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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

21
May
2018
¿Nuestro Padre Jesús? Pues no
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JesúsMedinaceli

La religiosidad popular merece mucho respeto. Pero también necesita ser educada y reorientada. En algunos lugares es posible encontrar instituciones que se amparan bajo el título de “nuestro Padre Jesús”. Tras este tipo de expresiones hay una inadecuada comprensión del inefable misterio trinitario. El Dios cristiano es un Dios cualificado. Todas las religiones monoteístas hablan de Dios, pero no de la misma manera. No es lo mismo acentuar que Dios es “Señor”, aunque sea un señor clemente y misericordioso, que acentuar que es Amor. La primera acentuación reclama sumisión; con la segunda es posible hablar de una relación de amistad entre Dios y la persona.

La revelación cristiana culmina afirmando: Dios es Amor. Esta comprensión de Dios es coherente con el dogma trinitario. El amor solo es posible si hay relación, si hay comunión y si hay diferencia (una diferencia que no altera la igualdad). La unidad divina no se resuelve en la soledad. Padre, Hijo y Espíritu no son tres maneras de designar a Dios en función de nuestras conveniencias o de nuestras ideas. Esta triple modalidad divina es esencial al Dios cristiano, no es un invento o una proyección humana. Es el modo como en Jesús, Dios revela lo que es en sí mismo.

Porque Dios es personal nuestras relaciones con él son personales. No son relaciones con Dios “en general”. La relación con Dios tiene matices personales, ya que cada una de las personas de la Trinidad se relaciona de forma diferente con nosotros. Como bien dice el Catecismo “toda la vida cristiana es comunión con cada una de las personas divinas”. Y con cada una nos relacionamos en función de lo que es. Por eso, somos hijos del Padre, hermanos del Hijo y templos (amigos del Espíritu). No somos hijos del Espíritu, ni hijos del Hijo.

Sería interesante preguntar que entienden muchos cuando recitan el Padre nuestro. ¿Quién es ese Padre, Dios o una de las personas divinas? Nos dirigimos al Padre, nos relacionamos con el Padre, al que llamamos “nuestro”, porque nosotros somos hijos “suyos”. Él es nuestro y nosotros de él: esa mutua pertenencia solo es posible en el amor. Dígase lo mismo del Hijo, encarnado en Jesús de Nazaret: somos hermanos y no hijos de Jesús. El es nuestro hermano, y nosotros somos “hijos en el Hijo”. Nuestra filiación se asemeja, de algún modo, a la filiación única de nuestro hermano Jesús.

La teología no nos hace más santos, más buenos o más generosos. Tampoco la falta de teología, no nos confundamos. Pero la teología ayuda a comprender mejor la fe, a vivirla con más precisión, incluso con más alegría, y a presentarla de forma más creíble.

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17
May
2018
Creados para ser habitados
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habitados

“Todo ser humano ha sido creado para ser habitado”. La frase la escuché hace unos 35 años de labios del Hermano Roger de Taizé. Y nunca la he olvidado. Es una frase paradójica, sorprendente; una frase que, de entrada, describe algo que parece imposible, aunque si lo pensamos bien es lo que ocurre con toda maternidad. El hijo habita en la madre. También Jesús un día le hablaba a Nicodemo de “nacer de nuevo”, y la sorpresa de Nicodemo fue tal que exclamó: “¿puede acaso un hombre entrar de nuevo en el vientre de su madre?”. Para Jesús, nacer de nuevo es posible por obra del Espíritu, es posible convertirse en nueva creatura. Igualmente cabría decir que ser habitado es posible por obra del Espíritu. El Espíritu hace presente y real en nuestras vidas a Dios mismo. Por eso, san Pablo dice que somos templos de Dios o templos del Espíritu.

Cuando uno ama y es amado es una persona habitada por el amado. ¿Cómo se recibe a una persona? Por el amor. Por el amor, el amado se convierte en lo más propio mío, habita en lo más profundo de mi. Si esto puede ser una rica experiencia antropológica, puede igualmente ser, y con más razón, una experiencia teologal. Dios se hace el constitutivo más íntimo de mi personalidad cuando yo le abro mi corazón con fe. Y entonces es posible decir con toda verdad: “ya no soy yo el que vive, es Cristo quién vive en mi”. Cristo vive en mi, eso es exactamente ser habitado. Vive en mi cuando acojo su Palabra y me dejo guiar por su Espíritu. Y entonces se produce una maravilla: yo me siento  cada vez más yo, al sentirme cada vez más lleno de Dios. Porque Dios, al habitarme, no me anula, me constituye. Es el constitutivo más íntimo de mi persona. De forma que el crecimiento en humanidad y el estar invadido por Dios son directamente proporcionales, ya que crecen en la misma dirección.

Dice el Maestro Eckhart: “Dios me es más próximo que yo mismo lo soy de mi mismo; mi ser depende de que Dios esté cerca de mí y presente en mí. Y cuanto más lo sé, más feliz soy”.

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15
May
2018
Alguien tiene que irse de Venezuela
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hielo

“Si alguien tiene que irse es quién es responsable de que miles de niños hayan ya atravesado la frontera de la desnutrición severa. Si alguien tiene que irse es quién es responsable de que haya miles de venezolanos hurgando en la basura buscando un desperdicio para saciar el hambre. Si alguien tiene que irse es quién es responsable de la corrupción que condena a los enfermos a morir de mengua, por falta de atención en los hospitales, insumos médicos y medicamentos. Si alguien tiene que irse de Venezuela es quien está empeñado en pisotear la dignidad de los venezolanos, al pretender convertirnos en mendigos y pordioseros, dependiendo sólo de las dádivas que ocasionalmente y clientelarmente nos ofrezcan”.

Son palabras literales del Arzobispo de Barquisimeto, en la homilía que ha pronunciado hoy, martes, 15 de mayo, en Misa. ¿Dónde está el Arzobispo? En el momento en que escribo este post, está preso. En la cárcel. La noticia se comenta por sí sola. Estoy convencido de la verdad de sus palabras. Ustedes que pueden, señores políticos, presionen a sus colegas (o lo que sean), hagan algo.

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12
May
2018
Ofrecer razones para esperar
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banco02

Según el Concilio Vaticano II “se puede pensar con toda razón que el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar”. En esta sociedad, imbuida de materialismo y de búsqueda del placer inmediato, ¿qué esperamos, qué nos hace vivir?

Si tengo responsabilidades sobre otros en una institución o en un espacio social, ¿ofrezco a las personas a mi cargo razones para vivir y para esperar, razones para quedarse, para no marcharse de la institución o no emigrar del espacio que ocupan, o sólo les doy motivos para marcharse? Si sólo doy motivos para marcharse, la institución no tiene futuro. Y la gente queda resentida. Al educar a nuestros jóvenes, ¿les controlamos, o más bien les ayudamos a superar los malos momentos, les inspiramos confianza, les animamos y les damos razones para seguir adelante, a pesar de las dificultades de la vida?

No es fácil ofrecer razones para vivir y para esperar. Para ofrecer estas razones hay que comenzar por escuchar a las personas. Escuchar es algo más que dejar hablar (aunque eso es un buen comienzo, pues hay quién no deja hablar al otro). Escuchar es dejarse sorprender por lo que el otro me dice, recibirlo como digno de ser atendido, prestar atención a sus problemas, buscar juntos. La escucha se ve imposibilitada cuando “ya me las sé todas”, o tengo la solución antes de escuchar, o miro al otro desde mis prejuicios, o no considero las ofertas o soluciones que me ofrece.

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8
May
2018
Tener una meta para encontrar un camino
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camino

“Quién tiene un por qué para vivir encontrará casi siempre un cómo”. Estas palabras de Nietzsche impresionaron al psiquiatra Viktor Frankl, superviviente de los campos de concentración nazis. La frase tiene un doble sentido. En primer lugar, puede significar que en las más difíciles condiciones de la existencia es posible no perder la esperanza. En efecto, quién tiene un porqué, una meta de su vivir puede soportar el terrible cómo de su existencia. Lo que mejor ayuda a sobrevivir, aún en las peores condiciones, es el hecho de saber que la vida tiene un sentido. Los campos de concentración nazis fueron testigos de que los más aptos para la supervivencia eran aquellos que sabían que les esperaba alguien a quién amar o una tarea por realizar.

La frase puede tener otro sentido complementario, a saber: el que sabe a dónde va, el que tiene claros los objetivos de su vida encontrará, sin duda, el camino para llegar. Si un conductor no sabe a dónde va, por muchos caminos que recorra, no llegará a ninguna parte. Hay mucha gente que corre a toda máquina sin saber a dónde va; siempre inquietos sin saber lo que buscan; siempre críticos con lo que otros hacen, sin tener ellos ninguna propuesta.

Vivir acelerados sin tener objetivos claros termina conduciendo a la desesperanza. Muchas personas no saben a dónde acudir para encontrar una solución a sus penas y a su desgraciada situación: enfermos, emigrantes, personas sin trabajo o sin papeles, ancianos que viven solos, y tantos más. Este no saber les paraliza. Para devolver la esperanza a esas personas y para movilizarlas, para que se pongan en camino, es necesario no sólo decirles buenas palabras, sino ofrecerles soluciones.

Ofrecer soluciones no significa dar las cosas hechas, sino dar medios para que cada uno pueda vivir dignamente. No se trata de dar subvenciones temporales e insuficientes a las personas necesitadas, sino de darles trabajo, para que puedan valerse por sí mismas. Eso vale también para nuestros niños: ¿qué metas les ofrecemos, qué objetivos, qué ilusiones? Si la meta es el dinero, si el objetivo es el poder, si la ilusión es el placer, entonces buscarán caminos que conduzcan al poder, al placer y al tener, a costa de hacer desgraciados a los demás y de hacerse ellos mismos desgraciados.

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4
May
2018
ETA: vete y no vuelvas
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cruzcontraeta

“ETA da por concluida toda su actividad política. No será más un agente que manifieste posiciones políticas, promueva iniciativas o interpele a otros actores”. Son palabras del último comunicado emitido por esa banda terrorista que ha condicionado la vida política en el País Vasco y en el resto de España durante todos los años de democracia en nuestra nación. La organización no luchaba contra un estado opresor, sino contra unas estructuras democráticas que no respondían a sus aspiraciones totalitarias. Tarde o temprano este planteamiento estaba destinado al fracaso.

Por mi parte, ni una palabra de agradecimiento por este comunicado que, por otra parte, me parece vergonzoso. ¡Una banda criminal autodenominándose agente político! Solo un deseo: que nunca más vuelva una organización como esa. Y una palabra de solidaridad con todas sus víctimas y las familias de las víctimas. Seguro que a las víctimas fallecidas el Dios bueno y misericordioso las ha acogido en su seno. A las familias, si son creyentes, les habrá concedido su consuelo. Y si no son creyentes, también les ha manifestado su amor a través de la solidaridad de tantas personas de bien que les han acompañado y comprendido. Para todas las víctimas vivas mi deseo de que puedan sanar sus heridas, mirando al futuro con serenidad, y tejiendo la paz día a día.

La paz es una responsabilidad de todos y cada uno, es fruto del amor. No es el resultado de pactos y componendas. Los pactos, si se limitan a eso, a mutuas concesiones, pueden conseguir una tregua, el cese de la actividad armada. La paz es algo más serio. Los cristianos y las personas de bien debemos trabajar por la paz. Pero sólo desde el amor recíproco, desde el perdón recíproco, desde la capacidad recíproca de acoger al diferente y de respetarle en su diferencia, puede haber paz verdadera y duradera. Si el amor y el perdón no son recíprocos, la paz es frágil. El cristiano y las personas de bien están llamadas a dar pasos hacia la paz y el perdón, en la esperanza de que esos pasos contagien a todos y se conviertan en recíprocos.

Nuestro país necesita gente de paz. Sobran intransigencias, posiciones no negociables, banderas sagradas, reivindicaciones históricas. Nos hace falta capacidad para acoger, respetar, comprender y convivir con el otro que no soy yo, que no piensa como yo. Porque hay algo que nos une por encima de nuestras legítimas diferencias: la común humanidad, que nos hace hermanos, miembros de una misma familia.

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3
May
2018
Aprovecharse del cargo
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haciaarriba

Hay políticos que nunca se han dedicado a otra cosa que a la política. O sea, su único trabajo, su única fuente de ingresos, ha sido siempre tener un cargo político. No está mal, sobre todo si no lo hacen mal, pero seguramente estaría mejor si además hubieran demostrado su valía en otra tarea profesional. Porque si sólo sirven para ocupar puestos de mando o de representación, seguramente no valen gran cosa.

En todos los estamentos o grupos hay personas que sólo sirven para “sus presidencias” y para que otros les hagan el trabajo. Los hay que ponen su firma en discursos que les hacen otros, que se atribuyen las ideas que otros les sugieren. Sin duda, denota inteligencia el político o responsable que sabe rodearse de buenos colaboradores. Pero los hay que sólo sirven para figurar, sean cuáles sean sus colaboradores. Peor aún, cuando sólo sirven para figurar, suelen rodearse de colaboradores mediocres para que no les hagan sombra; o de colaboradores ambiciosos, que les alagan, para ser ellos los que de verdad mandan, escudándose en el jefe de turno.

Los cargos están para servir. En realidad no son honores, sino encargos que uno recibe para mejor servir a los demás. Esta es la línea de Jesús: entre vosotros, el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Un término corriente, en el mundo político y eclesiástico, es el de ministro, que designa al miembro de un gobierno o a un prelado. Es bueno recordar que ministro viene del latín “minister”, que significa: sirviente o criado. Su opuesto sería “magister”, término que indica el nivel más alto de un estamento.

Si alguien llega al puesto de “ministro” no debería olvidar la etimología de la palabra para que no se le suba el cargo a la cabeza y olvide que lo suyo es el servicio. Los cargos son buenos, incluso necesarios. Cuando uno se aprovecha de ellos es un corrupto. Pero si hace del cargo un servicio, se dignifica él y dignifica al cargo.

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29
Abr
2018
En torno a una condena por abuso sexual
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figuritanene

En julio de 2016, en Pamplona, cinco varones violaron o abusaron sexualmente de una chica de 18 años. El pasado 26 de abril, se supo que han sido condenados por un delito de abuso sexual, que comporta una pena menor que el de violación. La sensibilidad social no coincide mayoritariamente con la apreciación de los jueces, hasta el punto de que los políticos se han visto motivados a proclamar que conviene cambiar la ley.

Efectivamente, las leyes están para ser cambiadas cuando no responden al objetivo para el que fueron proclamadas, a saber, la defensa de la dignidad humana y del bien de las personas. Puestos a cambiar la ley habrá que prever mayores responsabilidades si la quebrantan servidores públicos, que están para defender a los ciudadanos. A ellos se les exige, más que a otros, no sólo que sean buenos, sino que lo parezcan, o sea, que den ejemplo. Y algunos lo han dado, lo siguen dando. En todos los colectivos hay personas de bien, personas que se limitan a cumplir y personas que deshonran al colectivo.

Uno de los motivos de considerar el delito como abuso sexual y no como violación ha sido que la víctima, al parecer, no ofreció mucha resistencia. A propósito del grado de resistencia me cuentan algo significativo: a las cooperantes de las ONGs se les indica que ante una agresión o violación no opongan resistencia, porque en caso contrario las matan directamente. Alguien ha ofrecido esta reflexión: “esta sentencia manda un mensaje muy claro. Ante estos casos elegid entre muertas o humilladas por la justicia”.

Una de las reacciones más llamativas ha sido la de las monjas carmelitas descalzas de Hondarribia. Las monjas son mujeres. Y las de Hondarribia han demostrado una buena sensibilidad social, propia de monjas del siglo XXI. También violan a monjas en misiones. Hoy en día, ni siquiera los conventos son seguros. Fuerzan sus puertas y entran a robar con evidente peligro de sus moradoras.

Me parece necesario que familias y educadores ofrezcan a las jóvenes generaciones una adecuada educación sexual. Algunos hoy lo mezclan todo: pornografía, violencia, alcohol, afectividad. Hay un fenómeno actual extendido entre adolescentes (y entre adultos), signo del relativismo de los afectos, que promueve la cosificación del otro e implica una incapacidad para el compromiso: el “poliamor”, en realidad, el “polisexo”. A veces, he pensado que el sexo es un mal sucedáneo del amor. En el contexto del amor, la sexualidad resulta más humana, humanizadora y gratificante.

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28
Abr
2018
En contra del martirio y a favor de los mártires
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cruzdeverde

De entrada estoy en contra del martirio, al menos tal como suele entenderse. Decir que estoy en contra del martirio es lo mismo que decir que estoy en contra de todo asesinato y, por tanto, de cualquier asesinato cometido por motivos supuestamente religiosos. Eso sí, estoy a favor de los mártires.

El martirio por Cristo es una prueba de fidelidad. Por eso, la Iglesia siempre ha tenido en tan alta estima a los mártires. Pero también en la vida ordinaria es posible ser fiel a Cristo. La fidelidad no se manifiesta necesariamente en acontecimientos heroicos o extraordinarios, sino en el día a día, en lo cotidiano y habitual. Esta fidelidad en la vida de cada día solo es posible desde una fe convencida y madura.

El martirio no hay que buscarlo. En todo caso, es una triste realidad con la que uno se encuentra. Los mártires nos recuerdan que la vida cristiana es un elemento crítico que contrasta en ocasiones con el mundo, hasta el punto de provocar el enfrentamiento, no buscado por los mártires, pero sí padecido. El mártir es un testigo de la fe, de una fe en la que ya no tienen importancia para la propia vida las consecuencias que puedan derivarse de su testimonio.

Ahora bien, si los mártires merecen todo honor y toda gloria, los cristianos debemos estar en contra de todo asesinato y, por tanto, del martirio en cuanto asesinato. Nosotros estamos a favor de la paz y del entendimiento entre las personas y los pueblos. Recordar a los mártires es un motivo para reafirmar nuestro compromiso por la paz y el buen entendimiento entre las gentes. Las diferencias, los desacuerdos, las oposiciones, se resuelven con diálogo, sabiendo ceder. Y, en todo caso, alejándose del que nos quiere mal, no provocándole para que nos mate y, mucho menos, matándolo nosotros.

Puestos a buscar martirios, lo mejor es recordar que “martirio es el dolor de cada día” si en Cristo y por amor es aceptado, tal como dice un himno de la liturgia de las horas. Y martirio es el testimonio que cada día debemos dar como cristianos, con nuestras palabras y nuestras obras.

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24
Abr
2018
Santificar el nombre de Dios
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velayflor

Santificar el nombre de Dios de ningún modo puede significar que nosotros le hacemos santo, porque él es el santo por excelencia, el que está por encima de todo y lo trasciende todo. Santificar el nombre de Dios es más bien reconocer su grandeza, reconocerle como lo que es, “el santo de los santos”, el único santo, Aquel al que toda santidad se refiere, pues es la fuente de toda santidad. Decía Veda el Venerable: “el nombre del Señor se llama santo porque con su singular poder trasciende a toda criatura y dista ampliamente de todas las cosas que ha hecho”.

En consecuencia, se reconoce la santidad de Dios o se santifica su nombre cuando uno compromete la vida entera por él, cuando nuestra vida está en función de Dios, hasta el punto de que en ocasiones la santificación del nombre nos puede llevar a entregar la vida por Dios. Los primeros cristianos fueron condenados a muerte porque se atrevieron a sostener que el emperador no era “el Señor” y, por tanto, no tenía derechos absolutos. Durante el nazismo hubo cristianos, en Alemania, que se jugaron la vida por repetir: “sólo tú eres santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo Jesucristo”. Magda Hollander-Lafon, una superviviente de los campos de concentración nazis, a la pregunta de un periodista: “¿Cree que los nazis quisieron exterminar a los judíos porque creían en Dios?”, respondió: “Claro, ¿qué persiguen los grandes dictadores? Ponerse en el lugar de Dios”.

Si sólo Dios es el Señor y, por eso, su nombre debe ser santificado y no profanado, eso significa, como dice el libro de los Salmos, que “los dioses y señores de la tierra no me satisfacen”, que ellos no pueden solucionarme la vida definitivamente, ni pretender que les entregue incondicionalmente mi corazón. Eso significa también que la vida no está ni en el trabajo, ni en los hijos, ni en la mujer, ni en el marido, ni en el dinero, ni en el prestigio, ni en el poder. Pues si Dios se encuentra entre las cosas de los hombres, no es una de las cosas de los hombres. Las realidades humanas son limitadas, sólo Yahvé puede colmar el corazón del ser humano, sólo él puede llenar nuestra vida de alegría.

Finalmente, desear que el nombre de Dios sea santificado es reconocer que nuestro futuro está en sus manos, que vivimos sostenidos por unas manos más fuertes que las nuestras. Y que, por eso, es posible vivir con esperanza, sabiendo que Dios tiene la última palabra y que él es más fuerte que todos nuestros miedos y, sobre todo, que todos nuestros errores y maldades.

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