es reflejo de algo mucho más serio: ante el dinero parece que todos perdemos la cabeza; el dinero, en demasiadas ocasiones, corrompe a los que lo ambicionan. Y cuando alguien acumula dinero, resulta sospechoso de haberlo obtenido por medios poco confesables. No es extraño que Jesús advirtiera que uno de los grandes peligros de sus seguidores era el amor al dinero: no podéis servir a Dios y al dinero. El dinero es incompatible con el reino de Dios. Pues el dinero nos hace egoístas y el reino de Dios nos hace desprendidos.

El dinero solo se limpia con claridad. Las cuentas claras. Cuanto más claras, menos peligro de pelearnos o de crearnos enemigos. Es curioso que este asunto del dinero sea uno de los que llevamos con mayor sigilo: nadie hace público el dinero que tiene; más aún, normalmente, no se suele hacer público el sueldo que se cobra. La claridad es garantía de que el dinero lo hemos obtenido con medios lícitos y lo utilizamos para buenos fines. Eso vale para todos, pero sobre todo para los políticos y para los que están a cargo de instituciones. También vale para los eclesiásticos. En la Iglesia, la claridad en asuntos económicos es la mejor garantía de honradez y buenas prácticas.

Estoy en Lima dando unas clases a un grupo de 70 alumnos sobre “gracia y misericordia para comprender al Dios cristiano”. En esta gran ciudad hay muchas capillas protestantes. La mayoría de los pastores de estas capillas van un poco a su aire; quiero decir que no están integrados en las grandes Iglesias luteranas, bien organizadas, con sus sínodos y sus Obispos o responsables. Los pastores de alguna de estas capillas no rinden cuentas a nadie de los abundantes ingresos que reciben de los fieles, a los que piden dinero bajo distintos pretextos. Me cuentan personas cercanas a alguno de estos fieles que cuando alguien les indica que a lo mejor tanto dinero entregado a la Iglesia solo redunda en beneficio del pastor, responden diciendo: “a nosotros nos toca dar, no pedir cuentas ni juzgar. El pastor ya rendirá cuentas a Dios”. Eso es exactamente lo que les ha enseñado el pastor: “Yo rindo cuentas a Dios”. Puro lavado de cerebro.

Cuando uno solo responde ante Dios, o ante la historia futura, tiene muchas papeletas para ser un corrupto. Hacerse con dinero en nombre de Dios, me parece un grave sacrilegio. Ya Jesús criticaba a los responsables del templo que se hacían con el dinero de las viudas so pretexto de largos rezos (Mc 12,40). Las cuentas se rinden ante los hombres. Por eso digo que el único medio que veo para limpiar un poco el sucio dinero es la claridad. En políticos, sindicalistas, pastores, catequistas, curas, frailes, monjas y lo que quieran añadir.

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4
Jul
2016
Desacuerdo no es desencuentro
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Es práctica habitual para invitar a leer un artículo entresacar una frase llamativa que se pone como titular. A veces el titular refleja bastante bien la temática de la que trata el artículo, pero otras veces quedarse solo con el titular no es hacer justicia al pensamiento matizado expuesto en el artículo. Quedarse con una frase sacada de contexto no es garantía de conocer a un autor ni de resumir adecuadamente su pensamiento. Pongo un ejemplo personal: en un post de este blog, titulado “encuentros y desencuentros”, indicaba que Jesús nos invita al encuentro, a la buena relación con los demás. Por tanto, un cristiano debe evitar, en la medida de lo posible, todo aquello que le aleja de los demás. En el campo teológico y doctrinal, esto se traduce en la necesidad de evitar malentendidos y, en positivo, de ofrecer explicaciones que favorezcan la comunión, sin que esto implique desvirtuar la propia posición.

Pues bien, en Twitter se colgó una frase de este artículo que resultaba provocadora. Decía así: “si las doctrinas son motivo de desencuentro, entonces no vienen del Espíritu de Dios”. Una persona, (desconozco si había leído el artículo), comentó: “¿A qué os referís con la doctrina? ¿A las encíclicas de los Papas, por ejemplo? Pues vamos buenos”. Una primera explicación: desacuerdo no es desencuentro. Se puede estar en desacuerdo con una explicación teológica y eso no tiene porqué conducir a ningún desencuentro, al menos un desencuentro personal, que son los verdaderos desencuentros. Podemos estar muy unidos, y convivir pacíficamente, no solo con personas que tienen distintos gustos, sino incluso con personas que no comparten cuestiones esenciales, como es el caso de la convivencia entre creyentes y no creyentes o creyentes de distintas religiones.

Por otra parte, reconozco que la palabra “doctrina” es susceptible de ser mal interpretada. Seguramente la persona que reaccionó al twit lo tomó por la parte que más “quemaba”. Pero la palabra doctrina no tiene que identificarse con la confesión de fe. Es más bien una explicación de algún artículo de fe. Ahora bien, pueden darse distintas explicaciones sobre la misma fe. Y esas explicaciones no tienen porqué conducir a ninguna separación fraterna. A este respecto es bueno distinguir entre mensaje (de fe) y doctrina (que explica el mensaje). Juan XIII hizo otra distinción que puede enlazar con esta que yo hago: una cosa es el depósito de la fe y otra el modo de expresarla.

Las explicaciones doctrinales son tanto más buenas cuanto menos polémica o separación crean. De modo que, cuando alguien no está de acuerdo con ellas puede, al menos, reconocer, primero, que tienen elementos buenos; y después, que en aquello que no se considera adecuada, la exposición está hecha de tal manera que merece ser discutida, no desde la oposición o el desencuentro, sino con simpatía y fraternidad.

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29
Jun
2016
Belleza de la vida consagrada
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Respondo a una pregunta muy directa que me han planteado: ¿hay belleza en la vida consagrada? Aunque hay tantos gustos como personas, la belleza tiene algunos criterios objetivos: bello es lo armónico, lo proporcionado, lo sugerente, lo que despierta nuevos horizontes. La belleza es algo propio del objeto que se reconoce como bello, pero también depende de la apreciación que de ese objeto haga el sujeto. Por eso se dice que hay personas que están más capacitadas o que son más sensibles ante determinadas obras de arte. Se necesita una cierta sensibilidad y preparación para apreciar un poema, una pieza musical, una pintura.

Eso que vale para la “obra de arte”, vale para las personas. Hay personas que tienen una serie de valores, pero no todos los aprecian de la misma forma. ¿Qué decir de los distintos tipos de vida consagrada? Todos tienen sus cosas buenas. Hay belleza en una vida ordenada, en el canto y en la oración coral, en la liturgia tal como se celebra en los monasterios; hay belleza en la educación, la atención a niños desvalidos, el cuidado de los enfermos, la acogida de ancianos, el acompañamiento de personas desamparadas, que hacen tantas congregaciones religiosas; hay belleza en el reparto de alimentos, como ocurre en las puertas de algunos conventos; hay belleza en una buena catequesis, en una predicación fundamentada, en una clase o conferencia bien dada, en una publicación preparada.

Cierto, a veces algunas de estas actividades resultan desagradables o incluso humanamente repulsivas. A nadie le agrada ver una cara desfigurada o accidentada, o ver un cuerpo maltratado o gangrenado, o a personas hambrientas, desnudas y sucias. Sin embargo, es posible descubrir mucha humanidad en estos cuerpos. Además, hay belleza en quien los atiende, pues hay cosas que solo se hacen por amor. Y el amor siempre es bello.

Cuando se habla de un colectivo humano amplio, las generalizaciones indican “tendencias”. La vida consagrada es significativa para la Iglesia y la sociedad, permite la realización de sus miembros, sostiene importantes obras evangélicas con repercusiones sociales, se encuentra siempre en los lugares “de frontera”, donde hay que poner en riesgo la vida para ayudar a los demás y hacer que el Reino de Dios crezca; la vida consagrada es, a veces, incomprendida incluso entre los propios cristianos. Tiene una dimensión profética, requiere madurez humana, decisión, capacidad de compromiso, esfuerzo.

También es verdad que en ella se puede encontrar gente pecadora. Como en todos los grupos humanos. Incluso personas egoístas, más aún, algún delincuente, que avergüenza a los demás y se aprovecha de la buena fe de los demás. A veces, las instituciones religiosas han realizado una falsa labor de defensa u ocultación de la malas piezas que en ellas se encuentran, pretendiendo así defender al grupo. Son los contrastes de la belleza. Toda luz tiene sombras. Pero las sombras hacen que resalte la luz.

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25
Jun
2016
La justicia de Dios es su perdón
2 comentarios

La paz es efecto de la justicia, decía San Agustín. Y en el salmo 84 se afirma que la justicia y la paz se besan. Sin unos mínimos de justicia lo que aparece es el resentimiento y el odio. Por eso, los caminos de la paz pasan por un trabajo serio a favor de la justicia y de la dignidad de todos los ciudadanos. Ahora bien, no hay nada más alejado de la justicia que la venganza. Por eso la justicia debe traducirse en misericordia y perdón. Una justicia que no tiende hacia el amor resulta inhumana. La justicia sola no es suficiente para el logro de una auténtica humanidad ”si no se le permite a esa forma más profunda que es el amor plasmar la vida humana en sus diversas dimensiones” (Juan Pablo II).

El perdón es uno de los mejores caminos hacia la paz. El Papa Francisco ha recordado que la justicia de Dios es su perdón. Ya antes, Juan Pablo II, tras reconocer que “no hay paz sin justicia”, añadió: “no hay justicia sin perdón”. El perdón es propio de los magnánimos y de los fuertes. Si a corto plazo puede parecer una pérdida, a la larga, asegura un provecho real. El perdón puede parecer una debilidad; en realidad tanto para concederlo como para aceptarlo, hace falta una gran fuerza espiritual y una valentía moral a toda prueba. Lejos de ser un menoscabo para la persona, el perdón lleva hacia una humanidad más plena y más rica, capaz de reflejar en sí misma un rayo del esplendor del Creador. Así se comprende que el primer beneficiario del perdón es el que perdona: “el perdón no es un favor al malvado, sino una necesidad de la víctima para superar el dolor” (Santiago Roncaglioglio).

Sin perdón, la venganza engendra más violencia y encadena un círculo vicioso sin fin. Por el contrario, perdonar es empezar de nuevo, rehacer la historia, escribir de nuevo la trayectoria de las cosas y de las personas. Perdonar es intentar lo imposible, deshacer lo que ha sido, abrir nuevas metas allí dónde parece que todo está terminado. En este sentido el poder de perdonar es el potencial más eficaz.

Una cosa más a propósito del perdón, inspirada por una distinción interesante que hace Tomás de Aquino. El santo doctor dice que la paz implica concordia, pero que la concordia no es suficiente para que haya una paz duradera y auténtica. La concordia consiste en la unión de distintos intereses o deseos de diferentes personas. Pero para que haya paz se requiere también y previamente la armonía interior, la paz del corazón. Eso me lleva a afirmar que el perdón solo pueden otorgarlo los pacíficos o los pacificados.

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