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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

22
Sep
2017
Los buenos matices del Magisterio
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eucaristia04

Los matices impiden radicalismos, posibilitan la creación de puentes, facilitan el encuentro. Cuando desaparecen los matices, el diálogo se hace difícil y las personas suelen terminar enfrentadas. Quisiera notar en este pequeño artículo que las posturas del Magisterio católico son más matizadas de lo que muchos piensan. Hay quién considera que una postura es tanto más ortodoxa cuanto más intransigente o anticuada es. Lo normal es lo contrario.

Pienso en algunos ejemplos poco conocidos en los que el Magisterio adopta posturas matizadas que no se suelen notar. El Concilio de Trento, cuando habla de la eucaristía dice que hay un término muy adecuado para expresar la conversión de la sustancia del pan y del vino en la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo. El Concilio dice literalmente que a esta conversión “la Iglesia católica aptísimamente la llama transustanciación”. O sea, el término “transustanciación” es muy adecuado, muy apto, pero no se dice que sea el único posible. Es un término muy conveniente, pero no necesario. ¿Sería posible encontrar explicaciones que prescindieran de este término, deudor de una determinada filosofía que, por supuesto, no puede entenderse desde modelos físicos?

Otro ejemplo: según el Concilio Vaticano II en “las comunidades eclesiales separadas” hay un “defecto” en el sacramento del orden y, por este motivo, no han conservado “la integridad” de la sustancia del misterio eucarístico. La Iglesia católica reconoce la separación. Pero en unos términos que pueden posibilitar el diálogo. Según piensa la Iglesia católica, el sacramento del orden en las iglesias reformadas tiene un “defecto”. No es lo mismo no tener mano, que tener una mano defectuosa. Si no hay mano, entonces habrá que concluir que no hay eucaristía. Si la mano es defectuosa, algo ocurre, quizás lo que ocurre no es del todo perfecto, pero puede servir como punto de partida para la búsqueda de caminos más íntegros.

No entro en el fondo de las cuestiones ecuménicas, que necesitan más estudio y profundización. Quería solamente hacer notar estos matices que permiten el diálogo y abren caminos para entenderse y encontrarse. Caminos que no descalifican, sino que invitan a seguir buscando.

Los sabios son conscientes de que las cosas suelen tener distintas vertientes, de que no se puede juzgar desde un sólo punto de vista. La verdad nunca suele ser blanca o negra, sino gris. Entre el blanco y el negro hay una amplia gama de grises, que facilitan el encuentro.

Cambiando de tema: ¿no sería bueno para los ciudadanos que nuestros políticos fueran capaces primero de situarse y luego de encontrarse en esta amplia gama de grises?

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19
Sep
2017
Política, fe y fanatismo
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cruzazul

Este pasado domingo, en la última página de “El País”, se publicaba una columna titulada “Razón y fe”. Estoy convencido de que la mayoría de los filósofos y teólogos difícilmente podrán aceptar los conceptos de razón y fe que subyacen en este artículo. Aunque quizás muchos puedan estar de acuerdo con la reflexión final del autor, dirigida claramente a algunos políticos de nuestra tierra española “poseídos por pasiones pueblerinas, incapaces de someter sus problemas políticos a la razón, estúpidos dispuestos a aniquilarse una vez más por un ideal imaginario de unidad o independencia de una patria hipotética, sin saber que esa montaña que la fe es capaz de mover, les puede caer encima”.

Pero para realizar esta crítica a políticos de uno y otro bando, no hace falta partir del dicho evangélico de que “la fe mueve montañas”, y deducir de él estas afirmaciones: la fe “es fácil de obtener, no necesita ser probada, no admite fisuras”; “a causa de la fe se mata y se muere”; la fe es “una reacción psicofisiológica ante lo real o lo imaginario, que nos convierte en visionarios y en fanáticos. De esa ciega pasión nacen las xenofobias, el odio o el miedo al otro, las banderas, las patrias y las fronteras”.

Me temo que el articulista ha confundido fe con fanatismo. Cierto, la fe puede desvirtuarse; y en demasiadas ocasiones se la ha confundido con el fanatismo y la intolerancia. Mientras el fanatismo desprecia la inteligencia, la buena fe es crítica, muestra su credibilidad, porque tiene buenas razones para creer. No cree sin motivos. Está sometida a controles, el control de la razón, de la historia, de la antropología y de la psicología. Por tener, la fe hasta tiene algo equiparable a la duda; por eso, la buena fe se plantea preguntas y está dispuesta a aceptar las críticas razonadas, porque busca siempre la verdad.

Si entramos en los terrenos de la fe cristiana, hay que decir que el amor, el perdón y la misericordia son sus criterios necesarios. Es imposible, si se entiende bien, que de la fe cristiana puedan nacer “xenofobias, odio, miedo al otro, banderas, patrias y fronteras”. Pues el cristiano no tiene más patria que la celestial (¡a ver si nos enteramos!). Cuando la fe cristiana ha prescindido del amor se ha convertido en intransigencia. Y cuando ha prescindido de la razón se ha convertido en fanatismo.

Juzgar a las religiones por sus desviaciones o sus distorsiones no es un buen criterio de juicio. Quizás es un motivo de crítica, pero no a la religión, sino a sus distorsionadores. A veces, esta crítica la hacen los de fuera (confundiendo a la religión con lo que dicen de ella algunos de sus peores representantes), cuando los primeros interesados en hacerla deberíamos ser los de dentro.

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17
Sep
2017
Mejor no hablar y así no pecamos
2 comentarios

piedra

La expresión “mejor no hablar y así no pecamos” suele emplearse, normalmente con delicadeza y caridad, para cortar una conversación que corre el riesgo de terminar siendo una crítica a determinas personas o situaciones.

Esta razón para no hablar da que pensar. Efectivamente, hay que ser prudentes a la hora de juzgar. Pero hay casos en los que es necesario hablar, precisamente para no pecar. Hay pecados de omisión, hay silencios que son resultado de la cobardía. A veces uno no habla porque tiene miedo. El miedo paraliza. A veces uno no habla porque no quiere complicarse la vida, o peor aún, porque no quiere enfrentarse a los poderosos. Este silencio es comprensible, pero cuando puede interpretarse como una aprobación de la injusticia, entonces es pecado. El no hablar podría ser complicidad con la injusticia.

Eso vale a todos los niveles (políticos, religiosos, sociales) donde se encuentra un grupo más o menos numeroso y organizado. No es menos cierto que hay silencios más elocuentes que las palabras. Si no se habla es porque, se diga lo que se diga, nadie quedará contento. O porque el asunto del que se trata es complejo y deben resolverlo otros. En algunos casos es mejor “no meterse” a redentor, porque como se dice vulgarmente, se puede acabar crucificado.

Cierto, los relatos evangélicos ponen en boca de Jesús esta palabra: “no juzguéis” (Mt 7,1). Esto no significa perder el sentido de los valores, sino no transformar el amor en acusador. El juicio del que habla Jesús equivale a condenar. Y condenamos cuando solo vemos las cosas malas del prójimo, cuando somos incapaces de ver sus cosas buenas, cuando actuamos sin misericordia, cuando tenemos las decisiones tomadas antes de escuchar. Todas aquellas palabras que conducen a condenar al prójimo son “juicio”. En el fondo, las palabras de condena retratan al que las pronuncia: “Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas” (Mt 12,35).

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13
Sep
2017
La señal del cristiano es la santa cruz
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crucificado

El día 14 de septiembre muchos cristianos (no sólo católicos) conmemoran la “exaltación de la cruz”, ya que ese día es el aniversario de la consagración de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Es una buena ocasión para recordar que la señal del cristiano es la santa cruz. La señales tienen sus limitaciones. Y la cruz, como signo del cristiano, también las tiene. ¿No hubiera sido más apropiado decir que la señal del cristiano es el amor? Ese es el gran signo que Jesús recomendó a los suyos: “en eso, en que os amáis los unos a los otros, reconocerán que sois mis discípulos”.

Resulta oportuno hacer alguna reflexión sobre el signo de la cruz. En primer lugar para notar que el signo de la cruz es una manera de hacer presente el signo del amor, pues en la cruz en la que fue martirizado Jesús se manifestó el amor más grande, el amor de Dios a todos los humanos. Allí Jesús muere perdonando a sus enemigos y amando a sus amigos, manifestando así el amor universal de Dios, amor incondicional. Por eso, porque es incondicional, ama a sus enemigos.

La cruz es un instrumento de tortura. Algunos se preguntan qué hubiera ocurrido si Jesús en vez de ser crucificado hubiera sido colgado. ¿Hubiera sido la horca el signo del cristiano? ¿O se hubieran venerado sogas en las Iglesias? Hay preguntas que no tienen sentido, porque son tan hipotéticas e imaginativas que, se responda como se responda, siempre es mala la respuesta.

Cuando un cristiano respeta y venera la cruz no lo hace porque es un instrumento de tortura, sino porque ve en ella un signo que remite más allá de sí mismo: orienta hacia el Crucificado y hacia el amor que en el Crucificado se manifiesta. Un amor que hay que acoger y extender, para que nuestra vida sea una prolongación de la vida de Jesús. Extender el amor de Jesús implica estar precisamente en contra de todas las torturas y a favor de los crucificados de la tierra, de todos aquellos que son tratados injustamente.

La cruz no vale por sí misma. Vale en tanto que signo de amor, de entrega, de perdón, de reconciliación. Una cruz que remite a Jesús y que nos debe mover a nosotros a vivir como Jesús, con su espíritu, su talante, su entrega. Si no nos mueve a vivir así, entonces la cruz deja de ser signo del cristiano y se convierte en cualquier otra cosa. En un elemento decorativo, por ejemplo.

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9
Sep
2017
Enseñanza directa o provocada
1 comentarios

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Es posible distinguir entre lo que Jesús enseña directamente y lo que enseña como respuesta a alguna pregunta que le formulan. Todo lo que Jesús dice es importante. Pero se diría que lo que uno enseña directamente, sin necesidad de que le provoquen, es más importante para él que aquellas enseñanzas provocadas por una pregunta concreta. Lo que uno enseña directamente es lo que le interesa transmitir, lo que quiere que los oyentes escuchen y retengan. La enseñanza provocada por una pregunta también es interesante, pero si no hubiera habido la pregunta, tal enseñanza se hubiera quedado sin expresar y, en algún caso, el pensamiento del maestro no hubiera quedado privado de nada esencial.

Hay en la enseñanza de Jesús una jerarquía de verdades. Aunque todas son importantes, no todas tienen la misma importancia. Algunas verdades (las que dice porque así le nacen sin necesidad de que le pregunten) parecen más fundamentales y centrales que las que ofrece como respuesta a un interés particular del que pregunta. Un ejemplo de estas últimas es lo relativo al matrimonio. Cuando Jesús habla del matrimonio siempre es respondiendo a una pregunta formulada por los oyentes. Se comprende que los oyentes de Jesús estén interesados en este tema, porque la mayoría debían estar casados y en los matrimonios suele haber problemas que requieren buenas orientaciones. Pero es significativo que esta enseñanza no sea la que brota “espontáneamente” de Jesús, ni la que parece interesarle más.

Un ejemplo de enseñanza que Jesús considera imprescindible y sin la cual su mensaje quedaría distorsionado es lo relativo al reino de Dios o a las bienaventuranzas. Jesús habla de estos temas sin necesidad de que le pregunten, porque son temas centrales, fundamentales. Sin ellos, el mensaje de Jesús quedaría vacío. También son temas fundamentales, de los que Jesús habla sin que le pregunten, los relativos a los pobres y al dios-dinero o al dios-poder como adversarios del Dios verdadero, del Dios amor, misericordia y perdón.

Esta distinción entre lo que Jesús dice directamente y lo que dice ocasionalmente, no puede tomarse rígidamente, (habría mucho que matizar, y lo que dice como respuesta a alguna pregunta tiene aspectos coincidentes con lo que dice sin que le pregunten), pero es un buen criterio para distinguir lo esencial en la vida cristiana y lo que debe ser esencial en la predicación de la Iglesia. La Iglesia debe responder a las preguntas planteadas por los fieles, pero si esas preguntas olvidan lo fundamental del Evangelio, hay que decir: eso que usted pregunta tiene su interés, pero siempre que no olvidemos lo fundamental, que es el bien de las personas, la solidaridad con los necesitados, la búsqueda del Reino de Dios y su justicia. Así respondió Jesús cuando le preguntaron por los diezmos: “Ay de vosotros, hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto es lo que había que practicar sin descuidar aquello” (Mt 23,23).

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5
Sep
2017
Jesús asumió una carne de pecado: ¿verdadero o falso?
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Si en un examen de teología se preguntase si es verdadera o falsa esta proposición: “Jesús asumió una carne de pecado”, estoy convencido de que la mayoría de las respuestas dirían: “falsa”. Y, sin embargo, la respuesta correcta es: “verdadera”. Nos cuesta aceptar la verdadera humanidad de Jesús. Sobre todo, cuesta aceptarla cuando se sacan las últimas consecuencias de la verdad de la Encarnación.

Como los creyentes partimos del presupuesto de que “Jesús era Dios”, nos resulta difícil entender que pudiera ignorar cosas, por poner un ejemplo. Esta ignorancia de Jesús es afirmada en Mc 13,32: el Hijo ignora la hora de la parusía. Este versículo ha planteado muchas dificultades a los intérpretes cristianos. San Agustín, por ejemplo, no acepta esta ignorancia del Hijo e interpreta que el texto bíblico quiere decir que no podía revelarla. Pero afirmar que el saber de Jesús tiene sus límites no es negar la confesión de fe en su naturaleza divina, sino comprender que, al hacerse verdaderamente hombre, asume las limitaciones de lo humano.

Nos cuesta aceptar, por poner otro ejemplo, que Jesús fuera verdaderamente tentado. Pero la tentación es consustancial a lo humano. Una cosa es ser tentado y otra caer en la tentación. Precisamente, en las tentaciones de Jesús se manifiesta que, desde nuestra condición humana, si nos apoyamos en la Palabra de Dios, es posible vencer a la tentación. La tentación es inevitable, pero caer en ella es evitable.

Vuelvo a la pregunta que ha motivado esta reflexión: ¿Jesús asumió una carne de pecado? Es correcto decir que Jesús asumió una carne semejante a la del pecado. Eso afirma Rom 8,3. O sea, Jesús asume una humanidad real, no una humanidad ideal. Cuando Jn 1,14 dice que “la Palabra se hizo carne”, se trata de carne débil y pecadora. Otra cosa es que Jesús pecase. No pecó, pero su humanidad era débil como la nuestra. Por eso, pudo ser tentado de verdad. Puede verse también Gal 3,13: Jesús se hizo maldición por nosotros; y 2 Cor 5,21: “a quién no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros”.

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1
Sep
2017
Curso nuevo... para volver a lo de siempre
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bicicleta02

En septiembre, después de un tiempo en el que muchos han disfrutado de unas merecidas vacaciones, en España comienza un nuevo curso. Lo de “nuevo” es un modo de hablar, porque probablemente para unos y otros, estudiantes y trabajadores, las cosas seguirán funcionando con la rutina de todos los años: mismo calendario, mismos horarios, mismos compañeros, mismos expedientes, mismos clientes. Incluso aquellos que tienen un trabajo que debería ilusionarles porque tiene mucho de “vocacional”, como es el caso de los sacerdotes, también se encuentran con que el nuevo curso repite lo de años anteriores: mismos horarios de Misa y de catequesis, mismas celebraciones, mismas personas que acuden a la Iglesia.

En ocasiones hay alguna novedad, algún acontecimiento importante para celebrar. Pero la verdad es que la rutina es lo habitual en nuestra vida. El cambio de fechas cambia pocas cosas en la vida. Deberíamos acostumbrarnos a llevar la rutina con elegancia. Cada momento puede ser ilusionante si hacemos el trabajo con alegría, con espíritu de servicio, pensando que lo que hacemos redunda, de un modo u otro, en beneficio de los demás. Lo nuevo no son las horas. Lo nuevo es la cara siempre renovada con la que acogemos al hermano.

Hay dos acontecimientos eclesiales que pueden resultar relativamente novedosos en este curso 2017-2018. Uno es el final de las celebraciones con motivo de los 500 años de la Reforma luterana, el próximo 31 de octubre. Llevamos un año conmemorando este acontecimiento. Algunas cosas se han hecho en España. Quizás la más interesante fue el Congreso ecuménico que tuvo lugar en Salamanca el pasado junio. Uno de los frutos de este Congreso, cuyo resultado tendremos ocasión de ver en los próximos meses (probablemente antes de que acabe el año 2017) serán las actas, que se publicarán en “Diálogo Ecuménico”, prestigiosa revista de la Universidad Pontificia de Salamanca.

Otro acontecimiento será el próximo Sínodo de los Obispos sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. La encuesta preparatoria del Sínodo tenía un plazo que ya ha terminado. No estaría mal aprovechar la ocasión de este Sínodo para plantearnos, en nuestros coloquios “internos” (tanto entre los religiosos como entre el clero secular), algunas preguntas que no se encuentran en la encuesta y que quizás podrían ayudarnos a comprender más a los jóvenes y a mejorar la pastoral vocacional.

Podríamos preguntar a los que se van, a los jóvenes que nos dejan, cuál es el motivo de su salida. Podríamos preguntar a los que acuden a nuestros centros vocacionales y luego no entran, cuál es el motivo por el que no entran. A lo mejor encontraríamos algunas respuestas para facilitar la llegada de vocaciones. Sin duda, hay quien nos deja después de habernos visto ilusionados y contentos, porque entiende que su vida debe seguir otros derroteros. Pero hay otros motivos, desgraciadamente.

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28
Ago
2017
En Barcelona: más juntos que unidos
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danza

La manifestación contra el terrorismo que hubo la tarde del pasado 26 agosto en Barcelona tuvo muchas cosas buenas. Otras realidades que allí afloraron me parecieron fuera de lugar. Algunas proclamas tenían su parte de razón (la venta de armas, por ejemplo no favorece la paz), pero esta razón parecía un pretexto para descalificar y atacar. Lo que debía unir a los manifestantes era decir “no” al terrorismo, porque lo que queremos es vivir en paz, armonía y bienestar. Pues bien, algunos parecían más interesados en “otros objetivos” que, en vez de unir, dividían. Estos “otros objetivos” tienen su lugar y su momento, lugar y momento que no era el de la manifestación del pasado sábado.

La manifestación puso de manifiesto una cosa, que tiene sus aspectos positivos, pero también sus aspectos negativos: en la Plaza de Cataluña se juntó mucha gente, distinta y distante. Hay distinciones que enriquecen; las hay que separan. En este caso, entre algunas de las personas distintas y distantes que se juntaron no había ninguna unidad, pues sus pretensiones eran excluyentes. En Barcelona hubo mucha gente junta. Pero, entre esta gente junta había gente desunida. Juntos, porque estaban en un mismo lugar, tocándose incluso. Unidos no, porque sus objetivos no eran los mismos: unos querían hablar de paz y otros aprovecharon para hablar de otras cosas.

Más allá de Barcelona, eso de juntos sí, pero unidos no tanto, hace pensar. Es bueno que personas distintas y hasta distantes, podamos vivir juntas. Es un signo de tolerancia que puede y debe convertirse en motivo de respeto. Pero si estamos juntos porque no queda más remedio y no intentamos unos mínimos de entendimiento para poder estar juntos sin pelearnos, entonces no estamos unidos. Ese no estar unidos puede ser el comienzo de la exclusión. Cuando somos excluyentes, cuando el otro estorba, estamos creando la base que puede conducir al odio. Y el odio conduce a la muerte.

Como bien decía uno de los carteles de la manifestación “el amor es más fuerte que el odio”. Ese es el camino: el amor, que une más allá de ideologías, gustos, colores, religiones y políticas. En política no debería haber enemigos, sino adversarios. Mientras los enemigos buscan la destrucción del otro, los adversarios buscan objetivos comunes (todos confluyentes en el bien común, en el bienestar de los ciudadanos) por caminos distintos.

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26
Ago
2017
Lutero, ¿qué celebramos?
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LuteroyPapa

De parte católica, grupos y personas con similar ideología a los que condenaron la Declaración Conjunta sobre la doctrina de la justificación (de la que hablé en un post anterior), no se han cansado de repetir que no hay nada que celebrar con los luteranos. Y lamentan que el pasado año, el 31 de octubre de 2016, el Papa participara en Lund (Suecia) en una ceremonia ecuménica con motivo de los 500 años de la reforma protestante de Martín Lutero.

Evidentemente, si lo que celebramos es una pelea, no hay nada que celebrar. Pero si celebramos que la pelea puede superarse y buscamos comprender las circunstancias históricas y doctrinales que la provocaron, para aprender a no repetirla, para que si hoy se dieran dificultades encontrar caminos para resolverlas de otra manera, entonces es bueno recordar el pasado y celebrar los caminos que han conducido a un presente de concordia y colaboración. La Declaración Conjunta es un buen ejemplo de a dónde pueden conducir esos caminos de estudio crítico del pasado, de comprensión y de colaboración. El Papa Francisco ha reconocido que “hoy luteranos y católicos estamos de acuerdo sobre la Doctrina de la justificación”. Más aún, que “sobre este punto tan importante Lutero no estaba equivocado”.

Lo que nos une es más que lo que nos separa. Si seguimos acentuando lo que nos separa no podremos avanzar. Lo que nos separa, nos aleja cada vez más. Ahora bien, poner el acento en lo esencial, compartido por unos y por otros, que es confesar a Cristo, a través de quien Dios se da a sí mismo en el Espíritu Santo y prodiga sus dones renovadores, puede ser compatible con distintas teologías y espiritualidades. De ahí la importancia que, en el diálogo ecuménico, cobra el principio de la “jerarquía de verdades”, que no solo se aplica a las “verdades de la fe”, sino también a las explicaciones doctrinales.

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22
Ago
2017
Imanes peligrosos
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mezquita

Hay clérigos corruptos, hay malos directores espirituales y hay imanes muy peligrosos. Por ejemplo, el imán de Ripoll, fallecido en la explosión que hubo en el chalet de Alcanar, y según todos los indicios el cerebro gris (por decir algo, porque su cerebro debía ser muy oscuro) que ha adoctrinado a los jóvenes terroristas de Barcelona y Cambrils. Se han de regular muchos temas: para ser imán no se le pidió un certificado de penales (que hubiera comprobado que había estado en la cárcel por tráfico de drogas), ni qué formación tenía.

El fanatismo de este clérigo musulmán es una buena ocasión para recordar que las religiones y sus textos sagrados no son intolerantes. Los intolerantes han sido algunos de sus clérigos, que han arrastrado a los fieles, como este imán arrastró a los jóvenes terroristas. Los textos de referencia de las religiones (por muchos motivos) tienen necesidad de ser interpretados. Surgen entonces las grandes preguntas: ¿quién y cómo interpreta, con qué presupuestos, prejuicios, intereses? Cualquier interpretación de no sea “a favor” de la dignidad humana es una mala interpretación. Porque si los textos supuestamente revelados no están a favor del ser humano, no estamos ante un “Dios de los hombres”. Y un Dios que no es de los hombres y no digamos un Dios “contra los hombres”, no interesa.

Por suerte, la mayoría de los fieles suelen darse cuenta de los extremismos de sus dirigentes, como ha quedado claro con los musulmanes, entre ellos amigos y familiares de los terroristas, que se han manifestado en Barcelona, dejando claro que “somos musulmanes, somos catalanes, y no somos terroristas”. En esta misma línea se ha expresado un representante de las 34 mezquitas que hay en Mallorca, condenando sin paliativos los recientes actos terroristas y convocando a los musulmanes de la isla a una manifestación, el próximo viernes, en la plaza de España de Palma. Este portavoz musulmán ha dicho, además, algo sumamente interesante: que cuando viene un nuevo imán a alguna mezquita de Mallorca, ellos avisan a la policía, por si tuviera antecedentes que hicieran aconsejable su no venida. La comunidad religiosa (musulmana en este caso), por su propio bien, tiene derecho a controlar a sus dirigentes.

A los dioses no hay que temerlos. Hay que temer a algunos de sus intérpretes. Pues la religión no se da en abstracto. Siempre se la encuentra vivida en personas concretas. Los cristianos, en todo caso, estamos llamados a vivir el cristianismo en y desde el amor. ¡Ojalá los fieles de todas las religiones cobren conciencia de este verdad fundamental!: no hay fe religiosa si no se traduce en amor. Este es el criterio de interpretación de todos los textos sagrados, aunque es verdad que tales textos permiten interpretaciones fundamentalistas, cuando no se es consciente de su historicidad, y no se tiene en cuenta la globalidad del texto y su línea religiosa de fondo.

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