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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

25
Nov
2020
Arte, resplandor cargado de futuro
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felix

El artista se dedica a practicar alguna de las bellas artes, por ejemplo, la poesía o la pintura. El poeta sabe expresar la verdad por medio de imágenes que llaman la atención a la inteligencia y la hacen pensar. Dígase lo mismo del pintor: para expresar la verdad, o mantener la esperanza en tiempos de desesperanza, utiliza colores armoniosos que complacen a los ojos del cuerpo y hacen pensar a los ojos del alma. El buen arte es un bombardeo de sensaciones que despiertan la conciencia.

El arte está al alcance de todos. Tiene la marca de la gratuidad. Si solo es negocio no es arte. Tampoco es arte si no transmite valores positivos. En la mentira o en el resentimiento no hay belleza. Cuando falta la verdad no hay arte, hay artimaña. En contextos hostiles, cuando hablar con claridad es peligroso, el arte manifiesta la verdad de forma alusiva o indirecta. Se necesitan entonces algunas claves para entender el juego de las palabras o la armonía de los colores.

A veces el arte necesita tiempo para conseguir su objetivo. Como resulta llamativo, tiene la ventaja de mantenerse en el tiempo, y esperar su momento. El buen arte está cargado de futuro. A todos interpela, pero no a todos de la misma manera, porque no todos son amantes de la verdad. Hay quién prefiere a Platón. Unos se quedan en la superficie, otros prefieren las artimañas, otros no entienden nada. Lo hay que entienden, pero reniegan del arte con mil argumentos. Otros entienden y comulgan con el mensaje. Esos sienten que su alma se serena a la espera de mejores momentos.

En el arte se pone la vida. Por eso el artista, en ocasiones, trasluce las sombras de la vida. Pero sabe orientar, más allá de las sombras, a la luz que pugna por salir. Como dice Gabriel Celaya, el artista toma partido y su arte golpea las tinieblas. Espera con paciencia el momento del florecer. Mientras tanto es posible que alguna lágrima suavice la presión de la espera cuando esta espera es contra toda esperanza.

El cuadro que acompaña al artículo es de Félix Hernández

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20
Nov
2020
Sobre el covid-19: sugerencias e incongruencias
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virus

La responsabilidad es un bien escaso. Si la población fuera responsable se habrían evitado muchos contagios y fallecimientos por el covid-19 y otras enfermedades. Hay que tener en cuenta que los recursos sanitarios son limitados. Por tanto, hay que repartir esos recursos según las necesidades de la población: infecciones, cánceres, enfermedades degenerativas, en prevención, tratamiento, rehabilitación, investigación, personal.

Dicho lo anterior, me hago eco de la sugerencia que me envía una persona amiga, que conoce bien el mundo de la sanidad. Comprendo que su propuesta es difícil de realizar, porque, a veces, no es fácil delimitar responsabilidades. Aún así, creo que vale la pena difundirla. Reproduzco literalmente del texto que me envía:

“Si una persona o varias tienen conductas de riesgo, produciendo un daño a la población, actualmente con el covid-19 se les pone una multa. Pero si son jóvenes, la pagan los padres, y si son insolventes, … Una cuestión que molesta a los usuarios del sistema sanitario es pagar por la sanidad, ya que todos pagamos impuestos para tener una sanidad gratuita. Pero, en el caso de saber que se ha cometido una imprudencia con daño, podrían pagar un 10% del coste de su estancia hospitalaria (utilizar el mismo porcentaje que se utilizó años atrás con las recetas) o pagar el coste de las pruebas PCR. Y/o hacer servicios a la comunidad durante un tiempo determinado, para revertir el daño producido a esta. Es la mejor forma de ver las consecuencias de la enfermedad. Podrían ayudar a nuestros celadores, ya que están controlados y tienen un contacto con los pacientes.

Esto serviría no sólo para la situación actual, sino para otras prácticas de riesgo. Por ejemplo, tenemos pacientes a los que se les ha dado tratamiento para la hepatitis C, se han negativizado y han tenido prácticas de riesgo, con lo que no sólo han vuelto a tener un brote de hepatitis, sino que se han contagiado con VHI. Estos tratamientos por sí ya son suficientemente caros. Y si hay que repartir nuestros recursos limitados para sanidad, ¿en qué utilizamos los presupuestos?”

Y tras la propuesta, algunas preguntas que me parecen interesantes: ¿Cómo es posible que en la documentación que facilita a los sanitarios el Ministerio de Sanidad se diga que exactamente no se sabe cuándo empieza y deja de contagiar el covi-19 y, a la vez, reduzcan los tiempos de aislamiento? Es decir, se ha comprobado que los 14 días de aislamiento tras contacto con positivo, disminuyen los contagios. ¿Por qué se han reducido estos días a 10? Justo en este tiempo, ha habido un aumento de los casos.

Por otra parte, el discurso de nuestro presidente del gobierno incide en la importancia de tener una vacuna. ¿Por qué? ¿Y si no es efectiva como ocurrió con la vacuna de la tuberculosis? Que además se transmite como el covid-19. ¿Y el hoy? ¿Qué hacemos para vivir bien o mejor con el nuevo virus? Me da la sensación de que el gobierno no está asumiendo responsabilidades.

¿Por qué hasta ahora no se han pedido PCR a la gente que entra a nuestro país tanto si es por trabajo, como por ocio? ¿Por qué en nuestros hospitales y residencias de tercera edad, cuando el personal se ha incorporado de vacaciones no se ha hecho PCR para ver en qué condiciones se incorporaban a trabajar? ¿Se han hecho PCR a los profesores antes de empezar las clases? Teniendo siempre en cuenta que la PCR tiene una efectividad del 70%.

Todas las decisiones que se tomen, tienen consecuencias. Pero si hay malas consecuencias, éstas no tienen por qué acarrear otras malas. Por ejemplo, si lo que se ha decidido hasta el momento ha hecho que suban los casos de contagiados, algo se está haciendo mal. Y no por eso hay que sugerir que se quiten días libres al personal sanitario. Hasta el momento, sólo se hizo en plena crisis. Peso se ha vuelto a comentar.

¿Cómo es posible que en los colegios se esté llevando a rajatabla las distancias sociales y en el transporte público no?

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18
Nov
2020
¿Dónde está tu Dios?
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dondeestá

Al menos en tres ocasiones, el Salmista (42,4; 79,10; 115,2) confiesa angustiado que “las gentes” le preguntan: ¿dónde está tu Dios? La pregunta surge en situaciones de crisis o de desaliento (“las lágrimas son mi pan día y noche”; “estamos abatidos”), cuando parece que es más difícil y complicado responder. También a Jesús, en una situación de crisis absoluta, le preguntaban por qué no se salvaba, él que decía tener a Dios por Padre. Si acudimos al libro de los Salmos en busca de una respuesta, quizás nos decepcionemos. Porque no hay respuesta, al menos no hay respuesta directa como las que gustan a las mentalidades prácticas y utilitarias. Hay una vaga esperanza (“espera en Dios, que volverás a alabarlo”), una balbuciente oración (“llegue hasta ti el suspiro del cautivo”), o una afirmación incomprobable: “nuestro Dios está en el cielo, y todo lo que quiere lo hace”.

También a Jesús le hicieron una pregunta parecida y bien directa: “¿dónde está tu Padre?” (Jn 8,19). La respuesta de Jesús orienta en una buena dirección: conociéndome a mí o mirándome a mí, se conoce al Padre. Esta es la buena respuesta del creyente, consciente de una cosa: que a Dios solo se le ve en la mediación de una humanidad (la de Jesús o la del cristiano) y toda humanidad es ambigua; por eso, lo que en ella se ve depende de la mirada del observador: solo se ve bien con el corazón; con los ojos uno puede ver cualquier cosa. Por eso, cuando se trata de cuestiones fundamentales cada uno ve lo que quiere ver.

Con todo ya es un dato importante que nos pregunten. Porque, si nos preguntan, eso significa que, a pesar de nuestras deficiencias y limitaciones, hay algo en nosotros que provoca preguntas religiosas. Yo diría que incluso a pesar de nuestros pecados. Y es que, hay modos y modos de pecar. Los hay que pecan y se quedan a gusto; los hay que pecan y se quedan disgustados. Cuando uno ve el disgusto del pecador, la gente que entiende que en el pecado debería haber encontrado mucho gusto, se pregunta qué tipo de pecador es este que peca a disgusto.

La pregunta: ¿dónde está tu Dios?, puede tener muchas variantes y hacerse de muchas maneras. La pregunta nos la hacen los que dudan de la existencia de Dios, o los que critican a la Iglesia (unas veces con razón y otras con mala intención); nos la hacen los indiferentes y aquellos que manifiestan (como dice Francisco) una gran sed de Dios o buscan respuesta a la pregunta por el sentido de la vida; nos la hace tanta gente instalada en el sufrimiento y que busca desesperadamente un poco de esperanza. ¿Sabremos los creyentes detectar esa pregunta? ¿Sabremos responderla pacíficamente, sin sentirnos atacados? Hay preguntas que sólo pueden responderse desde la paz y la paciencia. Cuando se responde defensivamente y, no digamos, atacando, se responde mal.

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14
Nov
2020
La sabiduría brota del amor
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luzdealto

Decía en mi anterior entrega que lo distintivo del sabio es la prudencia y la sensatez con la que usa sus conocimientos. Este último aspecto es decisivo. Hay personas que no han tenido la oportunidad de estudiar, pero son realmente sabias, ya que lo que saben lo usan para ayudar a los demás y vivir bondadosamente. La buena sabiduría brota del amor. No es extraño que San Pablo contraponga la “sabiduría de este mundo” a la “sabiduría divina” (1 Cor 1,20), y califique a la sabiduría de este mundo de “necedad a los ojos de Dios” (1 Cor 3,19). Está claro: la sabiduría de este mundo sólo piensa en el propio beneficio y en el propio interés. En cambio, la divina brota del amor y encuentra en la entrega total de Cristo en la Cruz, como expresión suprema de amor y perdón, su expresión más acabada (1 Cor 1,23-31).

Los contemporáneos de Jesús recuerdan su sabiduría al contraponer su enseñanza a la de los escribas. Estos últimos conocían muy bien la ley, pero no eran sensibles a las necesidades de las personas; a los escribas les importaba su prestigio personal y el que se reconociese su “mando en plaza”. A Jesús le importa la persona, fatigada y cansada, necesitada de comprensión y alivio. Por eso sus palabras son conformes a las que el Antiguo Testamento atribuye a la Sabiduría divina. El texto de Mt 11,28-30 (venid a mi los que estáis fatigados y yo os daré descanso) se corresponde con Eclo 24,19-20 (quien venga a mi no tendrá ya hambre porque mi heredad es más dulce que la miel).

Jesús promete a los suyos el don de la sabiduría (Lc 21,15). María es el mejor modelo del creyente que acoge esta sabiduría divina que resplandece en Jesús. Después de haber acogido la palabra del ángel que le anuncia que concebirá a uno que “será grande” porque será “hijo del Altísimo”, María se puso en camino y entró en casa de Zacarías (Lc 1,39-45). ¿Qué busca María en casa de Zacarías? Una piadosa respuesta sería: ayudar a su parienta embaraza. Hay una respuesta teológica más apropiada. Zacarías significa “memoria, recuerdo”. María acude a la casa de la memoria, a la casa de la sabiduría. María acude a los sabios de Israel, a los ancianos, representados por Zacarías e Isabel. En la casa de la sabiduría ocurren cosas sorprendentes. En primer lugar, María experimenta la alegría que brota del fruto de su vientre. Y luego escucha la primera bienaventuranza que aparece en el evangelio: “dichosa tú que has creído”. Es la bienaventuranza de la fe, que todos podemos abrazar, y que nos otorga la sabiduría que procede de Dios.

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10
Nov
2020
Sabiduría, ¿conocimiento o comportamiento?
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arbolmulticolor

El término latino del que procede el castellano sabiduría, a saber, “sapere”, nos ayuda a comprender la riqueza que comporta la palabra. “Sapere” puede traducirse como saber o entender, pero también como gustar y saborear. Teniendo en cuenta ambos matices podríamos decir que sabio es el que tiene inteligencia y buen gusto. No solo inteligencia, sino también buen gusto. Se puede ser muy inteligente, se pueden conocer muchas cosas, y emplearlas para hacer el mal. Se necesita inteligencia para ser un buen mentiroso. Se necesitan buenos conocimientos para sabotear nuestras cuentas bancarias.

Para calificar a una persona de sabia no basta con fijarnos en su saber. La sabiduría es un modo de conducirse, de comportarse y situarse en la vida. Aunque no hay oposición entre sabiduría y conocimiento, la sabiduría no es un conjunto de conocimientos, sino un modo de comportamiento. Para el cristiano, además, la sabiduría es una conducta ante Dios. Del mismo modo que la necedad no es una falta de saber, sino un comportamiento equivocado. Sin duda, el sabio conoce, y según cuales sean sus conocimientos será experto en una u otra materia. Pero lo distintivo del sabio es la prudencia y la sensatez con la que usa sus conocimientos.

El título de mi contribución es: sabiduría, ¿conocimiento o comportamiento? No se trata de dos actitudes contradictorias. Deben ir juntas, pero el comportamiento debe regular el conocimiento. En este mundo y en esta sociedad hace falta mucha sabiduría. ¿Quién cree aún en el desinterés? ¿Quién toma en serio la benevolencia? Necesitamos gobernantes que sean sabios. Si, además, son expertos en alguna ciencia, mejor. Pero importa, ante todo, que sean sabios. Desgraciadamente, la política suele estar condicionada por la ambición y la búsqueda del poder. La ambición no ayuda a ser sabio, más bien nos ciega. El ambicioso solo piensa en sí mismo y en lo que puede situarle por encima de los demás. A veces, a los ambiciosos sus supuestas jugadas inteligentes les salen mal y terminan perjudicándoles. Con lo que demuestran, una vez más, que no tienen sabiduría.

A todos los seres humanos, sean o no creyentes, pero sobre todo a los que tienen alguna responsabilidad sobre los demás, les convendría recordar el oráculo del dios Apolo, que se encuentra en el templo de Delfos, modelo de sabiduría más allá de toda religión: “Conócete a ti mismo”. Seguir esta invitación nos permite ir más allá de la simple información que, muchas veces, se queda en las apariencias, para introducirnos en el pensamiento reflexivo y autocrítico. Este paso nos ayuda a integrar la ciencia, conocimiento del mundo y de las realidades materiales, en la sapiencia, modo de comportamiento que sabe respetar y valorar a las personas.

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6
Nov
2020
Templos y templos
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basilicaletran

El 9 de noviembre celebra la Iglesia la fiesta de la dedicación de la Basílica de Letrán. La Basílica de Letrán es la catedral de Roma. En sus naves se han celebrado cinco Concilios Ecuménicos. La catedral es la sede, la cátedra desde la que enseña el Obispo. En nuestro caso se trata del Obispo de Roma, Pastor de la Iglesia universal.

Esta fiesta es una buena ocasión para tomar conciencia de que la Iglesia es una comunión. Comunión de los fieles cristianos, sin duda. Y comunión entre las diferentes Iglesias. Diferentes, porque la Iglesia que está en la India, o la que está en Guatemala, o la que está en Roma, tienen intereses, necesidades y problemas distintos. Por este motivo, si bien todas ellas viven del mismo Evangelio, este Evangelio único tiene repercusiones y aplicaciones distintas en cada comunidad. Estas diferencias no son obstáculo para que vivan en comunión y cada una reconozca en las otras el mismo aire de familia, el mismo Espíritu que la guía a ella. Las diferencias, lejos de ser motivo de distanciamiento, son una riqueza y un estímulo, una ocasión de buscar la mutua emulación en el bien.

Además, esta fiesta es una buena ocasión para subrayar que hay templos y templos. Está el edificio de piedra, donde los fieles se reúnen para orar. Pero hay otros templos mucho más importantes, y sin ellos el de piedra no tendría ningún sentido ni valor. Resulta oportuno recordar la conversación de Jesús con una mujer samaritana. Los samaritanos y los judíos rivalizaban en muchas cosas, y una de ellas era sobre cuál era el templo de piedra en el que supuestamente Dios se hacía presente, el construido sobre el monte Garizim o el de Jerusalén. Pues bien, Jesús aclara a la samaritana y a todos nosotros que el templo de piedra no tiene importancia. Lo que importa es adorar al Padre en espíritu y en verdad.

Espíritu y verdad son dos actitudes fundamentales en nuestra relación con Dios. A Dios hay que amarle con toda el alma, con todo el corazón, con lo mejor que tenemos. Y hay que dirigirse a El con toda verdad, sin ocultarle nada, sin dobleces, sin querer justificarnos. Pero espíritu y verdad remiten también a Jesús. El es la Verdad y él es el que derrama el Espíritu. En él habitan en plenitud la gracia y la verdad. De esta plenitud todos nosotros hemos recibido (Jn 1,16-17). Por eso, Jesús es el verdadero templo. Su “cuerpo” es el templo (Jn 2,21), el lugar en el que habita la divinidad. Más aún, en el seguimiento de Cristo los cristianos se convierten en templos de Dios, puesto que el Espíritu habita en ellos (1 Cor 3,16).

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2
Nov
2020
Martín de Porres, el perro y el gato
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martindeporres

Martín, hijo del español Juan de Porres y de la panameña de raza negra Ana Velázquez, fue bautizado en Lima el mismo día de su nacimiento. Falleció en Lima, a los 60 años, el 3 de noviembre de 1639, lo que explica que su fiesta se celebre el 3 de noviembre, día de su entrada en el cielo. Ignoro el motivo por el que se le impuso el nombre de Martín. Este es el nombre del considerado primer confesor de la Iglesia, San Martín de Tours, o sea, el primer santo en ser venerado con culto litúrgico sin ser mártir.

Martín de Porres tampoco fue mártir, aunque sí fue religioso como el de Tours. Y ambos fueron dos ejemplos de cercanía a pobres y necesitados. El empeño que ponía Martín de Porres en socorrer a los enfermos, en procurar comida, vestido y medicinas a los pobres, su ayuda a los agricultores, negros y mulatos que por aquel tiempo eran tratados como esclavos de la más baja condición, le valió, por parte del pueblo, el apelativo de “Martín de la caridad”, como recordó Juan XXIII en la homilía de la canonización.

En las imágenes de los santos suelen aparecer símbolos que recuerdan atributos de su vida, como una cruz, una iglesia en la mano, un libro de teología, una biblia o una custodia. Los símbolos que aparecen en las pinturas de Martín de Porres son más humildes. Fundamentalmente estos tres: frascos de remedios, como buen enfermero que era; una escoba, como humilde servidor del convento; y un perro, un gato y un ratón, que recuerda uno de sus prodigios más raros y más sonados, a saber: el que los tres comieran en el mismo plato. Y es que, cuando uno reparte amor, logra unir y reconciliar lo que parece más opuesto.

Los títulos de las dos grandes encíclicas de Francisco, Laudato si’, sobre la ecología integral; y Fratelli tutti, sobre la fraternidad universal, están inspirados en la vida de san Francisco de Asís. Ambos aspectos, el cuidado de la naturaleza y el cuidado de los hermanos, también son propios de Martín de Porres. Los santos tienen muchos rasgos en común, porque santo es el que quiere identificar su vida con la de Cristo.

Martin de Porres se habría sentido cómodo con la última encíclica de Francisco. Fratelli tutti tiene aplicaciones en todos los grupos cristianos. También en la familia y en la vida religiosa, a la que tanto amó Martín de Porres. En nuestras comunidades decimos que todas y todos somos hermanos. ¿De verdad? ¿De verdad es este nuestro signo distintivo? Me temo que, a veces, nos comportamos unos con otros como el perro y el gato, que evoca la idea de dos personajes que se llevan mal por naturaleza. La imagen de Martín de Porres, logrando que el perro y el gato coman juntos en el mismo plato, haciendo posible que los distintos puedan estar en comunión, debería ser motivo de reflexión para tantas y tantos que se dicen hermanos. Para que este decir no sea una frase sino una realidad.

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30
Oct
2020
Ante la muerte, tristes pero esperanzados
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verjadejardín

“No os entristezcáis como los que no tienen esperanza”, decía San Pablo en su primera carta a los tesalonicenses. Esta carta es probablemente el texto más antiguo del Nuevo Testamento. Leyéndola queda claro que una de las cuestiones que desde el principio preocuparon a los cristianos es la de la resurrección de los muertos. Esta es una de las últimas preguntas que le hicieron a Jesús y una de las principales preocupaciones de la primera comunidad cristiana.

Los cristianos no se entristecen como los que no tienen esperanza. Esta frase se puede entender de dos maneras: 1) que, ante la muerte, los cristianos no se entristecen porque tienen esperanza; y 2) que hay dos modos de estar tristes: se puede estar tristes sin esperanza y estarlo con esperanza. Esta segunda lectura del texto a los tesalonicenses en probablemente más realista que la primera.

Ante la muerte los cristianos sentimos tristeza. Sí, y con toda razón, porque ninguna despedida es fácil, sobre todo las despedidas de las personas amadas. Pero también estamos esperanzados. El motivo de nuestra esperanza es nuestra fe en Cristo resucitado. Pues Cristo ha resucitado no sólo para él, sino como el primero de una larga lista de hermanos. Nuestra fe confiesa que Cristo ha resucitado y, como consecuencia, que, unidos a él, también nosotros resucitaremos.

Hay dos motivos muy serios que sostienen nuestra esperanza. El primero, Dios es misericordioso y nos ama, nos ama como no se puede amar más, nos ama en nuestra debilidad, nos ama en nuestra realidad, no nos trata como merecen nuestros pecados, nos trata según su gran amor. Y los que se aman quieren estar juntos. Por eso, Dios que nos ama, quiere estar siempre con nosotros, no nos abandona nunca. En el momento de la dificultad está más presente que nunca. En el momento de la muerte allí está él.

El segundo motivo que sostiene nuestra esperanza es el poder de Dios: Dios tiene poder para resucitar muertos; del mismo modo que Dios nos ha dado la vida, por el mismo poder nos la sostiene; y por el mismo poder transformará nuestra vida en una vida gloriosa cuando llegue el momento de dejar este mundo.

Dios que nos ama, Dios que es todopoderoso, he aquí las razones de nuestra esperanza. Este amor y este poder se manifestaron en la resurrección de Cristo y se manifestarán en la resurrección de todos los que son Cristo.

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26
Oct
2020
Testigos antes que maestros
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testigos

Buscando buenos métodos pastorales, quizás nos hemos olvidado del mejor. Decía Pablo VI que el mundo, antes que maestros, necesita testigos; y que si escucha a los maestros es porque primero son testigos. Testigo es el que tiene un conocimiento experiencial de aquello que dice; es alguien que primero ha vivido lo que expone; alguien que ha hecho en sí mismo la prueba de la bondad de lo que propone a los demás. Y lo dice, propone y expone sin ningún interés personal. Por eso, si lo que dice o propone es rechazado, él no se siente ofendido ni fracasado. Si acaso, un poco dolido porque el otro se ha perdido algo que él considera fundamental.

Algo parecido recomendaba Jesús a aquellos que enviaba a proclamar la cercanía del Reino de Dios: lo primero de todo, saludar a la gente, o sea, interesarse por ella, conocerla; después, curar enfermos, o sea, sanar heridas, ayudar en lo que se puede; luego, no aprovecharse de la gente, no pedir dinero. “Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras”, marcharse tranquilamente “sacudiendo el polvo de vuestros pies” (Mt 10,14). No se trata de un desprecio ni de un acto de reproche; se trata de no dejarnos dañar, ni de rebelarnos contra nadie; de no cargar con el problema ajeno, de no depender de quienes no nos comprenden.

Este curso está marcado por una doble crisis sanitaria y económica. Parece que el virus tardará en irse. La economía se recuperará lentamente. Pero con virus o sin él, con economía boyante o precaria, siempre habrá necesidad y pobreza, enfermedad y muerte; personas tristes y solas, en busca de amor y de sentido. Los hospitales de campaña de los que habla el Papa Francisco seguirán siendo una necesidad permanente. Los cristianos, todos y cada uno, deberíamos ser trabajadores voluntarios de estos hospitales de campaña. La invitación a ser voluntarios de hospital es una muestra más de ese tenor de vida admirable del que hablaba el discurso a Diogneto (al que me referí en un post anterior).

Alguna vez he oído: “tenemos un producto maravilloso, pero no sabemos venderlo”. Grave error: nosotros no somos vendedores de ningún producto, sino personas que vivimos con un cierto estilo. Si este estilo aparece, aunque sea mínimamente, el anuncio del nombre de Jesús, el único nombre que puede salvar, vendrá casi de forma espontánea, pues la gente nos preguntará: ¿por qué vives de esa manera? Nuestra respuesta podría ser: porque pienso de otra manera, tengo otra mentalidad, otro espíritu. Y así provocaremos la pregunta: ¿de qué modo piensas y por qué piensas así, qué clase de espíritu es este? Ahí es donde aparece el nombre de Jesucristo.

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22
Oct
2020
Un Papa soñador
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sueños

El sustantivo sueño y el verbo soñar aparecen, al menos, 18 veces en Fratelli tutti. El Papa habla de sueños, como también allá por el año 1963 otro pastor, citado por el Papa en su encíclica, Martín Luther King dijo que tenía un sueño. Ni entonces con Luther King, ni ahora con Francisco el sueño tiene que ver con vanas ilusiones. Se trata de fuertes deseos, que alientan grandes esperanzas. Unas esperanzas que están bien fundamentadas y pueden convertirse en realidades si se cumplen ciertas condiciones.

Luther King soñaba con un futuro en el cual la gente de raza negra y blanca pudiesen coexistir armoniosamente y como iguales. “Ahora, decía, es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial”. Francisco concluye su carta con una oración al Creador en la que le suplica que nos inspire “un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz”. Este sueño es importante porque vivimos en un mundo de desencuentros, de monólogos, de injusticia y de guerra.

Es fundamental, dice Francisco, que ese anhelo de fraternidad lo soñemos juntos, porque “solos se corre el riesgo de tener espejismos”. Es muy difícil, añade, proyectar algo grande, si no se logra que esto se convierta en un sueño colectivo. Piénsese, por ejemplo, que las grandes obras de una comunidad (nacional, municipal y también religiosa) han tenido éxito cuando todos sus miembros estaban ilusionados en un proyecto común, porque era de todos, y cada uno lo asumía como propio.

Desgraciadamente ahora parece que los sueños de la humanidad no son de fraternidad: “el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Vemos cómo impera la indiferencia cómoda, fría y globalizada, hija de una profunda desilusión que se esconde detrás del engaño de una ilusión: creer que podemos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos juntos en la misma barca”. Y cuando en la misma barca cada uno rema hacia un lado distinto, la barca se hunde.

Alguno pensará que estos sueños del Papa son utópicos en el sentido negativo que a veces damos a la palabra: algo hermoso, pero imposible de conseguir. Pero en su sentido más noble la utopía no es lo irrealizable, sino lo que es posible conseguir siempre que se pongan las condiciones requeridas para ello. También las bienaventuranzas de Jesús parecen un sueño utópico. El “anhelo de un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos”, para emplear palabras de Francisco, es el sueño al que nos invita el Evangelio.

Si soñamos cosas buenas a lo mejor las obtendremos. Si pensamos que son imposibles, nos quedaremos pasivos, con los brazos cruzados. Al respecto decía Miguel de Unamuno: cuando el hombre se cruza de brazos, Dios se echa a dormir. Pongámonos a la tarea, y en ella nos encontraremos a un Dios bien despierto que nos acompaña y nos estimula.

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