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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

29
Jun
2026
Jesucristo, culminación de lo humano
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Cristoculminaciónhumano

El planeta Tierra se formó hace unos 4.600 millones de años. Y en la tierra, apareció la vida hace unos 3.700 millones de años. Los primeros homínidos bípedos aparecieron hace unos seis o siete millones de años en África. La vida ha ido evolucionando siempre a mejor hasta la aparición del ser humano actual, hace unos 200.000 mil años en África. Bien podemos decir que el fin más íntimo de la naturaleza fue recibir algún día al hombre, poder desarrollar en el curso del tiempo un organismo capaz de transformarse en eso nuevo que denominamos hombre.

Una vez aparecido el ser humano “comienza una nueva tarea, más elevada: la humanidad existe para engendrar a Jesucristo. Está para crear el lugar en el que pueda producirse la unión entre Dios y el mundo. La humanidad vive para llegar a ser una con Dios” (J. Ratzinger). Jesucristo es la plenitud, la culminación, la perfección de lo humano. Por esta razón el Concilio Vaticano II califica a Cristo de “Hombre perfecto”. O sea, no se trata solo de afirmar la verdadera naturaleza humana de Jesús (perfecto hombre), en el sentido de que es un hombre completo, como desde antiguo ha afirmado la Tradición, sino algo más importante aún: en Cristo, la naturaleza humana ha llegado a su total y plena capacidad (“hombre perfecto”), hasta su más alta cota, que es el encuentro y la comunión con Dios.

Por este motivo, Cristo es el ideal concreto de lo humano, la “magnífica humanidad” (como dice León XIV). Si en Cristo se encuentra la humanidad más lograda, esta humanidad resulta paradigmática, ejemplar. Jesús es el modelo según el cual todo ser humano debe configurarse. De ahí que su seguimiento es crecimiento en humanidad, permite la plena realización personal: “el que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre” (Gaudium et Spes, 41). Mirando a Jesús sabemos a qué atenernos en la realización de nuestra perfección humana. En esta perspectiva podemos situar el texto de Rm 8,29: Dios nos “predestinó a reproducir la imagen del Hijo, para que fuera el primogénito entre muchos hermanos”. Todos estamos destinados a reproducir la imagen de Jesús, a ser otro Cristo, en definitiva. Hablar, pues, del Hijo de Dios, es algo que no solo afecta a Jesús de Nazaret, sino que también nos afecta a nosotros. El hombre tiene una dimensión que le pertenece intrínsecamente y que es una dimensión divina.

Ahora bien, si hay que mantener que llegó un momento en que la humanidad estaba, de algún modo, preparada para que Cristo pudiera encarnarse, hay que dejar bien claro que la encarnación de Dios no es resultado del ascenso del ser humano, sino del descenso de Dios. Una cosa es estar preparado para acoger a Dios y otra ser el creador de Dios. El intento, por parte del hombre, de hacerse por sí mismo divino, de convertirse en “super hombre”, de ir más allá de lo humano, de ser dios en definitiva, está condenado al fracaso, por mucho que se empeñen las teorías trans y post humanistas. “La salvación no proviene de la grandeza del hombre, sino de la graciosa misericordia de Dios” (J. Ratzinger).

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25
Jun
2026
Misión dificil
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misiondificil

El Evangelio de este próximo domingo continúa tratando de las características de la misión. Y más en concreto de las dificultades que comporta la misión. Una de las mayores dificultades con que puede encontrarse el testigo de la fe es la incomprensión de su propia familia. En el contexto en el que habla Jesús, esta incomprensión resulta una dificultad prácticamente insuperable, dado que la persona estaba vitalmente integrada en el clan familiar. Da ahí las frecuentes alusiones de Jesús a romper, si es necesario, con los vínculos de la carne y la sangre, para establecer los vínculos que realmente importan, los que brotan del cumplimiento de la voluntad de Dios: “¿quiénes son mi madre y mis hermanos? Los que escuchan la Palabra de Dios y la guardan”. Hoy habría que ampliar esta incomprensión de la que habla Jesús a la incomprensión social: el testigo de la fe se mueve y desenvuelve en un ambiente que no favorece la aceptación del Evangelio, más aún, que lo obstaculiza. “El que quiere a su padre o a su madre más que a mi”, podría traducirse así: “el que se acomoda a los valores y usos de este mundo no es digno de mi”.

Jesús utiliza una nueva imagen para hacer comprender las necesarias rupturas con las que puede encontrarse el testigo de la fe: “el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mi”.  Llevar la cruz alude a la situación del condenado a muerte en cruz. El tiempo que media entre la sentencia y la ejecución es el tiempo de “llevar la cruz” (en Estados Unidos a eso le llaman hoy el tiempo de estancia en los “corredores de la muerte”). El que está en esta situación es un erradicado de la sociedad. Pues bien, el cristiano tiene que estar dispuesto a vivir, por causa del Evangelio, como si fuera un desposeído. El cristiano lo da y lo pierde todo por el Evangelio: padre, madre, hijos, tierras, casa, trabajo.

Pero, y ahí está la paradoja y la sorpresa: “el que pierde su vida por el Evangelio, la encuentra”. En la entrega está la suprema ganancia. He aquí la extraña sabiduría que puede compensar todas las dificultades de nuestro testimonio. En este contexto se comprende que el testigo que lo da todo, que rompe con padre y madre, encuentra una nueva relación: hay otros que le reciben en nombre de Jesús. Y, al recibirle a él, quienes le acogen se encuentran con el Padre.

“El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado”. Aparece aquí la dinámica sacramental de todo encuentro con Dios. El Padre se hace presente en la humanidad de Jesús. Y esta encarnación se prolonga en los testigos de Jesús: ellos son la presencia de Jesús ante los demás, se convierten en Cristo para el que los recibe, estableciéndose así una nueva comunión, una nueva familia, una familia que tiene como lazo de unión al Padre bueno del cielo, que por medio de sus testigos llega a todos los que acogen a los testigos. ¡Tal es la grandeza y la responsabilidad del testigo del Evangelio! Esta es la fuerza que le permite superar todas las incomprensiones.

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21
Jun
2026
Inmigración, aborto, eutanasia
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inmigracionaborto

Un amable lector y buen amigo pregunta en uno de los comentarios a este blog: “¿Cómo es que los que están de acuerdo con el Papa en el tema de la inmigración, no ven la profunda coherencia cuando afirma que el aborto y la eutanasia atentan contra la dignidad de la vida humana?”.

La pregunta parece muy pertinente. Pero no es fácil dar una respuesta. Porque sospecho que, en muchas ocasiones, el criterio de nuestra actuación no es el bien común o el respeto a la dignidad de la persona, sino nuestros intereses egoístas, el pensar solo en lo que consideramos nuestro beneficio inmediato, sin pararnos a medir las consecuencias de nuestros actos. Y en el caso de los políticos, el criterio de su actuación suele ser casi siempre (por no decir siempre) la búsqueda o la conservación del poder. Esto explica muchas de sus incoherencias, porque defendiendo una cosa y su contraria buscan los votos de los unos y de los otros. Y defendiendo una cosa y manifestándose en contra de otra buscan los votos de los que así piensan.

Cuando lo que predomina es el egoísmo es posible que nos encontremos con todas las combinaciones posibles: a favor del aborto y en contra de la eutanasia; a favor de la inmigración y del aborto; en contra la inmigración y en contra del aborto y la eutanasia.

Evidentemente, la postura cristiana es otra: a favor de la persona y, por tanto, en contra de todo lo que atenta contra su dignidad. Y eso se traduce en defender unas cosas y evitar otras, defender el derecho que tiene una persona a encontrar un lugar donde pueda vivir en paz, y defender el derecho a la vida del no nacido. Por tanto, buscar todos los medios que ayuden a las madres embarazadas en dificultades.

Por otra parte, tengo la impresión de que quienes socorren a los inmigrantes, a las madres en dificultades para que puedan dar a luz con paz y alegría, y ayudan con cuidados paliativos y cariño a los enfermos con padecimientos físicos que ellos consideran intolerables, suelen ser el mismo tipo de personas. Bastantes de ellas trabajan para Caritas o para instituciones de Iglesia. O colaboran con sus donativos. Pero esas personas no suelen hacer ruido, más bien actúan. Los que hacen ruido, los que gritan, los que se manifiestan, los que descalifican a los demás, no suelen ser lo que más ayudan a esos por los que dicen levantar la voz.

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17
Jun
2026
Misión sin temor
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misiónsintemor

El pasado domingo el Evangelio se refería a la gratuidad de la misión: “gratis habéis recibido, dad gratis”. El Evangelio del próximo domingo destaca otra de las condiciones que deben caracterizar al misionero de la fe: la necesidad de superar el temor. Pues aquel que anuncia el Evangelio –incluso yo me atrevería a decir que este es un buen baremo de la calidad del anuncio- puede encontrarse ante el hecho de que no sólo se le quitan facilidades (y esta contingencia requiere templanza para soportarla), sino que se le ponen expresamente dificultades (y esta contingencia requiere fortaleza para enfrentarla).

Ante las dificultades, muchos experimentan miedo. Y el miedo puede anular a la razón y llevar a la parálisis. O lo que sería peor: puede llevar a tratar de complacer al que nos causa miedo. Cuando el testigo del Evangelio siente miedo, es grande el riesgo de traicionar al Evangelio y convertirlo en un discurso que halague “a los hombres que no soportan la doctrina sana” (2 Tim 4,3).

Jesucristo, por el contrario, “rindió un hermoso testimonio ante Poncio Pilato” (1 Tim 6,13). Y, dando testimonio de la Verdad, con el riesgo de su vida, abrió para nosotros un camino, librándonos del temor a la muerte y a todo lo que nos mata, que hace que nos pasemos la vida viviendo como esclavos (cf. Heb 2,15). Si el testigo del Evangelio no es libre, deja de ser testigo.

Lo contrario del temor es la confianza. Para el testigo de la fe, la fuente de toda confianza es el “Padre”, que cuida de cada uno de sus testigos como no puede hacerlo ningún Padre de este mundo. Su cuidado alcanza hasta los más pequeños detalles: “hasta los cabellos de la cabeza”. La fuerza de la misión brota, en última instancia, del amor del Padre, que otorga confianza en medio de un ambiente hostil.

En este contexto de confianza hay que entender la exhortación final del Evangelio del domingo: si uno se pone de mi parte, yo también me pondré de su parte. Si uno me niega, yo también lo negaré. No se trata de una coacción. El testigo de la fe siempre es libre, libre incluso de no dar testimonio. Si anuncia el Evangelio no es porque esté coaccionado, sino porque sabe que ahí está el bien del ser humano. Pero también sabe que el Padre del cielo le acompaña en su misión, y que las palabras que dice proceden de una fuerza superior a él (cf. Mt 10.,20: “no seréis vosotros los que hablaréis…”). Una fuerza que actúa siempre con suavidad. Porque es la fuerza del amor recibido. Y el amor no puede contenerse: por eso se anuncia.

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13
Jun
2026
El Papa en unas islas grandes en humanidad
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papaleoncanarias

El pueblo español ha respondido a un magnífico León XIV. Digo bien el pueblo español, o sea, las muchas personas buenas y sencillas que le han escuchado y aplaudido, y se han aprovechado de las muchas cosas que ha dicho. Algunos políticos han buscado aprovecharse de su imagen. Peor aún, no han respondido. En el Congreso de los diputados, al día siguiente de que todos aplaudieran su discurso, en el que dijo que la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario, todo seguía como de costumbre, o sea, en vez de buscar juntos el bien de los ciudadanos, dentro de las legítimas diferencias, las descalificaciones mutuas eran lo habitual.

La visita pastoral del Papa ha terminado en las Islas Canarias, estas islas grandes en humanidad. León ha cumplido el deseo de Francisco que quiso ir allí, pero no pudo; y ha mostrado su cercanía y solidaridad con los muchos inmigrantes que se juegan la vida para llegar a estas islas, así como su agradecimiento a las muchas personas que les acogen y ayudan. La inmigración es un serio problema con muchas vertientes, pero lo fundamental es ayudar a las personas que llaman a nuestra puerta, huyendo del hambre, de la persecución y de la pobreza extrema.

Tanto los testimonios de los migrantes, y de las personas que les ayudan y acogen, como los discursos del Papa han sido impresionantes. El Papa no habló solo para los canarios, sino para toda Europa. Los europeos no podemos consentir que el Mediterráneo o el Atlántico se conviertan en cementerios sin lápidas. Somos responsables de la hermana y del hermano frágil, porque es nuestra propia carne. Y como es nuestra debemos cuidarla. Todos somos migrantes, también la Sagrada Familia de Nazaret, dijo el Papa. Y añado por mi cuenta: todos somos mestizos.

No se olvidó de los monstruos que se aprovechan de la desesperación: mafias que organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, esclavizan a mujeres y niños, y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Ni de las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo. Pero en Canarias se trataba de la acogida que debemos dar a los emigrantes. Y, como Papa, recordó que la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida es lo propio de la Iglesia, no puede ser algo secundario ni delegado a algunos voluntarios.

En su homilía en el Puerto de Santa Cruz, León XIV recordó que todos hemos nacido para “el encuentro”, y citó unas palabras del Vaticano II: “el hombre no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo”. Entrega a Dios, en primer lugar; y entrega a los hermanos. Y dijo esto en una isla como Tenerife, donde mucha gente pasa algún tiempo descansando y donde otra gente, menos afortunada, llega allí tras un viaje expuesto a peligros y violencias inenarrables. Frente a los que especulan con la desesperación, los cristianos debemos ser un reflejo del Señor que dice: “venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.

Gracias, Papa León, por tu presencia entre nosotros. Gracias por tus palabras proféticas y realistas. Gracias por tus palabras elogiosas con el pueblo español. ¡Hasta la próxima!

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12
Jun
2026
Misión gratuita
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misiongratuita

Tanto en la primera lectura como en el Evangelio del domingo 11 del ciclo A, se trata de una elección: Dios elige a un pueblo, Dios elige a un grupo de apóstoles. Pero, en contra de lo que pudiera parecer, esta elección no comporta privilegio alguno, sino nuevas responsabilidades. La elección se hace con vistas a una misión. Si el pueblo elegido se convierte en “propiedad” de Dios, no es menos cierto que “mía es toda la tierra”. En realidad, el pueblo es elegido para ser “un reino de sacerdotes y una nación santa”. Pueblo de sacerdotes: pueblo que alaba al Señor y canta sus maravillas; pueblo que da testimonio de la grandeza y la bondad de Dios. Nación santa: nación que refleja en su vida la santidad de Dios, el único santo, y al reflejarla se convierte en presencia de Dios ante los demás. Pueblo de sacerdotes y nación santa porque el pueblo está llamado a dar testimonio de lo que Dios hace con él, de la respuesta que Dios espera a su amor; y de lo que Dios quiere hacer con todos sin excepción, esperando de todos una respuesta que corresponda a su amor.

También los apóstoles son elegidos con vistas a una misión: “la mies es abundante” y se necesitan “trabajadores” para la mies. Esta tarea misionera no puede entenderse como proselitismo, como celo desmesurado para que los demás se pasen a mi bando. La misión es necesaria y urgente porque quién acoge la buena noticia siente como su vida se transforma y se llena de alegría. Es el bien del ser humano la razón de la misión. Por eso el misionero debe “expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad”. El anuncio del Evangelio produce un cambio de mentalidad (“espíritus inmundos”): al saber que Dios me ama, desaparecen mis miedos y mis complejos. Y es una sanación de la vida (“curar enfermedades”): no es un consuelo fácil y superficial, sino una transformación que afecta a todas las dimensiones de la existencia y que me hace más persona. La salvación alcanza a todas las dimensiones de lo humano, de modo que si el encuentro con Dios no te hizo más persona (¡y persona solidaria!) no fue a Dios a quién encontraste.

La misión brota de la fe, de la respuesta al Dios que me llama. Una fe que no se convierte en testimonio es una falsa fe, una incredulidad escondida. Por eso, todo creyente está llamado a la misión. Todo creyente es un testigo. Entre los doce primeros apóstoles que Jesús llamó había gente de todo tipo: gente con tendencias políticas diferentes, con talantes distintos, con posibilidades intelectuales diversas. Pero todos fueron llamados. Dios no hace acepción de personas. Llama a todos, principalmente a los “pecadores” (segunda lectura: “Cuando estábamos sin fuerzas, Cristo murió por los impíos”). Todos estamos invitados a dar testimonio de lo bueno que Dios ha sido con nosotros. Y de invitar a otros a tomar conciencia de cuanto les ama Dios, aunque también ellos sean pecadores.

Se trata de un testimonio gratuito. El amor es gratis. Se recibe gratis, se da gratis y se anuncia gratis. Fuera del contexto de la gratuidad podemos hablar de muchas cosas. Pero nunca de amor.

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10
Jun
2026
Un dominico y una dominica con el Papa en Barcelona
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Luciacaramconpapa

El dominico, que le recibió al pié del avión, es el Obispo de san Feliu, fray Xavier Gómez. Y la dominica es Sor Lucía Caram, que se ha encontrado con el Papa antes de que entrara en el estadio de Montjuic. Sor Lucía estaba acompañada por otras hermanas de su comunidad y un grupo de laicos, muchos de ellos jóvenes, que forman parte de la “comunidad” (una comunidad ampliada) del Convento de Santa Clara de Manresa. Y con ellos 31 ambulancias, conducidas por 60 conductores voluntarios que, en el momento en que escribo estas letras, están ya camino de Ucrania, llevando ayuda humanitaria, como ya hicieron en otra ocasión. El material y los vehículos quedarán en Ucrania para ayudar a aquella pobre gente. El Papa dio las gracias a Sor Lucía, y bendijo las ambulancias, aunque dijo que era más importante bendecir a los conductores, como así hizo. Sor Lucía expresó su deseo de que los kilómetros que iban a recorrer se convirtieran en caminos que conducen hacia la paz.

Fray Xavier Gómez acompañó al Papa al centro penitenciario de Can Brians. Él ha sido uno de los impulsores de esta visita. Ya antes de ser Obispo estaba preocupado por la situación de las personas en la cárcel. Tras escuchar los emotivos testimonios de dos internas, el Papa empezó diciendo que “todo ser humano es digno por el hecho de haber sido creado y amado por Dios”. Y por eso el amor misericordioso de Dios está por encima de todo lo que hayamos hecho. Afirmó algo que vale para todos, a saber, que “los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”. Y añadió que “el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones”.

Las preguntas que algunos jóvenes hicieron al Papa en la vigilia de oración en el estadio olímpico Lluis Companys y las respuestas de León XIV fueron impresionantes. Preguntaron cómo encontrar sentido en una sociedad que nos empuja a mirar hacia el suelo o solo a nosotros mismos, o sobre cómo ver a Dios en la oscuridad de la depresión. Quizás la pregunta más conmovedora e impactante fue la de una chica que preguntó cómo podía “perdonar” a su padre, que estaba en la cárcel, por haber intentado matar a su madre. La pregunta era sobre el perdón. En el perdón se avanza con pequeños pasos, dijo el Papa. Pero antes dijo que, si existe violencia, egoísmo y odio entre familiares, las preguntas hay que hacerlas a nuestra sociedad y a nosotros mismos, y no a Dios.

Este viaje apostólico está resultando muy fructífero. Hay algo que no se ha destacado pero que yo voy a decir con prudencia: las grandes medidas de seguridad que se han tomado eran necesarias.

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9
Jun
2026
Magnífico viaje de León XIV lleno de humanidad
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Leonxivenlascortes

Inspirándome en el título de la encíclica del Papa, me parece que podemos decir, sin duda alguna, que su viaje a España está siendo magnífico y lleno de humanidad. Magnífico, porque el pueblo español ha respondido con una presencia entusiasta y agradecida. Y lleno de humanidad, porque su fundamental preocupación ha sido el bien y la dignidad de la persona humana, pensando sobre todo en los más desfavorecidos, como pueden ser los inmigrantes, los presos, los pobres, y las víctimas de abusos dentro de la propia Iglesia.

Ante el pleno de las Cortes, León XIV dejo una serie de mensajes de los que deberían tomar buena nota nuestros políticos. Uno fundamental y muy necesario: la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. La gran pregunta que deben plantearse los legisladores es que concepción de la persona humana inspira las leyes y que tipo de sociedad construye esas leyes. A esta luz habría que analizar algunas grandes cuestiones, como la acogida del inmigrante y del refugiado, o el derecho a la vida de toda persona desde su concepción hasta su muerte natural. Otro asunto de primera importancia con repercusiones mundiales es la paz, pero una paz que no se construye sobre el negocio de las armas, sino sobre la solidaridad entre los pueblos.

En el discurso ante las Cortes hubo referencias al Quijote de Cervantes, a Unamuno (que recordaba que el hombre no se resigna a morir del todo), a Santa Taresa de Jesús, y a la Escuela de Salamanca, subrayando la aportación de sus grandes maestros (Francisco de Vitoria sobre todo) a los derechos humanos y a los límites del poder. He oído que algún diputado se preguntaba que era eso de la escuela de Salamanca. Peor que la ignorancia es el ridículo que hicieron otros entregando al Papa una carta de unas mujeres okupas, o hablándole en inglés e italiano, pensando así contribuir a que el Papa dijera en Barcelona más frases en catalán de las que ya lleva bien preparadas. Eso sí, el discurso fue muy aplaudido por todos. Aquí nadie quiso hacer el ridículo, aunque luego hubo algún que otro comentario sobre los controles para entrar en el Estado Vaticano.

A los Obispos les dejó también buenos mensajes. Recuerdo dos: la necesidad de formar adecuadamente (tanto en el terreno espiritual como en el teólogico) a los seminaristas; y el responder con verdad, justicia y reparación a aquellos que ha sido heridos por miembros del clero.

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7
Jun
2026
El Papa en un país complejo
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Papaenmadrid

El Papa está visitando algunos lugares importantes y significativos de España. Algunos, porque no puede ir a todos. Importantes, porque todos son importantes. Y significativos, porque la presencia del Papa en ellos es un signo de por donde deben ir las preocupaciones de todo buen cristiano, a saber, ser testigo de la fe, solidario con los pobres y necesitados, amante de la Eucaristía, fraterno y cariñoso con los cercanos, y sensible con los alejados.

Algunos se han dedicado a decir que no lo esperaban. Normal. Lo esperan los que le aprecian y creen que tiene algo importante que decirles. Los que no le esperan no hace falta que lo digan. Basta con que se queden tranquilos en su casa. Porque el mero hecho de proclamar en voz alta que no le esperan es una manera de manifestar lo importante que es el personaje que viene. Los que le esperan han desbordado calles y plazas. Le han escuchado con respeto y atención, le han aplaudido con entusiasmo, lo han aclamado con cariño.

El Papa ha dicho cosas importantes. Unas de las primeras está reflejada en el titulo de este artículo: España es un país complejo. En muchos sentidos, no cabe duda. Pero la complejidad no tiene que traducirse en enfrentamiento. El diálogo y el respeto mutuo, la escucha y la comprensión, no eliminan las diferencias, pero permiten acercarse, caminar juntos y hasta ver en la diferencia un motivo de riqueza. En su primer discurso, en el Palacio real, pensando sin duda en los políticos, el Papa habló de “reconciliación y cooperación entre las distintas fuerzas de esta nación”, e invitó “a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes y a la apreciación fecunda de la complejidad”.

Ante más de medio millón de jóvenes, unidos en torno a la adoración al Santísimo, en medio de un gran silencio en el que no se escuchaba ni un móvil, habló de oración, de escucha de la Palabra de Dios, de la belleza de la fe, de ser libres de las modas y discípulos de la verdad, de ser humanos, como Cristo, buscando la justicia y haciendo el bien a los demás. Y a la multitud, en la Misa del Corpus, le ha dejado claro que la devoción a la eucaristía no está en las alfombras florales o en la belleza de las custodias, sino en la fe en el Señor resucitado, presente y vivo en medio de nosotros; habló de la procesión como signo de un Jesús que no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro allí donde nos encontremos. Y añadió algo muy importante: arrodillarse ante el Señor va unido a arrodillarse ante el hermano, pues nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano.

Estoy convencido de que el discurso en el Congreso de los Diputados, el encuentro con los presos del centro penitenciario de Brians, la bendición de la torre de la Sagrada Familia de Barcelona y, por supuesto, el encuentro con los migrantes y con los que trabajan en su favor en las islas Canarias, volverán a depararnos palabras proféticas, llenas de evangelio y sabiduría, palabras que nos animarán a ser cada día mejores personas, mejores discípulos y mejores misioneros de Jesucristo.

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4
Jun
2026
Salvadora Hostia que abres la puerta del cielo
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Corpus2026

Con motivo de la fiesta del “Corpus” ofrezco algunos párrafos de una oración de Santo Tomás de Aquino, compuesta para ser recitada cuando asistía a una segunda Misa, pero no como celebrante: “Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, porque al contemplarte todo falla. Vista, tacto y gusto engañan, porque sólo se cree por el oído: creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios; nada es más cierto que esta Palabra de verdad. En la Cruz se escondía solo la Divinidad, pero aquí se esconde también la humanidad”.

Y recuerdo este texto poético, lleno del más grande amor y de la mejor teología:

“El Verbo que viene de lo alto
y no abandona la derecha del Padre,
salido para realizar su obra,
ha venido al atardecer de la vida.
Quien por su discípulo a la muerte
sería entregado a sus enemigos,
antes como comida de vida,
se entregó a los discípulos.
A ellos, bajo doble especie,
dio su carne y su sangre
para que en esta doble sustancia
se alimentara todo el hombre.
Al nacer se entregó como compañero,
al crecer se entregó como alimento;
al morir se entregó como precio;
al reinar se da como premio.
Oh, salvadora hostia
que abres la puerta del cielo,
en los ataques del enemigo
danos fuerza, concédenos auxilio”.

Acabo este muestrario con un breve fragmento de otro de sus himnos a la eucaristía:

“La carne es alimento y la sangre bebida:
mas Cristo está todo entero
bajo cada una de las dos especies.
Quién lo recibe no lo rompe,
no lo quebranta ni lo divide;
se recibe todo entero.
Recíbelo uno, lo reciben mil;
cada uno igual que los otros,
pues no se consume al ser tomado”.

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