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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

13
Jun
2026
El Papa en unas islas grandes en humanidad
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papaleoncanarias

El pueblo español ha respondido a un magnífico León XIV. Digo bien el pueblo español, o sea, las muchas personas buenas y sencillas que le han escuchado y aplaudido, y se han aprovechado de las muchas cosas que ha dicho. Algunos políticos han buscado aprovecharse de su imagen. Peor aún, no han respondido. En el Congreso de los diputados, al día siguiente de que todos aplaudieran su discurso, en el que dijo que la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario, todo seguía como de costumbre, o sea, en vez de buscar juntos el bien de los ciudadanos, dentro de las legítimas diferencias, las descalificaciones mutuas eran lo habitual.

La visita pastoral del Papa ha terminado en las Islas Canarias, estas islas grandes en humanidad. León ha cumplido el deseo de Francisco que quiso ir allí, pero no pudo; y ha mostrado su cercanía y solidaridad con los muchos inmigrantes que se juegan la vida para llegar a estas islas, así como su agradecimiento a las muchas personas que les acogen y ayudan. La inmigración es un serio problema con muchas vertientes, pero lo fundamental es ayudar a las personas que llaman a nuestra puerta, huyendo del hambre, de la persecución y de la pobreza extrema.

Tanto los testimonios de los migrantes, y de las personas que les ayudan y acogen, como los discursos del Papa han sido impresionantes. El Papa no habló solo para los canarios, sino para toda Europa. Los europeos no podemos consentir que el Mediterráneo o el Atlántico se conviertan en cementerios sin lápidas. Somos responsables de la hermana y del hermano frágil, porque es nuestra propia carne. Y como es nuestra debemos cuidarla. Todos somos migrantes, también la Sagrada Familia de Nazaret, dijo el Papa. Y añado por mi cuenta: todos somos mestizos.

No se olvidó de los monstruos que se aprovechan de la desesperación: mafias que organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, esclavizan a mujeres y niños, y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Ni de las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo. Pero en Canarias se trataba de la acogida que debemos dar a los emigrantes. Y, como Papa, recordó que la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida es lo propio de la Iglesia, no puede ser algo secundario ni delegado a algunos voluntarios.

En su homilía en el Puerto de Santa Cruz, León XIV recordó que todos hemos nacido para “el encuentro”, y citó unas palabras del Vaticano II: “el hombre no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo”. Entrega a Dios, en primer lugar; y entrega a los hermanos. Y dijo esto en una isla como Tenerife, donde mucha gente pasa algún tiempo descansando y donde otra gente, menos afortunada, llega allí tras un viaje expuesto a peligros y violencias inenarrables. Frente a los que especulan con la desesperación, los cristianos debemos ser un reflejo del Señor que dice: “venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.

Gracias, Papa León, por tu presencia entre nosotros. Gracias por tus palabras proféticas y realistas. Gracias por tus palabras elogiosas con el pueblo español. ¡Hasta la próxima!

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12
Jun
2026
Misión gratuita
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misiongratuita

Tanto en la primera lectura como en el Evangelio del domingo 11 del ciclo A, se trata de una elección: Dios elige a un pueblo, Dios elige a un grupo de apóstoles. Pero, en contra de lo que pudiera parecer, esta elección no comporta privilegio alguno, sino nuevas responsabilidades. La elección se hace con vistas a una misión. Si el pueblo elegido se convierte en “propiedad” de Dios, no es menos cierto que “mía es toda la tierra”. En realidad, el pueblo es elegido para ser “un reino de sacerdotes y una nación santa”. Pueblo de sacerdotes: pueblo que alaba al Señor y canta sus maravillas; pueblo que da testimonio de la grandeza y la bondad de Dios. Nación santa: nación que refleja en su vida la santidad de Dios, el único santo, y al reflejarla se convierte en presencia de Dios ante los demás. Pueblo de sacerdotes y nación santa porque el pueblo está llamado a dar testimonio de lo que Dios hace con él, de la respuesta que Dios espera a su amor; y de lo que Dios quiere hacer con todos sin excepción, esperando de todos una respuesta que corresponda a su amor.

También los apóstoles son elegidos con vistas a una misión: “la mies es abundante” y se necesitan “trabajadores” para la mies. Esta tarea misionera no puede entenderse como proselitismo, como celo desmesurado para que los demás se pasen a mi bando. La misión es necesaria y urgente porque quién acoge la buena noticia siente como su vida se transforma y se llena de alegría. Es el bien del ser humano la razón de la misión. Por eso el misionero debe “expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad”. El anuncio del Evangelio produce un cambio de mentalidad (“espíritus inmundos”): al saber que Dios me ama, desaparecen mis miedos y mis complejos. Y es una sanación de la vida (“curar enfermedades”): no es un consuelo fácil y superficial, sino una transformación que afecta a todas las dimensiones de la existencia y que me hace más persona. La salvación alcanza a todas las dimensiones de lo humano, de modo que si el encuentro con Dios no te hizo más persona (¡y persona solidaria!) no fue a Dios a quién encontraste.

La misión brota de la fe, de la respuesta al Dios que me llama. Una fe que no se convierte en testimonio es una falsa fe, una incredulidad escondida. Por eso, todo creyente está llamado a la misión. Todo creyente es un testigo. Entre los doce primeros apóstoles que Jesús llamó había gente de todo tipo: gente con tendencias políticas diferentes, con talantes distintos, con posibilidades intelectuales diversas. Pero todos fueron llamados. Dios no hace acepción de personas. Llama a todos, principalmente a los “pecadores” (segunda lectura: “Cuando estábamos sin fuerzas, Cristo murió por los impíos”). Todos estamos invitados a dar testimonio de lo bueno que Dios ha sido con nosotros. Y de invitar a otros a tomar conciencia de cuanto les ama Dios, aunque también ellos sean pecadores.

Se trata de un testimonio gratuito. El amor es gratis. Se recibe gratis, se da gratis y se anuncia gratis. Fuera del contexto de la gratuidad podemos hablar de muchas cosas. Pero nunca de amor.

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10
Jun
2026
Un dominico y una dominica con el Papa en Barcelona
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Luciacaramconpapa

El dominico, que le recibió al pié del avión, es el Obispo de san Feliu, fray Xavier Gómez. Y la dominica es Sor Lucía Caram, que se ha encontrado con el Papa antes de que entrara en el estadio de Montjuic. Sor Lucía estaba acompañada por otras hermanas de su comunidad y un grupo de laicos, muchos de ellos jóvenes, que forman parte de la “comunidad” (una comunidad ampliada) del Convento de Santa Clara de Manresa. Y con ellos 31 ambulancias, conducidas por 60 conductores voluntarios que, en el momento en que escribo estas letras, están ya camino de Ucrania, llevando ayuda humanitaria, como ya hicieron en otra ocasión. El material y los vehículos quedarán en Ucrania para ayudar a aquella pobre gente. El Papa dio las gracias a Sor Lucía, y bendijo las ambulancias, aunque dijo que era más importante bendecir a los conductores, como así hizo. Sor Lucía expresó su deseo de que los kilómetros que iban a recorrer se convirtieran en caminos que conducen hacia la paz.

Fray Xavier Gómez acompañó al Papa al centro penitenciario de Can Brians. Él ha sido uno de los impulsores de esta visita. Ya antes de ser Obispo estaba preocupado por la situación de las personas en la cárcel. Tras escuchar los emotivos testimonios de dos internas, el Papa empezó diciendo que “todo ser humano es digno por el hecho de haber sido creado y amado por Dios”. Y por eso el amor misericordioso de Dios está por encima de todo lo que hayamos hecho. Afirmó algo que vale para todos, a saber, que “los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”. Y añadió que “el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones”.

Las preguntas que algunos jóvenes hicieron al Papa en la vigilia de oración en el estadio olímpico Lluis Companys y las respuestas de León XIV fueron impresionantes. Preguntaron cómo encontrar sentido en una sociedad que nos empuja a mirar hacia el suelo o solo a nosotros mismos, o sobre cómo ver a Dios en la oscuridad de la depresión. Quizás la pregunta más conmovedora e impactante fue la de una chica que preguntó cómo podía “perdonar” a su padre, que estaba en la cárcel, por haber intentado matar a su madre. La pregunta era sobre el perdón. En el perdón se avanza con pequeños pasos, dijo el Papa. Pero antes dijo que, si existe violencia, egoísmo y odio entre familiares, las preguntas hay que hacerlas a nuestra sociedad y a nosotros mismos, y no a Dios.

Este viaje apostólico está resultando muy fructífero. Hay algo que no se ha destacado pero que yo voy a decir con prudencia: las grandes medidas de seguridad que se han tomado eran necesarias.

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9
Jun
2026
Magnífico viaje de León XIV lleno de humanidad
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Leonxivenlascortes

Inspirándome en el título de la encíclica del Papa, me parece que podemos decir, sin duda alguna, que su viaje a España está siendo magnífico y lleno de humanidad. Magnífico, porque el pueblo español ha respondido con una presencia entusiasta y agradecida. Y lleno de humanidad, porque su fundamental preocupación ha sido el bien y la dignidad de la persona humana, pensando sobre todo en los más desfavorecidos, como pueden ser los inmigrantes, los presos, los pobres, y las víctimas de abusos dentro de la propia Iglesia.

Ante el pleno de las Cortes, León XIV dejo una serie de mensajes de los que deberían tomar buena nota nuestros políticos. Uno fundamental y muy necesario: la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. La gran pregunta que deben plantearse los legisladores es que concepción de la persona humana inspira las leyes y que tipo de sociedad construye esas leyes. A esta luz habría que analizar algunas grandes cuestiones, como la acogida del inmigrante y del refugiado, o el derecho a la vida de toda persona desde su concepción hasta su muerte natural. Otro asunto de primera importancia con repercusiones mundiales es la paz, pero una paz que no se construye sobre el negocio de las armas, sino sobre la solidaridad entre los pueblos.

En el discurso ante las Cortes hubo referencias al Quijote de Cervantes, a Unamuno (que recordaba que el hombre no se resigna a morir del todo), a Santa Taresa de Jesús, y a la Escuela de Salamanca, subrayando la aportación de sus grandes maestros (Francisco de Vitoria sobre todo) a los derechos humanos y a los límites del poder. He oído que algún diputado se preguntaba que era eso de la escuela de Salamanca. Peor que la ignorancia es el ridículo que hicieron otros entregando al Papa una carta de unas mujeres okupas, o hablándole en inglés e italiano, pensando así contribuir a que el Papa dijera en Barcelona más frases en catalán de las que ya lleva bien preparadas. Eso sí, el discurso fue muy aplaudido por todos. Aquí nadie quiso hacer el ridículo, aunque luego hubo algún que otro comentario sobre los controles para entrar en el Estado Vaticano.

A los Obispos les dejó también buenos mensajes. Recuerdo dos: la necesidad de formar adecuadamente (tanto en el terreno espiritual como en el teólogico) a los seminaristas; y el responder con verdad, justicia y reparación a aquellos que ha sido heridos por miembros del clero.

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7
Jun
2026
El Papa en un país complejo
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Papaenmadrid

El Papa está visitando algunos lugares importantes y significativos de España. Algunos, porque no puede ir a todos. Importantes, porque todos son importantes. Y significativos, porque la presencia del Papa en ellos es un signo de por donde deben ir las preocupaciones de todo buen cristiano, a saber, ser testigo de la fe, solidario con los pobres y necesitados, amante de la Eucaristía, fraterno y cariñoso con los cercanos, y sensible con los alejados.

Algunos se han dedicado a decir que no lo esperaban. Normal. Lo esperan los que le aprecian y creen que tiene algo importante que decirles. Los que no le esperan no hace falta que lo digan. Basta con que se queden tranquilos en su casa. Porque el mero hecho de proclamar en voz alta que no le esperan es una manera de manifestar lo importante que es el personaje que viene. Los que le esperan han desbordado calles y plazas. Le han escuchado con respeto y atención, le han aplaudido con entusiasmo, lo han aclamado con cariño.

El Papa ha dicho cosas importantes. Unas de las primeras está reflejada en el titulo de este artículo: España es un país complejo. En muchos sentidos, no cabe duda. Pero la complejidad no tiene que traducirse en enfrentamiento. El diálogo y el respeto mutuo, la escucha y la comprensión, no eliminan las diferencias, pero permiten acercarse, caminar juntos y hasta ver en la diferencia un motivo de riqueza. En su primer discurso, en el Palacio real, pensando sin duda en los políticos, el Papa habló de “reconciliación y cooperación entre las distintas fuerzas de esta nación”, e invitó “a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes y a la apreciación fecunda de la complejidad”.

Ante más de medio millón de jóvenes, unidos en torno a la adoración al Santísimo, en medio de un gran silencio en el que no se escuchaba ni un móvil, habló de oración, de escucha de la Palabra de Dios, de la belleza de la fe, de ser libres de las modas y discípulos de la verdad, de ser humanos, como Cristo, buscando la justicia y haciendo el bien a los demás. Y a la multitud, en la Misa del Corpus, le ha dejado claro que la devoción a la eucaristía no está en las alfombras florales o en la belleza de las custodias, sino en la fe en el Señor resucitado, presente y vivo en medio de nosotros; habló de la procesión como signo de un Jesús que no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro allí donde nos encontremos. Y añadió algo muy importante: arrodillarse ante el Señor va unido a arrodillarse ante el hermano, pues nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano.

Estoy convencido de que el discurso en el Congreso de los Diputados, el encuentro con los presos del centro penitenciario de Brians, la bendición de la torre de la Sagrada Familia de Barcelona y, por supuesto, el encuentro con los migrantes y con los que trabajan en su favor en las islas Canarias, volverán a depararnos palabras proféticas, llenas de evangelio y sabiduría, palabras que nos animarán a ser cada día mejores personas, mejores discípulos y mejores misioneros de Jesucristo.

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4
Jun
2026
Salvadora Hostia que abres la puerta del cielo
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Corpus2026

Con motivo de la fiesta del “Corpus” ofrezco algunos párrafos de una oración de Santo Tomás de Aquino, compuesta para ser recitada cuando asistía a una segunda Misa, pero no como celebrante: “Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, porque al contemplarte todo falla. Vista, tacto y gusto engañan, porque sólo se cree por el oído: creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios; nada es más cierto que esta Palabra de verdad. En la Cruz se escondía solo la Divinidad, pero aquí se esconde también la humanidad”.

Y recuerdo este texto poético, lleno del más grande amor y de la mejor teología:

“El Verbo que viene de lo alto
y no abandona la derecha del Padre,
salido para realizar su obra,
ha venido al atardecer de la vida.
Quien por su discípulo a la muerte
sería entregado a sus enemigos,
antes como comida de vida,
se entregó a los discípulos.
A ellos, bajo doble especie,
dio su carne y su sangre
para que en esta doble sustancia
se alimentara todo el hombre.
Al nacer se entregó como compañero,
al crecer se entregó como alimento;
al morir se entregó como precio;
al reinar se da como premio.
Oh, salvadora hostia
que abres la puerta del cielo,
en los ataques del enemigo
danos fuerza, concédenos auxilio”.

Acabo este muestrario con un breve fragmento de otro de sus himnos a la eucaristía:

“La carne es alimento y la sangre bebida:
mas Cristo está todo entero
bajo cada una de las dos especies.
Quién lo recibe no lo rompe,
no lo quebranta ni lo divide;
se recibe todo entero.
Recíbelo uno, lo reciben mil;
cada uno igual que los otros,
pues no se consume al ser tomado”.

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31
May
2026
La encíclica de León XIV: ¿qué estamos construyendo?
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magnificahumanitas

No es fácil resumir la encíclica de León XIV, Magnifica humanitas. Quizás la pregunta, tomada de la encíclica, con la que he titulado mi artículo, puede ser la gran pregunta que recorre todo el texto papal: ¿qué estamos construyendo? Las innovaciones tecnológicas ¿contribuyen a hacer crecer a las personas y a los pueblos en fraternidad y en humanidad?

La encíclica no es exactamente una reflexión sobre la Inteligencia Artificial, aunque este sea su hilo conductor, sino una reflexión sobre un tiempo nuevo, como es el nuestro, en el que las nuevas tecnologías y, por supuesto, la inteligencia artificial, pueden ser muy útiles para mejorar nuestra vida, pero también ser obstáculos para vivir humanamente. Y no solo obstáculos, porque además de emplearse para bien pueden emplearse para mal, sino sobre todo porque este mal empleo condiciona, manipula, controla y orienta nuestra vida en direcciones inhumanas sin que seamos conscientes de ello, y hasta haciéndonos creer que lo malo es bueno. Un ejemplo de como los algoritmos controlan y manipulan la información que nos condiciona es el caso de la guerra: estamos tentados de pensar que no tendremos paz si no nos preparamos para el conflicto, sino no acumulamos armamento que mata a inocentes, si no detectamos al enemigo o no nos adelantamos a matarle.

El documento papal se sitúa dentro de la gran corriente de doctrina social de la Iglesia, que comenzó con la Rerum novarum de León XIII. En aquel momento había “cosas nuevas”, aparecían situaciones que exigían una palabra del Magisterio para iluminarlas a la luz del Evangelio. Pues bien, hoy la tecnología ha condicionado de forma inesperada la condición humana. De ahí la necesidad de una palabra del Magisterio, que ilumine los nuevos cambios que implican no solo nuevas necesidades y posibilidades, sino sobre todo nuevos comportamientos. “El progreso técnico, valioso en sí mismo, requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue”. Ser más poderosos no significa necesariamente ser mejores. Tener más no significa ser más. Con el “tener más” pudiera suceder que la persona fuera “valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece”.

La inteligencia artificial nunca es un hecho puramente técnico. No es moralmente neutral. No tiene conciencia. Entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad. Las inteligencias artificiales no poseen cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones, ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. No conocen la misericordia, el perdón, la esperanza de cambio, pudiendo así producir nuevas formas de descarte. Cuando la técnica deja de ser instrumento y se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz.

Algunos interpretan el progreso como la superación del ser humano, con los nombres de transhumanismo y posthumanismo. Es el sueño de superar los límites de la condición humana, consiguiendo así una humanidad nueva (incluso hibridada con la máquina). Pero los límites y fragilidad de la humanidad no es un error que haya que corregir, pues los cristianos sabemos que “el ser humano no florece a pesar del límite, sino dentro del límite”. Y que, al entrar el Verbo de Dios en nuestros límites, apareció precisamente el “Hombre perfecto”, la perfección de lo humano, una magnifica humanidad. Allí donde la humanidad corre el riesgo de perder su rostro, los cristianos alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, donde se esclarece del misterio del hombre. Ninguna máquina puede sustituir esta magnifica humanidad revelada en Cristo.

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28
May
2026
Santísima Trinidad, una fiesta distinta
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trinidad2026

La fiesta de la Santísima Trinidad tiene una peculiaridad que la hace distinta de todas las demás fiestas del año litúrgico. A lo largo del año vamos recordando y celebrando los distintos momentos de la vida de Jesús. El año litúrgico tiene dos grandes ciclos: el de Adviento y Navidad; y el de Cuaresma y Pascua. Celebramos el comienzo de la gran historia de salvación y su culminación. A lo largo de los otros domingos vamos recordando las palabras y la predicación de Jesús, sus enseñanzas sobre el Reino de Dios, y sus obras y milagros que lo acreditan como el enviado de Dios.

La fiesta de la santísima Trinidad no celebra un acontecimiento, sino la fuente de todos los acontecimientos: Dios mismo. Pero no un Dios cualquiera, sino un Dios que es Amor, solo Amor y nada más que Amor. Y, por eso, solo puede amar. Pero no hay amor sin relaciones mutuas. Para que pueda haber amor, en la intimidad de Dios hay relaciones. Ese misterio de relaciones es el misterio trinitario. Este es el misterio de nuestra fe, tal como lo confesamos en el Credo. Precisamente porque Dios es Amor, el ser humano no es el súbdito pasivo de un ser soberano, un patrono despótico o un monarca plenipotenciario.

La profesión de fe, el Credo, el objeto de la fe cristiana es Dios, confesado como Padre creador, que ha enviado a su Hijo al mundo por amor al mundo, y nos entrega su Espíritu para que podamos vivir en consonancia con lo que Dios es. Precisamente porque Dios es un Dios de relaciones personales, puede relacionarse personalmente con cada ser humano: cada uno de nosotros somos hijos del Padre, hermanos del Hijo y templos o sagrarios del Espíritu. Porque Dios es Amor no está alejado de nosotros. En Jesucristo, Dios se hace tan cercano que se convierte en hombre. Es imposible estar más cerca. Es uno de nosotros, vive con nosotros, para nosotros y en nosotros.

Los filósofos griegos, por ejemplo, Aristóteles, al igual de las grandes religiones de la humanidad, supieron que hay un solo Dios. Pero Aristóteles estaba convencido de que este Dios no necesita nada y no ama, no puede tener relaciones con nosotros. Al Dios aristotélico, los humanos no le importamos nada. ¿A cuenta de qué se iba a interesar por nosotros un ser omnipotente y autosuficiente? Por el contrario, el Dios cristiano no es un motor inmóvil, que hace funcionar el universo, pero no se relaciona con nadie; no es pura y profunda energía, respiración universal que da vida y sostiene todo lo que existe (Upanishad, textos sagrados de la India); no es poder soberano. El Dios bíblico es un ser personal que llama y espera respuesta, que pregunta y escucha, que “ama personalmente” con pasión. Y ama porque es Amor (1 Jn 4,8.16).

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24
May
2026
Vida contemplativa, ¿por y para quién eres?
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proorantibus2026

El domingo de la Santísima Trinidad, la Iglesia española celebra el llamado día “pro orantibus”, o sea, por la vida contemplativa. Lo de “pro orantibus”, aunque debería poder aplicarse a todo cristiano, pues se supone que todos rezamos, se dice especialmente de aquellas y aquellos que hacen de la oración el eje de su toda su vida. Estamos hablando pues de monjas y monjes.

Todas las jornadas tienen un lema. En 2026, el lema es: “Vida contemplativa, ¿por quién eres?”. La frase está en sintonía y continuidad con los lemas del Congreso de Vocaciones que tuvo lugar en febrero de 2025 y con el de la pasada jornada mundial de la Vida Consagrada: “Vida consagrada, ¿para quién eres?”. Por quién, para quién, dos modos de formular una misma pregunta que pueden iluminar toda la vida cristiana. Este “quién” es fundamental, pues la referencia de la vida contemplativa no es “algo”, un ideal o una causa que defender, sino un “Alguien”, el Dios personal revelado en Jesucristo y también las personas que forman la comunidad y las otras personas por las que oran monjes y monjas y con las que se solidarizan.

En un mundo donde hay mucho individualismo, donde prima lo instrumental y lo utilitario, quizás alguno podría pensar que las buenas preguntas no son las del “ser” (por quién eres), sino las del “hacer”: ¿qué haces?, ¿para qué sirves?, ¿de verdad que la oración sirve para algo? Desde luego, no sirve para que a uno le aumenten el sueldo o le den un mejor puesto de trabajo. Quizás podría servir para que un buen cristiano cobrara conciencia de que el dinero no lo es todo en la vida y de que, si uno tiene lo necesario para vivir, es bueno dar gracias a Dios por ello. Y también sirve para serenar la vida y encontrar esa paz que el mundo no puede dar.

La tentación de juzgar la vida contemplativa por criterios utilitarios es grande. En bastantes ocasiones, a las monjas se les hacen este tipo de preguntas: ¿a qué hora os levantáis, a qué hora os acostáis, tenéis televisión, en qué trabajáis? Las monjas y los monjes dedican su vida a buscar a Dios por medio de la oración contemplativa. Porque la oración, más que pedir, es cobrar conciencia del amor y la bondad de Dios, así como de las maravillas que obra en mi vida, en la vida de los demás y en el mundo. Y darle gracias por ello. Orar es proclamar la grandeza del Señor y alegrarse de sus beneficios. A eso estamos todos llamados, porque en eso está la vida. Monjas y monjes nos lo recuerdan.

Junto con el verbo orar hay otros dos que definen la vida contemplativa: trabajar y leer. Trabajar, porque las y los contemplativos, como todo ser humano, deben ganarse el pan con el sudor de su frente. Y leer, sobre todo buena teología, para conocer mejor al Amado y fundamentar la vida espiritual en la verdad revelada y no en emociones o sentimientos. La oración se prolonga en la teología y la buena teología nos lleva a la oración. “Reza, trabaja y lee” es una ampliación del célebre lema benedictino “ora et labora”. En el equilibro entre estos aspectos (espiritualidad, trabajo y buena lectura), vividos en la fraternidad comunitaria, está la clave de una vida monástica feliz: contemplar a un Dios Comunión de Amor y de Vida, que quiere para todos y cada uno un presente y un futuro lleno de amor y vida.

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21
May
2026
Todos hablan en todas las lenguas
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Pentecostes2026

El año litúrgico se organiza en tres ciclos que rotan cada tres años y de esta forma los que asisten a la eucaristía dominical se enriquecen con la escucha de los textos más fundamentales de la Escritura. Pero hay un domingo en el que la primera lectura es la misma para los tres ciclos, el domingo de Pentecostés. Esta primera lectura está tomada del libro de los Hechos y en ella se narra cómo nace la Iglesia. Nace cuando todos hablan en todas las lenguas y cada uno escucha a los Apóstoles hablar en su propia lengua. Desde el primer momento, la Iglesia es universal. Quién hace posible esta universalidad, cuya expresión es el mutuo entendimiento, es el Espíritu Santo, que crea comprensión y abre fronteras.

Se ha hecho notar, con razón, que Pentecostés es la cara opuesta de Babel, “donde todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras” (Gen 11,1). Hablando el mismo lenguaje se entendieron para enfrentarse con Yahvé y de este modo terminaron por no entenderse entre ellos, por separarse, yendo cada uno por su lado. El mal solo une aparentemente y termina siempre separando. Esta es una buena imagen de nuestra situación. En nuestro mundo moderno, aunque no todos hablamos la misma lengua, tenemos muchos medios para comprender lo que decimos, pero no estamos unidos. Hay un exceso de individualismo y de búsqueda del propio provecho a costa de los demás. Eso ocurre tanto a niveles individuales como a niveles sociales y políticos. El mundo está en guerra. No es el Espíritu Santo el que inspira a los guerreros, sino el espíritu diabólico. Mientras el Espíritu Santo da paz y alegría, el espíritu diabólico separa y entristece.

Cierto, también en nuestro mundo hay personas que buscan la paz y el entendimiento. Ellas, sean o no cristianas, están movidas, aunque no lo sepan, por el Espíritu Santo. Según el relato de los Hechos, cuando los apóstoles estaban reunidos en el mismo lugar, el Espíritu se hizo presente como un fuerte viento y como lenguas de fuego. El viento y el fuego del Espíritu no son destructores, sino fortalecedores y creadores. El viento es el aliento de Dios; el fuego es purificador. Uno y otro empujan a los discípulos a salir del lugar en donde están para dar testimonio de Jesús, crear comunión y fortalecer la unidad: “pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo” (1 Cor 12,13).

El Espíritu no sabe de preferencias lingüísticas o de prioridades nacionales. Solo sabe de amor, paz, alegría y encuentro. Un buen católico habla todas las lenguas, o sea, se entiende con todo el mundo. Y para él no existen las fronteras. Pues la Iglesia católica es sacramento de unidad, o sea, signo de aquello a lo que toda la humanidad está llamada.

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