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Testigos de canonización

Nihil Obstat

Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP / Sobre el autor

Seminaristas y pastoral de la familia

sábado, 27 de agosto de 2016 | Hay 0 comentarios

Siguiendo con la teología y la pastoral “temporales” del post anterior, hay en el documento del Papa sobre la familia unos números dedicados a la formación de los sacerdotes, y más en concreto, de los seminaristas, que convendría tener en cuenta y llevar cuanto antes a la práctica: “a los ministros ordenados les suele faltar formación adecuada para tratar los complejos problemas de las familias” (número 202). Conclusión: si les falta formación, mejor que no los traten. Otra conclusión mirando al futuro: “los seminaristas deberían acceder a una formación interdisciplinaria más amplia sobre noviazgo y matrimonio y no sólo en cuanto a la doctrina” (n. 203). Conclusión: no es cuestión de aprender el catecismo, es cuestión de interdisciplinariedad y de conocimiento de la realidad concreta y “temporal”.

 

Y también es cuestión, como dice este mismo número 203, de tener en cuenta que los futuros ministros llevan consigo heridas debidas a su propia experiencia familiar, que habrá que ayudar a cicatrizar y sanar, con cariño y comprensión. Aunque estas heridas también pueden ayudar a comprender a los heridos. Como dice la carta a los hebreos, el sacerdote es el que comprende a los débiles porque él mismo está envuelto en debilidades. Si no reconoce sus propias debilidades se sitúa en una posición farisaica, y su pastoral, en vez de ser misericordiosa, es de condenación. Lo contrario de la pastoral de Jesús, que no vino para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.



Teología intemporal y temporal

martes, 23 de agosto de 2016 | Hay 2 comentarios

Un reciente documento de la Conferencia Episcopal Española sobre algunas cuestiones de cristología fue acogido por algunos con el calificativo de “intemporal”. Cuando se utiliza el término “intemporal” para criticar algún documento supongo que se quiere decir que está alejado de la realidad concreta que viven los fieles. No es fácil responder a todas las preguntas que se plantean. Tampoco resulta fácil encontrar un lenguaje comprensible y cercano. Pero hay que intentarlo.

 

Con esto de lo “temporal” y lo “intemporal” ocurre también otra cosa, a saber, que se critican algunos documentos o tomas de posición que son muy “temporales”, o sea, que abordan temas concretos de forma muy directa, pero algunos de los oyentes o lectores consideran que no hay que ser tan directos (a propósito de cuestiones de ideología de género o de orientaciones políticas, por ejemplo). Al final ya no se sabe qué es mejor: si ser temporal o intemporal. ¿O la temporalidad e intemporalidad dependen del tema de que se trate? ¿O quizás los prejuicios y la sensibilidad del oyente mueven a calificar de oportuno o inoportuno, temporal o intemporal la cuestión tratada?

 

Hablando de temporalidad e intemporalidad ofrezco una sugerencia de cara al próximo curso, dirigida a los grupos cristianos de reflexión y de estudio: la de estudiar de forma directa el estupendo documento del magisterio del Papa Francisco sobre la familia. Cuando el documento se lee sin prejuicios, sin malas intenciones, sin descalificaciones previas, nos encontramos con unas reflexiones temporales y concretas, válidas para todos, de una riqueza enorme, tanto humana como cristiana. Es verdad que en este documento hay dos tipos de reflexiones, las referidas a las familias que, con sus problemas y dificultades, viven su matrimonio cristianamente, y las referidas a aquellas situaciones en las que las dificultades se han traducido en rupturas que han forzado a tomar soluciones difíciles e inesperadas.

 

A mi me parece que la mayoría de nuestros fieles están en la primera situación, en la de la vida matrimonial vivida cristianamente, con sus dificultades, pero también con la buena voluntad de ser fieles al Señor. A ellos les recomiendo que lean los capítulos del documento de Francisco que les atañen directamente, porque les harán mucho bien. Insisto: mucho bien.



Monjas, religiosos y curas, ¿trabajan?

jueves, 18 de agosto de 2016 | Hay 4 comentarios

Hay oficios en los que nunca falta el trabajo. Y no precisamente por lo difícil que es “la carrera”, sino por la falta de candidatas y candidatos. Las monjas, los frailes y los curas tienen trabajo de sobra. Cierto, en estos “oficios” también hay quienes no cumplen. Pero eso no quita que, para quienes cumplen, haya trabajo.

 

La falta de candidatos para religiosos y para sacerdotes no se debe a que “la paga” suela ser pequeña, en términos monetarios, sino a otros factores de tipo social y cultural que no es el momento de analizar ahora. La paga no es muy elevada, pero hay que decir algo más: nadie entra en un noviciado o en un seminario pensando en el dinero. Y si, por una de esas cosas que también pasan a veces, alguien entra pensando en el dinero o en la promoción social, se ha equivocado de lugar. Y lo más probable es que no sea feliz y, lo que es peor, haga infelices a los demás.

 

Todos sabemos, por ejemplo, que muchos enfermos, en los hospitales, prefieren ser atendidos por enfermeras monjas, porque ellas tienen fama de no medir el tiempo y de saber consolar y escuchar. Que quede claro: conozco a enfermeras y enfermeros laicos que hacen una labor humana que va más allá de lo profesional. Pero lo que quiero decir es que las religiosas y los religiosos, si son fieles a su vocación, no tienen un tiempo contado, porque el tiempo está en función de la persona a la que atienden y no en función de un horario. Si eso también ocurre en el caso de algunos laicos, mejor que mejor, porque la sorpresa del enfermo y de su familia es mayor. Por eso, si son creyentes, su testimonio es más creíble y, si no son creyentes, su dedicación es más admirable.

 

También los curas, los buenos curas, que de todo hay, como en todas las profesiones y oficios, no tienen horarios fijos. Si son fieles a su vocación, todo su tiempo está en función de los fieles que les han confiado. Este es uno de los sentidos del celibato: una donación completa de la propia vida a Dios y, en consecuencia, una vocación asumida totalmente, sin reservas. Porque en estos oficios clericales (monjas, religiosos, curas) se trata de vocaciones libres, pero rigurosas.

 

También las monjas y monjes contemplativos, así como las y los eremitas, se ganan el pan con su trabajo, aunque dedican muchas más horas a la oración, a la meditación, o sencillamente a “no hacer nada”, que al trabajo material. Ellas y ellos son un signo de contraste para este mundo obsesionado por el dinero e incluso por el esfuerzo. Las personas de hoy tienen horror al “tiempo vacío” y, por eso, siempre están ocupadas, bien trabajando, bien escuchando música, viendo la televisión o chateando por el móvil o el ordenador. No hacer nada les causa pavor. Las monjas y monjes, que dedican más tiempo a “no hacer nada” que a trabajar, son un signo de contraste, que plantea una pregunta: ¿a qué se dedican, qué hacen no haciendo nada? El ser humano no está hecho para hacer, sino para ser.



Amistad de oro

domingo, 14 de agosto de 2016 | Hay 6 comentarios

El deporte es competencia. Los que participan en las olimpiadas quieren ganar. Para que uno gane, otros tienen que perder. Pero el deporte puede y debe vivirse como una competencia sana. En la que el perdedor no se sienta humillado. Hay dos datos en las olimpiadas que ayudan a fortalecer este dicho de que más importante que ganar es participar. El primero: no es solo uno el que sube al podio. Son tres los que reciben medalla, son tres los reconocidos como mejores. Y en el podio, normalmente, tras la entrega de las medallas, los tres suben abrazados al cajón más alto, como signo de unidad y de encuentro. Por otra parte, los vencedores son muy conscientes de que los perdedores son casi igual de buenos que ellos, porque las diferencias entre unos y otros, en las pruebas de velocidad por ejemplo, son de centésimas de segundo. Todos son muy buenos. Las diferencias entre unos y otros son mínimas. He ahí un dato importante que todos deberíamos aprender: lo que me separa del otro es tan pequeño, tan pequeño, que, en el fondo, no vale la pena envidiarle.


Hay otro aspecto importante que queda bien realzado cuando se compite en equipo. El equipo es motivo de amistad. Eso ha quedado claro en el triunfo de Rafael Nadal con su compañero de dobles, Marc López. Ambos han transmitido valores como esfuerzo, valor, tesón. Y algo más. Una persona me ha enviado esta reflexión: “En época de mobbing, bulling, Rafa y Marc nos han transmitido el valor de la confianza y la amistad en el otro, del apoyo mutuo, de poner en común cada cual sus dones. La amistad, ese plus que da alas en la consecución de objetivos. La amistad, aliento de Vida”. Efectivamente, en un mundo dónde abunda el acoso, el “quítate tú para que me ponga yo”, es importante esta imagen de dos amigos que se abrazan, la imagen de que hay sitio para todos.


Más aún: Otro abrazo, el de Nadal con el argentino Del Potro, el abrazo del perdedor con el ganador, es signo de que podemos reconocer los valores del hermano sin celos, ni envidias, ni enemistades. Solo saben ganar los que saben perder. Cuando pierden no se hunden y cuando ganan no se ensoberbecen. No es bueno alegrarse de las derrotas ajenas. Porque el fracaso, la derrota, el no ser el primero, un día me alcanzará a mi. Y en ese momento lo que me gustaría no es que el otro se riera, sino que me diera la mano y me dijera: “tranquilo, solo era un juego”. El juego acaba, la amistad perdura.


Cierto, el deporte es también un colosal negocio. Aún así, me ha parecido oportuno destacar algunos de sus lados buenos. Y puestos a destacar cosas buenas, vuelvo a tomar prestadas las palabras de esa persona que antes he citado y que me ofrece esta otra reflexión: “Es hermoso ver como el extraterrestre Phelps vuelve a la piscina para firmar una salida como le corresponde, dejando atrás las sombras, rescatado por el amor de su pareja y su hijo. Y es que los héroes deportivos son seres frágiles en la vida cotidiana. Necesitan de personas que les quieran por ellos mismos. No todos lo consiguen, devienen juguetes rotos, ícaros de alas quemadas. Muchos se aprovechan de ellos, producen mucho dinero, imágenes de marcas, en esta época de consumo masivo de imágenes, de nuevas sensaciones. ¡Ojala los valores auténticos del deporte lleguen a la vida cotidiana!”.



Cuando Dios y los hermanos saben donde estoy

jueves, 11 de agosto de 2016 | Hay 2 comentarios

Según el primer libro de la Biblia, Dios, tras crear al ser humano, le ofrece una serie de indicaciones, pero no hay ninguna respuesta. Quizás porque no es necesaria. La primera respuesta se produce una vez que el ser humano ha roto las amistades con Dios. Entonces Dios se preocupa y le interpela: “¿dónde estás?”. Respuesta de Adán: tengo miedo, miedo de ti, por eso me he escondido. Grave error: un Dios temible es un falso Dios. Pero la pregunta por el dónde estás es significativa: lejos de Dios, no estamos en el buen lugar. La pregunta quiere hacer caer en la cuenta de cuál es el lugar en que estamos bien. Cuándo estamos mal, la pregunta por el dónde estás o por el qué te pasa, es una invitación a volver a estar bien.

 

La segunda vez que el humano entabla un diálogo con Dios es después de otra pérdida de amistades, en este caso entre los hermanos, que conduce a un asesinato. Dios vuelve a preocuparse: “¿dónde está tu hermano?”. Otra vez una mala respuesta: “No sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?”. Claro que sabes dónde está tu hermano: lejos de ti, porque tú lo has rechazado. Y sí, eres su guardián, no has sabido ser lo que eres. Las dos preguntas, dónde estás y dónde está tu hermano, son indisociables, como indisociable es la relación con Dios y la relación con el hermano. Cuando damos la espalda a Dios nos alejamos del hermano. Y cuando nos alejamos del hermano nos enemistamos con Dios. Uno y otro aspecto van unidos. Las dos preguntas, cómo me sitúo ante Dios y cómo me sitúo ante el hermano, son indisociables. La buena relación con Dios nos asegura una buena relación con los otros hombres. Y la mala relación con los otros humanos, es el síntoma más claro de la mala relación de Dios. Aunque esa mala relación con los otros se excuse, como a veces ocurre, en motivos religiosos: es un pecador.

 

El primer contrapunto a estas historias en las que se pierden las amistades, es la historia de Abrahán. Tras pasar por una serie de dificultades, de dudas, de incertidumbres, Dios interpela a Abrahán, le llama: “Abrahán, Abrahán”. Y de pronto aparece una respuesta distinta: “Aquí estoy” (Gen 22,1). En vez de esconderse, como Adán, o en vez de desentenderse del hermano, como Caín, Abrahán se fía incondicionalmente, se pone en manos de Dios. Esta respuesta de Abrahán anticipa otra respuesta, esta vez definitiva: “Aquí estoy, oh Dios, he venido para hacer tu voluntad”. Son las primeras palabras que Jesús pronunció al entrar en este mundo (según Heb 10,7).

 

Si la respuesta a la pregunta: ¿dónde estás?, es el silencio del que se esconde, y si la respuesta a la pregunta: ¿dónde está tu hermano?, es el odio del que no quiere hermanos, entonces estamos mal situados. Si la respuesta a la pregunta por el dónde estás es: “aquí estoy”, entonces estamos bien situados. Porque cuando Dios y los hermanos saben dónde estoy, es porque estoy dispuesto a encontrarme con ellos.



Estudiar para comunicar lo contemplado

sábado, 06 de agosto de 2016 | Hay 4 comentarios

Predicar consiste en comunicar a otros lo que uno ha contemplado. Estas palabras, inspiradas en Tomás de Aquino, resumen, a mi entender, lo que, entre los dominicos se conoce como “misión intelectual” de la Orden. En efecto, el estudio, uno de los elementos esenciales que definen el carisma de la Orden, no tiene valor por sí mismo, está al servicio de la predicación. Ahora bien, una predicación que no esté avalada por el estudio, se convierte en un recetario de frases piadosas o de fórmulas genéricas que no iluminan la inteligencia. Y sin luz, no hay modo de caminar en la vida, ni de saber a dónde vamos.

 

La Orden de Predicadores siempre ha considerado el estudio como absolutamente esencial, como una exigencia vital. Ya el Cardenal Cayetano declaró en 1513 algo que debería hacernos pensar y, sobre todo, que debería estimular a toda dominica y a todo dominico: “Que otros se alegren de sus prerrogativas; en cuanto a nosotros, si no nos distinguimos por la Sagrada Doctrina, nuestra Orden ya no tiene más razón de ser”. Y el P. Lacordaire, restaurador de la Orden en Francia, hablaba de que para ser dominico no bastaba “conocer y practicar la disciplina de la Orden”; así, decía Lacordaire, se es “dominico de corazón”; pero es necesario, además, ser dominicos “por la inteligencia”.

 

A veces, entre los dominicos, se ha distinguido y hasta contrapuesto, los frailes que se dedicaban al estudio y los que se dedicaban a la predicación. Distinción fatal, que reposa sobre un triste equívoco. Pues la predicación supone el estudio y el estudio está al servicio de la predicación y del apostolado.

 

El objetivo de la predicación es la salvación de las personas. La salvación viene del encuentro con Jesucristo. Para encontrarlo es necesario que alguien lo dé a conocer. Esa es la función del predicador. Ahora bien, para dar a conocer a Jesucristo es necesario haberlo encontrado previamente. El estudio ayuda a profundizar el encuentro y a presentar al Señor Jesús de forma atrayente y adecuada, con un lenguaje inteligible, respondiendo a las dificultades que los oyentes puedan encontrar y, sobre todo, mostrando la cara más auténtica de Jesús que no es otra que gracia y misericordia. Visto así, el estudio de la teología engendra amistad, primero con Dios y luego con las personas a las que se dirige el predicador.



La oscura celda, estación de paso

martes, 02 de agosto de 2016 | Hay 3 comentarios

“La oscura celda no es estación término”. Así reza el verso que una persona amiga me ha enviado debajo de la foto del Papa sentado en la celda en la que murió Maximiliano Kolbe. Murió, sí. Como todos. Pero en este caso le mataron. ¿Y qué hace el Papa en el lugar del martirio del religioso franciscano, del hermano menor, del que entregó la vida para salvar a otro hermano desconocido? La rabia, e incluso el deseo de venganza serían comprensibles. El clamor por la justicia sería igualmente comprensible y más cristiano. El reclamo de la verdad sería otra salida digna. Pues bien, Francisco no tiene rabia, no pide venganza, ni justicia, ni verdad. No culpa a nadie. No pregunta por el silencio de Dios. Es él, el Papa, el que guarda silencio. Silencio significativo, silencio que invita a la reflexión, silencio que es un grito de horror.

 

Cuando se decide a hablar solo pide perdón. Lo pide en primera persona. Porque todos necesitamos perdonar y ser perdonados. “Perdón, Señor, ante tanto horror”. Perdón, Señor, a ti que eres Misericordioso, rico en Misericordia. Rico, o sea, que te sobra por todas partes, que tienes tanta que desborda y parece que se pierde inútilmente. Pero en esta palabra de perdón está nuestra salvación. La salvación para unos y para otros, para víctimas y verdugos. Para que un día deje de haber víctimas y verdugos y aparezca una nueva humanidad, una nueva hombría, en la que todos vivamos reconciliados, unidos, enlazados, porque el amor llena nuestra vida.

 

La palabra del perdón el Papa la pronuncia en esta celda oscura, signo de los infiernos que los hombres somos capaces de crear. Y al pronunciarla desde ese oscuro lugar, el perdón se abre a la esperanza de la misericordia. Esta esperanza que está segura de que las celdas oscuras no son estación término. Solo son estación de paso. Porque hay vida. La Vida que en Jesucristo se manifestó. Vida más fuerte que todas las muertes. Vida que es luz. Por eso la segunda foto que ofrezco es la ofrenda de luz que el Papa hizo en Auschwitz-Birkenau, frente al monumento a todas las víctimas. Allí están los nombres que los hombres no deberíamos olvidar nunca. Los hombres, sí, porque Dios siempre recuerda nuestro nombre.



Vida monástica: temas para reflexionar

sábado, 30 de julio de 2016 | Hay 1 comentarios

La reciente constitución apostólica sobre la vida monástica indica que uno de los temas sobre los que es necesario reflexionar es el de la autonomía de los monasterios femeninos. Autonomía no es autorreferencialidad. Debe estar abierta a la comunión con los otros monasterios. De ahí la importancia y la necesidad de las federaciones. A partir de ahora no podrá haber monasterios que no estén federados.

 

La autonomía necesita replantearse desde la plena confianza en las monjas y también desde la comunión con el carisma compartido con la rama masculina de sus Órdenes. Esta disposición abre caminos: “Se favorecerá la asociación, también jurídica, de los monasterios con la Orden masculina correspondiente”. Otro tema importante es la formación permanente, exigencia intrínseca de la consagración religiosa. Es necesario tener monjas bien formadas y con buena base teológica. Sin buena teología no hay buena espiritualidad.

 

La oración litúrgica y personal es una exigencia fundamental para alimentar la contemplación. La oración monástica puede ser estímulo y guía para aquellos que no sienten la necesidad de rezar, o no saben rezar, o reducen la oración a una petición en los momentos de dificultad. La oración es ante todo alabanza y acción de gracias, que no se reduce a un momento puntual, sino que abarca todos los tiempos y dimensiones de la vida. Más aún, al recitar la liturgia las horas, las monjas se convierten en la voz de todas las personas que no rezan. Y de esta forma las arrastran con ellas hacia Dios, viviendo así la comunión de los santos y siendo solidarias con toda la humanidad.

 

Sin olvidar la oración de intercesión por los presos, los refugiados, los emigrantes, las víctimas de dependencias, los perseguidos, los parados, los enfermos, las familias desestructuradas… O sea, una oración que de nuevo abarca a la humanidad doliente, pobre y necesitada. “Por vuestra oración, dice el Papa, vosotras curáis las llagas de tantos hermanos”. Y recordando la escena del libro del Éxodo (17,11) en la que la oración de Moisés decide la suerte de su pueblo, Francisco dice: “Hoy, como entonces, podemos pensar que las suertes de la humanidad se deciden en el corazón orante y en los brazos levantados de las contemplativas”.

 

La vida comunitaria, reflejo de Dios comunión de Amor, es elemento esencial de la vida monástica. De ahí la necesidad de ser constructores de comunidad (y no solo consumidores), aportando cada uno los dones que ha recibido. La vida común es un testimonio de la belleza del vivir unidos, a pesar de las diferencias, en un mundo marcado por divisiones y desigualdades. Pues las diferencias, lejos de separar, enriquecen. La vida común es también la primera forma de evangelización: “en esto, en que os amáis unos a otros, conocerán que sois mis discípulos”.

 

El Papa es consciente de las dificultades y tentaciones que comporta una vida así. La más peligrosa es la apatía, la desidia, la desmotivación. Por eso, importa no sólo aprender de las monjas, sino apoyarlas y rezar por ellas.



Buscar el rostro de Dios

miércoles, 27 de julio de 2016 | Hay 3 comentarios

Por fin ha salido la esperada constitución apostólica sobre la vida monástica femenina, que lleva por título: “La búsqueda del rostro de Dios”. El Papa afirma haber escrito esta constitución “tras las debidas consultas”. En este caso la frase no tiene nada de retórica. Más aún, me permito añadir: tras las debidas consultas a la base, o sea, tras una amplia encuesta a todos los monasterios de vida contemplativa. Por este motivo, las monjas esperaban expectantes el resultado de la consulta.

 

Algunos medios han destacado solo una disposición, sin duda importante, de la constitución, que afecta directamente a los monasterios españoles, a saber: “hay que evitar en modo absoluto el reclutamiento de candidatas de otros Países con el único fin de salvaguardar la supervivencia del monasterio. Que se elaboren criterios para asegurar que esto se cumpla”. Pero la constitución es mucho más que esta disposición. Contiene una rica y actualizada doctrina sobre la vida monástica femenina, que también puede servir, a su manera, para todos los consagrados y, en general, para todos los cristianos.

 

La constitución comienza con un merecido elogio de la vida monástica, signo que recuerda al pueblo de Dios el sentido primero y último de lo que él vive. En efecto, todos los seres humanos, y de forma más consciente los cristianos, buscamos, de una u otra forma, el rostro de Dios, aunque no seamos del todo conscientes. Normalmente lo buscamos bajo la forma genérica de “la felicidad”. Los monjes y las monjas señalan de forma explícita dónde esta la fuente de la vida de la que todos venimos y a la que todos nos encaminamos. El Papa considera que, cincuenta años después del Vaticano II, es bueno mirar de nuevo algunos aspectos a la vida monástica, a la luz de las nuevas condiciones socio-culturales, para que pueda seguir siendo un desafío para la mentalidad de hoy.

 

Las y los que entran en un monasterio no quieren alejarse del mundo y, mucho menos, huir del mundo y, menos aún, condenarlo. Lo que buscan es contemplar el mundo y las personas con la mirada de Dios, allí donde los demás “tienen ojos y no ven”, porque miran con los ojos de la carne. Y desde esta contemplación ser la voz de la Iglesia que incansablemente alaba, agradece y suplica por toda la humanidad; ser, con la plegaria, colaboradoras de Dios y apoyo de los miembros vacilantes del cuerpo de Cristo.

 

La constitución indica que hay una serie de cuestiones sobre las que es necesario reflexionar y discernir para mejorar la situación de los monasterios; y añade que la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica ofrecerá en breve pautas e indicaciones concretas. En un próximo post me referiré a algunas de estas cuestiones.



Biblia del Papa Francisco

sábado, 23 de julio de 2016 | Hay 3 comentarios

Me acaban de informar de la aparición de una “Nueva Biblia del Papa Francisco”, que se está ofreciendo por teléfono, sobre todo a comunidades religiosas y a parroquias, asegurando que los beneficios de la venta son para “Caritas”. Se trata de una estafa más de las muchas que se hacen apelando a los sentimientos religiosos de la gente, que utiliza indebidamente los nombres del Papa y de “Caritas”. Desde “Caritas” ruegan que se dé la máxima difusión a este hecho. Me añaden que “Caritas” está estudiando emprender acciones legales por el uso no autorizado del nombre y del logo. También me dicen que la BAC ya ha emprendido acciones legales por el uso no autorizado de derechos de autor, lo que me hace suponer que la traducción que están utilizando esos mentirosos estafadores es la de la Biblia de Nacar-Colunga o de Bover-Cantera, o incluso alguna otra de las traducciones que tiene en su catálogo esta editorial.

 

No conozco, ni de cerca ni de lejos, ese producto que se pretende vender, pero me pregunto: ¿qué puede significar eso de “Biblia del Papa Francisco”? ¿Quizás una traducción de la Biblia a la que se añade alguna homilía o reflexión del Papa, bien en nota, bien en recuadros aparte? Si así fuera, que no lo sé, me parece un poco grotesco el calificativo. La Biblia es la Biblia y para tener una buena traducción no hay que acudir al Papa, sino a los biblistas, expertos en griego y en el conocimiento del texto. Y si en una Biblia es bueno que haya notas aclaratorias, quienes deben redactarlas son los teólogos o los exégetas. Otra cosa es que una traducción pueda tener el aval o la aprobación de un Obispo, de una Conferencia Episcopal o de un organismo de la Santa Sede, pero este no es el caso que nos ocupa.

 

Más allá de las notas técnicas, los “otros” añadidos que pueda haber en una edición de la Biblia corren el riesgo de distraer la atención del lector de lo verdaderamente importante que es el texto revelado. Eso no niega la oportunidad de algunas ediciones de textos evangélicos, preparadas para facilitar las celebraciones en una peregrinación o incluso el seguimiento de las lecturas litúrgicas del día.

 

Esos estafadores (porque esa es la palabra que merecen) cuentan con la ingenuidad de muchos buenos católicos, que se dejan seducir por los nombres de la Biblia, del Papa y de “Caritas”. En estas cuestiones religiosas, sobre todo cuando hay dinero de por medio, lo mejor es ser muy desconfiados. Este caso me recuerda otras mentiras, que abusan de la buena fe de las personas, como el envío masivo de correos electrónicos con el ruego de reenviarlos a todos los contactos, en los que se anuncian falsedades tales como la aparición de películas escandalosas sobre Jesús, y se invita a protestar por un hecho que no existe. Yo jamás reenvío correos así, y me molesta recibirlos. Mi recomendación es que, cualquier información, petición, recomendación sobre cuestiones religiosas no habituales o no comprobadas, sea tomada con mucha cautela.



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