Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener información y realizar análisis estadísticos sobre el uso de nuestro sitio web. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información en la página sobre las cookies.

Entendido

Logo dominicosdominicos

Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor


Filtrando por: 2006 quitar filtro

24
Dic
2006
¿De dónde viene Jesús?
4 comentarios

La experiencia de la resurrección de Cristo planteó, con más fuerza que nunca, una pregunta que ya algunos hicieron en vida de Jesús: ¿quién es ese?, ¿de dónde viene?.

Lo primero que se escribió sobre Jesús fueron los relatos de su muerte y resurrección. Eso era lo importante para los primeros cristianos. Pero, poco a poco, espontáneamente, surgieron las preguntas por el “antes” de esa muerte y de esa resurrección. Antes fue el nacimiento. Importa poco si fue en Belén o en Nazaret. Pero sí importa, y mucho, un “antes” más radical, que clarifica definitivamente la pregunta por la identidad de Jesús. Este antes radical es: Jesús procede del Padre. Dios mismo es quién ha enviado a Jesús. Es el misterio de la Encarnación: “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer” (Gal 4,4). El que nace de María tiene por Padre a Dios.

En el nacimiento de Jesús según la carne se anticipa el rechazo de los grandes y la adhesión de los pequeños. Según Lucas los primeros que van a recibirle son unos pastores, marginados sociales, gente despreciada en aquel ambiente. Estos han recibido una revelación de la identidad del niño, que retrotrae la revelación pascual de Jesús como Señor y Mesías. Acogida la revelación, esos pequeños, esos sin credibilidad, se convierten en pregoneros de lo que han visto y oído (Lc 2,17-18), del mismo modo que las mujeres, también sin credibilidad en la época, se convierten en las primeras testigos de la resurrección, el acontecimiento por excelencia que revela a Jesús como Señor, o sea, como el que tiene poder divino para salvar. Lucas retrotrae a la infancia (o sea, coloca en los inicios algo realmente acontecido al final de la vida de Jesús) la experiencia pascual de la proclamación de Jesús como Señor. También hoy los creyentes somos convocados a ser testigos ante el mundo de lo que hemos oído acerca de este niño (cf. Lc 2,17), a saber, que él es el Salvador (Lc 2,11).

Ir al artículo

19
Dic
2006
¿Qué tendrá el ser humano?
2 comentarios

¿Qué tendrá el hombre para que Dios quiera hacerse hombre? Sólo encuentro una respuesta: el ser humano tiene una dignidad sin igual, una capacidad para lo divino; por eso, Dios ve reflejada en el hombre su propia imagen. Así se explica que no codicie su categoría de Dios, que no le importe despojarse de sí mismo para tomar la condición humana (Flp 2,6-7), pues al hacerlo en realidad se encuentra con lo más propiamente suyo: “vino a lo suyo” (Jn 1,11). A lo suyo, y no a lo nuestro, pues lo nuestro es lo más propiamente suyo. Cuando Dios viene a nuestra casa en realidad viene a su casa. Por eso se encuentra tan a gusto.

Hay un peligro. Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron (Jn 1,11). No le recibimos cada vez que negamos la fraternidad. Cuando no queremos ver a los africanos que duermen bajo el puente del viejo cauce del Turia en Valencia. Cuando no acogemos a los sudamericanos como lo que son en su sentido más biológico: nuestros propios abuelos que un día emigraron y hoy regresan a casa. A la suya, y no sólo a la nuestra. Cuando no respetamos la vida del anciano o del enfermo.

¿Qué tendrá el hombre para que Dios quiera hacerse hombre? Una enorme riqueza, un gran poder que no puede guardarse para sí, porque si lo guarda lo pierde. La riqueza divina que nos habita la tenemos para derramarla a manos llenas. Porque rico no es el que guarda, sino el que reparte. El que guarda es un egoísta, un solitario, con una mirada tan corta que sólo alcanza a verse a sí mismo. El hijo tiene la amplia mirada del Padre, los poderes paternos, la bondad del Altísimo, tan generosa que alcanza incluso a los desagradecidos y perversos (Lc 6,35).

Ir al artículo

17
Dic
2006
Mala educación
5 comentarios

Ayer me enteré de que en un Instituto de un pueblo de la provincia de Málaga, la directora del Centro tiró a la basura un belén que los alumnos de primero de ESO habían realizado, comprando las figuras con su propio dinero, como una actividad de la clase de religión. Creo que nos encontramos sencillamente ante un ejemplo de prepotencia y mala educación. Y si la directora actúa con mala educación, mal podrá educar a sus alumnos. ¿Se hubiera atrevido esta buena señora a hacer lo mismo con algún montaje propuesto por otro profesor, pongamos por caso, el profesor de historia, proponiendo una exposición de periódicos de unos determinados años del pasado siglo, para comparar las diferencias en el tratamiento de una misma noticia, con el pretexto de que algunas noticias podían herir la sensibilidad política de los alumnos?

Ante ataques gratuitos me parece que los creyentes no debemos alarmarnos. Y mucho menos responder con la misma moneda. Porque un cristiano actúa con los demás como le gustaría que actuaran con él. No como los demás actúan, sino como le gustaría que actuasen. Ya en el siglo I, la conocida como primera carta de Pedro, invitaba a los cristianos a actuar con dulzura “para que aquello mismo que os echen en cara, sirva de confusión a quienes critiquen vuestra buena conducta en Cristo”.

Ir al artículo

14
Dic
2006
Fiesta que dura
3 comentarios

En estos días se escuchan cada vez más propuestas y comentarios sobre el uso y sentido “no religioso cristiano” de estas fechas con las que finaliza el año. Yo no quiero hablar de esa navidad profana que nos invade por todas partes, sino de esta otra Navidad, la de Dios que quiere hacerse hombre para que nosotros nos hagamos divinos. Se trata de una Navidad alternativa, porque hoy la alternativa es la cristiana. La Navidad cristiana rompe moldes, porque en este mundo nuestro resulta chocante. Y sobre todo dura.

Me contaba hace poco un padre de familia todavía joven, recordando su servicio militar, que los sábados por la tarde sus amigos le preguntaban a dónde iba. Y él respondía que a una fiesta. Esta fiesta era -y sigue siendo para él- la celebración de la Eucaristía. Entonces sus amigos le decían: nosotros también vamos a una fiesta, vente con nosotros y te divertirás. Y él respondía: no me interesa una fiesta hecha de borrachera que dura una noche; prefiero una fiesta que dure toda la semana. En efecto, hay fáciles placeres que dejan el corazón vacío; y hay aparentes renuncias que dejan a uno lleno de alegría. Quien lo descubre no sólo encuentra sentido a la vida, sino también las palabras adecuadas para responder con valentía a los que con propuestas aparentemente seductoras tratan de desviarle del camino de la fe.

Es de esperar que en estos próximos días los creyentes nos apuntemos a la fiesta que dura. Que sean muy felices para todos.

Ir al artículo

10
Dic
2006
Un sí matizado
8 comentarios

Es fundamental que los padres se preocupen de la enseñanza que sus hijos reciben en el Centro docente. Y es posible ejercer acciones legales y utilizar medios pacíficos de presión cuando se está en desacuerdo con explicaciones que tocan puntos fundamentales de la moral.

Ahora bien, para hacerlo habrá que conocer primero el programa de la asignatura, luego la metodología y, sobre todo, el profesor que la imparte. El que los padres estén en desacuerdo con determinadas realidades no es motivo suficiente para que un profesor no pueda hablar o informar de ellas. El que yo no considere bueno el robo, no es motivo para que en mi clase de religión, de ética o de filosofía no pueda y deba hablar de las nuevas modalidades de robo que acontecen en nuestra sociedad con sus inmensas posibilidades técnicas. El que yo no esté de acuerdo con determinadas posibilidades de la biología, no es motivo para que, en su momento, mis alumnos no deban estar informados de estas posibilidades. Cosa distinta es que los padres en primer lugar y los profesores en segundo lugar (y más si imparten determinadas asignaturas) puedan y deben dejar muy claro que no todo lo posible es moral.

La pregunta: ¿qué le está permitido a la técnica?, durante mucho tiempo se respondió así: le está permitido aquello de lo que es capaz. Con este fundamento justificamos las armas de destrucción masivas y tantas atrocidades de las que somos espectadores atónitos. En el modo de impartir las asignaturas es dónde me parece que hay que poner el acento, porque las tinieblas, si las hay, no desaparecen cuando se las ataca, sino cuando se las ilumina. Me pregunto si a propósito de la proyectada materia “Educación para la Ciudadanía” no estamos diciendo un no demasiado deprisa donde antes habría que decir un sí, aunque desde luego matizado y distintivo.

Ir al artículo

7
Dic
2006
Inmaculada
4 comentarios

Si el pecado original consiste en la acción inevitable de una atmósfera que nos inclina fatalmente a una cierta adhesión y a una cierta conformidad con un estilo de vida objetivamente pecaminoso, ¿qué significa, en el caso de María, una preservación de tal acción desde el primer instante de su concepción? Dios no evita que María sea tentada. Le otorga una gracia que le permitirá resistir a estas fuerzas del mal con las que inevitablemente se encontrará a lo largo de su vida.

El privilegio de la Inmaculada no hay que entenderlo como una especie de coraza con la que un soberano caprichoso envolvería a María. Dios, que fija libremente la medida de sus dones, ha dado a María una sobreabundancia de vida religiosa, una plenitud de caridad única. Este es el lado positivo de la doctrina de Pio IX sobre la Inmaculada, que concluye con un dogma formulado en términos negativos. El amor de Dios, otorgado a María en su concepción, se convirtió en amor acogido cuando despertó la conciencia de María. Dios hizo que la atmósfera pecadora que inevitablemente envolvió a María no encontrase en ella la menor complacencia. Podemos suponer que el medio familiar en el que ella creció era piadoso y santo y favoreció su crecimiento espiritual. Pero, tarde o temprano, ella se encontró en presencia del pecado y de sus tentaciones, como también ocurrió con su Hijo. Entonces la fuerza de su amor por Dios le preservó de tota complicidad, por pequeña que fuese. El torrente que puede derribar una casa construida sobre arena, no pudo con una casa construida sobre roca.

Ir al artículo

4
Dic
2006
La trascendencia de unas babuchas blancas
6 comentarios

Me escribe una amiga invitándome e inspirándome para que diga una palabra sobre la imagen de Benedicto XVI con sus pies descalzos, en babuchas blancas, en su minuto de silencio en la Mezquita en Turquía, mirando a la Meca. Una imagen, añade mi interlocutora, que dice mucho en el diálogo interreligioso y en otras cuestiones.

Pues sí, dice mucho en el diálogo interreligioso. La escena trae a la memoria otra del Antiguo Testamento, esa en la que se le dice a Moisés: “quita las sandalias de tus pies, porque el lugar que pisas es suelo sagrado” (Ex 3,5). El Papa estaba reconociendo la santidad de la Mezquita. Primero porque toda la tierra es santa. Pero sobre todo porque la Mezquita es lugar de oración, de encuentro con Dios. Y toda oración, si es auténtica, se prolonga en el amor al prójimo. Por eso Jesús estaba en contra de aquellos que convertían la casa de Dios en lugar de bandidaje. Bandidos son los que roban, bandidos son los que incitan al desamor porque nos roban el amor.

También dice mucho sobre otras cuestiones. Por ejemplo: en occidente el poder se equipara al “pisar fuerte”. Los pies descalzos pueden ser un signo del poder del amor, un poder desarmado. Por eso el amor es vulnerable y puede acabar crucificado. Los pies descalzos del Papa bien pudieran simbolizar esos hermosos pies del mensajero que anuncia la paz.

Ir al artículo

2
Dic
2006
De nuevo vendrá con gloria
6 comentarios

Bastantes cristianos ignoran que la primera parte del adviento tiene una dimensión eminentemente escatológica. No está dedicada a preparar el misterio de Navidad, sino a celebrar un importante artículo del Credo, el que dice que el Señor de nuevo vendrá con gloria, al final de los tiempos, para juzgar a vivos y muertos. La primera parte del adviento no se refiere al pasado, sino al futuro; no celebra lo ya acontecido, sino lo que vendrá. Recordar el pasado a veces produce nostalgia. Esperar, con esperanza cierta, un futuro de plenitud debería dar una mayor calidad a la vida.

¿Qué interés tiene este artículo de la fe? Mucho. Según lo que esperamos y a quien esperamos, así vivimos. Quien espera, aún en medio de muchos dolores, la curación de una enfermedad, vive con mucha más alegría que quien, sin sufrir tanto, sabe que con su enfermedad tiene los días contados. Quien espera la pronta liberación, aún en medio de sufrimientos e incomodidades, vive con más alegría que quien sólo espera la muerte.

Por otra parte, cuando el Señor venga glorioso quedará clara la verdad de todas las cosas. Quedará claro que lo único que tiene futuro es el amor, la verdad, la justicia. Y que el odio, la guerra y el mal no tienen ningún futuro. Quedará claro quien es ese que vino humildemente, al que se podía rechazar, porque no quería ni podía imponerse. Cuando el Señor venga glorioso triunfará definitivamente el bien. En este sentido, los cristianos tenemos la clave de lo que vale y de lo que no vale. ¡Qué pena perder el tiempo por lo que no vale!

Ir al artículo

29
Nov
2006
Obras mayores aún
5 comentarios

En esta página de los dominicos hay información suficiente sobre el año jubilar dominicano. Estamos de enhorabuena. Las dominicas y los dominicos tenemos detrás una historia de la que podemos sentirnos orgullosos. Pero esta historia nos está interpelando, estimulando. El pasado no está ahí para recordarlo nostálgicamente: “El que cree en mi –decía Jesús- hará las obras que yo hago. Y las hará mayores aún”. ¡Mayores aún! Si no queremos que sea un pasado muerto, importa hacerlo presente. Y para ello no necesitamos ser muchos, ni jóvenes, ni guapos. Necesitamos ser fieles. Mujeres y varones de oración. Y mujeres y varones de estudio. Llamados a ofrecer una predicación que no sólo calienta el corazón, sino sobre todo que ilumina la inteligencia: ¿por qué somos cristianos y no otra cosa?, ¿por qué damos testimonio?, ¿por qué celebramos la fe?, ¿cómo ser cristiano y amar este maravilloso mundo moderno en el que tenemos la suerte de vivir? Llamados a ofrecer una predicación de la gracia. Predicador de la gracia, decimos de nuestro padre Sto. Domingo. ¿Anunciamos un Dios que sólo quiere el bien y la salvación del ser humano o anunciamos un Dios duro, exigente con los humanos?

En esta familia nuestra, las hermanas han sido parte fundamental. Fundamental: lo necesario, lo imprescindible, lo que sirve de soporte y de base. Sin ellas la familia no sería lo que es. Por eso, es lógico que el año jubilar comience en sus Monasterios. En España hay tres Federaciones de Monjas. Yo conozco una, la de la Inmaculada. En la ciudad de Torrent ellas celebrarán, el próximo domingo, en la Iglesia de su Monasterio Federal el inicio del año jubilar. Estas hermanas tienen un estimulante pasado, un maravilloso presente y son la garantía de un mejor porvenir. Gracias a ellas muchos frailes comieron cuando ellas no tenían. Gracias a ellas muchos frailes han encontrado apoyo y estímulo en su ministerio. ¡Cuánto les debemos los frailes de la Provincia! Bueno es reconocerlo.

Ir al artículo

26
Nov
2006
¿A ti quién te va a querer?
4 comentarios

Supongo que buscando la cercanía con el Día Mundial contra la violencia entre sexos (para decirlo en correcto castellano, porque “de género” me parece un anglicismo), esta pasada semana se ha celebrado en Valencia una Jornada sobre “Mujeres con discapacidad víctimas de la violencia de género” organizada por la Generalitat Valenciana. Las conclusiones han sido muy tristes. Lamentables. Es frecuente que las mujeres discapacitadas sometidas a malos tratos por sus parejas, tengan que escuchar frases como: “Ya tienes suerte de estar casada conmigo. ¿A ti quién te va a querer?” o “¿te has visto que estás hecha un adefesio?”, según dejaron patente representantes de las organizaciones de personas con discapacidad.

Eso no se arregla con discursos. Pero da mucho que pensar. Por ejemplo: ¿no hemos reducido el amor a un vago sentimiento o a un gusto? Si el amor es un gusto es claro que no puedo amar a los que no me gustan. Pero el amor es algo muy distinto: es una actitud, una disposición. En el amor no es cuestión principalmente de si me gusta o no me gusta (en cuyo caso sería imposible cumplir el precepto cristiano del amor al enemigo), sino de si estoy dispuesto a ser benevolente, comprensivo, respetuoso con el otro. Lo que nos hace humanos es precisamente nuestra capacidad de cuidar del desvalido. De amar nuestra propia carne. La del anciano, la del enfermo, la del niño nacido deficiente, la del minusválido es mi propia carne. No sólo la suya. También la mía. Esta es la gran tragedia: que ni siquiera nos amamos a nosotros mismos

¿Por qué Dios ama a los pobres, incluso algunos dicen que con amor preferencial? ¿No es pobreza la del discapacitado? ¿Por qué Dios les ama con amor preferencial? ¿Por que son más guapos? Evidentemente no. Sólo puede ser por una cosa: porque están más necesitados de su amor.

Ir al artículo

Posteriores