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Jun2016Cifras de la Plaza y Catedral de Valencia
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Jun
Los hechos son los hechos. Gustarán o no gustarán, pero el gusto o disgusto no cambia los datos. Por eso, cualquier interpretación u opinión mínimamente seria no puede basarse en datos falsos o distorsionados. He conocido noticias de primera mano, y luego he leído informaciones o comentarios que las falsificaban totalmente, con la mala intención de hacer daño. Otras veces, como el caso que ahora voy a contar, se ofrecen datos inexactos probablemente porque no se han contrastado con la fuente adecuada.
Me refiero a la llamada que hizo el Arzobispo de Valencia para que el pasado jueves, día 15, las personas que lo deseasen acudieran a rezar el rosario en la plaza de la Virgen y luego asistieran a la celebración de la Eucaristía en la Catedral. La primera impresión que yo tuve al ver la plaza totalmente abarrotada fue que allí podía haber unas diez mil personas. Pero como no soy experto en este tipo de cálculos, me guarde el pensamiento para mi. Al día siguiente, me dijeron que el periódico “La razón” había publicado que fueron algo más de dos mil personas las que acudieron al acto. También me han dicho que la policía municipal ofreció la cifra de 600 personas. Si es verdad, me parece grotesco e impropio de la policía, a no ser que algún político les dictase la cifra.
Luego he sabido que los responsables de la Eucaristía prepararon 3.500 formas para consagrar. Como estas formas se terminaron, tuvieron que ir a buscar dos copones al sagrario, en uno de los cuales había unas 500 formas; en el otro, algo menos. Total, más de cuatro mil comuniones. Además hubo bastante gente que se quedó sin comulgar, porque las formas se agotaron. O sea, que probablemente en la Catedral había unas cinco mil personas. De cinco mil a dos mil (como informaba el periódico citado) van tres mil. Una considerable diferencia. En la plaza tuvo que haber más gente, porque la Catedral es incapaz de contener toda la gente que había en la plaza, y eso tanto más cuanto que la Catedral estaba ya llena de gente cuando empezó el rezo del rosario en la plaza.
Y puestos a dar noticias ciertas que otros no dan, contaré algo sobre las pancartas de signo político que se pusieron estratégicamente en primera fila de la plaza. Como los organizadores tenían muy claro que se trataba de un acto religioso, antes de empezar el rosario, rogaron a los portadores que se alejaran con sus pancartas. Cuento esto, porque algunos periódicos han destacado estas pancartas. La noticia completa y cierta es que a los organizadores no les gustaron y por eso pidieron a sus portadores que se alejaran.
A mi hay cifras que no me interesan mucho. Pero las que ofrezco son un buen ejemplo de la necesidad de ser críticos con lo que se publica. La información es necesaria y los periodistas hacen una meritoria labor. La pena es que, a veces, los modos de dar la noticia tienen sesgos ideológicos.
La vida cristiana está hecha de encuentros. En primer lugar, encuentro con el Señor Jesús. Con este encuentro, y no con decisiones éticas o consideraciones doctrinales, se comienza a ser cristiano. En segundo lugar, encuentro con los hermanos. Cuando uno se ha encontrado con Jesucristo, necesariamente se sigue el encuentro con los hermanos, entre otras cosas porque el modo como Cristo resucitado se hace hoy presente en el mundo es por medio de los hermanos: cada vez que dos o tres se reúnen en su nombre, allí él se hace presente. Estos encuentros son mucho más que meras coincidencias en un lugar. Encuentro significa relación profunda, compartir la vida, con todo lo que conlleva, compartir los bienes espirituales y también los materiales.
La caridad, o el amor cristiano, sin dejar de lado las ayudas eficaces y urgentes que requieren tantos hermanos nuestros, debe también comprenderles y acompañarles en su sufrimiento. Para que la caridad alcance su plenitud con una persona necesitada no basta con llenar la boca que tiene hambre; también hay que escuchar la boca que habla.
En la última semana de julio se celebrarán en Cracovia las XXI Jornadas mundiales de la juventud. Es de esperar que sean muchos los jóvenes que se reúnan con Francisco para reafirmar su fe cristiana. Estas Jornadas están encuadradas, como no podía ser de otra manera, dentro del “año santo de la misericordia”. Sin duda, el Papa hará una llamada apremiante para que, en estos tiempos tan convulsos, los jóvenes cristianos sean instrumentos de misericordia hacia todos los prójimos.
Los predicadores y catequistas lamentan, en ocasiones, la falta de resultados, la poca eficacia de su tarea. Esta queja denota que han olvidado esta palabra de Jesús: “uno es el sembrador, otro el segador”. Lo que nosotros, como cristianos, estamos llamados a hacer es sembrar. Segar es una gracia que solo se concede a algunos. Sin duda, la predicación es una tarea apasionante, pero no es fácil. En ocasiones no aparecen los resultados esperados. ¿Significa esto que no es eficaz? De ningún modo. Significa que los resultados aparecen cuando menos se espera, en la hora de Dios, en el momento en que Dios los haga eficaces.
El predicador es un testigo, no es un profesor. El profesor puede explicar perfectamente una doctrina o una teoría, y hasta resultar convincente, estando un completo desacuerdo con ella. El testigo, por el contrario, está implicado en lo que explica, no es sólo un buen orador. El testigo transmite una noticia que antes le ha afectado personalmente, más aún, que le ha cambiado, le ha transformado. “Quien quiera predicar, dice el Papa Francisco, debe estar dispuesto a dejarse conmover por la Palabra y hacerla carne de su existencia concreta”. Y añade, citando a Tomás de Aquino: “De esta manera, la predicación consistirá en esta actividad tan intensa y fecunda que es comunicar a otros lo que uno ha contemplado”. Condición ineludible de todo testimonio de Jesucristo es un encuentro previo con Jesucristo.
La caridad es una manera de designar al amor cristiano. Hay que reconocer que en nuestras catequesis y predicaciones tenemos un problema de lenguaje con el término caridad. ¿Qué entienden los no cristianos y también bastantes cristianos cuando oyen la palabra caridad? En muchos casos se confunde la caridad con la limosna y se la desprecia porque se la considera una excusa para no practicar la justicia. Por eso es muy importante que en estos terrenos de la relación entre caridad y justicia nos expliquemos bien, no sea que buscando defender la caridad los oyentes entiendan “otra cosa”.
Los dos calificativos son absolutamente necesarios para entender la relación entre caridad y justicia: la primera supone y supera a la segunda. Supone quiere decir que sin justicia no puede vivirse la caridad. Por tanto, cuando decimos que la caridad supone la justicia no estamos prescindiendo de la justicia para saltar directamente (por decirlo con una imagen gráfica) a la caridad. Sin la base, sin la realización efectiva, sin la práctica real de la justicia no hay caridad que valga. La justicia, pues, forma parte de la predicación del Evangelio. Sin duda, la justicia es una virtud propia de todo ser humano. Pero los cristianos, en nombre de una supuesta originalidad del evangelio, no podemos dejarla de lado. Lo cristiano supone lo humano y construye sobre lo humano. Nunca prescinde de lo humano.
En este mes de mayo se han cumplido 50 años de la conocida como Revolución Cultural china. Las autoridades reclutaron a grupos de adolescentes, casi niños, que se arrogaron la defensa ciega de la ideología del presidente Mao Zedong. La defensa se tradujo en una oleada de terror, mediante la violencia y purgas sin fin, contra enemigos reales o imaginarios. Se calcula que pudo haber hasta tres millones de personas asesinadas. Aquellos guardias rojos son hoy personas mayores. Algunos, conscientes de las barbaridades que hicieron, han pedido perdón. Tales peticiones se han silenciado, no interesan al partido comunista chino, instigador de aquella barbarie y todavía hoy en el poder.