Logo dominicosdominicos

Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor


Filtrando por: 2020 quitar filtro

17
Feb
2020
Encarnación en la Amazonia
1 comentarios

floresamazonia

Según el Vaticano II, la ley de toda la evangelización es “la adaptación de la predicación de la palabra revelada”. El Papa Francisco lo ha dicho de forma más expresiva: “lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo, de manera que la Esposa de Cristo adquiera multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia. La predicación debe encarnarse, la espiritualidad debe encarnarse, las estructuras de la Iglesia deben encarnarse”. Encarnarse es entrar en la realidad a la que uno quiere llegar, nunca para anularla, quizás para corregirla, siempre para alentarla y elevarla. Así como Jesús, al encarnarse, llevó lo humano a su más alta meta, de modo que bien podemos calificarlo de “hombre perfecto”, también la inculturación debe llevar a la cultura a su plenitud más lograda.

A esta luz, se entiende la necesidad de que el evangelio se encarne en la cultura de los pueblos amazónicos, distinta, en muchos aspectos, de la occidental. El Papa, tras alertar del peligro que tienen los evangelizadores de imponer las formas culturales en las que ellos han crecido, y cortar así “las alas al Espíritu Santo”, ofrece reflexiones de sumo interés: “Es posible recoger de alguna manera un símbolo indígena sin calificarlo necesariamente de idolatría. Un mito cargado de sentido espiritual puede ser aprovechado, y no siempre considerado un error pagano... Un misionero de alma trata de descubrir qué inquietudes legítimas buscan un cauce en manifestaciones religiosas a veces imperfectas, parciales o equivocadas, e intenta responder desde una espiritualidad inculturada”. Recordará el lector que, durante la celebración del Sínodo amazónico, los pueblos originarios presentaron al Papa, durante una liturgia de alabanza, signos propios de su cultura e incluso de la religión de sus ancestros, con gran escándalo de algunos.

Estos principios tienen aplicación en dos dimensiones importantes de la vida cristiana, la liturgia y la aspiración a la santidad. El Papa hace una llamada a “recoger en la liturgia muchos elementos propios de la experiencia de los indígenas en su íntimo contacto con la naturaleza y estimular expresiones autóctonas en cantos, danzas, ritos, gestos y símbolos. Ya el Concilio Vaticano II había pedido este esfuerzo de inculturación de la liturgia en los pueblos indígenas, pero han pasado más de cincuenta años y hemos avanzado poco en esta línea”. Y expresa su deseo de que nazcan “testimonios de santidad con rostro amazónico, que no sean copias de modelos de otros lugares, santidad hecha de encuentro y de entrega, de contemplación y de servicio, de soledad receptiva y de vida común, de alegre sobriedad y de lucha por la justicia. A esta santidad la alcanza cada uno por su camino, y eso vale también para los pueblos, donde la gracia se encarna y brilla con rasgos distintivos. Imaginemos una santidad con rasgos amazónicos, llamada a interpelar a la Iglesia universal”.

Ir al artículo

13
Feb
2020
Amazonia como texto, no como pretexto
3 comentarios

amazonia

Ha salido la esperada exhortación postsinodal sobre la Amazonia. A mi no me ha sorprendido que, el que supuestamente iba ser tema estrella del documento, a saber, la posibilidad de ordenar varones casados, no haya aparecido. Para muchos (lo que estaban a favor y los que estaban en contra) este era casi el único tema de interés. Si así hubiera sido, la Amazonia se hubiera convertido en un pretexto para dilucidar otro problema, propio de toda la Iglesia, como es la supuesta o real escasez de sacerdotes. Digo supuesta o real, porque sospecho que el problema del clero también es un problema de distribución.

En lo que respecta a la Amazonía el documento papal invita los Obispos latinoamericanos a suscitar vocaciones misioneras, a promover equipos misioneros itinerantes, y también a aumentar el número de diáconos permanentes, sin olvidar el papel de los distintos ministerios y el gran papel catequético, pero también de liderazgo, que pueden tener las mujeres en las iglesias y comunidades locales.

Vuelvo a la cuestión de la Amazonia, que es el tema de la exhortación del Papa. Tema con entidad propia. El Papa parte de un principio fundamental: la Iglesia tiene múltiples rostros y debe encarnarse de forma original en cada lugar del mundo. Luego recuerda que los problemas ecológicos son también problemas sociales; quienes más sufren las consecuencias de los desastres ambientales son los pobres. En la Amazonia, la explotación de su territorio y la destrucción de su medio ambiente, ha conducido a muchas personas a emigrar a las ciudades. Allí vuelven a ser explotadas, y se encuentran con todo tipo de miseria y hasta de esclavitud.

El documento del Papa recuerda que la belleza de la naturaleza es un reflejo de Dios. Y eso hasta el punto de que el Resucitado penetra todas las cosas. «Todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado, porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del universo material, donde ha introducido un germen de transformación definitiva. Él está gloriosa y misteriosamente presente en el río, en los árboles, en los peces, en el viento, como el Señor que reina en la creación sin perder sus heridas transfiguradas, y en la Eucaristía asume los elementos del mundo dando a cada uno el sentido del don pascual”.

Hay muchas más cosas en esta preciosa exhortación apostólica. Me he limitado a ofrecer una pequeña muestra, que sirva como invitación de una lectura seria y detenida del texto.

Ir al artículo

11
Feb
2020
Escuchar el silencio de Dios
4 comentarios

variasflores

Se sea o no consciente de ello, el silencio de Dios es una de las experiencias más evidentes del hombre moderno: a Dios no se le escucha, parece que está callado. Esta experiencia propia del increyente, afecta también a los creyentes. Muchos creyentes se preguntan cómo es posible que Dios no diga nada ante los gravísimos males que asolan nuestro mundo. El mundo funciona como si Dios no existiera. Dios consiente que le nieguen los ateos, porque si no lo consintiera seguro que hacia resonar su voz. Cuando decimos estas cosas quizás no caemos en la cuenta de que la voz de Dios resuena en la voz de los creyentes, aunque para percibir esa voz sean necesarias ciertas disposiciones. Hay sonidos que, para poder ser escuchados, requieren la complicidad del oyente. Más aún, se diría que hoy, el ruido y el furor de este mundo hacen todavía más difícil percibir los rumores de Dios.

Hay una razón creyente que explicaría el silencio de Dios. Su silencio no es una prueba de desinterés. Al contrario, es una prueba de su gran atención ante lo que tenemos que decirle. Nuestra vida, toda entera, eso es lo que tenemos que decirle. Y él escucha con mucha atención, sin interrumpirnos, dejándonos hablar hasta el final. El silencio de Dios no es un silencio vacío, sino un silencio hablante, el silencio del amor que espera nuestra respuesta. En este sentido, escuchar el silencio de Dios pudiera ser una seria llamada de atención: ¿tengo algo que decirle? Si es así, entonces su silencio es prueba de la atención que me presta. Y si no tengo nada que decirle, es lógico que se calle, porque las palabras sólo se dirigen a los amigos.

Como lo propio de Dios sólo es amar, y el amor siempre deja libre, parece que no dice nada a quienes no se interesan por él. No dice nada, pero él sí que se interesa por todos y cada uno, también por aquellos a quienes él no interesa.

Ir al artículo

7
Feb
2020
Dar gracias en un mundo de derechos
4 comentarios

florebalncas

En este mundo todos nos creemos con derechos: derecho al trabajo, a una buena vivienda, a ganar un sueldo justo, derecho sobre mi cuerpo y derecho al asilo. Esta mentalidad del “derecho” nos impide ver la realidad. Y la realidad es que todo lo que tenemos es gratis. San Pablo se preguntaba: “¿qué tienes que no hayas recibido?” Y seguía preguntando: “y si lo has recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo hubieras recibido?” (1 Cor 4,7). Bien pensado, todo lo que tenemos es un don, empezando por el don fundamental de la vida. La vida no nos la hemos ganado, no la hemos conseguido con nuestras fuerzas o nuestro trabajo, nos la hemos encontrado. O sea, alguien nos la ha regalado. Para los creyentes, la vida es un regalo de Dios. Para los no creyentes, la vida es un regalo de la naturaleza. Aceptado el regalo de la vida, podemos afirmar que todo lo que ella comporta es también un regalo. De ahí que la buena actitud ante la vida regalada es la acción de gracias.

Dar gracias implica dos cosas: una, reconocer mi verdad de persona limitada, que tiene muchas necesidades y carencias que no puede resolver con sus propios medios. Esa es mi verdad. Precisamente porque no puedo resolver con mis fuerzas muchas de mis necesidades, busco quién pueda ayudarme. Si encuentro esa ayuda, lo lógico es reconocer que lo que tengo, lo tengo gracias a otros; y por tanto, lo correcto es darle las gracias, tener un gesto hacia esa persona que me ha ayudado. Dar gracias es reconocer mis limitaciones y reconocer la bondad del que me ayuda a superarlas.

Toda vida humana debería estar marcada por la gratitud. Por su parte, la vida cristiana, debería convertirse es una “eucaristía”, o sea, en una acción de gracias. Porque el cristiano reconoce que todos los bienes tienen su fuente última en Dios, que nos los hace llegar a través de la naturaleza o a través de los hermanos, o a través de nuestra propia inteligencia, que es, como todo lo que tenemos, regalo de Dios. Si vivimos agradecidos, si nuestra vida es una acción de gracias, entonces será también una vida humilde. Humilde no es humillado. Humilde es el que es consciente de su verdad. Y al ser consciente de su verdad, tiene su vida bien orientada.

Ir al artículo

3
Feb
2020
Santos sin altar
1 comentarios

santossinaltar

“Los santos sin altar” es el título de un libro que ha publicado el sacerdote valenciano Emili Marín. Me lo ha regalado con mucha ilusión. El libro está dedicado al dominico Juan Bosch, experto en sectas y ecumenismo. Se trata de un homenaje a 12 figuras recientes de nuestra Iglesia, que probablemente nunca serán canonizadas, pero que también pueden ser presentadas como modelos de santidad (entre otras el sacerdote Antoni Llidó, asesinado por el régimen de Pinochet, el cardenal Tarancón o el obispo Rafael Sanus). Ellos y muchos otros son buenos modelos de como ser cristianos en situaciones sociales, eclesiales y políticas difíciles.

La santidad es algo propio de todo cristiano. Y a Dios se le encuentra en todas partes, en el templo y en la calle, en la oración y en el cuidado del necesitado, en la liturgia y en el combate por la justicia, en la predicación y en la manifestación en favor de los derechos de las personas. Decir que sólo en la primera parte de estos binomios hay santidad es reductivo y falso. Otra cosa es que la mayoría de los santos canonizados se encuentren en la primera parte de los binomios. Pero los canonizados son una minoría entre los santos. Para empezar, todo bautizado es santo y está llamado a la santidad. Los cristianos somos santos que caminamos hacia la santidad. Somos y caminamos hacia lo que somos. Todos. Somos de Dios y caminamos hacia Dios, el único santo.

Son más los santos sin altar que los santos con altar. Bien se podría decir, a propósito de los santos con altar, que no están todos los que son. No me atrevo a añadir que no son todos los que están, pero sí a decir que, entre los que están, no todos suscitan la misma devoción. Eso de la devoción depende de la sintonía, de la simpatía que suscita en cada uno la persona propuesta como modelo de santidad. Por eso, cada uno tiene los santos de su devoción. Los de mi devoción no son ni mejores ni peores, son más bien aquellos con los que me siento más identificado. En el fondo, la devoción me retrata.

Eso de que la devoción me retrata no tiene nada de malo, pero es una advertencia contra los enaltecimientos y las descalificaciones. A lo mejor, o a lo peor, los que no me gustan no son tan malos, y los que me gustan no son tan buenos, si no para mí, al menos para otros. Hablar de santos de mi devoción es como decir que las cosas tienen el color del cristal con el que uno las mira.

Ir al artículo

30
Ene
2020
Dejar a tu siervo irse en paz
2 comentarios

presentaciónseñor

El dos de febrero la Iglesia celebra la fiesta de la presentación del Señor, conocida popularmente como fiesta de la Candelaria. Los padres de Jesús, queriendo cumplir estrictamente con la ley de Israel, llevan al niño al templo para consagrarlo a Dios. Sorprendentemente, en vez de ser recibidos por los sacerdotes, son acogidos por dos extraños personajes. Uno de ellos, tomando al niño en brazos, bendice a Dios y confiesa que el niño es el Salvador y la luz de los pueblos. Junto con esa confesión, Simeón exclama: “ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz”. En otras palabras: ya puedo morirme tranquilo.

He conocido a una persona que, tras haber vivido un acontecimiento importante (una madre que, tras haber luchado toda su vida por sacar adelante a un hijo o una hija, comprueba con inmensa alegría, que el hijo ha encontrado por fin el buen camino), ha exclamado: “ya puedo morir en paz”. El motivo se puede resumir así: Porque eso que tanto me había preocupado o tanto había anhelado ha quedado resuelto o cumplido. Por eso mi vida se siente colmada; ya no necesito nada más. El anciano Simeón da una razón más seria aún para justificar eso de que puede irse en paz: “porque mis ojos han visto a tu Salvador”. En otras palabras: cuando uno ha encontrado al Salvador, ya no necesita nada más, su vida ha quedado colmada, llena de sentido. Por eso puede morir en paz, porque el verdadero Salvador salva de la muerte, de todas las muertes.

La vida humana tiene sus momentos de alegría y de esperanza; también tiene preocupaciones y sinsabores. Todos buscamos ser felices, pero la felicidad siempre se nos escapa. ¿Habrá algún camino que conduzca a la felicidad, alguna esperanza de salvación, algún encuentro que permita exclamar: ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz? Esa es la gran pregunta que, de una u otra forma, todos nos hacemos. Ahí se resumen todas nuestras búsquedas. En las puertas del templo de Jerusalén había una pareja de ancianos que se pasaron la vida esperando al Salvador. Esos ancianos comprendieron que la salvación venía de fuera. No es encerrándonos en nosotros mismos como encontraremos la salvación.

Ir al artículo

27
Ene
2020
Tomás de Aquino, buscador de la verdad
3 comentarios

Aquinas

“En la doctrina de Santo Tomás la Iglesia reconoce la expresión particularmente elevada, completa y fiel de su Magisterio y del sensus fidei de todo el pueblo de Dios”. Esta afirmación de Pablo VI es probablemente el mejor elogio que puede hacerse de un teólogo. Elogio tanto más significativo cuanto que santo Tomás no fue precisamente un teólogo conservador y sumiso, sino un teólogo libre, abierto al diálogo con las mejores aportaciones culturales y científicas de su tiempo. Esta apertura y esta libertad que le caracterizan tienen el mejor de los fundamentos: la Verdad. Toda la pretensión de Tomás de Aquino es la búsqueda de la verdad. Evidentemente, para Santo Tomás la Verdad por excelencia es Dios, pero él es bien consciente de que nuestro acercamiento a la Verdad es humano, por eso siempre es limitado, insuficiente y costoso.

Precisamente porque es un acercamiento humano, en la búsqueda de la verdad Santo Tomás se deja acompañar por todos aquellos que pueden ayudarle, convencido de que en todas partes hay huellas de la verdad, y convencido también de que la verdad, la diga quién la diga, procede del Espíritu Santo. Para él, nadie hay tan malo que no tenga algo bueno, y nadie tan falso que no posea parte de verdad. Hasta del diablo puede afirmarse.

Estaba convencido de que “hasta los pensadores equivocados eran dignos de nuestra gratitud y estima, pues ellos también han ayudado al descubrimiento de la verdad”. Y escribe, comentando a Aristóteles: “lo mismo que en un tribunal, para que el juez pueda juzgar, debe haber oído las dos partes contendientes, así también el pensador cristiano debe escuchar a todos los pensadores en sus investigaciones opuestas a fin de tener más datos para su juicio”. El investigador debe escuchar todas las posiciones, por muy opuestas que sean. Ha de comenzar por dudar, convencido de que hay algo de razón en cada uno de los opuestos. En el momento de aceptar o rechazar una opinión, dirá, “no hay que dejarse llevar del sentimiento, es decir, del amor o del odio hacia quien la propone, sino por la certeza de la verdad. Hay que amar a uno y a otro, tanto a aquél cuya opinión aceptamos, como a aquél cuya opinión rechazamos, convencidos de que ambos se aplicaron a la búsqueda de la verdad, y en esto son colaboradores nuestros”.

Cierto, la obra de Santo Tomás, como toda obra humana, tiene sus límites. Algunas de sus afirmaciones están condicionadas por el momento histórico, político, cultural y eclesial de la época. Y en este contexto hay que situarlas. Situadas en su contexto, algunas afirmaciones o posiciones de Sto. Tomás son un gran avance con respeto a la teología de su tiempo. Situar los textos en su contexto histórico es un principio hermenéutico fundamental para entender a cualquier autor. También la Escritura debe estudiarse y entenderse desde esa perspectiva histórica.

Ir al artículo

23
Ene
2020
Domingo de la Palabra de Dios
4 comentarios

librobiblia

Por una iniciativa del Papa Francisco, el próximo domingo toda la Iglesia está invitada a celebrar el “domingo de la Palabra de Dios”. En realidad, el contacto con la Escritura es una tarea permanente de todo cristiano. Por eso, el día dedicado a la Biblia, aclara el Papa, no ha de ser “una vez al año”. Todos los días del año deben ser, para el cristiano, días de encuentro con la Palabra. El “domingo de la Palabra” es un recordatorio de esta necesidad.

Cada uno de los contenidos de la carta del Papa merecerían otra carta. La carta apostólica puede ser una ocasión para que en las parroquias se organicen ciclos de formación o de conferencias sobre los distintos aspectos que el Papa toca brevemente: la necesidad de la Escritura para conocer a Cristo; el valor ecuménico de la Sagrada Escritura; la homilía, que tiene como misión acercar la belleza de Palabra de Dios a los fieles: por eso la homilía no se puede improvisar, ni alargar desmedidamente, ni resultar pedante, ni tocar temas extraños.

Toda la Escritura, y no sólo una parte de ella, habla de Cristo. Y toda ha sido escrita para nuestra salvación. Por tanto, una lectura de la Escritura que no tenga en cuenta esa finalidad, y no digamos que la oscurezca, no es una lectura “cristiana”. Así se comprende que la Escritura es inseparable de la Eucaristía y de todos los sacramentos (también el de la reconciliación, como me dedico a recordar de vez en cuando, porque muchos lo olvidan). No hay sacramento sin Escritura. Eso aparece claro en la doble mesa inseparable de la Eucaristía, la mesa de la Palabra de Dios y la del Cuerpo de Cristo.

Se comprende así la necesidad de buenos lectores. La lectura de la Escritura es un ministerio que no puede confiarse a cualquiera. Y la base mínima de este ministerio es leer bien, con la debida entonación, de forma que los oyentes entiendan lo que se lee. Para eso, el buen lector debe preparar la lectura, casi saberla de memoria y, por supuesto, entender lo que allí se dice. Porque si no lo entiende, no lo proclamará bien.

El Papa, recordando al Vaticano II, hace una serie de interesantes consideraciones sobre la relación entre Palabra de Dios y lenguaje humano, con sus condicionamientos históricos y culturales. Las lecturas fundamentalistas olvidan esos condicionamientos y confunden fidelidad con literalismo. Pero la Escritura tiene capacidad de adaptación a los distintos momentos y de responder a las distintas necesidades del Pueblo de Dios.

Otra interpelación que procede de la Sagrada Escritura se refiere a la caridad. La Palabra de Dios nos señala el amor misericordioso del Padre que pide a sus hijos que vivan en la caridad. La comprensión de la Escritura se manifiesta en el cambio de vida que provoca su escucha. Y, como suele ser habitual en este tipo de documentos, al final hay una alusión a la Virgen María. Ella fue dichosa no tanto porque en ella la Palabra se hizo carne, sino porque supo escuchar la Palabra de Dios y guardarla.

Ir al artículo

20
Ene
2020
La calle de la alegría
2 comentarios

callealegría

El contrapunto a la calle de la amargura sería la calle de la alegría, nombre que también encontramos en muchas ciudades españolas. En Valladolid había una calle en la que dejaban de flagelar a los condenados a ser azotados por las calles. Ello producía júbilo y algazara y de ahí vino el nombre de la calle. Esta es una calle de la buena alegría. Hay otras alegrías que quizás no sean tan buenas. Es el caso de la que da nombre a la película: “la calle de la alegría”. Se trata de una calle de una ciudad japonesa, donde estaba la “casa que vende la felicidad”, a saber, un burdel. Posiblemente esa no es una buena alegría. A veces, en vez de alegría, lo que abunda en las personas que trabajan en esos lugares, es la amargura. Y los que acuden allí en busca de una supuesta felicidad, van precisamente porque no son felices, o viven amargados, o se sienten solos. Todos buscamos la felicidad, pero hay caminos que conducen al vacío, aunque prometan felicidad.

Bien podría decirse que todas las calles por las que pasaba Jesús se convertían en calles de la alegría, aunque estuvieran plagadas de personas desilusionadas o amargadas. En tiempos de Jesús había mucha pobreza, la gente se sentía oprimida políticamente (por la presencia del ejercito romano y por los malos gobiernos locales), había también muchas enfermedades, algunas incurables en aquel tiempo, como la lepra. Pues bien, por allí donde Jesús pasaba, anunciado la buena noticia del Reino de Dios, curando las enfermedades y levantando el ánimo de los oprimidos, la gente recuperaba la esperanza, la ilusión, la alegría, las ganas de vivir. Se sentían nacer de nuevo. La presencia de Jesús convertía las calles de la amargura en calles de la alegría.

En esta sociedad nuestra, donde también nos encontramos con personas necesitadas y oprimidas, nuestra tarea como cristianos es hacer presente la alegría de Cristo. Allí donde arrancamos una sonrisa, decimos una palabra de consuelo, damos pan al hambriento o vestido al desnudo, allí dónde suscitamos esperanza, el Espíritu Santo se hace presente. Quizás los destinatarios de nuestra acción benéfica no sepan o incluso no les interese saber quién es el autor de su alegría, pero nosotros, cristianos que la hemos provocado, sí lo sabemos. Y eso es lo que importa: ser consciente de lo que uno hace, aunque el que reciba el bien que yo he suscitado no sepa de mis motivos o razones para hacerlo.

Ir al artículo

16
Ene
2020
La calle de la amargura
3 comentarios

calleamargura

Me trae o me lleva por la calle de la amargura es una expresión que utilizamos en España para decir que algo o alguien nos causa dificultades. En numerosas ciudades españoles se puede encontrar esa calle. Hay distintas explicaciones del motivo de esta denominación. Una muy probable es que, por esa calle, en Madrid, pasaban los condenados a muerte, desde la cárcel hasta lo que hoy es la plaza Mayor, para ser ajusticiados públicamente. Se trata de una calle que no trae buenos recuerdos.

En Jerusalén hay una calle que tiene un nombre equivalente: la vía o calle dolorosa, por la que, según la tradición, el Señor Jesús paso con su cruz a cuestas camino del Calvario (cuyo lugar se encuentra en la Basílica del santo sepulcro). También esta calle trae malos recuerdos que, sólo desde la fe en la resurrección, pueden considerarse cargados de esperanza.

Para muchas personas hoy todas las calles son calles de amargura. En nuestras ciudades es posible encontrar personas que duermen en la calle. Son gente que no disponen de un lugar acogedor en el que vivir y en el que pasar la noche. Cuando nos encontramos con estas personas, normalmente pasamos de largo, unas veces pensando que no podemos hacer nada para remediar su situación, otras veces sin pensar en nada, con una serena indiferencia. Es un asunto que no nos concierne y, a veces, hasta nos molesta. Recordando la vía dolorosa por la que transitó Jesús de Nazaret, podemos plantearnos la gran pregunta de como convertir lo que para esas personas es una calle de la amargura en una calle de la esperanza.

Un ejemplo, quizás sencillo, de respuesta a esta pregunta: en Valencia, “Caritas” dispone de albergues de baja exigencia para acoger a este tipo de personas.

Ir al artículo

Posteriores


Suscripción

Suscribirse por RSS

últimos artículos

Archivo