Logo dominicosdominicos

Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

28
Oct
2022
Oración en un mundo sin Dios
4 comentarios

roseton03

Escribo desde Salamanca. Los días 26 y 27 de octubre se han celebrado en la Universidad Pontificia unas Jornadas de Teología, sobre “la oración en mundo sin Dios”. A mi me han hecho el honor de solicitarme la primera de las conferencias. La he titulado: “El hombre como ser orante. Dimensiones antropológicas y teológicas de la oración”. Dado el sentido de las jornadas, he comenzado por preguntarme no tanto si era posible orar en un mundo en el que Dios parece ausente, sino si era posible una oración sin Dios. Esta es la propuesta de algunos filósofos y grupos contemporáneos, que afirman que la espiritualidad no es monopolio de los cristianos ni de las tradiciones religiosas. La espiritualidad, en cierto sentido, es un ejercicio de superación de los propios límites. Cultivar la espiritualidad es ejercitar el espíritu, sin miedo a enfrentarse con la realidad.

Después de valorar este tipo de propuestas he reflexionado sobre el sentido antropológico de la oración, pues la oración a Dios es una realización de la peculiar dimensión comunicativa del ser humano. Sin base antropológica, si la oración no designase un fenómeno predicable de todo hombre, al concepto cristiano de oración le faltaría el contacto con una experiencia accesible y perdería toda obligatoriedad. Cuando he tratado de las dimensiones teológicas de la oración, he comenzado por notar las dos dificultades que tenían, tanto los antiguos como los modernos, para explicar la necesidad de la oración: Dios no necesita informaciones y a Dios no le podemos cambiar. En realidad, he dicho, la oración no cambia a Dios, sino que nos cambia a nosotros.

Mis reflexiones han concluido con esta cita de Benedicto XVI: “Los cristianos hoy estamos llamados a ser testigos de oración, precisamente porque nuestro mundo está cerrado al horizonte divino y a la esperanza que lleva al encuentro con Dios. En la amistad profunda con Jesús y viviendo en él y con él la relación filial con el Padre, a través de nuestra oración fiel y constante, podemos abrir ventanas hacia el cielo de Dios. Es más, al recorrer el camino de la oración, sin respeto humano, podemos ayudar a otros a recorrer ese camino. También para la oración cristiana es verdad que, caminando, se abren caminos”.

Está previsto publicar en un libro las conferencias de estas Jornadas. Esperemos que sea pronto y así puedan llegar a un público amplio.

Ir al artículo

24
Oct
2022
¿Fe como creencia o fe como encuentro?
4 comentarios

sagrario

Muchas palabras importantes tienen distintos sentidos según cuál sea el contexto en el que se las utiliza. Hoy, por ejemplo, muchos llaman al sexo amor. Hacer el amor es tener relaciones sexuales. Sin necesidad de llegar a este ejemplo extremo el término amor tiene un sentido distinto si estoy pensando en el amor que le tengo a un recuerdo familiar, al perro de compañía o a mi hijo pequeño. Pues lo mismo ocurre con el término fe. Solo que con la palabra “fe” resulta menos evidente que su sentido puede cambiar radicalmente según el contexto, pues muchos funcionan con un modo único de entender la fe y, en función de este sentido con el que funcionan, califican o descalifican otros usos del término, sin darse cuenta de que su calificación o descalificación lo único que demuestra es su supina ignorancia.

Muchos entienden la fe como un conocimiento de verdades. Tener fe, entonces, es tener por verdadera una doctrina, la de que Dios existe por ejemplo. Y pongo este ejemplo, porque si nos quedamos con este concepto de fe, los demonios también tienen fe. Lo dice la carta de Santiago. Desgraciadamente este concebir la fe como una adhesión a una serie de verdades es el más difundido en el mundo católico. Pero hay otro concepto de fe más bíblico y más profundo: fe es un encuentro, una adhesión incondicional al misterio del Dios de Jesucristo, que compromete y cambia la vida entera. Este es el concepto de fe que permite a San Pablo decir que la fe sola nos salva.

Si desde la idea de fe como un tener por verdadero alguien se permite criticar la afirmación de que la fe sola nos salva, su crítica solo demuestra cortedad de miras y falta de buena teología. Evidentemente, con solo tener por verdadera una doctrina, uno puede estar alejado del Señor Jesús. Para que se entienda: con este concepto de fe uno puede estar en pecado mortal. Pero si la fe es entrega incondicional, encuentro personal con Dios, entonces el que está en pecado mortal pierde la fe.

Con el segundo concepto de fe yo puedo decir tranquilamente que sólo quién tiene fe puede acercarse a recibir al Señor en la eucaristía. Si alguien, entendiendo por fe un tener por verdadera una doctrina, me critica diciendo que con sólo la fe se puede estar en pecado mortal (y sigo empleando este ejemplo para que se entienda lo que quiero decir), es porque tienen un concepto de fe insuficiente. Mientras no nos aclaremos con lo que queremos decir con una determinada palabra no hay modo de entenderse. Y lo único que hacemos es crear conflictos innecesarios. En el terreno religioso, como en todos los asuntos serios, la formación es necesaria para dialogar y para valorar adecuadamente lo que el otro dice.

Y para referirme al título del artículo: la fe como creencia no comporta la fe como encuentro; la fe como encuentro comporta la fe como creencia. No son dos concepciones opuestas, pero es necesario distinguirlas.

Ir al artículo

20
Oct
2022
Domund: para que sean mis testigos
2 comentarios

domund2022

El domingo, 23 de octubre, la Iglesia Católica celebra la Jornada Mundial de las misiones, conocida también como Domund. El Papa ha propuesto como lema para ese día esta cita del libro de los Hechos (1,8): “Para que sean mis testigos”, palabras que pertenecen al último dialogo que Jesús resucitado tuvo con sus discípulos antes de ascender al cielo. Los evangelios ratifican que las últimas palabras del Resucitado a los suyos se refieren al mandato misional: “Id y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y ensenándoles a guardar todo lo que yo os he mandado” (Mt 28,19-20). “Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará” (Mc 16,15). “Ellos salieron a predicar por todas partes” (Mc 16,20).

“Todas las gentes”, “todo el mundo”: el encargo de Jesús no tiene límites, alcanza a todas las personas de todos los lugares, culturas y tiempos de la tierra. Este encargo no ha sido encomendado a uno solo, sino a todos los discípulos y discípulas, o sea, a todos los cristianos. La misión no es un asunto individual. Se realiza en comunión con la Iglesia. Al respecto aclara el Papa que, si hay alguno que en una situación muy particular lleva adelante la misión evangelizadora solo, él la realiza y deberá realizarla siempre en comunión con la Iglesia que lo ha enviado.

Todo cristiano es un misionero, un testigo de Jesucristo, un anunciador del Evangelio. Se comprende así lo que dice el Concilio Vaticano II: “la actividad misionera fluye de la naturaleza misma de la Iglesia”. O lo que dice Juan Pablo II: “La Iglesia es misionera por su propia naturaleza, ya que el mandato de Cristo no es algo contingente y externo, sino que alcanza al corazón mismo de la Iglesia”. Por su parte, Francisco, tras afirmar que “la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia”, invita a poner toda la pastoral “en clave misionera”. En un cristiano, la misión no es algo opcional. Su vida entera, sus palabras y gestos, por sí mismos, son un testimonio que debería, al menos, plantear una pregunta: ¿por qué vive, por qué piensa de esa manera? Si no plantea, explícita o implícitamente esa pregunta, es porque algo falla en su cristianismo.

A propósito del testimonio cristiano, permanece siempre válida la observación de Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio”. Por eso, para la trasmisión de la fe es fundamental el testimonio de vida evangélica de los cristianos. Por otra parte, sigue siendo necesaria la tarea de anunciar la persona y el mensaje de Cristo. Pues como dice san Pablo: “la fe viene de la audición” (Rm 10,17). En esta línea dice Francisco: “En la evangelización el ejemplo de vida cristiana y el anuncio de Cristo van juntos; uno sirve al otro. Son dos pulmones con los que debe respirar toda comunidad para ser misionera”.

Ir al artículo

16
Oct
2022
¿Por qué tratar al otro como quisiera que me tratara?
3 comentarios

puertaestrecha

La palabra de Jesús: “tratad a los demás como queréis que ellos os traten”, encuentra su caso extremo en el amor al enemigo. Cuando Jesús habla de este amor ofrece la gran razón del mismo, aplicable al modo como debemos tratar al otro: hay que amar al enemigo no porque nos guste lo que hace, porque no nos gusta nada, ya que el enemigo es el que desea mi daño, mi destrucción, mi desaparición. La razón del amor al enemigo es el Padre celestial, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. Para ser hijos de este Padre, hay que comportarse como él. Pues el hijo se parece al padre, no en su estatura o en su rostro, sino en su carácter, en su talante, en su modo de ser.

Los campesinos que escuchaban a Jesús le entendían perfectamente: Dios ama a los soldados romanos, esos soldados que os obligan a pagar unos impuestos abusivos, esos soldados que os maltratan. Si queréis ser hijas e hijos del Padre celestial, tenéis que amarles. ¿Cómo es posible amar a alguien con el que estoy en el más completo desacuerdo y que desearía, con toda razón, que desapareciera de mi vista? Pues no devolviendo mal por mal, no haciéndole lo que él te hace, más bien deseándole que deje de hacerlo, y rezando para que deje de hacerlo. Amar al enemigo es orar por el enemigo, y pedir al Señor que el enemigo deje de hacer daño. Si pedimos eso, estamos deseando el bien de nuestro enemigo. Y desear el bien, es amar.

Cuando de los asuntos sociales, pasamos a los personales o a los que afectan a grupos más reducidos, el principio de Jesús resulta más difícil. Entonces ocurre eso que dice Jesús después de enunciar su gran propuesta de tratar al otro como desearía que me tratara a mí: “entrad por la puerta estrecha”. Sí, no es fácil ni cómodo. Pero es posible, porque por la puerta estrecha se puede pasar cuando uno se achica un poco. En las relaciones familiares, en nuestros grupos humanos, incluidos los religiosos, aparecen, en ocasiones, envidias, rivalidades, malentendidos. Y también nos encontramos con el hermano, padre o responsable que nos hace daño o no nos trata bien. Para cumplir el consejo de Jesús de tratar al padre, al hijo, a la madre, a la esposa, al esposo, al compañero de trabajo, al jefe o al mandamás, no como nos trata, sino como quisiéramos que nos tratara, hay que pasar por la puerta estrecha.

Eso sí, los que pasan por la puerta estrecha son como los buenos deportistas, que deben esforzarse cada día para llegar a la meta. Mientras duran los entrenamientos, mientras se someten a regímenes alimenticios o se privan de noches de fiesta, lo pasan mal, tienen que hacerse violencia. Pero esta violencia propia les permite llegar a la meta y lograr el triunfo. Y con el triunfo todos los esfuerzos quedan compensados y aparece la alegría. El cristiano es como un deportista. La diferencia entre el deportista evangélico y el mundano es que, mientras en las competiciones mundanas solo gana uno, o solo hay medallas para tres, en la competición evangélica hay medalla de oro para todos, porque todos ganan, ya que con Cristo todos llegamos los primeros a la meta.

Ir al artículo

13
Oct
2022
¿Cómo queréis que os traten?
4 comentarios

pazmapamundi

La pregunta que encabeza el artículo tiene fácil respuesta: queremos que nos traten bien. Lo malo es que no siempre ocurre así. Cuando a uno no le tratan bien, lo normal es responder con irritación, con malos modos, con desprecio. El evangelio dice otra cosa: “todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros a ellos” (Mt 7,12). La proposición negativa está sin duda incluida en la positiva: lo que no queráis que os hagan, no lo hagáis vosotros. Está muy claro: no se trata de tratar a los demás como ellos nos tratan (sobre todo si nos tratan mal), sino de tratarles como nos hubiera gustado que nos tratasen. Por tanto, el comportamiento del otro hacia mí, según los criterios del evangelio, no es determinante de mi comportamiento hacia él. Haga lo que haga el otro, siempre debo portarme bien con él, porque eso es lo que yo quiero que hagan conmigo.

Cuando aplicamos el evangelio a la realidad surgen las dificultades: ¿cómo decir a los ucranianos que deben comportarse con los rusos, no como los rusos se comportan con ellos, sino como les gustaría que se portasen los rusos, a saber, que les tratasen bien? ¿Habrá que decir a los ucranianos, según los criterios evangélicos, que dejen de disparar contra los rusos, aunque los rusos sigan disparando contra ellos? Claro, al mismo tiempo o quizás antes habría que decir a los rusos que no es cristiano dañar al hermano y que, suponiendo (que ya es suponer) que tengan alguna cosa que reclamar al hermano, las reclamaciones, insisto, según los criterios evangélicos, se hacen desde una mesa de amigos que están dispuestos a ceder y a complacer al otro. No entro ahora en el tema de la legítima defensa, aunque sí digo que, en caso de posibles negociaciones de paz, es importante que el agredido sea generoso.

El Papa Francisco, con otro lenguaje, más elegancia, más autoridad y más influencia, ha dicho parecidas palabras o incluso más incisivas. Por eso le han acusado de meterse en política. Unos y otros, allí y aquí. Porque también aquí tratan al Papa no según los intereses del evangelio, sino según los intereses de la política de turno. Acusar al Papa de meterse en política solo puede hacerse desde posiciones políticas, por tanto, desde posiciones en las que prevalecen los propios intereses. Eso, dejando aparte que todos hacemos política. Todos tenemos una idea de cómo debe organizarse la sociedad. La cuestión no es si hacemos política. La cuestión es qué tipo de política hacemos. El Papa quiere hacer política evangélica (valga la expresión), o sea, pretende que la sociedad se organice según unos determinados criterios, que son los de Jesús.

Ir al artículo

10
Oct
2022
Virgen del Pilar y encuentro fraterno
3 comentarios

carabelascolon

La fecha del 12 de octubre tiene distintos significados. Ese día se celebra la fiesta de la Virgen del Pilar, advocación que tiene mucha raigambre tanto en España como en los países americanos. Es significativo que, en la Basílica del Pilar de Zaragoza, haya un cúmulo de banderas bien visibles de los países americanos. Podría ser un buen signo de que la Virgen siempre une y hermana. La advocación del Pilar está ligada a los orígenes de la evangelización de España. Si es así, la Virgen del Pilar remite directamente al Evangelio, a Jesús mismo, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

El 12 de octubre tiene otras connotaciones más históricas y políticas. Es el día en que, en el año 1492, el marinero Cristobal Colón llegó a una isla llamada Guanahaní, después de cruzar el océano Atlántico, pensando que había llegado a las Indias (en Asía), cuando en realidad había encontrado un nuevo continente desconocido por los europeos: América. Desde entonces estas tierras se convirtieron en un lugar de emigración por parte de muchos europeos, sobre todo españoles. En América este día se celebra el encuentro de dos mundos o de dos culturas.

Los tiempos han cambiado. Y ahora muchas personas en vez de salir de España para buscar mejores tierras en América, hacen el camino inverso: salen de América para encontrar mejores posibilidades de vida en España y en Europa. Los españoles de antaño iban “a hacer las américas”, o sea, viajaban con la intención de encontrar mejores posibilidades de vida y hasta de hacerse ricos. Algunos lo consiguieron, pero la mayoría tuvieron que trabajar duro para sobrevivir.

Conozco el caso de una mallorquina que, allá por el año 1930, se embarcó con su novio hacia Argentina. Cuando, ya viuda y sin hijos, en el año 1970, regresó a Mallorca, porque sus hermanos le abrieron las puertas de su casa, al desembarcar en el aeropuerto y ver la riqueza y el progreso de la isla, exclamó señalando la tierra mallorquina: “¡América, América, esto es América!”. Ella y su esposo habían ido a “hacer las américas” buscando un lugar mejor donde vivir, y en Mendoza trabajaron duro como laboriosos campesinos, pero siguieron igual de pobres.

Se ha dicho que Colón partió con el objetivo de encontrar el paraíso terrenal descrito por Marco Polo en Asia. Para muchos españoles América fue símbolo del paraíso. Hoy muchos americanos creen que el paraíso está en Europa. Debemos acoger, con cariño y comprensión, a esa gente que viene a “buscarse la vida”. Debemos ver en ellos a nuestros abuelos, que regresan a casa. Si hacemos del 12 de octubre un encuentro no sólo de culturas, sino de personas, se encuentren donde se encuentren, y, si además, somos creyentes, y ponemos estos encuentros bajo la mirada de la Virgen del Pilar, entonces estaremos haciendo de este mundo un anticipo de un paraíso en el que ya no habrá llanto, ni dolor, ni hambre, ni penas, porque Dios, que es Amor y el Amor, será la realidad que todo lo determine.

Ir al artículo

7
Oct
2022
Iglesia de puertas abiertas
2 comentarios

puertasabiertas

Una Iglesia encerrada en sí misma, una Iglesia que sólo piensa en su propio prestigio, es una Iglesia que se empobrece. Una Iglesia en salida, al encuentro de las personas, una Iglesia que escucha, que conoce los problemas, es una Iglesia que se enriquece, porque descubre nuevas virtualidades del evangelio y nuevas posibilidades de hacer el bien. El encuentro con los pobres es un buen ejemplo: ellos nos han hecho caer en la cuenta de algunas exigencias del evangelio que, sin este encuentro, no hubiéramos descubierto. Al hacer el bien, la Iglesia descubre lo valiosa que es y la presencia escondida de su Señor en tantas personas necesitadas. Encerrada en sí misma vive en un permanente lamento: que mal está el mundo y que poco nos quieren.

La expresión Iglesia “con las puertas abiertas” es del Papa Francisco. Puertas abiertas precisamente para poder salir, para no quedar encerrado dentro de nuestros muros y “salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas, para mirar a los ojos y escuchar o para acompañar al que se quedó al borde del camino” (Evangelii Gaudium, 46). Francisco dice que “uno de los signos concretos de esta apertura es tener templos con las puertas abiertas en todas partes” (EG, 47). Refiriéndose expresamente a las parroquias, dice el Papa, conviene “que realmente estén en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se conviertan en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos” (EG, 28). En todo se pide una actitud de salida, no de mantenimiento. La pastoral ordinaria, en todas sus instancias y niveles, tiene que colocar a los agentes pastorales en constante actitud de salida. Nos pide cambiar las costumbres, el lenguaje y hasta los horarios (EG, 27).

Las puertas abiertas nos plantean una pregunta a los que estamos invitados a salir. ¿Al encuentro de quién debemos ir? “Cuando uno lee el Evangelio, dice Francisco, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que “no tienen con qué recompensarte” (Lc 14,14). No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten ese mensaje tan claro. Hoy y siempre los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio, y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres” (EG, 48).

Los cambios de proceder y mentalidad que implica una Iglesia de puertas abiertas dependerán mucho de las circunstancias concretas de cada diócesis y de cada parroquia. El Magisterio, a veces, ofrece soluciones, pero normalmente ofrece principios de acción, orientaciones y criterios de juicio. Las soluciones son concretas y locales. Y por eso son una llamada a la responsabilidad de cada creyente y de cada pastor.

Ir al artículo

4
Oct
2022
La Iglesia, perfecta tiranía, según Presidente de Nicaragua
3 comentarios

Ortegamurillo

Unas declaraciones de Daniel Ortega, en las que acusa a la Iglesia de ser una tiranía y dictadura perfecta, me han recordado una pregunta que Stalin formuló al ministro de asuntos exteriores de Francia, Pierre Laval: “¿cuántas divisiones tiene el Papa?”. Daniel Ortega, disgustado por la postura crítica de algunos Obispos nicaragüenses con su gobierno, ha dicho que la Iglesia no puede dar lecciones de democracia, y ha formulado otra pregunta parecida a la Stalin, que parecen decir mucho y, en realidad, no dicen nada y sólo retratan la pobreza de argumentos de quienes las formulan.

He aquí la gran pregunta de Daniel Ortega: “¿quién elige a los curas, a los obispos, quién elige al papá, a los cardenales, cuántos votos, quién se los da? Si van a ser democráticos que empiecen por elegir con el voto de los católicos al papa, a los cardenales, a los obispos, con el voto de la población que elijan a los sacerdotes de cada comunidad. Es una dictadura, la dictadura perfecta, es una tiranía, la tiranía perfecta”. No sé si hace falta explicar que la Iglesia no es una democracia, precisamente porque no es una institución política. Eso sí, en la Iglesia se entra y se sale con toda libertad, porque las puertas siempre están abiertas.

Stalin y Ortega en un plano radical, otros políticos en tono más normal, y bastantes personas, ven y juzgan a la Iglesia Católica en términos exclusivamente políticos. Sin duda, muchas posiciones eclesiales tienen repercusiones políticas. Cuando la Iglesia se pronuncia a favor de la vida, su posición es una crítica implícita y, a veces, explícita, a las leyes que favorecen una cultura de la muerte. Lo mismo ocurría con Jesús: cuando proclamaba bienaventurados a los pobres y “malditos” a los ricos, eso no debía hacer ninguna gracia a los ricos, aunque sin duda debía consolar a los pobres.

No es extraño que algunos políticos vean en el Papa o en los Obispos de su país a los representantes de una potencia hostil y poderosa, que pretende hostigar al gobierno. En el caso de Daniel Ortega es claro: acusa a los obispos de atentar contra su vida. Los ha llamado “banda de asesinos”, tras denunciar que durante las protestas del año 2018 “algunos obispos estaban llamando a la gente a que me metieran plomo, que qué esperaban para matarme”.

En la Iglesia se han cometido pecados, en más de una ocasión alguno de sus representantes no ha guardado la debida prudencia en sus actuaciones o declaraciones. Pero eso no es motivo para hacer descalificaciones globales y no reconocer el carácter eminentemente religioso de la Iglesia. La Iglesia solo busca ser fiel al Evangelio de Jesús, conducir a las personas a Dios, y trabajar por la paz y el entendimiento entre pueblos y personas. Si alguna vez olvida su misión y cae en la tentación del poder, del dinero o del sexo, entonces ella es la primera que se autocritica. Ya me gustaría a mi que en las instancias políticas hubiera tanta capacidad de autocrítica como en las religiosas.

Ir al artículo

30
Sep
2022
Nuevo derecho humano: no ir a la guerra
6 comentarios

guerraucrania

Por las noticias que estos últimos días han llegado de Rusia resulta bastante claro que los jóvenes y los no tan jóvenes no quieren ir a la guerra: manifestaciones contra del decreto de movilización; jóvenes y familias enteras tratando de salir del país; lo peor de todo, pero no menos significativo: disparos y violencia contra las oficinas de reclutamiento.

Ir a la guerra, en muchos casos, no es un acto voluntario, sino obligatorio, forzado, conseguido a base de fuerza, violentando a la persona, obligándola a hacer lo que no quiere. Quienes quieren la guerra son los que no van a ella, y tampoco envían a sus hijos al frente. Bien pensado, ¿quién quiere dar la vida por la patria o por palabras grandilocuentes vacías de contenido, cuando se sabe que detrás siempre hay intereses económicos? Cuando está en juego el dinero, los que siempre pagan y salen perdiendo son los pobres. Por eso, la mayoría de los que van a las guerras son personas pobres, marginales, de grupos minoritarios, en fin, personas que no tienen quién se queje ni proteste por ellos.

Siendo realistas y tal como está el mundo, hoy no podemos prescindir de “fuerzas armadas”, bien reguladas por ley, que nos protejan de los delincuentes, o que sean fuerzas de interposición internacionales entre grupos que oprimen a sus pueblos (talibanes en Afganistan), o grupos guerrilleros que atacan a poblaciones indefensas (cárteles de la droga, por ejemplo). Pero hay que dejar muy claro que estas fuerzas son, paradójicamente, fuerzas de paz, fuerzas de interposición que pretenden evitar enfrentamientos. Eso es una cosa, la guerra es otra.

Quizás sería bueno empezar una campaña para que las Naciones Unidas, las grandes religiones, los códigos civiles recogieran como nuevo derecho humano el de no ir a la guerra. Entonces no digo que se acabasen las guerras, pero serían mucho más difíciles. Porque la gente, a ver si se enteran nuestros políticos de uno y otro bando, de uno y otro signo ideológico, no quiere ir a la guerra. Algunos políticos, apoyados por potentes grupos económicos, quieren la guerra, pero tampoco quieren ir a la guerra. Lo que quieren es que vayan otros, mientras ellos están bien resguardados.

Las campañas en pro de los derechos humanos han sido lentas, pero han ido haciendo su camino. Basta pensar en el derecho a la no discriminación racial o los derechos de la mujer. Pues bien, este nuevo derecho humano que propongo, quizás vaya lento, pero si empieza a hacer camino estoy convencido de que llegará muy lejos. El nuevo y urgente derecho humano es: no ir a la guerra, consecuencia directa del derecho inalienable a conservar la propia vida, a no arriesgarla inútilmente y, en caso de darla, hacerlo voluntariamente.

Ir al artículo

26
Sep
2022
La guerra lava los pecados, según el patriarca de Moscú
10 comentarios

kirillyputin

Cuando el nombre de Dios se mezcla en las guerras, cada parte lo utiliza en función de sus intereses políticos. Este pasado domingo, el Patriarca de Moscú, en su sermón dominical, para animar al alistamiento de los jóvenes rusos, dijo que quien muere cumpliendo con su deber militar en la guerra contra Ucrania realiza un sacrificio similar al de Cristo, y este sacrificio lava todos los pecados cometidos. No voy a poner ningún enlace porque estas tristes palabras aparecen publicadas en muchos medios. Soy bien consciente de que, en tiempo de las cruzadas, había predicadores que animaban a los cruzados con palabras similares. Pero aquí no se trata de juzgar el pasado con criterios de hoy, sino de juzgar el presente. Un presente con circunstancias propias distintas a las del pasado.

Hoy la guerra es moralmente inaceptable, aunque quizás haya alguna justificación para la guerra defensiva. Pero no hay ninguna para la guerra ofensiva. Sobre todo, porque los daños que producen las armas modernas son tan desproporcionados y tan mortales, que desbordan cualquier derecho, del tipo que sea, que pueda alegarse para usarlas. Y porque hoy es posible, en caso de conflicto político, usar medios pacíficos para resolverlo, buscando la mediación de instancias neutrales e independientes.

La tragedia de la guerra es la tragedia humana, la tragedia del pecado. Por eso es inconcebible que una autoridad religiosa defienda el pecado. Sin duda, el Patriarca Kirill de Moscú se encuentra muy presionado. Precisamente por eso, una palabra suya no solo en defensa de la paz, sino directamente en contra de la guerra, tendría una gran audiencia e influencia. Pero en todo caso, las presiones políticas que pueda tener el Patriarca de Moscú no justifican de ningún modo usar el nombre de Dios de esta forma. Porque Dios, el suyo, el del patriarca ortodoxo, es un Dios de paz, un Dios que pide poner la otra mejilla, un Dios que pide no hacer al otro lo que no quieras que te hagan a ti, un Dios que exhorta a amar a los enemigos, un Dios que da la vida por sus enemigos, precisamente porque no quiere la muerte de sus enemigos, sino su vida.

Querido Patriarca: al menos, guarde silencio. A lo mejor su silencio podría ser profético, sobre todo de cara a los que esperan que diga las palabras que ha dicho. Su silencio sería elocuente. Al menos, cállese. No meta a Dios en los infiernos. Y queridos políticos de la otra parte: busquen soluciones, no sigan fabricando armas, no utilicen a Ucrania como banco de pruebas. Hagan algo, ustedes que pueden.

Ir al artículo

Posteriores Anteriores


Suscripción

Suscribirse por RSS

últimos artículos

Archivo