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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

17
Ago
2017
La preocupación de Lutero
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arbolflorido

Si hubiera que trasladar a nuestro lenguaje la preocupación de Lutero, la pregunta hoy sería: ¿cómo nos salva Dios? Ahora bien, hoy esta pregunta sobre la salvación se plantea no a propósito de la salvación escatológica, que era la que preocupaba a Lutero, sino a propósito de tantas situaciones intramundanas que requieren una acción positiva por parte nuestra, si queremos conservar la dignidad humana. Lutero no descartaba que en este mundo fuera necesario actuar en bien de las personas y de su dignidad, pero su preocupación era otra: ¿cómo salvarme definitivamente, cómo encontrarme con un Dios acogedor? Porque, efectivamente, una salvación definitiva solo puede ser obra de un Dios acogedor. Los seres humanos, como mucho, podemos ofrecer soluciones provisionales y parciales a la vida humana. Pero salvar la vida humana como tal, eso solo puede ser obra de Dios.

El término que empleaba Lutero (y los teólogos católicos de la época, y el Concilio de Trento) para designar lo que hoy llamamos salvación era justificación. Esa era la cuestión que entonces preocupaba y que, bien presentada, hoy puede seguir teniendo una gran actualidad. Las grandes preguntas que hay detrás de esta doctrina de la justificación son: ¿qué significa Dios para nosotros hoy? ¿Qué significa Cristo para nosotros hoy? ¿Es realmente el Hijo de Dios, que nos ha redimido con su muerte en cruz y su resurrección? Por consiguiente, desde la perspectiva de la fe cristiana, ¿qué significa creer en un Dios misericordioso? Y ¿qué consecuencias tiene para nuestra vida creer en un Dios misericordioso?

En una sociedad en donde lo que cuenta es el esfuerzo, el rendimiento, el éxito y la conquista, es más necesario que nunca anunciar que Dios regala gratuitamente la vida, que acoge misericordiosamente a los que nada pueden exhibir, que perdona a los pecadores, que justifica a los que no tienen derecho. Este anuncio nos llama a vivir de otra manera, con criterios distintos a los del mundo.

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13
Ago
2017
La muerte de María
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Virgendeespaldas

A veces se olvida que el dogma de la Asunción supone un dato previo: el de la muerte de María. Juan Pablo II, en la audiencia general del 25 de junio de 1997, advirtió que quienes piensan que María no murió, se apartan de la tradición común de la Iglesia. Porque ha muerto, María ha resucitado y ha entrado en la vida eterna. Esa es la esperanza de todos los mortales. El único modo de subir al Padre es saliendo de este mundo, y se sale de este mundo muriendo. Ocurrió con Jesús de Nazaret. Ocurrió con su madre. Ha ocurrido con los que nos ha precedido en el signo de la fe. Y ocurrirá con cada uno de nosotros. Con la Asunción no ocurre algo único, sino aquello a lo que todos estamos destinados. Hay un verso de la liturgia castellana de las primeras vísperas de la fiesta que sintetiza el logro de nuestra esperanza, realizada en María: “¡Dichosa la muerte / que tal vida os causa! / ¡Dichosa la suerte / final de quien ama!”.

Pero hay más. Pues en el misterio de su Asunción contemplamos realizado aquello mismo que todo cristiano espera encontrar cuando termine su peregrinación en este mundo. María está en la gloria celeste en “cuerpo y alma”, según la antropología con la que se expresa la fe. Así, la Asunción de María orienta hacia un aspecto fundamental de la escatología cristiana: la salvación integra todas las dimensiones de lo humano. Si no fuera así, si algo nos faltase, nuestra felicidad sería incompleta. Lo que acontece en María, estar unida a Cristo glorioso con toda su realidad, es el buen modo de estar al que todos estamos llamados.

La esperanza cristiana, a la luz del misterio de la resurrección de Cristo, afirma que hay un modo de vivir y de morir que no desemboca en el vacío, sino en la gloria del cielo. La fiesta de la Asunción, que es también la fiesta de la virgen muerta (tal como recuerdan muchas representaciones iconográficas de los países mediterráneos), es la celebración de una muerte que, a la luz de Cristo, puede ser dichosa: “¡Dichosa la muerte, que tal vida os causa!”, Para los creyentes, hay una muerte que no es muerte: “la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrena, se nos prepara en el cielo una mansión eterna”, dice uno de los prefacios de la liturgia eucarística. Lo que afirmamos de María es lo que Dios prepara para todos.

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9
Ago
2017
María, esperanza nuestra
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virgenermitamanacor

El misterio de la Asunción de María está directamente relacionado con la esperanza cristiana en la resurrección de los muertos. María aparece, en su misterio de la Asunción, como la que ha entrado en esa vida eterna que Dios prepara para todos los que le aman. Ella es signo y estímulo para nuestra esperanza. ¿No nos quedamos cortos al decir que María es signo y estímulo? ¿Hay que ir más lejos y decir que ella es “esperanza nuestra”, tal como reza la antífona más conocida sobre María, la Salve?

Evidentemente nuestra esperanza es Jesús (1 Tim 1,1) y el Dios que Jesús revela. Por Cristo, “nuestra fe y nuestra esperanza están en Dios” (1 Pe 1,21). Dios es el contenido y el motivo de nuestra esperanza. Esperamos gozar de la bienaventuranza eterna (contenido de la esperanza); y esperamos porque confiamos en el amor de Dios que nunca falla y en su poder que todo lo puede (motivo de la esperanza). Desde el punto de vista del contenido, no podemos decir que María es esperanza nuestra, a no ser que consideremos que el encuentro con Dios es también encuentro con los santos, con los salvados, con los hermanos que están ya gozando de la vida de Dios. Algo parecido hay que decir sobre María como motivo de nuestra esperanza: de algún modo, ella participa del motivo fundamental de la esperanza, que es Dios mismo. ¿En qué sentido?

María participa del “motivo” de la esperanza en un sentido similar por el que podemos decir que ella es “mediadora” de la gracia de Dios. De nuevo hay que dejar claro “que hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús” (1 Tim 2,5). Una vez que esto ha quedado claro podemos afirmar una mediación “participada” por parte de María, del mismo modo que el sacerdocio de Cristo es participado de formas diversas tanto por los ministros sagrados como por el pueblo fiel, o del mismo modo que la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas. La plegaria eucarística número dos deja bien claro que “sólo Dios es santo”, pero añade que es también fuente de toda santidad. La santidad de Dios es participada por aquellos que le son fieles y se adhieren a él. Igualmente podríamos decir que al poner toda nuestra esperanza en Dios, contamos con la intercesión de los santos y de María para reafirmar el motivo de nuestra esperanza.

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6
Ago
2017
Ricos que son unos pobrecitos
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campofutbol

El pasado día 4 de agosto leí esta noticia que copio literalmente: “Leo Messi y Antonella Roccuzzo pidieron a los 260 invitados a su boda que, en vez de regalos, realizaron donaciones”. Hasta aquí todo muy elogioso, a partir de ahí viene lo vergonzoso. Sigo copiando literalmente: “ La ONG Techo ha precisado que ha recibido unos 9.500 euros para construir casas, es decir: 36,5 euros por invitado. La cifra ha sido criticada por los medios argentinos, teniendo en cuenta que entre los invitados había futbolistas de primer nivel. Por ejemplo, Piqué se gastó miles de dólares en el casino habilitado para los asistentes al enlace”.

La noticia se comenta por sí sola. Una boda que habilita en casino para sus invitados, ya denota el nivel (el de riqueza, sin duda; y también otros niveles) de los asistentes a la boda. Recuerdo una boda de dos amigos que hicieron una petición similar a sus invitados, todos económicamente “mileuristas”. En esa boda se recaudó muchísimo más para la ONG que los novios patrocinaban, que en la boda de Messi. Las personas sencillas son más generosas que las ricas, entre otras cosas porque los ricos nunca tienen suficiente, y como no tienen suficiente, nunca les basta con lo que tienen.

Reconozco que a mi me entretiene el futbol. Me gusta ver ganar a mi equipo. Pero eso no debe cegarnos: en el fondo admiramos y apoyamos a personas que, en bastantes ocasiones (no siempre, pero en ocasiones) no tienen nada de ejemplares en su vida personal.

Los términos rico y pobre son ambiguos. Pueden tener muchos sentidos. Ricos, pobres ¿en qué? ¿En dinero, en cultura, en humanidad, en espiritualidad, en generosidad? Por eso he titulado que hay ricos (en dinero) que son unos pobrecitos (en humanidad). Hay ricos materiales. También hay ricos en humanidad y, desde esta perspectiva, el verdaderamente rico es el que menos necesita. Y cristianamente hablando, rico es el que encuentra su riqueza en Dios y, precisamente por eso, sabe compartir, pues ve en todo ser humano a un hermano. Normalmente suelen coincidir los ricos en humanidad y los ricos ante Dios.

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3
Ago
2017
Lutero, hace quinientos años
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Luteroindulgencias

Martín Lutero es un personaje complejo. Es posible fijarse en el Lutero que justifica la matanza de campesinos, en el antisemita, en el aliado del poder. Y en el Lutero reformador religioso y teólogo. En este año se está hablando mucho de Lutero, pues hace quinientos años, el 31 de octubre de 1517, se hicieron públicas en Wittenberg sus 95 tesis contra las indulgencias. Este fecha emblemática se considera el inicio de la Reforma protestante. También un 31 de octubre, esta vez de 1999, los representantes oficiales de la Iglesia Católica y de la Federación Luterana Mundial, firmaron una declaración conjunta, en la que las dos Iglesias reconocen un acuerdo fundamental en la doctrina de la justificación. Ahora podemos confesar conjuntamente una doctrina que fue causa de separación: Sólo Dios justifica al pecador, sólo Dios salva.

Esta declaración de 1999 no fue firmada en Wittenberg, sino en Augsburgo, precisamente porque en esta última ciudad fue escrita una página decisiva de la reforma luterana, la confesión de Augsburgo que, según dijo Juan Pablo II, “fue la última tentativa verdaderamente seria que, después de la ruptura ha tenido lugar para llegar a un acuerdo entre luteranos y católicos”. Este acuerdo ya está ahí.

¿De qué se trata en esta cuestión de la justificación? Del tipo de relación de Dios con el hombre y de cómo el hombre puede tener una relación adecuada con Dios, de cómo ser justo delante de Dios; justo, o sea, como estar en la posición correcta. De ahí la importancia de saber que Dios nos justifica, nos hace justos, nos sitúa en nuestra verdad y en nuestro lugar. Porque todo es distinto si no tenemos a nadie que nos justifique, todo es distinto si fuera verdad que no tenemos Padre, que somos huérfanos, que estamos solos en el mundo, que no somos hermanos ni hay nadie que nos redima.

El hombre solo, sin Dios, es un peligro. No va a ninguna parte. Peor aún, camina hacia su pérdida, no sólo debido a su pobreza y a su limitación, sino debido a su egoísmo y a sus malas inclinaciones. Por el contrario, si Dios existe y en su Hijo Jesucristo somos perdonados, renovados y justificados, se abren las puertas de la esperanza y caminos de fraternidad.

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30
Jul
2017
Jesús, palabra verdadera
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jesus

La verdad resplandece por sí misma y deja al descubierto la mentira. Pero puede acabar crucificada. Jesús de Nazaret fue condenado por los amantes de la mentira. Uno de los calificativos que definen a Jesús es la verdad: “Yo soy la Verdad”. Lo dijo de sí y no de su doctrina. La verdad de Jesús no se otorga en el decir la verdad; contiene más bien un ser, es decir, un vivir en la verdad. En Jesús, la verdad define una vida, no una realidad. No es tan sólo verdad del decir, sino de la existencia toda. Otro de los calificativos que definen a Jesús es “Logos”, Palabra. La Palabra y la Verdad en Jesús van unidas. Una Palabra verdadera es siempre luz y vida.

El hablar verdadero tiene que ver con lo que es una persona y con la defensa de las personas. Y si tiene que ver con la persona, tiene que ver con Dios. Un Dios que habla incluso cuando parece que guarda silencio. Dios es Verdad porque es Logos, Palabra. La Palabra de Dios pone orden en las cosas, pone a cada cosa en su sitio. Así debe ser la palabra humana, el decir humano, si quiere ser imagen de la Palabra de Dios.

La palabra es una de las mejores manifestaciones de la imagen de Dios que es el hombre. Por eso hay que hablar. Frente al poder que oprime, palabras que liberan. Frente al silencio, cómplice de la injusticia, palabras de justicia. Frente al miedo a los poderosos, palabras de sabiduría. Frente a la suciedad y la corrupción, palabras claras y limpias. Frente al vacío y el sin sentido, palabras verdaderas. Y siempre, palabras libres en libertad. Porque siempre queda la palabra.

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27
Jul
2017
Virginidad Consagrada, ¿un carisma inútil?
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orquidea

El carisma de la virginidad consagrada es poco conocido, tanto en la Iglesia como en la sociedad. En estos próximos días, desde el 28 de julio al 1 de agosto, se va a celebrar en Valencia el XXVII “encuentro nacional ordo virginum”, con el título general de “la atracción de la virginidad consagrada”. Este carisma pudiera ser un modo actual de estar en el mundo sin ser del mundo, de ser fermentos en la masa, semillas silenciosas que fecundan una sociedad cada vez más secularizada.

Dirigiéndose a un grupo de vírgenes consagradas, Benedicto XVI calificó su carisma de “tan luminoso y fecundo a los ojos de la fe, cuanto oscuro e inútil a los del mundo”. La contraposición entre la luz y la oscuridad se encuentra al inicio del cuarto evangelio: vino la luz al mundo, la luz que era vida, pero las tinieblas no la recibieron (Jn 1,4-5). Esta paradoja de una luz, que es vida, y de unas tinieblas incapaces de acogerla, se encuentra en otros lugares de este mismo Evangelio (Jn 3,19-20; 8,12; 9,39-40).

Estos textos pueden ayudar a comprender por qué el carisma de la virginidad consagrada es luminoso y fecundo a los ojos de la fe pero oscuro e inútil a los ojos del mundo. Lo que hay detrás de esta contraposición es el reflejo de una sociedad en la que Dios está ausente, de un tiempo en el que el olvido de Dios se hace habitual. Dios, que es luminoso y fecundo, resulta para muchas personas y ambientes de este mundo, oscuro e inútil. Por este motivo esta sociedad necesita más que nunca chispas que enciendan en el mundo la búsqueda del Dios escondido, varones y mujeres consagradas que sepan encontrar a Dios por las calles y plazas, y señalarlo con su vida y su palabra, para que, al menos algunos, se pregunten si esta aparente ausencia y silencio de Dios no es más que la otra cara de su respeto y su gran amor al ser humano.

Por no ser muy visible, quizás sea mejor calificar a la virginidad consagrada, no como foco de luz, sino como foco de calor. Porque sin luz es posible vivir, pero sin calor aparece el frío y el frío mata. Este mundo nuestro necesita focos de calor, sobre todo de calor espiritual, y la virginidad consagrada es uno de ellos. Decía Unamuno: “Luz, luz, más luz todavía, dicen que dijo Goethe moribundo. No, calor, calor, más calor todavía, que nos morimos de frío, no de oscuridad. La noche no mata, mata el frío”.

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23
Jul
2017
Callar cuando hay que hablar
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campana

Callar es no decir conscientemente algo. Los motivos por los que uno omite decir algo son variados. Unos pueden ser buenos; otros no tanto. No saber es un buen motivo para callar. Hay gente que opina sobre todo. Opinan sobre lo que desconocen. Más les valdría callar, no solo porque no aportan nada, sino porque normalmente hacen el ridículo. Otro motivo para callar es no querer responder a un insulto o a un gesto descortés. El que calla por este motivo puede ser una persona pacífica y educada, que no quiere provocar discusiones inútiles.

Hay ambientes que favorecen el hablar y otros que invitan a callar. Un ambiente amistoso invita a las personas a comunicarse con confianza, sabiendo que sus palabras no serán mal interpretadas ni utilizadas en su contra. Desgraciadamente hay familias o grupos en los que hay padres o jefes que quieren controlarlo todo, que no admiten que nadie discuta sus opiniones, en suma, hay dictadores que provocan miedo. Ante ellos, sus subordinados guardan silencio, no por respeto, no porque están de acuerdo con el padre patrón, sino porque tienen miedo de que la reacción del patrón les dañe aún más de lo que les daña su sola presencia.

Cuando en una familia o en un grupo hay silencios ante el jefe, es un claro signo de que no hay familia ni fraternidad. A veces se dice que “el que calla otorga”. Hace tiempo escuché decir a un compañero que, en una comunidad, el que calla no otorga nada. Y si le fuerzan a hablar, en este forzarle queda clara la dictadura imperante; por eso, el que habla forzado, diga lo que diga, no tiene ninguna responsabilidad. Y lo mejor que puede hacer es decir lo que el jefe o la jefa quieren oír.

A veces callamos cuando es más necesario que nunca que hablemos. Por ejemplo, cuando en un colectivo se comete una injusticia contra uno de sus miembros, los que callan se hacen directamente cómplices de la injusticia. El silencio o la resignación no es una buena postura ante el mal o la injusticia. Naturalmente, a la hora de protestar es necesario ajustarse a la verdad y tomar las necesarias medidas de prudencia, para que la protesta sea lo más efectiva posible. Importa dejar clara la obligación moral de que hablen aquellos que pueden, cuando otros no pueden o no saben hacerlo, aunque los modos y maneras de este hablar dependan de las circunstancias.

Hay silencios cobardes que suelen esconder deseos de medrar, búsqueda de poder. Esos silencios cobardes de los que callan, cuando podrían y deberían hablar, favorecen la mentira, la injusticia, el abuso y la prepotencia. Por el contrario, el abuso y la mentira se reducen, y terminan desapareciendo, cuando se escuchan palabras equitativas y verdaderas.

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19
Jul
2017
Negar el espacio a otros
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espacio

Toda negación de espacio, todo no tener sitio por motivos raciales, culturales, sexuales, de modos de vivir, del tipo que sea, no tiene cabida en la mentalidad y praxis de un cristiano. Y si no tiene cabida, el cristiano está llamado a tomar medidas o a apoyar aquellas medidas que contribuyan a crear espacios en los que haya sitio para todos. Eso implica a veces una toma de posición política, otras implica tener roces o incluso enfrentamientos con la propia familia o con los poderes que discriminan, otras supone un esfuerzo y un compromiso que nos complica la vida.

Hay padres que no tienen espacio para tener hijos, bien porque no los quieren, bien porque no tienen tiempo para ellos, bien porque no los valoran. Hay familias en las que no hay sitio para los ancianos, bien porque están enfermos, bien porque no aportan nada, bien porque la herencia ya está repartida, bien porque no quieren cuidarlos. Hay padres que no quieren hijos con minusvalías, incluso si son inteligentes como puede ser el caso de los autistas.

Hay sociedades en las que no hay sitio para los extranjeros, bien porque son de otra raza, bien porque son pobres, bien porque piensan de otro modo, bien porque tienen otras costumbres. Hay empresas en las que no hay sitio para los trabajadores que reclaman sus derechos, y sólo aceptan a los que tienen miedo o no tienen papeles. Hay políticos que rechazan a los extranjeros o a los que hablan otra lengua, en nombre de un extraño dios que se llama patria o nación. Los hay que construyen muros buscando ampliar el espacio nacional; y otros que pretenden eliminar todo atisbo de religiosidad buscando ampliar el espacio social. ¡Qué contradicción! ¡Reducir para ampliar! Hay centros en los que no hay sitio para revistas, libros, o prensa que ofrezcan alternativas a lo que allí se enseña.

Hay mandatarios religiosos que califican a los creyentes de otras religiones de paganos, infieles o incrédulos. Hay quien no soporta determinados modos de vivir, o que se tengan determinas opiniones, o se siente insultado por quien así vive o por quien tiene tales opiniones y, como no lo soporta, busca aniquilar a los enemigos que él mismo se ha creado. Hay demasiada gente que se cree dueña del espacio y que no permiten que nadie lo ocupe sin su permiso. Demasiada gente que no deja espacio a los otros, creando un ambiente de discriminación, odio e incomprensión.

También hay políticos honrados, empresarios decentes, católicos verdaderamente católicos, o sea, universales; y padres cariñosos con sus hijos, tanto más cariñosos cuanto más necesitados están.

Los primeros se creen muy “ortodoxos”, muy “patriotas”, muy “decentes”, en realidad son una peste; los segundos ayudan a purificar el aire para que en esta sociedad de diferentes haya sitio para todos. Mientras para los primeros las diferencias separan, para los segundos enriquecen. Y, en todo caso, no son motivo para el rechazo, sino para el análisis serio, meditado y contrastado.

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15
Jul
2017
No había sitio para ellos
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arbolessecos

La historia es de sobra conocida: Cuando el matrimonio formado por José y su esposa María, con un embarazo avanzado, llegaron a Belén, porque era el lugar dónde debían empadronarse, ya que esa ciudad era la originaria del cabeza de familia, se encontraron con una desagradable sorpresa: “no tenían sitio en el albergue” (Lc 2,7). Con mucha probabilidad, esta palabra traducida por “albergue” designa una sala de la casa de la familia de José, la sala que aquellas familias campesinas tenían para alojar a sus huéspedes. Seguramente la familia de José, al ver el embarazo de María, se planteó muchas preguntas: ¿cómo era posible que estuviera a punto de dar a luz, si el matrimonio llevaba poco tiempo conviviendo? Si esa fue la pregunta, entonces hay que concluir que, en nombre de la “decencia”, la familia de José les rechazó. El matrimonio y el niño no eran bien venidos, por eso no había sitio para ellos.

Historias como esta se han repetido desde que el hombre es hombre. Y, a veces, con consecuencias más dramáticas. Una vez nacido Jesús, al rey Herodes le sobraban los niños, no había sitio para ellos en su reino. Por eso “hizo matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo” (Mt 2,16). Unas veces es la propia familia la que nos rechaza y otras veces es la autoridad política. Todos los rechazos son contrarios a la voluntad de Dios, pues según el proyecto creacional, todos formamos parte de la misma familia de los hijos de Dios: “somos miembros unos de otros” (Ef 4,25).

Así se comprende que uno de los objetivos de la predicación y de la vida de Jesús fuera la búsqueda de la unidad y del entendimiento entre las personas. El evangelio de Juan lo dice con estas palabras: Jesús murió “para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Jn 11,52). Y la carta a los Efesios (2,14-16) califica a Cristo de “nuestra paz” porque de “los dos pueblos hizo uno”, derribando la enemistad y el odio. Se trata de los pueblos de entonces, judíos y paganos. Hoy habría que decir que la paz de Cristo quiere unir a todos los pueblos de la tierra. Porque con él han desaparecido todas las divisiones: “ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28). Y Col 3,11 añade: “ni circunciso e incircunciso; ni bárbaro ni escita”. En Cristo Jesús han desaparecido las diferencias culturales, sociales, sexuales, religiosas y nacionales (continuará).

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