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Ene2026Bautismo de Jesús, acontecimiento salvífico
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Ene

El tiempo litúrgico de Navidad termina con la fiesta del Bautismo del Señor. A partir de este domingo la liturgia nos presenta a un Jesús adulto, que pasa haciendo el bien y anunciando el Reino de Dios.
El bautismo de Jesús, como toda su vida, es un acontecimiento salvífico. Todo lo que dice y hace es “por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación”. Desde su nacimiento hasta su muerte la salvación es el hilo conductor de su vida. El nombre que José le pone significa “Dios salva”. Tal como le revela el ángel a José, debe ponerle el nombre de Jesús “porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Y en el momento de la cruz, como recordamos en cada Eucaristía, Jesús entregó su vida, derramó su sangre por muchos, por todos, para el perdón de los pecados, de todos los pecados. Pecado más que una falta moral es todo lo que nos separa de Dios. Jesús es el que nos une con Dios.
También el bautismo de Jesús es un acto salvífico para nosotros. Jesús no necesitaba ser bautizado por Juan, que administraba un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados. De eso se da cuenta el Bautista, porque cuando Jesús se acerca para que le bautice “intentaba disuadirlo diciéndole: Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”. Jesús no tiene pecado. Solo tiene amor, por eso carga sobre sí el pecado del mundo. Y como lo asume también es el que quita el pecado del mundo. Por eso inicia su ministerio con un gran signo de salvación. Se pone en la cola de los que van a ser bautizados por Juan, en la cola de los pecadores, se solidariza con ellos. Y confiesa, no sus pecados, sino los pecados del mundo. Y Dios acoge esta confesión hecha en nombre de la humanidad y así reconcilia al mundo consigo. Es Dios el que nos reconcilia, el que nos perdona, el que nos acoge. Porque lo suyo es precisamente eso: acoger, reconciliar, unir. Y por eso perdona.
El bautismo que confería Juan no otorgaba el Espíritu. A lo sumo preparaba para recibirlo. Resulta significativo que el Espíritu desciende sobre Jesús después de ser bautizado por Juan, no durante el bautismo. Es una manifestación más de que el Espíritu acompañaba siempre a Jesús. El bautismo cristiano, administrado en nombre de Jesús, confiere el Espíritu que nos hace hijas e hijos de Dios y nos da la vida eterna. Lo decisivo no son los bautismos penitenciales. Lo nuevo y decisivo es el bautismo en nombre de Cristo, que nos da el Espíritu Santo y nos une con el Padre bueno del cielo.








