Vivir la fe cristiana dentro de la Orden dominicana es vivir desde la libertad personal para la liberación de los otros
Fr. J. A. Solorzano

Nihil Obstat

Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP / Sobre el autor

Algunas "perlas" de la colecta

viernes, 23 de septiembre de 2016 | Hay 0 comentarios

En otra ocasión dediqué un post a la “colecta” de la Misa de los domingos, a la primera oración de la Eucaristía, conocida como colecta porque recoge los sentimientos de la asamblea reunida para celebrar la cena del Señor. En estas oraciones encontramos una rica doctrina, que es expresión de nuestra fe.

 

Algún ejemplo puede ayudarnos a comprender la importancia de esta oración. El domingo 32 del tiempo ordinario la colecta pide a Dios que esté “bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu para que podamos libremente cumplir la voluntad de Dios”. Resulta interesante esto de que también “nuestro cuerpo” necesita estar bien dispuesto. Eso nos debe hacer pensar en lo importante que es cuidarlo bien, el nuestro y el de los hermanos. Porque también glorificamos a Dios con nuestro cuerpo. Y sería una pena que, por no cuidarlo, le glorificásemos mal. No cuidar la salud es un impedimento para orar bien, para escuchar bien la Palabra, para glorificar a Dios.

 

Otro ejemplo puede ser la colecta del próximo domingo, 26 del tiempo ordinario. En ella se dice que Dios “manifiesta especialmente su poder con el perdón y la misericordia”. Esta oración nos ayuda a purificar la fe y a comprender mejor qué significa que Dios es poderoso. Su poder no aplasta, sino perdona. Y precisamente así, perdonando, consigue lo que quiere, a saber, la salvación del ser humano. Tiene poder el que consigue lo que quiere. Dios lo consigue perdonando, pues apiadándose de todos conduce a los seres humanos a la salvación, que es el máximo efecto del poder divino.

 

El domingo XV la Iglesia se dirige a Dios exclamando: “Oh, Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados”. Es un modo de reconocer que Dios, ante los pecadores, no actúa a base de amenazas, sino realizando una lenta pedagogía para que conozcan la verdad. Pues la oscuridad no desaparece con amenazas, sino iluminando la vida con la verdad, que se impone por sí misma a despecho de todos los obstáculos. Así debe actuar también la Iglesia. Juan XXIII decía que la Iglesia prefiere usar la medicina de la misericordia antes que el palo de la severidad. La pregunta sería: ¿cómo Dios manifiesta hoy su verdad a los seres humanos? Por medio de los cristianos; ellos son el reflejo en el mundo de lo Dios es, quiere y hace. De ahí que esta oración del domingo XV continúa pidiendo a Dios que “conceda a los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa”, o sea, vivir en coherencia con la fe que profesan, porque solo así su testimonio resultara creíble.



Sed de paz

lunes, 19 de septiembre de 2016 | Hay 3 comentarios

“Sed de paz. Religión y culturas en dialogo”. Este es el lema del Encuentro Interreligioso que está teniendo lugar en Asís. Coincidiendo con este encuentro el Papa ha convocado para el martes, día 20, una Jornada de Oración por la Paz. La paz siempre ha sido el anhelo constante de la humanidad, aunque desgraciadamente nunca se ha logrado cumplir del todo. Las guerras, divisiones, rencillas, a todos los niveles, son tan antiguas como la historia y conviven con los deseos, llamadas y esfuerzos por la paz.

 

La paz empieza por uno mismo. Si uno no está pacificado no puede ser persona de paz; desgraciadamente el corazón humano nunca se encuentra a gusto consigo mismo. La paz exige aceptar y respetar al otro en su alteridad (en todos los ámbitos: familia, pareja, extranjero, diferente). La paz exige un permanente esfuerzo para superar los conflictos económicos y políticos que se dan entre los pueblos, las naciones y los grupos, para que el mundo sea un espacio de auténtica fraternidad y el género humano no se destruya a sí mismo. La paz hoy requiere cuidar la naturaleza: este mundo es nuestro hogar, y no podemos esquilmarlo, so pena de arriesgarnos a quedarnos sin casa. Finalmente, para los creyentes de todas las religiones, la paz se construye a partir de la relación con Dios, un Dios que une a todos los seres humanos, como un padre quiere a sus hijos unidos, y que rechaza toda violencia.

 

Nada más oportuno que esta llamada del Papa a orar por la paz. Orar para que el Espíritu de Dios sane nuestras heridas y podamos pasar de ser individuos aislados a personas solidarias. Nada más necesario que el diálogo entre las culturas y religiones para que esta paz sea una realidad efectiva. Palabras en vez de armas. Búsqueda de lo que nos une, de lo que podemos hacer juntos, en vez de recordar lo que nos separa. Palabras de perdón, que para ser sinceras requieren reconocimiento de la verdad. En Siria, en Colombia, en tantos lugares. También en España. No podemos seguir con el triste espectáculo de unos políticos incapaces de entenderse y de buscar el bien superior que a todos nos une, que no es otro que el bienestar de los ciudadanos. La corrupción nos ha hecho mucho daño; el desentendimiento es otra forma de corrupción, porque corrupto es lo que rompe. Corromper es romper juntos.

 

Sed de paz. Hay sed porque todavía no hemos bebido. Pero la sed nos pone en camino hacia el agua. Sed de paz, sí. Pero sobre todo, agua vivificadora que nos renueva y nos une como hermanos.



Isabel Solá: seguir a Jesús, lo más fascinante

viernes, 16 de septiembre de 2016 | Hay 3 comentarios

El sábado santo del presente año 2016, una monja de la Congregación de Jesús-María, que estaba como misionera en Haití, en una especie de pre-monición, redactó un “testamento espiritual”, que se ha encontrado después de su muerte. Entre otras cosas escribió: “Si leéis esto es porque se me acabaron los días en este mundo. No estéis tristes… Seguir a Jesús y su Evangelio ha sido lo más fascinante de mi vida y agradezco a mi congregación que me haya ayudado a ello. Si de alguien me enamoré localmente fue de Jesús. Por eso, estad alegres, estoy ya con Él”.

 

El testamento se leyó al finalizar la emotiva Eucaristía que se celebró el 14 de septiembre, a las 19 horas, en la Iglesia del Colegio de Jesús-María de Valencia, en acción de gracias por la vida y la muerte de la Hna. Isabel Solá Matas, asesinada en Haití el viernes, 2 de septiembre. Isabel Solá, la monja rubia de ojos azules y con la sonrisa siempre en los labios, la monja buena, fuerte y valiente, había trabajado durante nueve años en el Colegio de Jesús-María de Valencia, antes de dedicar su vida al servicio de los más pobres en Guinea y finalmente en Haití. En la Eucaristía se hicieron presentes religiosos de distintas Congregaciones. Y estuvo presidida, en nombre del Arzobispo de Valencia, por el Vicario Episcopal para la Vida Consagrada.

 

Reproduzco parte de una carta que una joven haitiana, que ha comenzado su periodo de formación en la Congregación, escribió dos días después de la muerte de Isabel: “La Hna. Isa no sólo fue una formadora, sino también una madre con un gran corazón. Estas fueron sus palabras en una sesión de formación: Debes sentir el amor de Dios para poder amar como él, y su perdón para perdonar. No se puede entender y dar lo que no se ha experimentado, lo que no se ha sentido profundamente, en lo más hondo de ti misma. Contemplar al Señor para poder ser como Él, ya que Él no ama sólo a los más guapos, los más inteligentes, los mejores. El también ama a los menos buenos, a los pobres y a los malos. Amar a los que te hacen mal; perdonar a los que te arrebatan o arrancan un ser querido no es fácil. Pero éstos son los preferidos de Dios… ¿Preguntar por qué? ¿Pedirle explicaciones? Es un gran desafío que tenemos que enfrentar cada día”.

 

Doy gracias a Dios por este ejemplo de vida misionera, de vida cristiana, de vida religiosa.



Woody Allen, los judíos y la resurrección

martes, 13 de septiembre de 2016 | Hay 4 comentarios

En la última película de Woody Allen, “Café Society”, el cineasta pone en boca de uno de sus personajes que los judíos no creen en la resurrección de los muertos. No entro en el fondo del asunto, que sin duda, requiere de muchas matizaciones. Pero aprovecho el dato para recordar algo que suele sorprender, a saber: de la fe en Dios no se sigue que deba darse ninguna resurrección de los muertos. Dicho de otra forma: la fe en Dios no es necesariamente utilitarista. Puede ser hasta gratuita: no te quiero por lo que me das, te quiero porque te quiero. El amor no entiende de intereses; a veces ni siquiera entiende de razones. Hay un soneto anónimo a Cristo crucificado, del siglo XVI, cuyo verso inicial reza así: “No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido”.

 

El evangelio de Mateo nos cuenta que, en tiempo de Jesús, los saduceos, buenos intérpretes de la tradición judía, no creían en la resurrección de los muertos, al contrario de lo que ocurría con los fariseos. Las escuelas judías, en tiempo de Jesús, estaban divididas sobre este asunto. Algunas encuestas actuales ofrecen significativas diferencias entre el porcentaje de quienes dicen creer en Dios y quienes dicen creer en una vida allende la muerte: no pocos que confiesan creer en Dios afirman que no esperan que la vida tenga continuidad alguna más allá de la muerte.

 

Hay quien afirma que la religión es una falsa salida al deseo de vivir o al rechazo de morir. Para la increencia la esperanza en un Dios que salva de la muerte es ensoñación y proyección de nuestro deseo. Esta respuesta no es aplicable a la religión bíblica. Los patriarcas (Abraham, Isaac, Jacob) eran profundamente religiosos, pero consideraban la muerte como algo natural. La recompensa que esperaban por su fidelidad a Dios se centraba en un larga vida, una numerosa descendencia y la posesión de la tierra. De ahí se deduce una importante lección: no es la esperanza o el deseo el que “crea” a Dios, sino que es Dios quien modula nuestros deseos y suscita nuestra esperanza. La esperanza no es la medida de Dios, sino Dios la medida da la esperanza.

 

En parte al menos de la revelación bíblica, la existencia de Dios no va unida a la fe en la resurrección. Por tanto, esta fe en Dios no puede de ningún modo considerarse una proyección del deseo del hombre de ser inmortal. Cierto, en el curso de la revelación bíblica aparecerá la fe en la resurrección de los muertos, pero no como proyección del deseo humano de vivir, sino como respuesta de Dios a la fidelidad del ser humano. Poco a poco, el amor de Dios se manifestará más fuerte que la muerte. Con la revelación que Jesús nos hace de Dios, este Amor aparece en todo su poder, esplendor y belleza.



Acto voluntario pero no libre

viernes, 09 de septiembre de 2016 | Hay 5 comentarios

La libertad, como el amor, se realiza en el bien. Porque la libertad busca siempre, como por instinto, lo que más conviene. El mal nunca conviene. Habrá, pues, que preguntarse cómo es posible elegir el mal, o dicho en vocabulario cristiano, cómo es posible elegir el pecado. Esta mala elección solo es posible por mala información o por engaño. Tengo una información parcial, y esta información parcial me dice que tal cosa es buena; por eso la hago. O alguien me miente de forma hábil y seductora (ese es el papel del tentador, según la Biblia: mentiroso y padre de la mentira) y yo me dejo seducir.

 

La pasión podría ser un estado de ánimo producido por una combinación de mala información y de mentira. Alguien toma droga por primera vez, porque le han convencido de que es agradable y placentera. Además, piensa, por una vez no pasa nada. Lo que no piensa es que siempre hay una primera vez. Y después vienen las otras veces. Llega un momento en que la tendencia es muy fuerte. Y cada vez es más difícil controlarla. Parece entonces que la libertad queda anulada o muy disminuida, porque la persona ya “no puede hacer otra cosa”.

 

Al respecto resulta interesante una distinción que hace el Papa hablando de la educación en valores. La formación ética requiere paciencia, pedagogía y tiempo. Hay que tener en cuenta las posibilidades concretas de cada persona, sin pretender aplicar metodologías rígidas e inmutables. Los cambios de comportamiento se producen de manera gradual. Y ahí quiero citar a Francisco: “la libertad concreta, real, es limitada y condicionada. No es una pura capacidad de elegir el bien con total espontaneidad. No siempre se distingue adecuadamente entre acto voluntario y acto libre. Alguien puede querer algo malo con una gran fuerza de voluntad, pero a causa de una pasión irresistible o de una mala educación. En este caso, su decisión es muy voluntaria, no contradice la inclinación de su querer, pero no es libre, porque se le ha vuelto casi imposible no optar por ese mal. Es lo que sucede con un adicto compulsivo a la droga. Cuando la quiere lo hace con todas sus ganas, pero está tan condicionado que, por el momento, no es capaz de tomar otra decisión. Por lo tanto, su decisión es voluntaria, pero no es libre”.

 

Precisamente porque su libertad está disminuida o anulada, no podemos “dejarle elegir”, porque de hecho no puede elegir. Necesita la ayuda de los demás y un camino educativo. Sin olvidar nunca que la meta de la educación es llevar al educando a que se dé cuenta por sí mismo de lo que le conviene y de dónde está su bien. “Una formación ética eficaz implica mostrarle a la persona hasta qué punto le conviene a ella misma obrar bien” (Amoris Laetitia, n. 265).



Vida religiosa, ¿estado de perfección?

lunes, 05 de septiembre de 2016 | Hay 2 comentarios

La teología anterior al Concilio Vaticano II (por poner una fecha significativa) calificaba la vida religiosa como “estado de perfección”, quizás teniendo como trasfondo esas palabras de Jesús, según el evangelista Mateo: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Las dos palabras, estado y perfección, tienen su interés. Estado quiere decir estabilidad, permanencia. Perfección se contraponía a ordinario. Se consideraba que había dos caminos para conseguir la meta a la que tiende todo cristiano, el de la mayoría, y uno reservado a la minoría, que al profesar los votos de castidad, pobreza y obediencia, encontraba un vía más segura para alcanzar el cielo.

 

Con el Concilio y la teología post-conciliar esta consideración de la vida religiosa como estado de perfección entró en crisis. La vida religiosa pasó a considerarse un modo peculiar de vivir el cristianismo, pero no necesariamente mejor o más adecuado. Ya Tomás de Aquino notaba que en los conventos no estaban los “perfectos”, sino los que buscaban la perfección. Y cuando habla de perfección para referirse a la vida religiosa, añade una importante precisión: “perfección de la caridad”. Según el santo doctor la vida religiosa es un “aprendizaje y ejercicio para llegar a la perfección de la caridad”. Su teología sobre la vida religiosa es, en ocasiones, sorprendente. En un momento dado se pregunta si el religioso peca más gravemente que los demás cuando peca. La respuesta espontánea diría que sí. El santo dice que “depende” de si hay escándalo o no lo hay. Si no lo hay, pudiera pecar menos gravemente.

 

Que esta perfección característica del estado religioso se refería a la caridad era algo que, aunque no se explicitaba con demasiada frecuencia, se daba por supuesto. Con todo, insistir en la perfección daba la impresión de reducir la vida religiosa a sus aspectos más ascéticos y sacrificiales. Insistir en la caridad es presentar la vida religiosa por su lado más positivo y estimulante. En ella, las personas buscan que toda su vida se oriente a la unión con Dios y a la unión con los hermanos, signo e instrumento de la presencia de Dios en toda comunidad fraterna. En esta línea, el texto de Mateo que exhorta a “ser perfectos” encuentra en el paralelo de Lucas esta traducción: “sed misericordiosos”. La perfección es la misericordia. Para los religiosos y para todos los cristianos.

 

La vida religiosa es uno más de los muchos modos de vivir evangélicamente. Su interés y su valor está en su capacidad de ser estímulo y dejarse estimular. De interpelar y dejarse interpelar. De dejar de mirarse a sí misma, para abrirse a Dios y a los hermanos.



Lo ridículo del síndrome postvacacional

miércoles, 31 de agosto de 2016 | Hay 4 comentarios

Todos los años, cuando llega el mes de septiembre, y los niños y jóvenes regresan a los Colegios; y también muchos trabajadores, que han tenido la suerte de tener vacaciones en el mes de agosto, se reincorporan a sus trabajos, se oye hablar del síndrome postvacacional. Sin duda reemprender las tareas, tras un tiempo de ocio, supone una pequeña adaptación. Pero esta adaptación no tiene porque traducirse en depresión, angustia, tristeza, mal humor, y otros síntomas asociados al descontento o a la desilusión.

 

Si lo pensamos bien, la vuelta al trabajo debería ser un motivo para dar gracias a Dios. Hemos tenido la suerte de tener vacaciones. Y ahora tenemos trabajo. Somos unos privilegiados. Cuando en esta España de nuestros amores hay tanta gente que no tiene trabajo, o que no puede tener vacaciones porque tienen unos sueldos míseros que no se lo permiten, los que sí tenemos vacaciones y trabajo deberíamos bendecir a Dios por lo bien que nos cuida y, de paso, solidarizarnos con tanta gente que vive en situaciones bastante más difíciles que las nuestras. Eso mismo debemos enseñar a nuestros hijos: tienen la suerte de poder ir al Colegio, de poder formarse. Son unos privilegiados.

 

A veces no somos conscientes de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Otras veces nuestras quejas son un síntoma de lo bien que estamos. A uno, que se quejaba de pagar muchos impuestos en su declaración de la renta, le pregunté: ¿pero usted, cuánto gana? El síndrome postvacacional es un síntoma de que tenemos trabajo. Volver al trabajo no es una desgracia. Es algo muy positivo. Demos gracias a Dios por ello. Y favorezcamos aquellas políticas que crean puestos de trabajo. Para que todos tengan pan. Y un poco de circo también.



Seminaristas y pastoral de la familia

sábado, 27 de agosto de 2016 | Hay 1 comentarios

Siguiendo con la teología y la pastoral “temporales” del post anterior, hay en el documento del Papa sobre la familia unos números dedicados a la formación de los sacerdotes, y más en concreto, de los seminaristas, que convendría tener en cuenta y llevar cuanto antes a la práctica: “a los ministros ordenados les suele faltar formación adecuada para tratar los complejos problemas de las familias” (número 202). Conclusión: si les falta formación, mejor que no los traten. Otra conclusión mirando al futuro: “los seminaristas deberían acceder a una formación interdisciplinaria más amplia sobre noviazgo y matrimonio y no sólo en cuanto a la doctrina” (n. 203). Conclusión: no es cuestión de aprender el catecismo, es cuestión de interdisciplinariedad y de conocimiento de la realidad concreta y “temporal”.

 

Y también es cuestión, como dice este mismo número 203, de tener en cuenta que los futuros ministros llevan consigo heridas debidas a su propia experiencia familiar, que habrá que ayudar a cicatrizar y sanar, con cariño y comprensión. Aunque estas heridas también pueden ayudar a comprender a los heridos. Como dice la carta a los hebreos, el sacerdote es el que comprende a los débiles porque él mismo está envuelto en debilidades. Si no reconoce sus propias debilidades se sitúa en una posición farisaica, y su pastoral, en vez de ser misericordiosa, es de condenación. Lo contrario de la pastoral de Jesús, que no vino para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.



Teología intemporal y temporal

martes, 23 de agosto de 2016 | Hay 2 comentarios

Un reciente documento de la Conferencia Episcopal Española sobre algunas cuestiones de cristología fue acogido por algunos con el calificativo de “intemporal”. Cuando se utiliza el término “intemporal” para criticar algún documento supongo que se quiere decir que está alejado de la realidad concreta que viven los fieles. No es fácil responder a todas las preguntas que se plantean. Tampoco resulta fácil encontrar un lenguaje comprensible y cercano. Pero hay que intentarlo.

 

Con esto de lo “temporal” y lo “intemporal” ocurre también otra cosa, a saber, que se critican algunos documentos o tomas de posición que son muy “temporales”, o sea, que abordan temas concretos de forma muy directa, pero algunos de los oyentes o lectores consideran que no hay que ser tan directos (a propósito de cuestiones de ideología de género o de orientaciones políticas, por ejemplo). Al final ya no se sabe qué es mejor: si ser temporal o intemporal. ¿O la temporalidad e intemporalidad dependen del tema de que se trate? ¿O quizás los prejuicios y la sensibilidad del oyente mueven a calificar de oportuno o inoportuno, temporal o intemporal la cuestión tratada?

 

Hablando de temporalidad e intemporalidad ofrezco una sugerencia de cara al próximo curso, dirigida a los grupos cristianos de reflexión y de estudio: la de estudiar de forma directa el estupendo documento del magisterio del Papa Francisco sobre la familia. Cuando el documento se lee sin prejuicios, sin malas intenciones, sin descalificaciones previas, nos encontramos con unas reflexiones temporales y concretas, válidas para todos, de una riqueza enorme, tanto humana como cristiana. Es verdad que en este documento hay dos tipos de reflexiones, las referidas a las familias que, con sus problemas y dificultades, viven su matrimonio cristianamente, y las referidas a aquellas situaciones en las que las dificultades se han traducido en rupturas que han forzado a tomar soluciones difíciles e inesperadas.

 

A mi me parece que la mayoría de nuestros fieles están en la primera situación, en la de la vida matrimonial vivida cristianamente, con sus dificultades, pero también con la buena voluntad de ser fieles al Señor. A ellos les recomiendo que lean los capítulos del documento de Francisco que les atañen directamente, porque les harán mucho bien. Insisto: mucho bien.



Monjas, religiosos y curas, ¿trabajan?

jueves, 18 de agosto de 2016 | Hay 4 comentarios

Hay oficios en los que nunca falta el trabajo. Y no precisamente por lo difícil que es “la carrera”, sino por la falta de candidatas y candidatos. Las monjas, los frailes y los curas tienen trabajo de sobra. Cierto, en estos “oficios” también hay quienes no cumplen. Pero eso no quita que, para quienes cumplen, haya trabajo.

 

La falta de candidatos para religiosos y para sacerdotes no se debe a que “la paga” suela ser pequeña, en términos monetarios, sino a otros factores de tipo social y cultural que no es el momento de analizar ahora. La paga no es muy elevada, pero hay que decir algo más: nadie entra en un noviciado o en un seminario pensando en el dinero. Y si, por una de esas cosas que también pasan a veces, alguien entra pensando en el dinero o en la promoción social, se ha equivocado de lugar. Y lo más probable es que no sea feliz y, lo que es peor, haga infelices a los demás.

 

Todos sabemos, por ejemplo, que muchos enfermos, en los hospitales, prefieren ser atendidos por enfermeras monjas, porque ellas tienen fama de no medir el tiempo y de saber consolar y escuchar. Que quede claro: conozco a enfermeras y enfermeros laicos que hacen una labor humana que va más allá de lo profesional. Pero lo que quiero decir es que las religiosas y los religiosos, si son fieles a su vocación, no tienen un tiempo contado, porque el tiempo está en función de la persona a la que atienden y no en función de un horario. Si eso también ocurre en el caso de algunos laicos, mejor que mejor, porque la sorpresa del enfermo y de su familia es mayor. Por eso, si son creyentes, su testimonio es más creíble y, si no son creyentes, su dedicación es más admirable.

 

También los curas, los buenos curas, que de todo hay, como en todas las profesiones y oficios, no tienen horarios fijos. Si son fieles a su vocación, todo su tiempo está en función de los fieles que les han confiado. Este es uno de los sentidos del celibato: una donación completa de la propia vida a Dios y, en consecuencia, una vocación asumida totalmente, sin reservas. Porque en estos oficios clericales (monjas, religiosos, curas) se trata de vocaciones libres, pero rigurosas.

 

También las monjas y monjes contemplativos, así como las y los eremitas, se ganan el pan con su trabajo, aunque dedican muchas más horas a la oración, a la meditación, o sencillamente a “no hacer nada”, que al trabajo material. Ellas y ellos son un signo de contraste para este mundo obsesionado por el dinero e incluso por el esfuerzo. Las personas de hoy tienen horror al “tiempo vacío” y, por eso, siempre están ocupadas, bien trabajando, bien escuchando música, viendo la televisión o chateando por el móvil o el ordenador. No hacer nada les causa pavor. Las monjas y monjes, que dedican más tiempo a “no hacer nada” que a trabajar, son un signo de contraste, que plantea una pregunta: ¿a qué se dedican, qué hacen no haciendo nada? El ser humano no está hecho para hacer, sino para ser.



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