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Sep2026Solidaridad: miembros los unos de los otros
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Sep

Hasta hace poco tiempo el término solidaridad no pertenecía al vocabulario teológico y religioso. Más bien era considerado un sustituto secular de la caridad cristiana. Sin embargo, a partir de la primera encíclica de Pío XII, Summi Pontificatus, el término ha entrado plenamente en la enseñanza social de la Iglesia. En esta encíclica el Papa calificaba de grave error “el olvido de la ley de mutua solidaridad”, e indicaba cuál es el motivo que hace a los seres humanos solidarios los unos de los otros, a saber, “el origen común y la igualdad de la naturaleza racional en todos los hombres, sea cual fuere el pueblo al que pertenecen”. Estas palabras de hace casi 90 años cobran hoy una sorprendente actualidad: tenemos todos un mismo origen y todos somos iguales “sea cual sea el pueblo” en el que hemos nacido. No hay preferencias nacionales, hay igualdad entre todos. Todos tenemos los mismos derechos y deberes, todos debemos ayudarnos.
En la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II se alude, en distintos momentos, a la solidaridad. En un número titulado “el Verbo encarnado y la solidaridad humana”, podemos leer: “Dios no creó al hombre para vivir aisladamente, sino para formar una unión social… Él ha elegido a los hombres no solamente en cuanto individuos, sino también como miembros de una determinada comunidad”. Y el Concilio subraya que Cristo ha querido entrar en el juego de las solidaridades humanas por su género de vida: “el Verbo encarnado quiso participar de la vida social humana. Asistió a las bodas de Caná, bajó a la casa de Zaqueo, comió con publicanos y pecadores… Santificó las relaciones humanas… En su predicación mandó a los hijos de Dios que se comportaran entre sí como hermanos”. El número concluye diciendo que esta solidaridad encontrará su culminación en este Reino en donde viviremos “como familia amada por Dios”.
Bien podemos considerar la encíclica de Francisco Fratelli tutti como la carta magna de la solidaridad. “La solidaridad ha de ser conquistada cada día, dice el Papa. No es posible conformarse con lo ya conseguido y desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos”. La solidaridad “exige el compromiso de todos aquellos que tienen responsabilidades educativas y formativas”; en primer lugar, la familia, pues los valores de la solidaridad “se transmiten desde la más tierna infancia”. Incluso en el campo de la economía se requiere solidaridad: “sin solidaridad y confianza recíproca el mercado no puede cumplir su propia función económica”. “Hoy precisamente esta confianza ha fallado”, denuncia el Papa.
Los cristianos debemos recordar que “somos miembros los unos de los otros, pues formamos un solo cuerpo en Cristo” (Rm 12,5). Los miembros del cuerpo son necesariamente solidarios. Por tanto, si un cristiano no es solidario, esto es un signo claro de que ha abandonado el cuerpo de Cristo. También en este terreno el modo de comportarnos con el hermano es signo de nuestra relación con Cristo.







