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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

15
Oct
2021
Un Sínodo ambicioso
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rosetonsinodo

Este domingo se inaugura la fase diocesana del Sínodo de la Iglesia universal convocado por el Papa. Su título y su lema es: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Una Iglesia sinodal es una iglesia en marcha que camina unida. De ahí la primera concreción que el título ofrece de lo sinodal: comunión. No es posible estar en comunión si no se tiene en cuenta a todos, si no se escucha a todos. De ahí la segunda concreción: una iglesia en la que todos participamos. ¿Y en qué participamos? Ahí viene la tercera concreción: participamos en la misión de la Iglesia, que no es otra que el anuncio del Evangelio a todos los seres humanos.

La propuesta del Papa es muy ambiciosa. Así se expresa, prácticamente al inicio del documento preparatorio: “vivir un proceso eclesial participado e inclusivo, que ofrezca a cada uno -en particular a cuantos por diversas razones se encuentran en situaciones marginales- la oportunidad de expresarse y de ser escuchados para contribuir en la construcción del Pueblo de Dios”. Escuchar, sobre todo, a los que están en los márgenes. Esta es una de las insistencias del documento preparatorio. En los márgenes dentro de la Iglesia y en los márgenes fuera.

Alguno puede pensar que dentro de lo Iglesia nadie está en los márgenes, porque todos estamos dentro. No nos engañemos: dentro de la Iglesia, en nuestras instituciones eclesiales, hay personas que no se sienten escuchadas, que se sienten malqueridas o mal vistas. Quizás ellos están equivocados, pero se sienten así. Si están en el error conviene sacarles del error, y si no están en el error conviene hacer caso al documento papal y escucharlas con atención.

El Papa pide que se escuche a quienes están fuera de la Iglesia católica. En primer lugar, a los cristianos de otras Iglesias y a los miembros de otras religiones. Pero también a las personas y grupos alejados de toda fe y de toda religiosidad, en ocasiones críticos con la Iglesia. No va a ser fácil, porque quizás ellos no tengan interés en participar en el proceso sinodal. Pero hay muchos modos de escuchar, de saber y conocer lo que piensan quienes están alejados de la fe o son críticos con la Iglesia.

El documento preparatorio es muy interesante. Tiene su punto de autocrítica: “la Iglesia debe afrontar la falta de fe y la corrupción dentro de ella”. Y también su punto de ilusión y de esperanza: “imaginar un futuro diverso para la Iglesia”, “hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, aprender unos de otros”.

Cada diócesis deberá encontrar la metodología adecuada, primero para escuchar a los grupos ya constituidos (consejos diocesanos, consejos parroquiales, comunidades, movimientos), pero también para escuchar a los alejados, para invitarles a hablar, para decirles que tenemos interés no en sermonearles, sino en que sean ellos precisamente los que nos sermoneen a nosotros. Supongo que se me entiende.

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10
Oct
2021
Macrobotellones
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botellon

En estos últimos días han aparecido noticias de botellones, en los que se han concentrado miles de personas, en los que ha habido heridos, agresiones sexuales, intervenciones de la policía, detenciones, vandalismo. Durante el tiempo de coronavirus también hubo este tipo de encuentros, que se han multiplicado con el relajamiento de las medidas restrictivas que impedían la presencia masiva de personas.

Este fenómeno, que consiste en hacer fiesta en plena calle, en horario nocturno, consumiendo alcohol y probablemente drogas, es bien conocido fuera de España, aunque, si estoy bien informado, recibe otros nombres: “reventón” en Centroamérica, “joda” en Argentina, “carrete” en Chile. Lo de menos es el nombre. Lo importante son las consecuencias para la salud corporal y psíquica de los propios participantes en la fiesta, y también las consecuencias para los vecinos de los lugares de concentración, que se sienten molestos con el ruido y con el espectáculo.

Los jóvenes necesitan divertirse, de acuerdo. ¿No se les podrían ofrecer algunas alternativas, espacios y modalidades de ocio más sanos y más adecuados? ¿No sería bueno que nuestros políticos evitaran discursos que incitan al odio o a la violencia? ¿No sería bueno que los mayores diéramos más ejemplo de solidaridad, buen comportamiento, respeto mutuo?

El botellón es la manifestación más visible de muchos dramas, desorientaciones, miedos y angustias que están viviendo los jóvenes. El botellón no es principalmente un problema de orden público. No se soluciona con leyes prohibitivas, sino acompañando, preguntando, comprendido. Se soluciona si las familias, si los padres, se implican en la buena formación de sus hijos, interesándose por ellos, por sus relaciones, por sus necesidades, incluidas las necesidades de fiesta y diversión. Se soluciona con educación, con buena formación.

Y, si me lo permiten, con buena catequesis, porque también los jóvenes cristianos están tentados por este tipo de fiestas. ¿En las catequesis, en las parroquias, en los colegios se tratan estos temas? ¿Tomamos medidas preventivas? Los mejores catequistas de los jóvenes son los propios jóvenes. ¿En nuestros grupos cristianos se buscan modos de influir, de ayudar a otros jóvenes que por sentirse solos, no encontrar sentido a la vida, no saber encauzar sus justas rebeldías, no conocen otro medio de relacionarse que participando en este tipo de fiestas insanas?

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8
Oct
2021
¿Qué hacer para ser feliz?
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En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Así comienza el evangelio de este próximo domingo. Me gustaría notar varias cosas sobre este comienzo, que normalmente no se notan. Dice el texto que se le acercó “uno”. Con este dato no nos hemos enterado ni de su edad ni de su sexo. Este uno puede ser cualquiera de nosotros, de cualquier edad. Según el contexto, este “uno” probablemente debía tener sus años, porque se trata de un rico. Y entonces, más que ahora, las riquezas no estaban en manos de los jóvenes.

La segunda cosa que me gustaría aclarar se refiere a la pregunta del personaje. La pregunta no es: ¿qué tengo que hacer para ir al cielo? Más bien, lo que el personaje pregunta es qué tengo que hacer para ser feliz, cómo podría participar de algún modo de la vida del Eterno, del eternamente feliz y dichoso. En el fondo, esta es la pregunta que todos nos hacemos, seamos o no creyentes. Lo que todos buscamos es ser felices.

La respuesta de Jesús tiene varios momentos. Comienza por recordar lo más básico y esencial: cumple los mandamientos, o sea, sé una persona honrada, decente, respeta a los demás. El personaje que se acerca a Jesús ha sido durante toda su vida una “buena persona”, una persona rica en valores morales. Pero esto no basta para ser feliz. Uno puede no robar y no mentir y no por eso ser feliz. Los derechos humanos (no robar y no mentir) son imprescindibles para ser feliz, para tener una conciencia tranquila, pero no son suficientes. La felicidad va más allá de este terreno de mínimos. Se puede no robar y no amar ni sentirse amado.

Una vez que ha quedado claro eso de los mandamientos, la respuesta de Jesús da otro paso decisivo. El paso tiene dos partes. Los predicadores, a veces, se quedan solo en la primera parte: vende lo que tienes y dáselo a los pobres. Esto tampoco es suficiente para ser feliz, pero es un paso que hay que dar. No se trata de una llamada a vivir miserablemente. Se trata de una llamada a compartir. Tú tienes, otros no tienen. Lo que tú tienes no es sólo tuyo. Por eso se te invita a compartir. Si eres capaz de compartir vas a demostrarte a ti mismo dónde están tus verdaderos intereses: ¿en el dinero o en el prójimo?

El compartir tampoco es suficiente, pero prepara para el paso decisivo: sígueme a mi. O sea, vente conmigo, entra en la escuela de Jesús, confía en él, dale tu corazón. Con lo del dinero te piden lo que tienes. Con el “sígueme a mí” te piden lo que eres, te piden la vida. Entrega tu vida a Jesús, entrega tu vida a los demás, ama, y serás feliz. Porque el que entrega la vida no la pierde, la gana. El que entrega dinero se queda sin lo entregado. El que entrega la vida nunca se queda sin ella. La vida entregada se multiplica. He aquí el secreto de la verdadera felicidad. Si la vida la entregas a Dios, entonces has encontrado un amor eterno, un amor sin fin, un amor que te llena totalmente.

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4
Oct
2021
El volcán de La Palma y otras tragedias
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Tras el derribo de la Iglesia de Todoque por el volcán que ha conmocionando no solo a la isla de La Palma, sino a todas las personas de buena voluntad, el obispo de Tenerife, Don Bernardo Alvarez, se apresuró a declarar: “Ojalá se hubiese demolido solo la Iglesia y todo el resto del barrio hubiese quedado entero”. Los obispos españoles han manifestado su “solidaridad en el dolor con las numerosas personas que han perdido techo, tierra y trabajo”. También el Papa ha expresado su solidaridad con los afectados por la erupción del volcán. Todas las delegaciones de “Caritas” están trabajando a fondo para ayudar a las personas que han perdido sus casas y sus bienes como consecuencia de la explosión del volcán. En bastantes parroquias han hecho ya o tienen previsto hacer colectas especiales y enviar lo recaudado a La Palma. Son algunos de los muchos gestos de solidaridad y cercanía en estos momentos difíciles para los habitantes de La Palma.

El pasado mes de agosto hubo un terremoto en Haití, que dejó centenares de muertos y a muchas personas a la intemperie. Allí sigue habiendo mucha gente necesitada y la ayuda internacional es escasa. Son muchos los lugares donde las personas necesitan ayuda debido a catástrofes naturales. Desgraciadamente son muchos más los lugares donde la gente sufre, no por causas naturales, sino por el egoísmo, la ambición y la maldad humana.

¿Qué podemos hacer ante tantas tragedias? Lo que no debemos hacer es sentirnos impotentes porque no podemos llegar a todo o porque es poco lo que podemos hacer. Este poco es importante. Porque, como a veces se dice, grano a grano se va haciendo granero. El gesto que tenemos con unos es una muestra de nuestra solidaridad para con todos. La ayuda concreta a una persona, de una u otra manera, tiene una repercusión universal. Hay un proverbio hebreo que dice que quién salva una vida, salva al mundo entero. Teresa de Calcuta decía: “si no puedes alimentar a un centenar de personas, alimenta a una sola”.

No podemos limitarnos a ser simples espectadores. El bien que hacemos, aunque sea poco, es como una honda expansiva que va extendiéndose cada vez más lejos, aunque no seamos conscientes de ello. No podemos estar en todas partes. Pero sí podemos estar en una. En la que estemos, seamos solidarios, acompañemos al triste, compartamos con el necesitado. Uno sólo no puede ocuparse de multitudes, pero puede ocuparse de una persona y después de otra.

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30
Sep
2021
Elogio de San Francisco de Asís
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El más famoso poema de Dante Alighieri lleva por título “Divina Comedia”. A lo largo de sus páginas se cuenta que el mismo Dante, guiado por el poeta Virgilio, realiza un recorrido por el infierno, el purgatorio y el paraíso. A lo largo de su caminata se encuentra con distintos personajes. En el cielo se encuentra con Francisco de Asís y escucha de él un maravilloso elogio, que comienza con estas palabras: la Providencia, a fin de que la Iglesia caminase de forma más segura y más fiel hacia Cristo “envió en su socorro dos príncipes, que en una y otra cosa le sirvieron de guía”. Estos dos príncipes son Francisco de Asís y Domingo de Guzmán. Dice Dante: “El uno estuvo lleno de ardor seráfico; el otro, por su sabiduría, fue en la tierra un resplandor de la luz de los querubines. Hablaré de uno de ellos, pues de ambos se habla elogiando a uno solo, cualquiera que sea, porque a un mismo fin se encaminaron sus obras”.

Tras este preámbulo empieza el elogio de Francisco: en Asís “nació al mundo un sol… Siendo jovencillo, en contra de la voluntad de su padre” se dedicó a servir a la señora pobreza, “se unió a ella y la amó más intensamente de día en día”. Y luego viene esta hermosa comparación: la señora pobreza, “privada del primer marido” (o sea, de Jesucristo), más de mil cien años vivió despreciada y oscura, sin que nadie la invitase hasta entonces”. San Francisco nació en 1182, por eso puede decir Dante que la pobreza estuvo más de mil cien años sin cortejo. Se refiere después Dante a los primeros seguidores de san Francisco y los califica de “familia atada por el humilde cordón”. Después recuerda su encuentro con el sultán Malek al Kamel, en cuya presencia “predicó a Cristo, encontrando aquella gente demasiado reacia a la conversión”. Tras este encuentro Francisco se volvió a Italia, y allí “de Cristo recibió el último sello que sus miembros llevaron durante dos años”. Se refiere a las llagas de las manos, los pies y el costado.

Así termina el elogio del santo de Asís: “Cuando a Aquel que le eligió para hacer tanto bien le plugo elevarlo hasta el premio que merecía al hacerse tan humilde, a sus hermanos como a legítimos herederos, recomendó a su dama más querida y les ordenó que la amasen con fe”. Luego viene un asomo de tristeza mirando a los seguidores del santo, que también aparecerá al hablar de los hijos de Domingo, pues algunos son como ovejas que se apartan del “redil” y quedan “escasas de leche”. Podemos entenderlo como una advertencia para que nunca decaiga el primer fervor ni los primeros amores.

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26
Sep
2021
Educar, ¿impartir conocimientos o madurar a la persona?
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claustrofacultad

La palabra castellana “educar” tiene sus raíces en el latín. En latín hay dos verbos con matices diferentes que han dado origen a la misma palabra castellana: “educere” y “educare”. Educere tiene el significado de hacer salir, extraer, dar a luz. Educare significa formar, instruir. El primer término indica que el educador intenta sacar todo el potencial que tiene ya el alumno; el segundo indica que el educador ofrece al alumno una serie de conocimientos. La finalidad del “educere” es lograr la maduración personal; la finalidad del “educare” es conseguir conocimientos, en ocasiones para aprobar un examen.

Los verbos latinos que están en la base del verbo castellano educar se podrían relacionar con las dos etimologías del término alumno. Una de estas etimologías parece que es errónea, pero la traigo a colación por la relación que tiene con el sentido de “educare” como adquirir conocimientos. Según esa etimología el término alumno sería un compuesto de “a” (que significa “sin”) y “lumen” (que significa luz). Por tanto, alumno sería el que está sin luz. A este que está sin luz el maestro le educa, ofreciéndole conocimientos.

Más acertada es otra etimología, según la cual alumno sería un derivado del sustantivo latino “alumnus”, que a su vez viene de “alére”, que significa alimentar, nutrir, cultivar. Esta segunda manera de entender al alumno enlazaría con el verbo “educere”. En esta perspectiva, el maestro no aporta; el maestro ayuda a crecer, a reforzar la vida, a sacar lo mejor de uno mismo. Alumno es alguien que se alimenta para crecer sano y fuerte. Y el crecimiento más importante es el crecimiento como persona. Uno crece como persona cuando sabe lo que quiere y está en condiciones de hacer felices a los demás.

En suma, educar puede entenderse de dos maneras: una, llenar la cabeza de datos; otra, cultivar el alma, madurar a la persona. No son contradictorias, pero a veces se insiste solo en el primer aspecto olvidando el segundo. Importa que las personas salgan de la escuela y de la universidad sabiendo muchas cosas. Pero saber muchas cosas no garantiza el ser buena persona ni el aplicar esos conocimientos para el bien. Sabiendo energía atómica se pueden construir centrales que dan luz y bombas que matan. El conocimiento requiere ir acompañado de ética. Sin ética, el conocimiento termina pervirtiéndose. Por tanto, este nivel de educar como impartir conocimientos, requiere ampliar horizontes y no quedarse en la mera transmisión de datos. Esta ampliación va unida al horizonte de lo humano. ¿Conocer para qué? ¿Para hacerme rico, para engañar a los demás? ¿O para ofrecer a los otros buenos materiales que les ayuden a vivir mejor y a ser felices?

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22
Sep
2021
¿Virtual? ¡Presencial!
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Parece que la pandemia está siendo controlada. Eso favorece que muchas tareas que se desarrollaban on-line sean presenciales. La presencialidad tiene mucho que ver con la buena relación. Abusar del chat o pasarse el día pegado al teléfono móvil, no ayuda a establecer una verdadera comunicación personal. Eso dejando aparte que hay encuentros engañosos o peligrosos a través de medios telemáticos, sobre todo cuando no sabes realmente con quién estás hablando. Lo que se ve a través de una pantalla nunca es de fiar. A veces vemos lo que otros quieren que veamos. Yo mismo he tenido que dar clases telemáticamente. En algún momento he sospechado que algún alumno dejaba una imagen en la pantalla y prescindía de la clase. Una vez pregunté por qué motivo, donde debía aparecer una cara, aparecía un recuadro en negro, y se me contestó que se debía a la debilidad del wiffi que permitía escuchar el sonido, pero no ver la imagen.

Durante este tiempo de pandemia se han transmitido eucaristías por internet. Ha sido una buena solución ante una situación imprevista, pero ahora corremos el riesgo de pensar que esa es una buena participación en la eucaristía. Y no es así. La eucaristía requiere una comunidad. Cierto, la comunidad virtual puede ser una solución de emergencia, pero no es la solución ideal. Por eso, importa insistir en la dimensión fraterna y comunitaria de la celebración y dejar claro que la comunidad se construye desde el encuentro personal, en el que es posible verse cara a cara y hasta tocarse.

Los espacios de comunicación se están volviendo cada vez más virtuales. Pero lo virtual no nos inmuta, no despierta el amor ni la compasión. No es lo mismo ver imágenes de pateras que llegan a nuestras costas o imágenes de haitianos bloqueados frente a la frontera con Estados Unidos, que conocer personalmente a esas personas o, incluso sin conocerlas, estar a su lado, pudiendo tocarlas, sentirlas, olerlas y oírlas. Eso dejando aparte que en las pantallas nos suelen enseñar las imágenes que el poder de turno quiere que veamos.

La virtualidad nos hace perder capacidad de empatía y de conocimiento directo de las cosas. Si no vemos al otro, es mucho más fácil ignorar su dolor. Por eso es importante acercarse a las personas, mantener con ellas un diálogo constructivo y sosegado, mirarlas a los ojos, cara a cara. Si logramos eso, seguro que nuestra opinión será otra que si sólo las vemos en una pantalla.

Dígase lo mismo de las opiniones que nos hacemos a partir de los intereses de los políticos de turno. Recientemente, los presidentes de México y Cuba tuvieron algunas palabras negativas contra los españoles. Es posible utilizar la historia para decir cualquier cosa y fomentar el odio y la desconfianza. Pero cuando conoces a un mejicano o a un cubano personalmente, eso que dicen los políticos se reduce a nada. Yo he conocido a muchos y con ninguno, con ninguno, he tenido la sensación de ser mal mirado o mal considerado. El cara a cara nos acerca y nos iguala.

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18
Sep
2021
La educación, base para una correcta evangelización
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Educar y evangelizar son dos dimensiones fundamentales de la vida. Pues la educación nos cultiva, hace crecer, madurar. Y el evangelio es altamente humanizar, pues no sólo responde a las preguntas más decisivas del ser humano, sino que descubre la altísima dignidad de toda persona como hija de Dios. De ahí que estas dos dimensiones nunca pueden entrar en competencia, sino que se complementan y se refuerzan la una a la otra. A este respecto, Tomás de Aquino formuló un principio que mantiene toda su vigencia: “la fe presupone el conocimiento natural como la gracia presupone la naturaleza”. Dicho en lenguaje más actual: la razón es condición previa de la fe como el ser humano es condición previa del ser cristiano.

O dicho en la perspectiva de esta reflexión: la educación es una buena base para una correcta evangelización. La base de la fe cristiana es la capacidad de razonar, de acoger, de entender. Y la base del ser cristiano es ser persona cabal, normal, decente. En la maldad no es posible que arraigue el cristianismo. Y si arraiga en una mala persona lo hace en la medida en que esa persona abandona su maldad, o sea, orienta su vida de otra manera: en vez de orientar su vida guiada por el mal, lo hace guiada por el bien.

Conviene dejar claro que ser cristiano no es ser una buena persona. Ser cristiano es encontrarse con Jesucristo y orientar la vida según el Evangelio de Jesús. Pero no hay encuentro con Jesucristo sin unas disposiciones previas. Tomás de Aquino decía: “es imposible que un malo vea a Dios”. Jesús declaraba bienaventurados a los limpios de corazón porque sólo ellos están en disposición de ver a Dios. Sin humanidad no hay acogida del evangelio. Aquí, humanidad va mucho más allá de un dato biológico. El dato biológico es compartido con los animales. Lo que caracteriza a lo humano es precisamente la trans-animalidad, el vivir humanamente la animalidad, desde la dignidad, la libertad y la confianza.

Educar y evangelizar son caminos convergentes. Si educar es madurar y sacar lo mejor de uno mismo, entonces la educación es una preparación para el evangelio. Y, al encontrar el evangelio, uno encuentra su mejor educación.

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14
Sep
2021
Máximo histórico de no creyentes
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Según un estudio reciente del Centro de Investigaciones Sociológicas la cifra de ateos, agnósticos y quienes sienten indiferencia hacia la religión, se sitúa en España en máximos históricos, alcanzando casi el 39 % de la población. Igualmente serio es este otro dato: entre el 56,6% de los que se declaran católicos el 39,9 % son católicos no practicantes.

Las cifras tienen sentido cuando se las contextualiza. Comparar las cifras de hoy con las del año 2000, cuando más del 83 % de los ciudadanos españoles se declaraba católico, no es una buena comparación, porque eso de “ser católico” no tiene el mismo sentido hoy, ni las mismas consecuencias vitales que en otros tiempos. En otros tiempos la presión social facilitaba declararse católico y dificultaba declararse no creyente. Muchos católicos de antaño sólo lo eran de nombre, a lo sumo estaban bautizados y poco más.

Los datos tienen una importancia relativa. Pueden servir de estímulo para que los católicos nos preguntemos por la calidad de nuestra vida y de nuestro testimonio. Pero me parece que no debemos culpabilizarnos, al menos globalmente. Ya san Pablo decía que “la fe no es de todos” (2 Tes 3,2). A propósito de este texto bíblico, Tomás de Aquino aclara que la fe no es de todos porque se apoya en principios no evidentes. Por tanto, quienes solo admiten como real lo que puede tocarse con las manos o lo que puede demostrarse científicamente, es normal que tengan muchas dificultades para creer en Dios.

La fe es para todos, pero no es de todos. La Iglesia tiene la obligación de anunciar el evangelio “a todas las gentes”, pero como una propuesta que apela a la libertad. Incluso, entre los creyentes, como ocurría entre los que escuchaban a Jesús, hay diferentes tipos de adhesiones. En la Iglesia hay creyentes convencidos, maduros, responsables; hay cristianos que se limitan a asistir a la Misa dominical; están los bautizados no practicantes, unos más indiferentes que otros. Más allá estarían los explícitamente no cristianos. Estas gradaciones han existido siempre, sólo que hoy somos más conscientes de ellas. Además, hoy, en materia religiosa, cada vez las personas hablan con más claridad y no tienen inconveniente en declarar su grado de adhesión a la fe.

Las reflexiones precedentes no implican ninguna superioridad moral entre creyentes y no creyentes, o entre creyentes de distintas confesiones o religiones. La relación con Dios se expresa en una fe, pero eso no significa que Dios no ame a todas las personas, ni tampoco significa que las personas que no profesan una fe estén alejadas de Dios. Pueden cumplir su voluntad si siguen los dictados de su conciencia. En este sentido decir que uno es practicante o no practicante puede tener un sentido social, pero esta declaración no retrata la intimidad del corazón ni el grado de adhesión real a la voluntad de Dios.

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10
Sep
2021
Fe muerta y diabólica
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El próximo domingo escucharemos un fragmento de la carta de Santiago que habla de “fe muerta”. Parece contradictorio hablar de fe muerta, pues si la fe es un encuentro con Dios, entonces es algo muy vivo que da vida. Ocurre que el término fe tiene muchos sentidos. Cuando la carta de Santiago habla de fe muerta se refiere a la actitud del que cree que Dios existe, pero sin que esa fe transforme la existencia. En este texto y otros parecidos (1 Cor 13,2; Mt 7,21-27) la fe es considerada como pura certeza de la existencia de Dios, pero sin incluir el compromiso y la entrega a Dios. Entendida así, es posible decir que el diablo también tiene fe, cosa que hace la carta de Santiago en el versículo siguiente al de la lectura litúrgica del domingo: “¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan” (St 2,19).

Es una pena que la liturgia no haya añadido este versículo a la segunda lectura, porque hubiera servido para enlazar con la reacción de Pedro que cuenta el evangelio de este domingo XXIV. Pedro, después de confesar a Jesús como Mesías, se escandaliza de la explicación que Jesús da de su misión mesiánica: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser ejecutado y resucitar a los tres días». Pedro rechaza este tipo de mesianismo. Entonces Jesús le hace uno de los más duros reproches que se encuentran en el evangelio: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!». Esta fe de Pedro no es sólo errónea. Es diabólica. De hecho, esa fue una las tentaciones de Jesús cuando el diablo le indica que la forma de manifestar su filiación divina es a base de demostraciones de poder, convirtiendo piedras en pan o arrojándose del pináculo del templo sin sufrir daño alguno.

Es fácil confesar a un Jesús victorioso. Es difícil seguir al Jesús real. Difícil sí, pero tiene una ventaja: hace feliz. Por eso, las últimas palabras de Jesús en el evangelio del próximo domingo no son una invitación a perder la vida, sino a ganarla: «Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará». Perder la vida no es deshacerse de ella, sino entregarla. Quién entrega su vida por Jesús y por los otros, no sólo enriquece a los otros dándoles vida. El primero que se enriquece es el que entrega la vida. Ese es el secreto del evangelio y ese es el secreto de todo amor auténtico.

Cuando uno entrega bienes materiales, se queda sin ellos; pero cuando entrega bienes espirituales, los bienes se multiplican. Al entregar mi saber, mi alegría, mi amor, no solo no pierdo nada. Multiplico lo que entrego cuanto más entrego. En el compartir está el secreto de la verdadera riqueza. La mentira del diablo (que por definición es mentiroso y siempre divide) es que guardar para sí y acumular es fuente de riqueza. Esta riqueza diabólica no dura y además entristece. La riqueza que dura y hace feliz es la que brota de un corazón dispuesto a entregarse.

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