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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

22
Ene
2017
Fidel no deja de cabalgar
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Fidel

Todavía está muy presente en Cuba, al menos oficialmente, la persona de Fidel Castro. A modo de ejemplo cito dos titulares de la prensa habanera de este mes de enero: “Fidel no deja de cabalgar” (titular del Gramma); o “Fidel y su huella infinita” (Juventud rebelde). Lo cierto es que la muerte de los grandes personajes siempre suscita reacciones más o menos apasionadas y provoca elogios más o menos exagerados. Pero en el caso del comandante Fidel Castro las reacciones populares y oficiales alcanzaron dimensiones casi religiosas. Este es el estribillo que se repite en un poema publicado inmediatamente después de su muerte: “Hombre, aprendimos a saberte eterno / Así como Olofi y Jesucristo / no hay un solo altar sin una luz por ti”.

Fidel es comparado a los dioses eternos e inmortales (Olofi es una deidad africana venerada por la santería cubana). Por eso, como dice el mismo poema, “ni la muerte cree que se apoderó de ti”. El gran líder no sólo no merece morir, sino que sigue cabalgando delante de su pueblo. Es posible ver ahí un deseo casi explícito de inmortalidad, un lenguaje equiparable al lenguaje religioso. Esta equiparación tiene su razón profunda en el hecho de que el hombre nunca es del todo indiferente al problema religioso, pues siempre deseará saber, al menos confusamente, el sentido de su vida, de su acción y de su muerte (son palabras del Vaticano II).

La no indiferencia ante el problema religioso provoca que, a falta de fe en la resurrección de los muertos, se busquen sucedáneos de resurrección. Las palabras dedicadas a Fidel Castro son un buen ejemplo de esta búsqueda de sucedáneos: “ni la muerte cree que se apoderó de ti”. Eso debería estimular a los cristianos a ofrecer una fe en la que no haya el menor asomo de ambigüedad. Así por ejemplo, esa frase que pronunció Oscar Romero: “si me matan, seguiré viviendo en el pueblo salvadoreño”, es digna de todo respeto, pero sacada de contexto puede convertirse en un sucedáneo de resurrección. Dígase lo mismo de alguna explicación que, a veces, se ofrece sobre la resurrección de Jesús: significa que su causa sigue adelante. No, la resurrección significa que Jesús está vivo y, porque está vivo, puede seguir al frente de su causa. La causa sin Jesús puede ser desvirtuada. La causa con Jesús siempre es actualizada.

A falta de fe en la resurrección se terminan buscando sucédanos. Los cristianos debemos aprovecharlos para tender puentes y dialogar. Pero lo que no debemos hacer es convertir la resurrección es un sucedáneo. No se trata solo de que los difuntos vivan en la memoria y el corazón de sus seres queridos, sino de que viven en Dios. No se trata de que la causa de Jesús continúa, sino de que Jesús está vivo para siempre, porque ha llegado al lugar (o no lugar) en el que ya no hay muerte y, por eso, no se puede morir.

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17
Ene
2017
Por muchos para el perdón de los pecados
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eucaristia02

Sigo con el “muchos” o “todos” de las plegarias eucarísticas. Pues más allá de la traducción hay una cuestión teológica de fondo que refuerza el sentido de “por todos los hombres”. Me explico. Cuerpo y sangre es un binomio que indica totalidad. Cuerpo y sangre son metáforas de la vida. Mejor aún: son la vida misma. Cuerpo entregado y sangre derramada: una vida que se entrega totalmente, sin ninguna reserva. ¿Y para qué se entrega? Para dar vida. La vida nace de la vida. El que entrega la vida multiplica la vida. En nuestro caso se entrega “para el perdón de los pecados”. O sea, buscando la reconciliación con todos los que se han alejado de él y buscando el encuentro con todos los que no lo han encontrado.

Perdonar los pecados solo puede hacerlo el amor más grande, el que ama incondicionalmente. No ama porque somos buenos o porque nos proponemos ser buenos; ama porque él es así. Ama sin condiciones, ama tomando la iniciativa. “En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo” (2 Cor 5,19): no son los hombres los que necesitan reconciliarse con Dios porque son pecadores; es Dios, el que por amor, toma la iniciativa y se reconcilia con los hombres.

Esta vida que solo busca la conciliación, el reencuentro del hombre con Dios, se entrega primero “por vosotros”. O sea, por sus amigos, por los que están sentados con él a la mesa. Y luego se entrega “por muchos”, o sea, por la inmensa multitud que esta fuera de la sala del banquete. Por unos y por otros, se entrega “para el perdón de los pecados”. Esto es fundamental. Porque todos somos pecadores: “todos pecaron y están privados de la gloria de Dios” (Rm 3,23). Todos, sin excepción. Pero en Cristo “todos son justificados por el don de su gracia” (Rm 3,24), porque en Cristo se revela que Dios es Amor, solo amor y nada más que amor.

Cristo entrega su vida para el perdón de los pecados; de todos los pecados. Si es de todos los pecados, es de los pecados de todos. Todos están incluidos en el perdón. Porque si no estuvieran todos, no sería para el perdón de los pecados, sino para el perdón de algunos pecados. Cierto, el perdón busca ser acogido y reconocido. Pero esto ocurre tanto si son pocos como si son muchos los agraciados. Por tanto, no puede decirse que el “muchos” de la fórmula eucarística es restrictivo. Incluso si fuera restrictivo, también esos necesitarían acoger el perdón. No hay diferencia entre unos y otros, entre el vosotros y el muchos. “Vosotros”: los que están a la mesa necesitan acoger el perdón. “Muchos”: los que no están a la mesa necesitan acoger el perdón. Por tanto “todos” necesitan acoger el perdón. El vosotros se abre al muchos y el muchos se abre al todos. O mejor: en el muchos estamos todos.

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12
Ene
2017
¿Por muchos, por todos? Lo mismo da, porque es lo mismo
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eucaristia

Los nuevos Misales promulgados por la Conferencia Episcopal española, contienen algunas novedades, algunos cambios en relación al Misal que veníamos utilizando desde hace casi 50 años. El más llamativo, el que ha suscitado mayor polémica, es el que se ha producido en las palabras sobre el cáliz en las plegarias eucarísticas. Se ha sustituido el adjetivo “todos” (sangre derramada por todos los hombres) por “muchos” (sangre derramada por muchos). Mientras unos se han alegrado, otros han considerado que este cambio hacía un flaco favor a la liturgia. De hecho, los traducciones que se venían utilizando en los países latinoamericanos ya habían introducido esta modificación que ahora se introduce en España a partir del primer domingo de cuaresma.

Aunque algunos puedan considerar que es un cambio de gran calado, a mi entender tiene una importancia menor. Y, si se le da importancia, es más por razones ideológicas que por motivos teológicos o lingüísticos. Porque las traducciones: sangre derramada “por todos”, o derramada “por muchos”, teológicamente significan lo mismo. La primera incide claramente en el sentido del texto original; la segunda reproduce más literalmente el texto griego transmitido, aunque detrás está el arameo que Jesús hablaba.

Los literalismos son buenos siempre que se entiendan bien. Si alguien quisiera aferrarse a la palabra de Jesús sobre el perdón “hasta setenta veces siete”, para concluir que el perdón tiene un límite, no entendería la intención de Jesús. Porque los literalismos tienen sentido en su contexto original. Dicen lo que dicen, pero lo importante es lo que quieren decir. Para entender la palabra de Dios (dice el Vaticano II) hay que tener en cuenta “lo que se dice” con las palabras empleadas y “lo que se quiere decir”.

Eso está tan claro que no vale la pena insistir. Es algo así como decir: hay mucha gente en la plaza del pueblo, porque en esta ocasión han venido todos. ¿Qué diferencia hay aquí entre mucha gente y toda la gente? El problema en esta cuestión no es ni el texto ni la traducción, sino la ideología con la que algunos batallan por una u otra traducción, sobre todo la de los que batallan por el “muchos”, dando a entender que ahí no están todos. Fíjense si estarán todos que la última palabra de Jesús en la cruz es pedir al Padre que perdone a los que le matan, a sus enemigos. Y da una buena razón al Padre para este perdón: no saben lo que hacen. Como no saben, no están en condiciones de enterarse del perdón y, en consecuencia, de acogerlo; pero el que no se enteren no anula la grandeza del perdón.

¿Muchos o todos? Yo, a partir del primer domingo de cuaresma, diré lo que indican los nuevos textos litúrgicos. Los nuevos textos han venido acompañados de una recomendación, a saber, que se explique a los fieles que el cambio no es tal cambio. Mi explicación será muy breve: Muchos o todos, lo mismo da, porque es lo mismo.

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7
Ene
2017
Los dominicos y Lutero
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lutero

Estando próxima la semana de oración por la unidad de los cristianos, en este año en el que se recuerdan los 500 años de la Reforma protestante, cuento pequeñas historias, que en su momento tuvieron relevancia, sobre la relación de la Orden de Predicadores con Martín Lutero.

Una vez que Lutero publicó sus tesis sobre las indulgencias, el Obispo de Brandeburgo y los dominicos fueron los primeros en denunciarle. Pero no se puede decir que todos los dominicos tomaron partido contra Lutero, pues un joven teólogo dominico, Martín Bucero, fue uno de sus primeros seguidores. Por el contrario, el cardenal dominico Tomás de Vio, conocido como Cayetano, en el interrogatorio que le hizo en Ausburgo, viendo que Lutero no cedía en nada en el aspecto doctrinal, terminó apelando a la autoridad de la Iglesia. El Dr. Lutero respondió rápidamente que ni el Papa ni el concilio son los dueños de la Palabra de Dios. Cayetano comprendió que la ruptura era inevitable.

Posteriormente otros dos dominicos, desde posiciones distintas, hicieron avanzar la comprensión católica de Lutero. A principios del siglo XX, el dominico Heinrich Denifle, subdirector del archivo secreto vaticano, y profundo conocedor del mundo medieval, escribió una obra muy crítica, pero bien documentada, sobre Lutero, que terminaba con un terrible veredicto que se hizo famoso: ¡Lutero, en ti nada hay de divino! Paradójicamente esta obra provocó que, en el mundo protestante se originaran serios estudios sobre la persona de aquel “olvidado padre espiritual”; y en el mundo católico nació un increíble deseo de conocer quién era realmente Martín Lutero.

Desde otro clima espiritual, uno de los pioneros del ecumenismo, el también dominico Yves Congar, sin negar las limitaciones que, a su juicio, se encuentran en Lutero, dejó de lado simplificaciones injustas y ofreció una visión equilibrada sobre la teología y la persona del Reformador. Según el P. Congar el camino ecuménico exigía hacer un esfuerzo para comprender verdaderamente a Lutero y hacerle justicia histórica, en vez de condenarlo simplemente. No hay crítica eficaz si no se asume la parte de verdad de las posiciones que se critican. “Lutero, dejo escrito Congar, no es el Evangelio. Lo importante es ir hacia el Evangelio, juntamente con él”.

Dos conclusiones rápidas: una, lo que Lutero consideraba fundamental en su teología hoy ya no es motivo de división. Católicos y luteranos confesamos juntos que Dios nos justifica. Y dos, a pesar de este acuerdo importante y fundamental, nos sigue separando nuestra distinta comprensión de la Iglesia y de los sacramentos. Lo que importa es que esas cuestiones que nos separan no sean obstáculo para que juntos podamos confesar a Jesucristo como salvador de todos y cada uno. Y tampoco sean obstáculo para trabajar juntos en beneficio de tantas personas hambrientas de Dios y hambrientas de pan. Lo que nos une es, sin duda, más que lo que nos separa.

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2
Ene
2017
Ni tres ni reyes, y magos según
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reyes

El evangelio de Mateo dice que, una vez nacido Jesús, “unos magos que venían de Oriente” buscaban en Jerusalén “al rey de los judíos que había nacido”. Interesante este detalle de “rey de los judíos”. El evangelista abre (en su nacimiento) y cierra (en su muerte en cruz) la vida de Jesús calificándolo de “rey de los judíos”. Si había nacido un rey, lo lógico es que los magos le buscasen en la ciudad de los grandes palacios, o sea, en Jerusalén. Se equivocaron de camino y de lugar. El Rey de reyes que ellos querían adorar solo podía nacer entre los pobres.

Me detengo en la cuestión popular de los tres reyes magos. El evangelista no ofrece ningún número, ni se refiere a ninguna realeza que no sea la de Jesús. Por eso los magos “se postran” ante el Dios-Rey y le ofrecen unos dones que son un reconocimiento de su dignidad regia. Lo de magos es otra cosa. Los había buenos y malos. En el libro de los Hechos (13,10) un brujo es calificado de mago “repleto de todo engaño y de toda maldad”. Mago es también el sabio. Tal vez estos magos que se presentaron en Jerusalén fueran astrónomos.

La religiosidad popular y la tradición le han puesto imaginación al relato evangélico. Es la tradición la que ha interpretado que eran reyes, procedentes de los tres continentes entonces conocidos: África, Asia y Europa. El rey negro aparece siempre. En el reino de Jesucristo no hay distinción por la raza o por el origen. Jesucristo une a todos los pueblos y a todas las personas, sin perder la riqueza de su variedad.

Detrás de este relato, ¿hay algo histórico en el sentido moderno de la palabra? No hay una respuesta segura. Pero lo importante no es lo que puede haber “detrás” de la narración, sino lo que en ella se quiere significar, a saber: estos sabios representan a la humanidad en búsqueda de paz, verdad y justicia. Representan el anhelo profundo del espíritu humano, la marcha de las religiones, de la ciencia y de la razón humana al encuentro de Cristo.

El evangelista termina su relato notando que, una vez que los magos se han encontrado con Cristo, “regresaron a su país por otro camino”. Lectura espiritual: si tú te has encontrado con Cristo, volverás a tu casa, a tu trabajo, a tus ocupaciones, pero ya no será lo mismo. Volverás de otra manera, por otro camino, con un corazón y un espíritu nuevo.

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26
Dic
2016
Con una paz sin límites
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paz

En la misa de nochebuena se leyó un texto del profeta Isaías que anunciaba la llegada de un niño, cuyo nombre sería el de “Príncipe de la paz”, puesto que lograría la maravilla de “dilatar el principado con una paz sin límites”. Una paz no fundamentada en el poder, sino en “la justicia y el derecho”. En efecto, desde el poder nunca se consigue la paz, a lo sumo un poco de orden debido al miedo que se logra infundir. Solo desde la verdad se puede conseguir el entendimiento, la comprensión y, por tanto, la paz.

Desde hace 50 años la Iglesia celebra cada uno de enero la Jornada Mundial de la Paz. Se hace necesario recordar la necesidad de la paz, porque año tras año, lejos de desaparecer, los conflictos entre los pueblos y las personas aumentan o, al menos, se mantienen. En el mensaje que el Papa envía este año “pide a Dios que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores más profundos”. Los cristianos podemos encontrar en Jesús de Nazaret el mejor modelo de no violencia y de paz: enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (Mt 5,44), a poner la otra mejilla (Mt 5,39), impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (Jn 8,1-11) y, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (Mt 26,52). De esta forma construyó la paz y destruyó la enemistad (Ef 2,14-16).

Los católicos estamos llamados a valorar a todas aquellas personas que son ejemplo de no violencia. El Papa Francisco se complace en citar a Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan (líderes en la liberación de la India), a Martín Luther King (figura señera en la lucha contra la discriminación racial) y a Laymah Gbowee, que logró, con sus campañas de oración conjunta entre cristianas y musulmanas, que se negociara la paz en Liberia. El Papa, además, recuerda que todas las tradiciones religiosas están a favor de la paz. “Ninguna religión es terrorista”, dice. En efecto, la violencia es una profanación del nombre de Dios y,  por tanto, es imposible que sea religiosa. Sólo la paz es santa, no la guerra, dice con todo vigor Francisco.

Una cosa más: el verdadero campo de batalla en el que se enfrentan la violencia y la paz es el corazón humano: “de dentro del corazón del hombre salen los pensamientos perversos” (Mc 7,21). De ahí la urgencia de educar las conciencias, y de crear espacios, en las familias y en nuestras comunidades religiosas, donde los conflictos sean superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón. Al final, la paz es una responsabilidad personal. Y el conflicto un drama personal. Lo peor es que el conflicto llama al conflicto y termina por hacer irrespirable la vida propia y la ajena. Que el próximo año sea un año de paz, al menos en nuestras familias y en nuestras comunidades. ¡Eso sí que depende de cada uno de nosotros!

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21
Dic
2016
El único que llegó del cielo
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natividad

La pregunta por la existencia de vida inteligente fuera de la tierra es recurrente. Hubo un tiempo en que estuvo de moda el fenómeno OVNI. Últimamente los científicos nos informan de la existencia de planetas parecidos a la tierra, susceptibles de contener vida. Estas interesantes informaciones están bien fundamentadas, pero no son comprobables, tienen mucho de hipotéticas. Hasta hace poco, el mundo más parecido al nuestro descubierto por los astrónomos estaba a 1.400 años luz de distancia. En agosto pasado un equipo de astrónomos, en el que había algún español, descubrieron otro planeta habitable, llamado “Próxima b”, a solo 4,5 años luz. La distancia en términos astronómicos es pequeña pero, de hecho, el planeta no puede ser visto por los telescopios de los que disponemos. Los datos que nos ofrecen del planeta los deducen observando las anomalías que se producen en la órbita de su estrella.

Se comprende así que todo lo  que se afirma sobre vida más allá de la tierra es una pura especulación. Es posible decir que, dada la infinitud del universo, sería extraño que la Tierra fuera el único lugar habitado por seres vivos. También es posible replicar que la vida es un fenómeno muy complejo, que requiere unas condiciones tan inverosímiles, que no sería tampoco extraño que estuviéramos solos en el universo. Así las cosas, la posible llegada a la tierra de vida inteligente procedente de otros lugares del universo, o la posible comunicación con estas formas de vida, se nos antoja por ahora muy difícil. Y, sin embargo, el encuentro con formas de vida inteligente más allá de la tierra siempre ha seducido al ser humano. ¿Quizás porque piensa que estas otras vidas le pueden aportar algo para vivir mejor, para ser más bueno, o más sabio? Hay ahí una vaga intuición de que del más allá puede venir algo mejor.

En cualquier caso, aunque solo la tierra estuviera habitada en este vasto universo, los cristianos sabemos que no estamos solos en el cosmos. El cielo no está vacío. Allí nos aguarda la innumerable asamblea de los santos. Por otra parte, si buscamos compañía aquí en la tierra, la podemos encontrar a nuestro lado, en tantos hermanos desconocidos a los que a veces ni siquiera miramos. Pero sobre todo, los cristianos sabemos que alguien “de fuera” vino a nuestro mundo: ni más ni menos que el Hijo de Dios. El que había nacido antes de todos los siglos, aquel que sostiene el universo, se hizo hombre, naciendo de María. Viajó de más allá de las estrellas, nada menos que de junto a Dios, y puso su morada entre nosotros. Los que creen en él, nunca están solos.

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16
Dic
2016
Herejía en el origen de la fiesta de Navidad
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belenuno

Los que tienen un poco de cultura religiosa saben muy bien que la fiesta de Navidad fue, en sus comienzos, una cristianización de los cultos romanos al sol invicto. En el hemisferio norte, cuando llega el mes de diciembre, los días se van acortando y el sol se vuelve cada vez más débil. Pero al llegar el 21 de diciembre los días comienzan a alargarse. Los romanos vieron ahí un signo de que el sol siempre es invencible y las tinieblas nunca consiguen apagarlo. De ahí nacieron los cultos al sol como dios invencible. Los cristianos fueron lo suficientemente hábiles como para sustituir un sol por otro Sol: el verdadero Sol que ilumina a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (Lc 1,78) es Jesucristo.

Pero hay otra causa más previa y más interna, por así decir, que está en los orígenes de esta fiesta de Navidad, a saber: la herejía difundida por el obispo Arrio (nacido en el año 256 y ordenado sacerdote en el 311). El pensamiento de Arrio, que tuvo una gran difusión, puede sintetizarse así: Jesús no era realmente Dios; era un hombre perfecto, enviado por Dios para salvar a la humanidad, pero no era Dios mismo. Ahora bien, en recompensa por los “servicios prestados” Dios Padre le otorgó el título de Hijo de Dios, una vez cumplida su misión en la tierra. La teoría de Arrio resolvía una seria dificultad, pues no es fácil comprender que Dios pueda convertirse en una débil criatura, no es fácil entender que el Infinito se haga finito, el Eterno se haga temporal. Es más fácil entender que un hombre, por sus méritos, sea elevado a la categoría divina.

La fiesta del nacimiento de Jesús surgió no tanto para contrarrestar los mitos paganos sobre el sol invicto, sino las ideas de Arrio de que Jesús era un hombre al nacer y sólo después Dios lo adoptó convirtiéndolo en otro Dios. Como muy bien dice A. Alvárez Valdés, el Papa Julio I, que gobernaba entonces la Iglesia, comprendió que una manera rápida y eficaz de difundir la idea de la divinidad de Cristo y contrarrestar las enseñanzas de Arrio, era propagar la fiesta del nacimiento de Jesús, poco conocida hasta este momento. En efecto, si se celebraba el nacimiento del Niño-Dios, la gente dejaría de pensar que Jesús llegó a ser Dios solo después de su resurrección. La fecha del 25 de diciembre se adoptó no por motivos cronológicos, sino por la popularidad de la fecha en ambientes romanos. Es una fecha simbólica.

De hecho, Jesús no pudo nacer en invierno, si hemos de hacer caso de lo que dice Lucas (2,8): cuando nació, cerca de Belén, los pastores dormían al aire libre en el campo, vigilando sus ovejas. El 25 de diciembre, en Palestina, es pleno invierno, y los pastores y las ovejas, en todo caso, duermen dentro de los establos.

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12
Dic
2016
Dios todo bondadoso y omnipaciente
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solymar

Tuve ocasión de asistir a una Eucaristía en la que el presidente sustituía los términos “todopoderoso” y “omnipotente”, aplicados a Dios, por “todo bondadoso” y “omnipaciente”. Estoy convencido de que la mayoría de los fieles no se enteraban del cambio, entre otras cosas porque al recitar el Credo siguieron con la inercia del “creo en Dios padre todopoderoso” y sólo el presidente dijo lo de “Dios padre todo bondadoso”. Aunque soy muy mal cantor, mi oído funciona muy bien, y eso me permite darme cuenta de esos detalles, que quizás a otros les pasan desapercibidos.

No me cabe la menor duda de que Dios desborda de bondad y de paciencia. Esa no es la cuestión. La cuestión es que aplicar a Dios el término todopoderoso a algunos les parece inapropiado, bien porque ese poder no se manifiesta cuando parece que más lo necesitamos, o bien porque asociar el poder a Dios parece equipararlo al modo como los tiranos ejercen su poder en este mundo. Recordando tragedias como la de Auschwitz, algunos se han preguntado cómo puede ser Dios bueno y poderoso al mismo tiempo: porque si puede evitar las tragedias y no lo hace, entonces no es bueno; y si quiere evitarlas y no puede, entonces no es poderoso. Ante dilemas así hay quién se inclina por  decir que Dios no es poderoso. En todo caso, su poder no se ejerce al modo como lo ejercen los supuestamente poderosos de este mundo. Ya Jesús descalificó este modo de ejercer el poder, porque para Jesús el verdadero poder no es el de la fuerza, sino el del amor.

Ahora bien, insistir en que Dios es paciente, misericordioso, bueno y clemente, no quita que también sea poderoso. Un Dios débil, por muy bueno que sea, no puede salvar. Solo salva un Dios poderoso. Con un poder distinto del humano. También su bondad es distinta a la de los buenos de este mundo. En Dios todo es “divino” y, porque es divino, todo desborda de amor. Que su poder se ejerza al modo divino y, por tanto, envuelto en un amor infinito, es la mejor garantía de que  su poder es salvífico. Es un poder que conduce todas las cosas al bien. Y si alguna vez parece que no ejerce su poder como lo haríamos nosotros, es porque Dios siempre respeta la libertad humana y la autonomía de lo creado. Con un respeto que está siempre muy atento, siempre vigilante, para aprovechar cualquier resquicio que pueda reorientar suavemente la libertad para conducirla a su verdadero objetivo, que es el bien.

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7
Dic
2016
¿Sembradores o destructores de esperanza?
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arbolluz

San Pablo dice que Abraham esperó contra toda esperanza (Rm 4,18). Expresión paradójica que indica que Abraham esperó en el cumplimiento de las promesas divinas, a pesar de que todo lo que veía y experimentaba iba en sentido contrario a tal cumplimiento. Diríamos que esperó lo imposible. A veces, para conseguir algo, hay que esperar lo imposible.

Tomás de Aquino notó que la experiencia puede ser motivo de esperanza o de desesperanza. La esperanza se refiere a una realidad difícil, pero posible. Por eso, cuando la experiencia nos dice que las posibilidades de conseguir algo son muy pocas o son nulas, aparece la desesperanza, el “no hay nada que hacer” y, por tanto, “nada que esperar”. De ahí la pregunta que cada uno podemos hacernos: la experiencia que otros tienen de mi, ¿me convierte en constructor o destructor de esperanza?

A veces me pregunto qué posibilidades ofrecemos a las personas que, de una u otra forma, dependen de nuestras decisiones: ¿las escuchamos, confiamos en ellas? ¿Les dejamos libres con el riesgo de caerse, y cuando se caen les animamos y les invitamos a levantarse y a seguir; o les controlamos, les cortamos las alas, les amenazamos y, en definitiva, les damos miedo? Eso es lo que hacía Juan Bautista, amenazar con el fuego a los que no se convirtieran. Pero el orden que logra la amenaza, dura lo que dura el miedo. Jesús no amenazaba, trataba de convencer, con palabras siempre alentadoras, levantaba a los caídos y fortalecía a los débiles. En el terreno de los valores o de la conducta, cuando uno se convence de su bondad, los valores duran para siempre.

Constato que hay gente con la esperanza debilitada. Pero la esperanza es la virtud de los fuertes, requiere tiempo y paciencia. E incluso una buena dosis de humor. Si las personas con la esperanza debilitada, son capaces de esperar contra toda esperanza, cuando lleguen a la meta se convertirán en sembradores de esperanza. Podrán hacer lo que no se ha hecho con ellos. También se aprende de las situaciones que no nos gustan o de las decisiones que otros toman y nos afectan negativamente. Se aprende a no repetirlas. A veces, los mayores, terminamos en el mismo sitio que un día criticamos. Si los jóvenes de hoy son capaces de no repetir los errores que les han afectado, podrán ser sembradores de esperanza. Es bien sabido que muchas personas maltratadoras han sido maltratadas en su niñez o juventud. Por eso digo, si somos capaces de no repetir los errores que nos han afectado.

Adviento: tiempo de la buena esperanza. La buena solo viene del Dios de Jesús, el único que ofrece promesas que superan todo deseo, pero que son posibles porque él es todo amor y todo poder. Y, aunque no lo parezca, contra toda esperanza, dirige la historia según sus designios.

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