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Nihil Obstat
Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP Normas del Blog
A Dios primero viernes, 04 de julio de 2008 | Hay 1 comentarios

Ingrid Betancourt, ex candidata a la presidencia de Colombia, que llevaba seis años en poder de la guerrilla, ha sido liberada. La prensa y demás medios de comunicación se hicieron ayer amplio eco de la noticia, destacando la importancia política de la liberación y los detalles logísticos de la operación militar. ¡Allá cada uno con sus intereses! A mi me interesa destacar lo que los medios han silenciado, a saber, las muestras de fe de esa mujer. La prensa escrita y las televisiones han ignorado que lo primero que ha hecho Betancourt, una vez liberada, ha sido rezar y dar gracias a Dios. Les invito a que vean un emotivo video sobre el tema pinchando aquí. Que las primeras palabras en libertad sean de acción de gracias a Dios es un modo de decir alto y claro que ha sido la fe la que le ha sostenido en el cautiverio. Hay algunas fotos significativas de la rueda de prensa que ofreció la liberada al llegar a Colombia. En una se ve como de la muñeca de su mano en libertad penden un rosario y una cruz.

Ayer por la tarde Radio Caracol de Colombia, junto a la Cadena Ser de España, transmitieron la primera entrevista a Betancourt en libertad. Se oyeron palabras de perdón para sus secuestradores y de amor a los suyos, manifestaciones de solidaridad con los todavía cautivos y su deseo de que sean pronto liberados. Y dijo unas estremecedoras palabras en referencia a sus secuestradores: hay que perdonar, hay que aceptar que el otro tenga espacios cuando probablemente uno quisiera que no los tuviera; hay que revisar nuestra actitud ante el que piensa diferente y comprenderle; así puede surgir la Pascua. Más aún, añadió Ingrid Betancourt, el secuestro me ha ayudado a conocer la condición humana; debemos ser conscientes de que todos somos capaces de hacer cosas horrorosas; de llegar a grados de depravación según las circunstancias en las que nos encontremos. Es necesario estar cerca de Dios para que eso no nos ocurra. ¡Sabias palabras, sólo posibles en una mujer de profunda fe! En la prensa nada de eso he leído y en las televisiones nada he oído. Han callado lo más importante.



Credulidades jueves, 03 de julio de 2008 | Hay 1 comentarios

Una persona seria, culta, buena cristiana, me contó que durante muchos años había vivido sin fe, alejada de la Iglesia. Y en estos años había vivido inquieta, había buscado. Mi sorpresa vino cuando precisó los lugares de búsqueda: tarot, videncias, adivinación, en fin, todas esas cosas que pueden ustedes ver anunciadas (no pierdan el tiempo, por favor, pero bueno, todos sabemos que ahí están) en muchas televisiones de ámbito local e incluso de ámbito nacional a partir de las doce de la noche. Al ver mi sorpresa añadió: “Si supieras la cantidad de gente conocida que va a esos sitios”. Pues sí, debe ir gente, y esos teléfonos de coste alto deben tener muchas llamadas, porque la publicidad es cara, y cuando se publicita es porque tiene resultados. También en postes pegados por las calles de nuestras ciudades y en publicidad entregada a mano se encuentra uno con sorpresas: “Gran vidente africano, con mucha experiencia, te ayudará a resolver todo tipo de problemas: negocio, retorno de un ser querido, entendimiento entre cónyuges, mal de ojo, quitar hechizos, encontrar pareja, exámenes, suerte y trabajo”.

El ansia mal encauzada de religión se traduce en credulidad. A veces pienso que no hemos sabido responder a los deseos de mucha gente sencilla, no hemos sabido comprender la necesidad de una religiosidad al alcance de todos. Quizás tampoco hemos sabido predicar a Jesucristo y hemos perdido el tiempo en batallas y competencias eclesiales. Quizás no hemos sabido ver la gran necesidad que tiene la gente de buena espiritualidad. Hay mucho vacío interior, mucha necesidad de amor, de esperanza, de alegría. La gente se refugia donde puede. El Evangelio es lo que de verdad puede llenar el corazón humano. Pero, cuando no se presenta bien, cuando no se conoce, la gente busca en otras partes. Algo de eso decía Tomás de Aquino a propósito del placer: nadie puede vivir sin placer. Y al respecto aclara que los placeres espirituales son mejores que los corporales. Pero cada uno acude a lo que conoce. La gente soluciona sus penas de muchas maneras: leyendo un buen libro, escuchando música, conversando con un amigo, paseando por la playa, o tomando alcohol. Algo parecido ocurre con las necesidades religiosas y con el enorme vacío que hay dentro de cada uno cuando no tiene a Dios: a falta de buena religión, se buscan devocioncitas o supersticiones.



Comienzo del año paulino domingo, 29 de junio de 2008 | Hay 1 comentarios

Comienza hoy el año dedicado a conmemorar el nacimiento de San Pablo, hace dos mil años, en Tarso, en la actual Turquía. Muchos serán los actos que durante este año le recordarán. Uno de ellos lo organizará la Facultad de Teología de Valencia que, en abril del próximo año le dedicará su Simposio bianual de teología histórica.

Hoy quisiera destacar la homilía de Benedicto XVI en la apertura del año paulino en Roma. Una de sus claves es la verdad: “la verdad era para Pablo demasiado grande para estar dispuesto a sacrificarla en vista de un éxito exterior”, dice el Papa. Y más adelante: “en un mundo en el que la mentira es potente, la verdad se paga con el sufrimiento”. Certeras palabras que nos orientan hacia la verdad como algo que se impone por sí misma y no por la coacción o la fuerza. Precisamente porque se impone por sí misma, porque se manifiesta como lo más valioso, uno está dispuesto a sufrir por ella, a defenderla a despecho de todos los obstáculos. En relación con la verdad está la libertad: la verdad nos hace libres, dijo Jesús; san Pablo vivió esta experiencia de encontrar la verdad en Cristo y de abrirse así a la libertad del que actúa por propio convencimiento, del que no se siente coaccionado porque hace lo que le nace de dentro. Una libertad así entendida solo puede conducir al amor. Al respecto el Papa recuerda una famosa frase de san Agustín: ama y haz lo que quieras. Del amor no puede surgir ningún mal; el que ama siempre quiere el bien y  por eso lo realiza libremente, espontáneamente.

Me complace destacar otro aspecto interesante en esta homilía. Recordando la escena narrada en el libro de los Hechos, en la que Pablo escuchó estas palabras del Señor: “Yo soy Jesús a quién tu persigues”, el Papa nota: “Persiguiendo a la Iglesia, Pablo persigue al mismo Jesús”. En efecto: Jesús se hace presente en la Iglesia. Pablo, persiguiendo a los cristianos, se encontró con Jesús. Porque Jesús Resucitado se hace presente en sus seguidores. Ayer y hoy. Tomar conciencia de que los cristianos somos hoy la presencia de Jesús ante el mundo tiene consecuencias de cara a la credibilidad de la Iglesia, a su forma de presentarse, a su modo de actuar, al tipo de relaciones que se dan dentro de la Iglesia, al modo de gobernar, a nuestra consideración con los de fuera, a nuestra solidaridad con los pobres, a nuestro trato con los poderosos, etc., etc., etc.



Ambiente raro sábado, 28 de junio de 2008 | Hay 1 comentarios

¡Qué cosas tiene uno que leer! A veces es mejor no enterarse para vivir más feliz. Lo malo y lo triste es que sobre esas cosas muy secundarias, poco importantes y marginales, se hace mucho ruido, logrando así causar risa a los que están fuera y poner de mal humor a muchos que están dentro. Ahora resulta que los grandes temas eclesiales son la Misa en latín, la comunión en la boca y de rodillas, los cambios en el palio y el báculo del Papa y hasta la marca de sus zapatillas. ¡Por favor!

Hay una categoría teológica, muy práctica, que no se menciona, aunque tengo la impresión que sí se practica o no (según como se mire), aún sin saber que se practica o no, como le ocurría a ese personaje de Molière que hablaba en prosa sin saberlo. Me refiero a la “recepción”. Con este término se indica la aceptación de las verdades referentes a la fe y a las costumbres. El problema aparece cuando se trata de recibir determinadas costumbres que a un gran número de personas les resultan extrañas, bien por estar acostumbrados a otras costumbres, bien porque no acaban de ver las razones de la propuesta. Cuanto más secundario sea el asunto mayor será la diversidad de opiniones o de costumbres, y más difícil resultará la recepción de una única norma o costumbre. Precisamente porque se trata de temas secundarios la autoridad eclesial se limita a recomendarla, pero no a imponerla. Lo malo es que quienes son favorables a la costumbre recomendada, supuestamente recomendada, permitida o tolerada (porque a veces tampoco está muy clara la distinción) se atribuyen el papel de guardianes de la ortodoxia y hasta de la fe y la moral, y se dedican a descalificar a la inmensa mayoría de los que no siguen tal costumbre, pongamos por caso la comunión de rodillas y en la boca. Todo esto crea un mal ambiente, facilita la burla de los de fuera, hace que nos perdamos en cuestiones secundarias, provoca desorientación en la gente sencilla y buena, y produce la impresión de que los que mandan siempre se colocan al lado de las posiciones más extrañas, minoritarias, rígidas y anticuadas. Y lo que es peor, todo eso no favorece la recepción de lo único que importa recibir, que es el Evangelio de Cristo.



Historia y Fe viernes, 27 de junio de 2008 | Hay 2 comentarios

Me refería en mi artículo anterior a la necesidad de una buena información y una buena formación para tener buenos criterios. Pues bien, los lectores del libro de J.A. Pagola harán bien en estar informados de la Nota que acaba de emitir la Comisión Episcopal de la doctrina de la Fe. En la parte final de la nota se reconocen aspectos positivos en el escrito de Pagola, aunque la globalidad de la nota busca clarificar las deficiencias metodológicas y doctrinales que, a juicio de sus redactores, contiene el libro.

La cuestión de fondo del debate es, a mi entender, la relación entre historia y fe. La fe cristiana parte de un acontecimiento histórico, a saber, la obra, la palabra, la vida toda, la muerte y la resurrección de Jesús. En esta historia se revela Dios mismo y sólo mirando a esta historia conocemos al Dios que se revela en Jesús. Pero esta historia sólo se comprende en toda su verdad desde la confesión de Jesús como el Hijo. Jesús, el hombre de Nazaret martirizado en Jerusalén, es el Cristo, el Ungido, el Mesías, el Enviado de Dios. Por eso, los cristianos unimos un calificativo (Cristo) a un nombre (Jesús) para formar un “nombre nuevo” (Jesucristo), en el que se unen la fe y la historia. Una lectura histórica de Jesús que prescinde de la fe, o dicho de otro modo, una historia de Jesús no leída según el Espíritu, no es reveladora. Este es el límite de los estudios sobre el Jesús histórico. Los estudios sobre el Jesús histórico tienen una relevancia teológica fundamental, son absolutamente necesarios, pero con ellos solos no se sostiene la fe. Esta me parece que es una de las claves del debate.



Ante la desorientación, información y formación jueves, 26 de junio de 2008 | Hay 1 comentarios

Muchos católicos no comprenden determinados asuntos eclesiales. Algunos preguntan, pero cuando preguntan a personas distintas, supuestamente enteradas, tampoco se aclaran, porque reciben respuestas diferentes. Yo suelo recomendar que se informen, si pueden directamente, y que se formen ellos mismos su propio criterio. Para muchos ha sido motivo de desorientación la aparición del libro de José Antonio Pagola, Jesús. Aproximación histórica. A mi modo de ver lo que ha despistado no ha sido tanto el libro en sí, sino los comentarios que ha suscitado. Resulta incluso curioso que muchos lo critiquen sin haberlo leído y que bastantes lectores no encuentren nada que chirríe con su fe. Hace unos días leí la carta que el obispo Juan María Uriarte escribió a sus diocesanos informándoles de que había dado el preceptivo permiso canónico para la edición del “texto renovado” del libro de Pagola, y en la que manifiesta conocer la positiva reacción de muchos creyentes y alejados que han encontrado en este libro ”una llamada al seguimiento, un impulso de conversión y un interés por la persona y el mensaje de Jesús”.

Una lectora del blog, entre sorprendida y dolorida, me envía una información de agencia que posiblemente refleje algo de lo ocurrido en la reunión plenaria de la conferencia episcopal, aunque también me parece que contiene algunas inexactitudes. Es dudoso que la comisión permanente fuera presidida por J.A. Martínez Camino, porque el presidente de la comisión es Rouco. Es extraña “una orden de Roma” que no ha sido enviada al presidente de la Conferencia y que sólo conoce el Secretario. Sí que tengo datos para pensar que algunos de los obispos más influyentes son partidarios de la vía del diálogo. Y me sorprende que alguien pueda decir que el libro de Pagola está escrito para hacer sombra al del Papa, entre otras cosas porque estos libros no se hacen sombra, se complementan. El del Papa, teniendo muy en cuenta la historia de Jesús de Nazaret, ofrece una buena explicación teológica de la interpretación creyente de Jesús, como Hijo del Padre enviado a los hombres para nuestra salvación; el de Pagola, supuesta esta fe en Jesús como el Hijo, busca los elementos históricos fiables que hacen posible y sostienen la fe.

Acabo con una anécdota que me ha recordado esa información de agencia. En febrero de 2004, antes de que hubiera ninguna noticia del libro del Papa actual, Pagola me invitó a cenar en un restaurante del casco viejo de San Sebastián. Allí me habló con devoción y unción del libro que estaba preparando. El suyo no ha sido escrito buscando responder a nadie; es el resultado de una búsqueda personal de un creyente enamorado de Jesús.



Unidad sin fisuras, ¿en torno a qué? martes, 24 de junio de 2008 | Hay 1 comentarios

A veces, en algunos discursos eclesiales, aparecen apremiantes llamadas a la “unidad sin fisuras”, a la “fidelidad eclesial”, y a la “resistencia” ante determinadas leyes o programas políticos. Estas llamadas generan grandes entusiasmos y grandes incomodidades. Los entusiasmos, más que a fidelidades eclesiales, suelen deberse a posiciones políticas, porque en cuanto el eclesiástico dice algo con lo que no comulgan los entusiasmados, entonces le ignoran o descalifican. Las incomodidades provienen de aquellos que sospechan que detrás de la apelación a la unidad está el uniformismo, detrás de la fidelidad está la sumisión, y detrás de la resistencia se encuentran asuntos discutibles. Esto me lleva a pensar que también hay resistencias a las mociones del Espíritu que actúa más allá de las fronteras eclesiales; hay una unidad en la comunión, que no suprime, sino que respeta y valora las diferencias; y hay una fidelidad fundamental a Cristo nuestro Señor.

No me refiero a casos concretos, porque cada caso es único y requiere su propio análisis. Además, los casos concretos despiertan mucha pasión y, desgraciadamente, bastantes personas los juzgan visceralmente, incapaces como son de reconocer que la realidad no es ni blanca ni negra, se parece más a la amplia gama de matices del gris. Siguiendo con consideraciones generales, a veces da la impresión de que algunas llamadas a la unidad se refieren a cuestiones accidentales. En ese caso basta una unidad en las formas, importando poco la unidad en el amor. Y, sin embargo, allí donde hay amor, hay unidad en lo esencial y apertura mental para acoger puntos de vista distintos y, por eso mismo, enriquecedores. Apertura mental para comprender eso que decía el Vaticano II: una misma concepción cristiana de la vida puede conducir a soluciones divergentes, a juzgar del mismo asunto de distinta manera (Gaudium et Spes, 43). La comunión no la rompe el que se atreve a soñar o hace gestos de desaprobación, sino el que hace de ella bastión fortificado en el que no cabe ninguna discrepancia.



Formarse para hablar de Dios viernes, 20 de junio de 2008 | Hay 2 comentarios

En estos dos últimos años he tenido ocasión de dirigirme, en diversas ciudades de España, a catequistas y profesores de religión. En todas partes he insistido en algo que me parece fundamental, a saber, que en las tareas pastorales la actitud es un elemento imprescindible. Se puede enseñar informática y pensar que eso es perjudicial; pero no puede enseñarse religión sin estar convencido de la absoluta necesidad de lo que se enseña que, en definitiva, no es otra cosa que la persona misma de Jesucristo. Pero si la actitud es necesaria, no es suficiente. Junto con la actitud, la preparación, la buena formación, la competencia, en suma, es otro requisito para realizar una buena tarea pastoral.

La razón fundamental de la necesidad de una buena formación es la ley de la encarnación: Dios se puso a merced de un acontecimiento humano, asumió el riesgo de lo humano. La ley de la encarnación, aplicada a la tarea pastoral, suena así: cuanto más preparados estamos, mejor actúa Dios; y cuando no estamos preparados obstaculizamos y hasta impedimos la acción divina. Dios nunca actúa directamente, actúa a través nuestro, a través de causas segundas, dicen los teólogos. Si Dios actúa a través de lo humano, cuanto mayor sea la calidad de lo humano, cuanto más preparados estemos, mejor se transparentará la obra divina. La calidad del instrumento, en este caso nuestra preparación, condiciona la transmisión y la recepción. A veces oigo decir a algunos catequistas, más voluntariosos que preparados: “el Espíritu Santo me ayudará y me inspirará lo que tengo que decir”. Olvidan que la acción del Espíritu se da a través del estudio, de nuestro esfuerzo. Y por tanto, cuando no estamos formados, cuando no nos hemos actualizado, cuando no hemos estudiado bien el tema, el Espíritu “inspira” tonterías, ridiculeces o cosas de poco nivel (dicho sea pidiendo perdón al Espíritu por atribuirle lo que sólo debe atribuirse a nuestra desidia o a nuestra pereza).



Contento de ser como soy domingo, 15 de junio de 2008 | Hay 4 comentarios

¿Se acuerdan de Cristina Kaufmann? Sí, esa monja carmelita de Mataró, que un día fue entrevistada por Mercedes Milá en la única televisión de entonces y ante la pregunta de la periodista sobre qué era eso de rezar y para qué servía, la monja se puso a rezar ante las cámaras provocando un aluvión de llamadas que solicitaban la repetición del momento. Pues bien, en una entrevista poco conocida grabada meses antes de su muerte, Cristina Kaufmann ofrece esta sorprendente definición de creer: “Creer es estar contento de ser como soy. Y saber, de alguna manera, que mi vida no es inútil, que hay alguien a quien le agrada que yo viva”.

Creer es estar contento de ser como soy y de ser quien soy. O sea, creer es aceptarme. Cosa nada fácil en esta sociedad en la que abundan las personas disgustadas consigo mismas, esta sociedad en la que hay mucha gente que desea ser “otra” u “otro”, porque constantemente nos están bombardeando con modelos que distan mucho de ser lo que somos. Importa, pues, ayudar a reconciliar a las personas con el ser que ellas son. Y vivir agradecidos por ello. Cada vida humana es un milagro matemático, una lotería de miles de millones de números en la que sólo hay una posibilidad de ser quien soy. Si mis padres me hubieran engendrado cinco minutos después, si por el motivo que fuese se hubiera retrasado el momento, yo no existiría. Soy el que soy y como soy porque ocurrieron una concatenación de circunstancias humanas y biológicas que se dieron en un determinado momento y que son irrepetibles. ¿Por qué soy así? Sólo puedo ser así y no de otra manera. O así o de ningún modo. Y la vida vale por sí misma. Debería estar agradecido a mis padres, tantas veces abandonados, criticados, no aceptados, sencillamente por ser, por ese regalo que vale por sí mismo. Si no estoy satisfecho de ser quien soy, difícilmente podré reconciliarme con mis orígenes humanos y con ese origen más profundo de mi vida que es Dios.



Esperanza esperable miércoles, 11 de junio de 2008 | Hay 1 comentarios

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Sin embargo, mi impresión es que falta mucha esperanza, no sólo en esos lugares donde abunda la pobreza y escasean las posibilidades de trabajo, sino también en nuestro mundo rico, en el que tenemos de todo, pero nunca acabamos de estar satisfechos. He leído en George Sand que a las personas nos gusta tanto viajar porque no estamos contentos en ningún lugar. Y Bernardo de Claraval  dice que los seres humanos, en vez de agradecer lo que tenemos, nos pasamos la vida lamentando lo que no tenemos. Nunca estamos contentos del todo. Y, en ocasiones, no estamos satisfechos de nada. En estos casos es frecuente utilizar la palabra esperanza para animar a los que se encuentran desanimados o en mala situación.

Tan importante como dar esperanza es no profanarla. En el ámbito personal, en el político, y también en el religioso, cuando aparecen dificultades, se hacen apelaciones a la esperanza. Pero la esperanza no es un consuelo para acallar protestas, un recurso para conseguir votos a base de falsas promesas, o un modo de cerrar los ojos ante las dificultades apelando a futuros que nunca llegan. La esperanza debe ser esperable. Y se hace esperable cuando ofrecemos soluciones, cuando buscamos salidas buenas y reales para la situación opresiva. Ejemplos de esperanza profanada por no esperable son las posturas que reflejan estos recientes titulares de prensa: “El Gobierno dice que saldremos adelante, pero no anuncia medidas”; “muchas palabras y pocas soluciones contra el hambre”; “el Gobierno confía en atajar el conflicto con medidas que no precisa”.

Sólo hablan correctamente de esperanza los que antes se han detenido a pensar en las posibilidades que tiene de salir adelante aquello para lo que reclaman esperanza. La esperanza reposa siempre sobre un poder. Cuando se habla de esperanza y las posibilidades de conseguir lo esperado son nulas, o apuntan a los contrario de lo que se desea, aparece la desesperanza. Y eso vale tanto para la esperanza en el futuro Reino de Dios, como para las esperanzas mundanas. La posibilidad es condición indispensable de la esperanza. La esperanza siempre es activa, movilizadora. Sólo ofrecemos de verdad esperanza cuando nos comprometemos a luchar, con todos nuestros recursos, para conseguir lo esperado.



 
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