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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
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26
Dic
2007
Genes poco recomendables
5 comentarios

Los momentos previos que hicieron posible la realista encarnación del Hijo de Dios deparan alguna sorpresa. El evangelista Mateo ofrece la genealogía de Jesús, sus antecedentes familiares, sus genes (genes “metafóricos”, dicho sea para curarme en salud), que como bien sabemos siempre influyen en la personalidad. Pues bien, entre las abuelas y tatarabuelas de Jesús las hay muy poco recomendables. Una de las primeras, Tamar, se dedicaba a fornicar y quedó embarazada a consecuencia de ello. Otra era una prostituta bastante conocida. Se llamaba Rajab, y aparece nombrada varias veces en el Nuevo Testamento, lo que significa que alguna importancia le daban los autores de esos escritos. Hasta el punto de que la carta a los Hebreos presenta a esta ramera como un modelo de fe, porque prostituta y todo como era, también era acogedora y daba alojamiento a gentes en peligro (Hb 11,31).

Entre los varones destaca el pésimo ejemplo del principal y más conocido de los abuelos, David, del que Jesús desciende gracias a que “engendró, de la mujer de Urías, a Salomón” (Mt 1,6), haciendo matar al marido para evitarse problemas. No parecen genes muy presentables. No es de extrañar que, con estos antecedentes, Jesús se dedicara a acercarse a pecadores, prostitutas y gente de mal vivir. Los valoraba positivamente, sacando lo mejor que tenían, y los presentaba como modelos en los que fijarse. ¿Quién lo diría? ¡El mundo al revés! A los que despreciamos a estas personas y nos encanta acercarnos a otro tipo de gente que, como es de suponer, no tienen esa mala fama, nos hubiera gustado más otra genealogía.

Pero así es como Dios quiso acercarse a nosotros y transmitirnos su ADN. Porque, no lo olvidemos, “a los que le recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios” (Jn 1,12). Somos hijos de Dios gracias a este Hijo que no se avergonzó de tener la familia que tenía. Para recordarnos que gentes como las de su familia, son hoy nuestros hermanos y hermanas, y como tales debemos acogerles. Dándoles el calor del alojamiento y no la indiferencia del alejamiento.

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21
Dic
2007
Navidad, ¿alojamiento o alejamiento?
4 comentarios

El acontecimiento de Belén, tal como lo relata Lucas, es una tragedia. Belén, pequeño pueblo donde todos debían ser parientes y conocidos, no tiene alojamiento para un joven matrimonio en dificultades. Belén, que significa “casa de pan” no hace honor a su nombre: no es hospitalaria, no tiene posada. En vez de “alojamiento” lo que allí hay es “alejamiento”. No tiene alojamiento ni siquiera para los suyos.

Si además la palabra “katályma” (albergue) designa una sala en la que se alojaba la familia de José, la cosa cobra mayor dramatismo. La familia de José, la familia de David, no les recibió: “vino a los suyos y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11). Los “suyos”, convertidos en extraños, les enviaron a un pesebre, comedero del ganado, que sin duda se hallaba instalado en la pared de su pobre casa. Eran pobres y no hicieron honor a eso que a veces se dice: que los pobres son más acogedores y comprensivos que los ricos. ¿Cómo es posible que la propia familia de José no quisiera recibirles? ¿Estaban escandalizados de un embarazo no previsto, tan no previsto que el nacimiento estaba a punto de producirse a los pocos meses -bastantes menos de nueve- de matrimonio? Un auténtico escándalo para gentes religiosas y bien pensantes.

El Salvador nació en clave de marginación, se situó en los márgenes de la historia. Nosotros preferimos situarle muy arriba, muy arriba, contemplarle en clave divina y no de alejamiento. Porque contemplarle en clave de alejamiento exige cambiar nuestras actitudes de marginación, de exclusión, de rechazo a tantos distintos y diferentes, a tantos que tienen problemas no previstos, problemas que no encajan en nuestra moral y nuestras comodidades de gente aburguesada. El realismo de la encarnación continúa hoy y exige a los cristianos ver a Dios no en clave de grandeza, de triunfo, sino en clave de solidaridad, de esa verdad tan evangélica como es “estar con los pobres” (recordando esta frase de Casaldaliga: la verdad, Pilato, es estar con los pobres).

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18
Dic
2007
De crímenes y contradicciones
6 comentarios

En estos mataderos de Barcelona y Madrid, llamados clínicas, simplemente se cometían crímenes. Todo crimen, y más contra personas inocentes, debería ser condenado por todos los partidos políticos. Es contradictorio condenar unos crímenes y no condenar otros.

Leo que el presidente del gobierno se plantea ampliar los supuestos del aborto. Hace unos meses vendió como un gran logro social la ayuda de 2.500 euros por cada nuevo nacimiento. Es contradictorio favorecer el aborto y a la vez fomentar la natalidad.

Oigo decir que toda mujer tiene derecho a controlar su embarazo. No quieren enterarse de que la mujer no es dueña del embarazo. Es depositaria y custodio de un nuevo ser, distinto de ella. Eso sí, resulta contradictorio levantar la voz contra quienes eso dicen y no hacer nada por abolir determinadas leyes cuando se puede, o sea, cuando se tiene mayoría parlamentaria.

Una palabra más que me parece justa. Palabra de apoyo y comprensión para estas mujeres que pasan un auténtico calvario y se sienten movidas a acudir a esas llamadas clínicas (más propiamente mataderos). Sólo Dios conoce sus motivos profundos y solo él juzga los corazones.

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14
Dic
2007
Discurso performativo
6 comentarios

Desde Norte América me pide un lector que comente el folleto de los dominicos holandeses sobre la celebración de la Eucaristía en las comunidades sin presbítero. Le he contestado privadamente, diciéndole que los asuntos que plantean los hermanos holandeses están muy verdes y que no tengo ganas de polémica. Me replica diciendo que no tenga miedo. Como sigo sin ganas de polémica sólo digo una de las cosas que le he contestado, a saber, que según Sto. Tomás toda comunidad cristiana tiene derecho a la Eucaristía. Y, aunque es cierto que no todos los derechos pueden satisfacerse, sí que hay que satisfacerlos cuando es posible. Y ahí es donde se sitúa el problema de la ordenación de varones casados.

Hoy me interesan más otras noticias, una presente en nuestra página: las dificultades del obispo dominico Raul Vera; y otra que no aparece en nuestra página: el ayuno (creo que lleva ya más de 15 días) del obispo franciscano y brasileño, Luiz Flávio Cappio en solidaridad con los pobres a los que se les priva de agua en beneficio de los hacendados, protegidos por el ejército. Esos cumplen lo que dice el Concilio Vaticano II sobre los obispos: “consagren cuidado peculiar a los pobres”. Esos recuerdan la pregunta que se les hizo el día de su consagración episcopal: “Con los pobres, con los inmigrantes, con todos los necesitados, ¿serás siempre bondadoso y comprensivo?”.

Los problemas episcopales que tenemos en España son otros: condenas por parte de tribunales civiles, preparación de la manifestación del día 30 en Madrid, próximas consagraciones en las que todo quedará en familia. Eso también es vida eclesial. Pero lo que ocurre en México y en Brasil, con Raul y Luiz es vida evangélica. Y en este tema no podemos sentirnos indiferentes. Tenemos que expresar nuestra solidaridad. Mi comentario y hasta mi solidaridad es, para emplear las palabras del Papa en su reciente encíclica, un discurso informativo. Lo de Raul y lo de Luiz es más bien performativo, o sea que cambia sus vidas y nos llama cambiar las nuestras.

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11
Dic
2007
Soledad poblada de aullidos
3 comentarios

Una imagen bíblica podría servir para describir la situación en la que muchos se van a encontrar en estos días venideros, con tanta fiesta y tan poca piedad: la “soledad poblada de aullidos” (Dt 32,10). En cierto modo, la soledad es consustancial a la condición humana. El fondo último de cada persona es único e irrepetible y escapa a toda comprensión exhaustiva. Somos, como decía Unamuno, “especies únicas”. Nacemos solos y morimos solos. Hay lugares donde nadie puede acompañarnos. Pero cuando hablo de personas que vivirán la soledad en estos próximos días me refiero a otra cosa: algunos estarán solos porque los han abandonado (en geriátricos, residencias, hospitales). En otros su soledad será consecuencia del vacío existencial, de sus dificultades para convivir o entablar relaciones más allá de la superficialidad, de su egoísmo o su proclividad al ensimismamiento.

Un modo de sentirse acompañado estando sólo es huir del silencio, buscando la estridencia, el ruido y el furor. Mucha gente tiene la televisión puesta sin prestarle atención. Esa televisión que se ha convertido en un concurso de gritos, de voces sin contenidos. O se pasa el día con los auriculares puestos. Cualquier cosa antes que estar en silencio. Al ser humano le cuesta estar consigo mismo. No sabe dialogar con su interior. Le teme a la soledad. Le da miedo enfrentarse a preguntas como estas: ¿quién soy?, ¿a dónde voy?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿qué es realmente lo que quiero? En estas condiciones es difícil, cuando no imposible, escuchar otra cosa que el vacío del propio yo. Es difícil encontrar un verdadero otro que no sea virtual, otro realmente distinto, que me interpele y me saque de mi mismo. En una soledad poblada de aullidos es difícil hacer espacio para el otro o escuchar la voz de Dios, caso de que se dé. Esta soledad se llena con sucedáneos del amor, con las soluciones y los regalos de todas las fiestas: sexo (incluso sexo virtual), alcohol, drogas, Chat o teléfono móvil. El vacío reaparece cuando se apagan los aparatos electrónicos.

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6
Dic
2007
La "vuelta" del purgatorio y del infierno
2 comentarios

Resulta divertido leer algunos comentarios sobre la encíclica: “Benedicto XVI, dice un editorialista, ha reabierto las instalaciones del infierno y el purgatorio después de que Juan Pablo II hubiera mandado precintarlas”. ¡Qué barbaridad! Cierto, Juan Pablo II, en alguna de sus homilías, se refirió al cielo, purgatorio e infierno no en clave de lugar, sino de situación. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es la aparente sorpresa que ha causado la “recuperación” del purgatorio y del infierno por parte de Benedicto XVI. A mi entender lo que causa problema a los creyentes no es tanto su realidad cuanto el modo de concebirla. La encíclica trata esas cuestiones desde la “docta ignorancia”, como “desconocidas realidades conocidas”.

El Papa asume las perspectivas de algunos teólogos contemporáneos: el purgatorio no hay que entenderlo como lugar de tristeza y penalidad, sino como un ser purificado en el encuentro con el Señor. Una purificación bienaventurada, gracias al poder del amor, que nos permite ser por fin totalmente nosotros mismos y, con ello, totalmente de Dios. El purgatorio no es una situación intermedia entre el cielo y el infierno, sino más bien una introducción purificatoria para el cielo. El purgatorio es la antesala del cielo. Pero en esta antesala ya nos recibe Dios. El purgatorio es la consoladora verdad del matiz: ni somos tan buenos como a veces nos imaginamos, ni tan malos como otros suponen de nosotros.

Una palabra sobre el infierno: hay tantos infiernos intrahistóricos, tanta violencia destructiva, que no sería de extrañar que un día algunos se encuentren con lo que han estado siempre buscando. ¿En quién estará pensando el Papa cuando en el nº 45 de su texto afirma que “en nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo”?

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3
Dic
2007
Hacer presente el futuro
8 comentarios

La primera mitad del adviento dirige nuestra mirada a la última venida del Señor, que de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos. Vendrá con gloria y dejará claras muchas cosas que ahora no lo están: que triunfará el amor, la verdad y la justicia, que él está presente en el indigente, que el pan está para ser repartido. Los textos litúrgicos de la primera parte del adviento dirigen la mirada hacia el final de la historia. Pero pretenden cambiar el presente. El Papa, en su encíclica ha recordado que cuando la carta a los hebreos dice que los cristianos son huéspedes y peregrinos en la tierra porque añoran una patria futura, se refiere a algo muy presente: “los cristianos reconocen que la sociedad actual no es su ideal”. Este reconocimiento nos invita a emplear nuestras fuerzas y posibilidades en cambiarla de acuerdo al ideal.

En esta línea resulta sugerente leer en clave de presente las afirmaciones apocalípticas del Nuevo Testamento: cuando el discurso apocalíptico habla de terremotos, caída de estrellas, oscurecimiento del sol, ¿está hablando de sucesos cosmológicos o está utilizando imágenes cósmicas para referirse a la necesidad de graves transformaciones históricas? ¿Está hablando del final caótico de este mundo o del caos actual que es necesario transformar en cosmos, en un mundo ordenado según el proyecto de Dios? Si lo pensamos bien este lenguaje no es tan extraño. Nosotros hablamos de desastre económico o de terremoto político para referirnos no a fenómenos cósmicos, sino a transformaciones de la historia. Y los símbolos del sol, la luna, las estrellas aparecen en las banderas del mundo o en los logotipos de las grandes empresas. Con la palabra potencia (Mc 13,25) nos referimos a los imperios de este mundo. Este lenguaje apocalíptico, ¿no podría designar las grandes transformaciones que se introducirían en nuestra historia si cayeran estos poderes que ahora dominan el mundo? El lenguaje apocalíptico es instancia crítica para el aquí y el ahora. En Spe salvi hay alusiones al aspecto crítico de la esperanza cristiana. ¿Hubiera sido deseable concretar y nombrar los graves problemas sociales, económicos y políticos a los que se enfrenta la humanidad actual?

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1
Dic
2007
La verdadera esperanza
6 comentarios

Con el adviento llega la segunda encíclica del Papa. Sobre la esperanza cristiana. Un texto bien escrito, para leer despacio si se quiere entender, fundamentado bíblicamente, más teológico que pastoral, en diálogo con la cultura y filosofía modernas. Puestos a intentar una síntesis diría lo siguiente: en este mundo hay cosas buenas y malas; las buenas son siempre provisionales y nunca acaban de satisfacer; las malas, en ocasiones, imposibles de arreglar. ¿Qué podemos, pues, esperar de este mundo? Sólo en Dios hay esperanza, una esperanza segura, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente, aunque sea fatigoso, porque para quien tiene futuro se hace más llevadero el presente.

El Papa toca temas importantes relacionados con la teología de la esperanza. No está todo, pero lo que hay es bueno: la sociedad actual no es la ideal; los cristianos pertenecemos a una sociedad nueva, que anticipamos con nuestro modo de vivir; Cristo nos indica qué debemos hacer para ser verdaderamente humanos y el camino más allá de la muerte; por la fe ya están presentes en nosotros las realidades que esperamos (al desarrollar este punto aparece la única alusión a Tomás de Aquino). Muy importante: la esperanza cristiana siempre es plural, no espera uno para sí sólo, espera con los demás y para los demás; sin esta dimensión comunitaria no hay auténtica esperanza. La esperanza nos une como “pueblo”, presupone dejar de estar encerrados en el propio yo; tiene que ver con la edificación del mundo; pero siendo bien conscientes de que ni el progreso, ni la revolución, ni la ciencia, ni la política son soluciones definitivas; pueden abrir incluso nuevas posibilidades para el mal, para ir “de la honda a la superbomba”. El progreso y la razón necesitan de la fuerza salvadora de la fe, que permite discernir entre el bien y el mal; junto a la razón técnica necesitamos una “razón realmente humana”. La oración es lugar de aprendizaje de la esperanza, es expresión de nuestro deseo. Destaco finalmente algo importante: no puede haber justicia para las víctimas y para los sufrimientos del pasado (y también del presente) sin resurrección de los muertos.

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29
Nov
2007
Lo difícil de oír a Dios
0 comentarios

Para la Sagrada Escritura Dios no es una evidencia. El Dios del que habla la Biblia es un Dios oculto, al que nadie ha visto jamás, pues “habita en una luz inaccesible, que no ha visto ni puede ver ningún ser humano” (1 Tm 6,16). Para cubrir la distancia que le separa de nosotros, cuando Dios quiere darse a conocer lo hace a través de mediaciones. Para los cristianos, el mediador por excelencia es el hombre Jesús. Pero todas las mediaciones, por ser humanas, son susceptibles de diversas interpretaciones. En el pobre es posible ver sólo al pobre. También es posible ver la presencia de Dios en él. En el hombre Jesús es posible ver sólo a un hombre, incluso a un impostor. Si no hubiera sido así, nunca le hubieran crucificado.

Quién no cree en Dios no actúa de mala fe. Ocurre que en las mediaciones sólo ve realidades mundanas. El creyente ve esas mismas realidades, pero interpreta que en ellas se manifiesta algo oculto, invisible. Por ser invisible y oculto, el no creyente puede acusar al creyente de hacerse ilusiones. La fe siempre es oscura. Nunca es fácil creer. Los creyentes hacemos profesión de oscuridad. Esta oscuridad de la fe es la que nos permite comprender la postura atea. La posibilidad del ateísmo es condición de la seriedad de la fe. Si el ateísmo no fuera posible, la fe tampoco lo sería. Si el ateísmo no fuera posible, la fe desaparecería al convertirse en una evidencia que se impondría por si misma, con lo que también desaparecería la libertad del ser humano al creer.

De ahí que los creyentes tenemos mucho interés en escuchar la “interpretación atea” de la realidad. Porque nos interesa afinar y no ver visiones. Hay mucho visionario entre los que se consideran creyentes. De ahí al fanatismo no hay más que un paso. La incapacidad de comprender al ateo es un peligro para la fe, pues conduce a la intransigencia. No comprender al ateo es no comprender el verdadero sentido del silencio de Dios. Es, en suma, incapacidad de comprender al Dios que en Jesús se revela.

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24
Nov
2007
Los dominicos, ¿secta inmunda?
15 comentarios

Pensaba comentar las últimas noticias eclesiales y centrarme en tres temas: las felicitaciones y elogios de Monseñor Dorado y el Cardenal Amigo a la FERE, con la que la Iglesia tiene una “deuda impagable”; la exégesis del portavoz de la Conferencia Episcopal al discurso del Presidente, como si no supiéramos leer y como si el discurso de Blázquez necesitase exégesis; y finalmente una noticia que posiblemente les ha pasado desapercibida: la intervención de la Hermana María Rosa de la Cierva en el IX Congreso sobre Católicos y Vida Pública, en la que invita sin recato a la objeción de conciencia contra Educación para la Ciudadanía, haciendo llamadas a la solidaridad y a la unidad. Esta hermana no se ha enterado de que en la Iglesia la unidad es en la fe; por lo demás tampoco parece ella estar muy unida ni a la FERE ni a las posiciones más calladas y discretas de algunos obispos. Así que menos llamadas a la unidad y más respeto al legítimo pluralismo eclesial.

Pensaba hablar de todo eso y me encuentro con una entrevista a Fernando Vallejo sobre su libro La puta babilonia, en el suplemento “Babelia” de El País. Y en la entrevista una perla sobre los dominicos en la que, recordando la Inquisición, nos califica de “inmunda secta, vergüenza de España, hijos de malas madres”, aparte de acusarnos de criminales y torturadores. No voy a hacer ninguna defensa corporativa, porque no es necesario. La historia hay que leerla en su contexto. Cierto, las grandes instituciones, como los dominicos, debemos asumir nuestro pasado. Y en todos los pasados hay cosas menos buenas, cosas de las que avergonzarse, cosas de las que pedir perdón. No creo que en eso los dominicos vayamos a la zaga de nadie. Porque nuestro lema es la verdad, y no tenemos miedo a reconocer nuestros errores. Pero también en nuestra historia hay momentos más brillantes. Bueno es reconocerlo para ser justos con la institución. Y sobre todo lo que a mi me importa es nuestro presente. Y no creo que hoy la Orden esté en línea con esa caricatura que describe Vallejo. Más bien está en línea bien opuesta, como reconocen amigos y no tan amigos. Y cuando uno tiene las cosas claras puede vivir perfectamente en paz con su pasado y lanzarse hacia delante, porque el pasado también enseña a no repetirlo. Lo digo con temor, pero convencido: ya quisieran muchos tener la capacidad de autocrítica que tenemos los dominicos, la capacidad de comprensión de lo ajeno, el amor a la verdad, el pluralismo interno y la democracia constitucional que es un signo de nuestra identidad.

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