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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

7
Jun
2026
El Papa en un país complejo
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Papaenmadrid

El Papa está visitando algunos lugares importantes y significativos de España. Algunos, porque no puede ir a todos. Importantes, porque todos son importantes. Y significativos, porque la presencia del Papa en ellos es un signo de por donde deben ir las preocupaciones de todo buen cristiano, a saber, ser testigo de la fe, solidario con los pobres y necesitados, amante de la Eucaristía, fraterno y cariñoso con los cercanos, y sensible con los alejados.

Algunos se han dedicado a decir que no lo esperaban. Normal. Lo esperan los que le aprecian y creen que tiene algo importante que decirles. Los que no le esperan no hace falta que lo digan. Basta con que se queden tranquilos en su casa. Porque el mero hecho de proclamar en voz alta que no le esperan es una manera de manifestar lo importante que es el personaje que viene. Los que le esperan han desbordado calles y plazas. Le han escuchado con respeto y atención, le han aplaudido con entusiasmo, lo han aclamado con cariño.

El Papa ha dicho cosas importantes. Unas de las primeras está reflejada en el titulo de este artículo: España es un país complejo. En muchos sentidos, no cabe duda. Pero la complejidad no tiene que traducirse en enfrentamiento. El diálogo y el respeto mutuo, la escucha y la comprensión, no eliminan las diferencias, pero permiten acercarse, caminar juntos y hasta ver en la diferencia un motivo de riqueza. En su primer discurso, en el Palacio real, pensando sin duda en los políticos, el Papa habló de “reconciliación y cooperación entre las distintas fuerzas de esta nación”, e invitó “a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes y a la apreciación fecunda de la complejidad”.

Ante más de medio millón de jóvenes, unidos en torno a la adoración al Santísimo, en medio de un gran silencio en el que no se escuchaba ni un móvil, habló de oración, de escucha de la Palabra de Dios, de la belleza de la fe, de ser libres de las modas y discípulos de la verdad, de ser humanos, como Cristo, buscando la justicia y haciendo el bien a los demás. Y a la multitud, en la Misa del Corpus, le ha dejado claro que la devoción a la eucaristía no está en las alfombras florales o en la belleza de las custodias, sino en la fe en el Señor resucitado, presente y vivo en medio de nosotros; habló de la procesión como signo de un Jesús que no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro allí donde nos encontremos. Y añadió algo muy importante: arrodillarse ante el Señor va unido a arrodillarse ante el hermano, pues nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano.

Estoy convencido de que el discurso en el Congreso de los Diputados, el encuentro con los presos del centro penitenciario de Brians, la bendición de la torre de la Sagrada Familia de Barcelona y, por supuesto, el encuentro con los migrantes y con los que trabajan en su favor en las islas Canarias, volverán a depararnos palabras proféticas, llenas de evangelio y sabiduría, palabras que nos animarán a ser cada día mejores personas, mejores discípulos y mejores misioneros de Jesucristo.

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4
Jun
2026
Salvadora Hostia que abres la puerta del cielo
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Corpus2026

Con motivo de la fiesta del “Corpus” ofrezco algunos párrafos de una oración de Santo Tomás de Aquino, compuesta para ser recitada cuando asistía a una segunda Misa, pero no como celebrante: “Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, porque al contemplarte todo falla. Vista, tacto y gusto engañan, porque sólo se cree por el oído: creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios; nada es más cierto que esta Palabra de verdad. En la Cruz se escondía solo la Divinidad, pero aquí se esconde también la humanidad”.

Y recuerdo este texto poético, lleno del más grande amor y de la mejor teología:

“El Verbo que viene de lo alto
y no abandona la derecha del Padre,
salido para realizar su obra,
ha venido al atardecer de la vida.
Quien por su discípulo a la muerte
sería entregado a sus enemigos,
antes como comida de vida,
se entregó a los discípulos.
A ellos, bajo doble especie,
dio su carne y su sangre
para que en esta doble sustancia
se alimentara todo el hombre.
Al nacer se entregó como compañero,
al crecer se entregó como alimento;
al morir se entregó como precio;
al reinar se da como premio.
Oh, salvadora hostia
que abres la puerta del cielo,
en los ataques del enemigo
danos fuerza, concédenos auxilio”.

Acabo este muestrario con un breve fragmento de otro de sus himnos a la eucaristía:

“La carne es alimento y la sangre bebida:
mas Cristo está todo entero
bajo cada una de las dos especies.
Quién lo recibe no lo rompe,
no lo quebranta ni lo divide;
se recibe todo entero.
Recíbelo uno, lo reciben mil;
cada uno igual que los otros,
pues no se consume al ser tomado”.

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31
May
2026
La encíclica de León XIV: ¿qué estamos construyendo?
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magnificahumanitas

No es fácil resumir la encíclica de León XIV, Magnifica humanitas. Quizás la pregunta, tomada de la encíclica, con la que he titulado mi artículo, puede ser la gran pregunta que recorre todo el texto papal: ¿qué estamos construyendo? Las innovaciones tecnológicas ¿contribuyen a hacer crecer a las personas y a los pueblos en fraternidad y en humanidad?

La encíclica no es exactamente una reflexión sobre la Inteligencia Artificial, aunque este sea su hilo conductor, sino una reflexión sobre un tiempo nuevo, como es el nuestro, en el que las nuevas tecnologías y, por supuesto, la inteligencia artificial, pueden ser muy útiles para mejorar nuestra vida, pero también ser obstáculos para vivir humanamente. Y no solo obstáculos, porque además de emplearse para bien pueden emplearse para mal, sino sobre todo porque este mal empleo condiciona, manipula, controla y orienta nuestra vida en direcciones inhumanas sin que seamos conscientes de ello, y hasta haciéndonos creer que lo malo es bueno. Un ejemplo de como los algoritmos controlan y manipulan la información que nos condiciona es el caso de la guerra: estamos tentados de pensar que no tendremos paz si no nos preparamos para el conflicto, sino no acumulamos armamento que mata a inocentes, si no detectamos al enemigo o no nos adelantamos a matarle.

El documento papal se sitúa dentro de la gran corriente de doctrina social de la Iglesia, que comenzó con la Rerum novarum de León XIII. En aquel momento había “cosas nuevas”, aparecían situaciones que exigían una palabra del Magisterio para iluminarlas a la luz del Evangelio. Pues bien, hoy la tecnología ha condicionado de forma inesperada la condición humana. De ahí la necesidad de una palabra del Magisterio, que ilumine los nuevos cambios que implican no solo nuevas necesidades y posibilidades, sino sobre todo nuevos comportamientos. “El progreso técnico, valioso en sí mismo, requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue”. Ser más poderosos no significa necesariamente ser mejores. Tener más no significa ser más. Con el “tener más” pudiera suceder que la persona fuera “valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece”.

La inteligencia artificial nunca es un hecho puramente técnico. No es moralmente neutral. No tiene conciencia. Entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad. Las inteligencias artificiales no poseen cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones, ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. No conocen la misericordia, el perdón, la esperanza de cambio, pudiendo así producir nuevas formas de descarte. Cuando la técnica deja de ser instrumento y se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz.

Algunos interpretan el progreso como la superación del ser humano, con los nombres de transhumanismo y posthumanismo. Es el sueño de superar los límites de la condición humana, consiguiendo así una humanidad nueva (incluso hibridada con la máquina). Pero los límites y fragilidad de la humanidad no es un error que haya que corregir, pues los cristianos sabemos que “el ser humano no florece a pesar del límite, sino dentro del límite”. Y que, al entrar el Verbo de Dios en nuestros límites, apareció precisamente el “Hombre perfecto”, la perfección de lo humano, una magnifica humanidad. Allí donde la humanidad corre el riesgo de perder su rostro, los cristianos alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, donde se esclarece del misterio del hombre. Ninguna máquina puede sustituir esta magnifica humanidad revelada en Cristo.

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28
May
2026
Santísima Trinidad, una fiesta distinta
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trinidad2026

La fiesta de la Santísima Trinidad tiene una peculiaridad que la hace distinta de todas las demás fiestas del año litúrgico. A lo largo del año vamos recordando y celebrando los distintos momentos de la vida de Jesús. El año litúrgico tiene dos grandes ciclos: el de Adviento y Navidad; y el de Cuaresma y Pascua. Celebramos el comienzo de la gran historia de salvación y su culminación. A lo largo de los otros domingos vamos recordando las palabras y la predicación de Jesús, sus enseñanzas sobre el Reino de Dios, y sus obras y milagros que lo acreditan como el enviado de Dios.

La fiesta de la santísima Trinidad no celebra un acontecimiento, sino la fuente de todos los acontecimientos: Dios mismo. Pero no un Dios cualquiera, sino un Dios que es Amor, solo Amor y nada más que Amor. Y, por eso, solo puede amar. Pero no hay amor sin relaciones mutuas. Para que pueda haber amor, en la intimidad de Dios hay relaciones. Ese misterio de relaciones es el misterio trinitario. Este es el misterio de nuestra fe, tal como lo confesamos en el Credo. Precisamente porque Dios es Amor, el ser humano no es el súbdito pasivo de un ser soberano, un patrono despótico o un monarca plenipotenciario.

La profesión de fe, el Credo, el objeto de la fe cristiana es Dios, confesado como Padre creador, que ha enviado a su Hijo al mundo por amor al mundo, y nos entrega su Espíritu para que podamos vivir en consonancia con lo que Dios es. Precisamente porque Dios es un Dios de relaciones personales, puede relacionarse personalmente con cada ser humano: cada uno de nosotros somos hijos del Padre, hermanos del Hijo y templos o sagrarios del Espíritu. Porque Dios es Amor no está alejado de nosotros. En Jesucristo, Dios se hace tan cercano que se convierte en hombre. Es imposible estar más cerca. Es uno de nosotros, vive con nosotros, para nosotros y en nosotros.

Los filósofos griegos, por ejemplo, Aristóteles, al igual de las grandes religiones de la humanidad, supieron que hay un solo Dios. Pero Aristóteles estaba convencido de que este Dios no necesita nada y no ama, no puede tener relaciones con nosotros. Al Dios aristotélico, los humanos no le importamos nada. ¿A cuenta de qué se iba a interesar por nosotros un ser omnipotente y autosuficiente? Por el contrario, el Dios cristiano no es un motor inmóvil, que hace funcionar el universo, pero no se relaciona con nadie; no es pura y profunda energía, respiración universal que da vida y sostiene todo lo que existe (Upanishad, textos sagrados de la India); no es poder soberano. El Dios bíblico es un ser personal que llama y espera respuesta, que pregunta y escucha, que “ama personalmente” con pasión. Y ama porque es Amor (1 Jn 4,8.16).

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24
May
2026
Vida contemplativa, ¿por y para quién eres?
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proorantibus2026

El domingo de la Santísima Trinidad, la Iglesia española celebra el llamado día “pro orantibus”, o sea, por la vida contemplativa. Lo de “pro orantibus”, aunque debería poder aplicarse a todo cristiano, pues se supone que todos rezamos, se dice especialmente de aquellas y aquellos que hacen de la oración el eje de su toda su vida. Estamos hablando pues de monjas y monjes.

Todas las jornadas tienen un lema. En 2026, el lema es: “Vida contemplativa, ¿por quién eres?”. La frase está en sintonía y continuidad con los lemas del Congreso de Vocaciones que tuvo lugar en febrero de 2025 y con el de la pasada jornada mundial de la Vida Consagrada: “Vida consagrada, ¿para quién eres?”. Por quién, para quién, dos modos de formular una misma pregunta que pueden iluminar toda la vida cristiana. Este “quién” es fundamental, pues la referencia de la vida contemplativa no es “algo”, un ideal o una causa que defender, sino un “Alguien”, el Dios personal revelado en Jesucristo y también las personas que forman la comunidad y las otras personas por las que oran monjes y monjas y con las que se solidarizan.

En un mundo donde hay mucho individualismo, donde prima lo instrumental y lo utilitario, quizás alguno podría pensar que las buenas preguntas no son las del “ser” (por quién eres), sino las del “hacer”: ¿qué haces?, ¿para qué sirves?, ¿de verdad que la oración sirve para algo? Desde luego, no sirve para que a uno le aumenten el sueldo o le den un mejor puesto de trabajo. Quizás podría servir para que un buen cristiano cobrara conciencia de que el dinero no lo es todo en la vida y de que, si uno tiene lo necesario para vivir, es bueno dar gracias a Dios por ello. Y también sirve para serenar la vida y encontrar esa paz que el mundo no puede dar.

La tentación de juzgar la vida contemplativa por criterios utilitarios es grande. En bastantes ocasiones, a las monjas se les hacen este tipo de preguntas: ¿a qué hora os levantáis, a qué hora os acostáis, tenéis televisión, en qué trabajáis? Las monjas y los monjes dedican su vida a buscar a Dios por medio de la oración contemplativa. Porque la oración, más que pedir, es cobrar conciencia del amor y la bondad de Dios, así como de las maravillas que obra en mi vida, en la vida de los demás y en el mundo. Y darle gracias por ello. Orar es proclamar la grandeza del Señor y alegrarse de sus beneficios. A eso estamos todos llamados, porque en eso está la vida. Monjas y monjes nos lo recuerdan.

Junto con el verbo orar hay otros dos que definen la vida contemplativa: trabajar y leer. Trabajar, porque las y los contemplativos, como todo ser humano, deben ganarse el pan con el sudor de su frente. Y leer, sobre todo buena teología, para conocer mejor al Amado y fundamentar la vida espiritual en la verdad revelada y no en emociones o sentimientos. La oración se prolonga en la teología y la buena teología nos lleva a la oración. “Reza, trabaja y lee” es una ampliación del célebre lema benedictino “ora et labora”. En el equilibro entre estos aspectos (espiritualidad, trabajo y buena lectura), vividos en la fraternidad comunitaria, está la clave de una vida monástica feliz: contemplar a un Dios Comunión de Amor y de Vida, que quiere para todos y cada uno un presente y un futuro lleno de amor y vida.

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21
May
2026
Todos hablan en todas las lenguas
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Pentecostes2026

El año litúrgico se organiza en tres ciclos que rotan cada tres años y de esta forma los que asisten a la eucaristía dominical se enriquecen con la escucha de los textos más fundamentales de la Escritura. Pero hay un domingo en el que la primera lectura es la misma para los tres ciclos, el domingo de Pentecostés. Esta primera lectura está tomada del libro de los Hechos y en ella se narra cómo nace la Iglesia. Nace cuando todos hablan en todas las lenguas y cada uno escucha a los Apóstoles hablar en su propia lengua. Desde el primer momento, la Iglesia es universal. Quién hace posible esta universalidad, cuya expresión es el mutuo entendimiento, es el Espíritu Santo, que crea comprensión y abre fronteras.

Se ha hecho notar, con razón, que Pentecostés es la cara opuesta de Babel, “donde todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras” (Gen 11,1). Hablando el mismo lenguaje se entendieron para enfrentarse con Yahvé y de este modo terminaron por no entenderse entre ellos, por separarse, yendo cada uno por su lado. El mal solo une aparentemente y termina siempre separando. Esta es una buena imagen de nuestra situación. En nuestro mundo moderno, aunque no todos hablamos la misma lengua, tenemos muchos medios para comprender lo que decimos, pero no estamos unidos. Hay un exceso de individualismo y de búsqueda del propio provecho a costa de los demás. Eso ocurre tanto a niveles individuales como a niveles sociales y políticos. El mundo está en guerra. No es el Espíritu Santo el que inspira a los guerreros, sino el espíritu diabólico. Mientras el Espíritu Santo da paz y alegría, el espíritu diabólico separa y entristece.

Cierto, también en nuestro mundo hay personas que buscan la paz y el entendimiento. Ellas, sean o no cristianas, están movidas, aunque no lo sepan, por el Espíritu Santo. Según el relato de los Hechos, cuando los apóstoles estaban reunidos en el mismo lugar, el Espíritu se hizo presente como un fuerte viento y como lenguas de fuego. El viento y el fuego del Espíritu no son destructores, sino fortalecedores y creadores. El viento es el aliento de Dios; el fuego es purificador. Uno y otro empujan a los discípulos a salir del lugar en donde están para dar testimonio de Jesús, crear comunión y fortalecer la unidad: “pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo” (1 Cor 12,13).

El Espíritu no sabe de preferencias lingüísticas o de prioridades nacionales. Solo sabe de amor, paz, alegría y encuentro. Un buen católico habla todas las lenguas, o sea, se entiende con todo el mundo. Y para él no existen las fronteras. Pues la Iglesia católica es sacramento de unidad, o sea, signo de aquello a lo que toda la humanidad está llamada.

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17
May
2026
¿Qué tienen en común sexualidad y sábado?
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jardin2026

Los dos primeros capítulos de la Biblia nos relatan, en un lenguaje poético, la obra creadora de Dios que culmina el sexto día con la creación del ser humano a su imagen y semejanza. Después de crear, por su Palabra, los cielos y la tierra, el mundo animal y el mundo vegetal, parece como si Dios deliberara consigo mismo antes de crear al ser humano. De hablar en primera persona del singular, Dios pasa a hablar en primera persona del plural: “hagamos al ser humano”. Y este Dios que habla en plural crea un ser humano que es plural. Por eso no le encarga en singular que “mande” sobre los peces, las aves y las bestias, sino que “manden”. E inmediatamente queda claro el motivo de este plural: creo al ser humano a imagen suya, macho y hembra los creo (Gen 1,27).

La persona en singular no existe. Solo existe en relación. La diferencia sexual es la primera expresión de que estamos hechos el uno para el otro, de que somos seres relacionales, y que solo en el encuentro con el otro nos encontramos a nosotros mismos. La diferencia sexual es el prototipo biológico de una verdad de amplio alcance: el hombre es un ser social y no puede desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás. El ser humano solo realiza su carácter de imagen de Dios y, por tanto, solo encuentra su propia plenitud, cuando vive en comunión con sus semejantes y los reconoce como hermanos. La fraternidad humana, el hecho de que estamos hechos los unos para los otros, encuentra su primera expresión en la entrega del varón a lo mujer y en el hecho de que ambos son el uno para el otro la única “ayuda adecuada” (Gen 2,19).

En este relato de la creación hay otro detalle muy interesante: el ser humano fue creado el día sexto. Cuando todo estaba ya hecho, cuando no había nada que hacer, entonces, el día sexto aparece el hombre, en función del día séptimo, que es el día del descanso de Dios (Gen 2,2-3). Recién venido al ser, el hombre no se encuentra con el agobio del trabajo, sino con el gozo del descanso, con la posibilidad de entrar en el sábado, en el ámbito de la celebración festiva de su relación con Dios. El reposo del sábado revela al hombre que la salvación no está en la obra de sus manos, sino en el abandonarse a Dios. El sábado las manos deben estar desocupadas, para mejor unirse con Dios, para abrazarle.

El sexo y el sábado son para que nos volvamos hacia el otro, para que no pensemos que por nosotros mismos lo somos todo. No somos los dueños de nuestra vida, no somos dioses. Solo nos encontramos cuando nos abrimos al hermano y nos abrimos a Dios. El sexo y el sábado revelan la imagen de Dios. Los dos abren a otro, el sexo a lo que nos une a la tierra, el sábado a lo que nos une al cielo. No somos humanos, “Hombres” (varón y mujer) completos más que en comunión con los hermanos y en comunión con Dios. Por nosotros mismos no podemos nada. En relación podemos todo. Por nosotros mismos solo encontramos la soledad y el vacío. En relación encontramos el amor que llena nuestra vida de sentido.

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14
May
2026
Paradojas de la Ascensión
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ascensiónjesus2026

San Agustín hace notar algunas de las paradojas que comporta el misterio de la Ascensión. La Ascensión implica que Jesús deja esta tierra para subir al cielo. Y, sin embargo, nota el santo, “como él ascendió sin alejarse de nosotros, nosotros estamos ya allí con él”. ¿Cómo es posible estar con Jesús en el cielo cuando todavía estamos en la tierra? Agustín resuelve el dilema diciendo que “estamos ya allí con él, aún cuando todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que nos ha sido prometido”. O sea, estamos ya en el cielo con Jesús en esperanza, porque la promesa de algún modo anticipa ya lo prometido.

Otra paradoja: “Él ha sido elevado ya a lo más alto de los cielos; sin embargo, continúa sufriendo en la tierra a través de las fatigas que experimentan sus miembros”. Jesús desde el cielo sufre en cada persona que sufre, porque está presente sacramentalmente en todo ser humano, sobre todo en el pequeño y en el desvalido. Al respecto, san Agustín recuerda el texto de Mt 25,35: “tuve hambre y me distéis de comer”. En el hambriento está presente el Señor Jesús.

Tercera paradoja: “él está allí (en los cielos), pero continúa estando con nosotros; asimismo, nosotros, estando aquí, estamos también con él allí”. ¿Cómo es esto posible? Porque la fe, la esperanza y la caridad son las tres actitudes que, ya en este mundo, nos unen directamente con Dios. Si esto es así, por la fe, la esperanza y la caridad estamos ya participando de la vida futura, y el Dios del cielo se hace presente en cada creyente. Aclara el santo: “él está con nosotros por su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos realizar esto como él por la divinidad, lo podemos sin embargo por el amor hacia él”.

Nueva paradoja: “Él, cuando bajó a nosotros, no dejó el cielo; tampoco nos ha dejado a nosotros, al volver al cielo”. Esto es así, explica el santo, en razón de la unidad que existe entre él, nuestra cabeza, y nosotros, su cuerpo. Y recuerda que san Pablo afirma que Cristo es la cabeza de un cuerpo con muchos miembros, que somos nosotros. La cabeza no puede estar separada del cuerpo. “La unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza”, remacha Agustín. Y concluye: “bajó del cielo por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también con él por la gracia”.

Estas paradojas nos llevan a una conclusión: la Ascensión no aleja a Cristo de este mundo. Sigue estando con nosotros de muchas maneras (en su Palabra, en los sacramentos, en el prójimo necesitado), distintas de su modo de estar mientras anunciaba por los caminos de Galilea el Reino de Dios, pero no menos reales. En su Ascensión, Cristo abre el camino por donde también nosotros estamos llamados a ir al cielo. Y en el cielo nos tiene muy presentes, recordándonos en todo instante, por medio de su permanente oración por nosotros, pues como dice la liturgia en uno de sus prefacios, “habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo, ahora intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu”.

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10
May
2026
Tiempo pascual, tiempo de confirmaciones
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confirmaciones

El tiempo de Pascua suele ser un tiempo propicio para organizar primeras comuniones. También es un tiempo propicio para confirmaciones. De hecho, en estos meses de abril y mayo, yo mismo he administrado en distintos lugares el sacramento de la confirmación. Incluso he tenido ocasión de administrar a algunos adultos los tres sacramentos de la iniciación cristiana.

La confirmación, como su mismo nombre indica, es una confirmación del bautismo, con ella se recibe la plenitud de la gracia bautismal, aunque también es algo más: en ella se recibe el don del Espíritu Santo. Por eso, en el caso del bautismo de adultos se administran en la misma ceremonia los dos sacramentos, o mejor los tres: bautismo, confirmación y eucaristía. En el bautismo de niños no tiene sentido ir más allá del bautismo, a la espera de que el niño pueda decir con toda conciencia y responsabilidad que quiere confirmarse y, entonces, es un buen momento para ratificar personalmente la profesión de fe que en su nombre hicieron los padres y padrinos en el momento de su bautismo.

Quiero con eso dejar claro que el bautismo de niños tiene su sentido. No vale el argumento: “ya se bautizarán cuando sean mayores y lo pidan personalmente”. De la misma forma que los padres toman decisiones que serán importantes para la vida del niño, como por ejemplo, en que colegio estudiar, que lengua enseñarle, que vacunas administrarle, también son responsables de tomar decisiones que serán importantes para su vida religiosa: no es lo mismo educar a un niño o niña como miembro de una comunidad cristiana de personas que quieren vivir a fondo el Evangelio y seguir a Jesús, que educarle fuera de esta comunidad, recibiendo otras influencias, algunas incluso poco convenientes.

La ratificación personal de la fe bautismal la hace el joven en el momento de la confirmación. Allí, en primera persona del singular, afirma que quiere renunciar al pecado y que cree en el Dios que Jesús revela como Padre y nos envía su Espíritu de amor. Porque nadie puede creer por mi, ni siquiera la Iglesia. La fe es un acto personal e intransferible, del que solo yo soy responsable. Otros pueden ayudarme a vivir mi fe, a consolidarla, pero no pueden creer por mi. El responsable soy yo.

La confirmación confiere profundidad y eficacia a la gracia bautismal, nos introduce más profundamente en la filiación divina, nos une más firmemente a Cristo, hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia y, finalmente, nos confiere la fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe con nuestras palabras y nuestras obras, y ser así testigos valientes y creíbles de Jesucristo.

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7
May
2026
Dar razones de la esperanza
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marycosta02

La liturgia del sexto domingo de Pascua nos ofrece una lectura de la primera carta del apóstol Pedro en la que se exhorta a todos los cristianos a estar siempre dispuestos para dar explicaciones a todo el que nos pida razones de nuestra esperanza. El contexto en el que el autor de la carta hace esta exhortación es de persecución y de martirio. En los momentos de prueba y de dificultad, los cristianos debemos estar dispuestos a dar un testimonio valiente de nuestra fe. Pero, añade inmediatamente el apóstol, eso no puede hacerse de cualquier manera.

El creyente está dispuesto a dar razones de su esperanza, pero ¡no de forma triunfalista!, sino “con buenos modos y respeto” (1 Pe 3,16), es decir, nunca siendo violentos. Pues el creyente sigue las huellas de Cristo: “cuando le insultaban no devolvía el insulto, en su pasión no profería amenazas” (1 Pe 2,21-24). Tampoco el creyente devuelve mal por mal ni insulto por insulto; al contrario, “responde con una bendición” (1 Pe 3,9). Y si tiene que proclamar el mensaje, “insistiendo a tiempo y a destiempo” (2 Tim 4,2), o sea, oportuna e inoportunamente, en los momentos fáciles y difíciles, no puede hacerlo de cualquier modo, sino con toda comprensión y pedagogía, sin perder nunca el control, “soportando lo adverso” (2 Tim 4,3.5). La fe cristiana no se impone, se propone. No emplea los trucos de la publicidad. La mansedumbre y la bondad son esenciales a la fe cristiana.

Las explicaciones de las que habla nuestro texto, también podrían traducirse por “dar respuesta”. La palabra griega original es “apología”. Apología es el discurso que el buen abogado hace ante el tribunal para defender a su cliente. El cristiano, al dar explicaciones de su fe, debe hacerlo con una exposición inteligente e inteligible. Porque si no se le entiende las explicaciones no sirven de nada, y si no son inteligentes, o sea, buenas, atractivas, bien razonadas y explicadas, entonces no convencen. Los cristianos debemos estar preparados. No se trata solo de decir lo que creemos, sino por qué creemos, cómo creemos, qué sentido y qué consecuencias tiene eso que creemos. La fe cristiana pretende que en ella se decide la vida del ser humano, pues el que crea se salvará. Si esto es así, su presentación debe causar algún impacto, suscitar algún interés, remover las fibras del alma, despertar deseos de mejor conocer.

Finalmente, el texto habla de dar razones no solo de la fe, sino de la esperanza. Fe y esperanza van siempre unidas. Pero la esperanza se refiere a la fe realizada en el futuro. Esperamos lo que creemos. La esperanza responde a la pregunta sobre el sentido de la vida. Porque la vida tiene sentido, los cristianos viven de forma distinta. Esta nueva forma de vivir es lo que, al final, resulta ser lo más convincente. Vivimos de esta forma (en el amor, el perdón y la solidaridad) porque creemos en Dios que es amor, perdón y comunión.

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