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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
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9
Dic
2017
Judíos amenazados, Dios en peligro
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judíos

Mientras algún diputado de la ultraderecha alemana produce videos negando o minimizando el holocausto, Magda Hollander-Lafon, sobreviviente de cinco campos de concentración nazis, en una reciente entrevista, ha dicho cosas tan interesantes como estas: “Dios está en peligro cada vez que los judíos están amenazados”. Ante la pregunta del periodista: “¿Cree que los nazis quisieron exterminar a los judíos porque creían en Dios?”, responde: “Claro, ¿qué persiguen los grandes dictadores? Ponerse en el lugar de Dios. Los nazis tenían el poder de vida y de muerte sobre nosotros. ¿Qué les molestaba? Que se decía que éramos el pueblo elegido. Eso les provocaba celos y envidia. Éramos peligrosos”. Finalmente, a la pregunta: “¿Qué es ser judío?”, responde: no es creer en alguien que está por encima de ti, sino “creer en alguien que está contigo. Un judío es alguien que tiene fe. Cuidado, no es lo mismo creer que tener fe; puedes creer hoy en algo y mañana ya no. Pero la fe es distinta, te habita”.

Me permito hacer tres puntualizaciones. Una, Dios está en peligro cada vez que un ser humano está amenazado, sea judío, musulmán, cristiano o ateo. Pero también es verdad que Dios es más poderoso que todas las amenazas, porque nunca tiene las manos atadas y tiene poder sobre la muerte. Dos, cuando alguien se cree dueño de la vida de los demás pretende, ni más ni menos, que ocupar el lugar de Dios. Este tipo de personajes son muy peligrosos. Pero también es verdad que pretenden lo imposible: nadie puede impunemente pretender ocupar el lugar de Dios. Y tres: muy cierto eso de que ser judío (y también ser cristiano) es creer en alguien que está contigo. Alguien que te habita, que es más íntimo que tu propia intimidad. Todo hombre ha sido creado para ser habitado. Cuando Dios te habita, lejos de perderte, te encuentras definitivamente. Nada marca tanto como el confiar en Dios.

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5
Dic
2017
María, enseñanza para todos
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virgenermita

El Concilio Vaticano II, citando a san Ambrosio, dice que María “es enseñanza para todos”. También dice el Concilio que María “coopera en la educación de los fieles”. O sea, María es una buena maestra de vida cristiana. Maestra de todas las vocaciones y de todos los estados de vida, sea la vida religiosa, la vida matrimonial, el sacerdocio, la viudedad, la soltería vivida con elegancia.

Si miramos a la virgen María encontramos una serie de actitudes que pueden ayudar a vivir con ilusión y coherencia nuestras distintas vocaciones. Toda llamada de Dios es motivo de alegría, de acción de gracias y de esperanza. María, tras recibir un saludo de parte de Dios, que la invita a la alegría, “alégrate, llena de gracia” (Lc 1,28), entona un cántico de acción de gracias que comienza afirmando que, efectivamente, “se alegra su espíritu en Dios, su Salvador”. ¿Cuál es el motivo de esta alegría? “Porque ha mirado la humillación de su esclava, porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí, porque su nombre es santo y porque su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

Mirando a María estamos invitados a la alegría por lo mucho y bueno que el Señor ha hecho en cada uno de nosotros. Esta alegría debe ir acompañada del agradecimiento, por la llamada del Señor a nuestra respectiva vocación, y por “las obras grandes” que el Poderoso ha hecho y quiere hacer por medio de “la humildad de sus siervos”. La alegría y el agradecimiento deben abrirnos a la esperanza, pues sabemos que Dios no abandona a quienes llama, sino que, como dice María, extiende su misericordia de generación en generación. Tenemos un futuro por delante, hay muchas cosas que podemos y debemos hacer, si sabemos leer los signos de los tiempos, como María: los poderosos en sus tronos, los ricos, los pobres, los hambrientos, los humildes. La esperanza es realista, se apoya en nuestras posibilidades; por eso, para mantener viva la esperanza, tenemos que analizar nuestras fuerzas y organizarnos con eficacia.

Finalmente, María nos invita a vivir el presente con pasión y con ilusión. Tras recibir el anuncio del ángel que la invita a la alegría, María, se mueve con prontitud (Lc 1,39) para transmitir la alegría incontenible que lleva en su regazo: Jesús, el Señor. “La esclava del Señor” (Lc 1,38) corre a hacerse esclava de los hombres, pues el amor de Dios se demuestra y comprueba en el amor a cada hermano y a cada hermana. Con María, cada uno de nosotros, empujado por el viento del Espíritu, debe vivir hoy su propia vocación con pasión, con esperanza, con ilusión, con fe ardiente y generosa, amando a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y nadie quede privado de la luz del Evangelio.

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30
Nov
2017
Adviento va de venidas
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atardecerenmar

Pero no nos confundamos de venida. Muchos cristianos creen que la venida de la que trata el adviento ocurrió en el pasado y, además, la imaginan como la venida de un niño en un pesebre, en el que había un buey y una mula. Imagen inexacta, que además corre el riesgo de apartar nuestra mente de lo esencial, a saber: el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Otros entienden que la venida de la que trata el adviento es más bien un concurso de “idas y venidas” a los grandes almacenes para adquirir alimentos con los que celebrar el fin del año y regalos con los que obsequiar a la familia.

En realidad el adviento cristiano trata de tres venidas. Una ocurrida en el pasado, en la que el Hijo del eterno Padre tomó nuestra condición humana, naciendo de la virgen María. Una segunda venida de la que trata el adviento es la de Cristo al final de los tiempos, “para juzgar a los vivos y a los muertos”, tal como dice el Credo. O sea, para manifestar la verdad de todas las cosas. Una verdad que ahora está oculta, porque en este mundo lo que suele aparecer es la mentira, la injusticia, la pobreza, y también el odio, la guerra y la muerte. Pues bien, cuando el Señor vuelva glorioso quedará claro que estas cosas tan mundanas no tienen ningún futuro. Lo único que tiene futuro es la verdad, la justicia, el amor, la solidaridad, la acogida, el perdón, la paz y el entendimiento entre personas y pueblos.

Precisamente por eso, el adviento trata de una tercera venida, a la que deberíamos prestar mucha atención, pues “el Señor viene en cada persona y en cada acontecimiento para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera gloriosa de su Reino”, tal como dice unos de los prefacios de la Eucaristía de este tiempo litúrgico. Esta venida es la que más nos cuesta comprender y, sin embargo, es la que debería preocuparnos más. En cada ser humano, sobre todo en los necesitados y despreciados, se prolonga el misterio de la Encarnación. En ellos el Señor se hace presente y reclama nuestro amor. Si no prestamos suficiente atención a esta tercera venida, la ocurrida en Belén terminará convirtiéndose en puro folklore, y la última venida en gloria y majestad es posible que sea un motivo de vergüenza (por decir algo suave) para los que no hemos sabido encontrarle en el prójimo.

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26
Nov
2017
Un bodrio que el mundo llama Navidad
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calendario

La preparación de la Navidad cada vez se adelanta más. Ríanse ustedes del adviento. Y de paso, ríanse de esta Navidad cuya preparación cada vez se adelanta más. Es la Navidad que el mundo ha robado a los cristianos, la Navidad en donde solo importa la juerga, las compras, los regalos, la buena comida y la mejor bebida. No digo que no haya que alegrarse por las fiestas cristianas. Digo que hay una Navidad, la del mundo, en donde lo cristiano no importa nada.

La última moda, procedente de Londres, es hacerse con unos “calendarios exquisitos para recibir la Navidad, unos almanaques de adviento con cosméticos de lujo” (cita literal sacada de la prensa). Se trata de un mural, con los días bien marcados, con un pequeño cajoncito detrás de cada día. Al abrir el cajón de cada día aparecen artículos de lujo, de modo que cada día restante para este bodrio que llaman Navidad es una sorpresa, que supuestamente produce alegría, y así vamos preparando la fiesta que el mundo ofrece. Por cierto, en Londres el producto está agotado. Parece que en España aún se puede encontrar, fabricado por diferentes marcas. Todo muy divertido.

Uno no sabe si reír o llorar. Yo, entre risas y lágrimas, reniego de esa Navidad sin sentido, vacía o, por mejor decir, llena de nada, llena de tontería. El domingo que viene comenzará el adviento para los cristianos. ¿Tiempo de preparación? Nada de eso. Tiempo litúrgico con entidad propia que, de entrada, recuerda no un acontecimiento del pasado, sino un acontecimiento futuro, la gloriosa venida de nuestro Señor Jesucristo, que debería despertar nuestra esperanza y hacernos vivir de otra manera. No nos preparamos, vivimos ya un tiempo con su propia consistencia.

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22
Nov
2017
Rey de pecadores y malhechores
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jesúsentreladrones

El título de la cruz, recogido por los cuatro evangelios, probablemente es una clave muy completa para interpretar la impresión que Jesús causó a las autoridades: “este es Jesús, rey de los judíos”. Evidentemente, se trata de un rey muy extraño, en disonancia total con los reyes de entonces y los de hoy. Es llamativo que este rey fuera crucificado entre dos “malhechores”, traducción preferible a la de ladrones. Pues no se trataba de criminales corrientes, sino de hombres que se habían alzado contra el poder de Roma. Algo había en Jesús que permitía interpretarlo como un peligro para el poder imperial. Un poeta que canta la belleza de los lirios del campo o de los pájaros del cielo no termina de esa manera.

El crucificado era un rey que ponía en cuestión los poderes de este mundo. Y que además cuestionaba los valores que rigen la sociedad bien pensante de entonces y de ahora. Decía que había venido a llamar a los pecadores y no a los justos (Mc 2,17). ¿Acaso pretendía que el comportamiento moral no significa nada a los ojos de Dios? Dios está más interesado por los que se saben pecadores que por los que se creen piadosos. Las palabras y la manera de actuar de Jesús eran una denuncia para aquellos a los que les encanta el poder (todo tipo de poder, incluido el eclesiástico) y para aquellos que se dedican a condenar a los que no piensan o actúan como ellos. Un denunciante así sólo puede acabar expulsado, marginado, rechazado.

La realeza de Jesús no es la justificación de ninguna actuación que perjudique al hermano, pero es una llamada a tratar con misericordia al hermano que actúa mal. Lo que solemos hacer con las personas que actúan mal es condenarlas. Jesús las acoge. Por otra parte, la realeza de Jesús no es una llamada a la anarquía o al desorden, pero sí es una advertencia contra las ganas de mandar, las ganas de poder, porque precisamente estas ganas son un indicio de lo mal que se va a usar el poder. Los reyes de las naciones, dijo Jesús, las oprimen y, en el colmo de la ironía, se hacen llamar bienhechores. Y añade, dirigiéndose directamente a los que quieren ser de su grupo: entre vosotros nada de eso, el que quiera ser el primero, que sea el primero en servir.

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18
Nov
2017
Dónde está Dios no es la buena pregunta
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cielo02

La buena pregunta es: ¿cómo voy a situarme para encontrarlo? Pues Dios está en todas partes, pero el hecho es que no en todas partes se le encuentra. ¿Quizás porque se esconde? No se esconde, pero su presencia siempre está velada en las realidades de este mundo. No se esconde especialmente más en un sitio que en otro, ni se manifiesta más en un lugar que en otro. Su presencia es paradójica. Estos dos textos bíblicos que voy a citar son verdaderos conjuntamente, no cada uno por separado, y la verdad está en la tensión de mantener los dos al mismo tiempo: “si escalo hasta el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar” allí se encuentra Dios (Sal 139,8-10). Pero lo contrario también es verdad: “Si voy hacia el oriente, no está allí; si al occidente, no le advierto. Cuando le busco al norte, no aparece; y tampoco le veo si vuelvo al mediodía” (Job 23,8-9).

Por eso digo que la buena pregunta es: ¿cómo voy a situarme yo para encontrar a Dios en mi realidad y en la vida de los demás? Como está en todas partes, está en la casa de prostitución. Y, si me apuran mucho, está con la misma intensidad que en la Iglesia. Ocurre que quienes van a esas casas de prostitución no están en la postura o situación adecuada para encontrar al Dios que allí está. Quizás alguien podría entrar con la buena postura para encontrarle. Cuentan de un importante clérigo que un día entró en una de esas casas precisamente para ayudar a una de las personas que allí estaba y logró sacarla de allí. Este clérigo encontró a Dios donde otros no le encontraban. Igualmente se puede entrar en una Iglesia con malas disposiciones. Entrar, por ejemplo, para poner una bomba, o para burlarse de quienes allí están. Quién entra con esas intenciones, es imposible que encuentre a Dios en la Iglesia.

Hay sitios que facilitan o dificultan los encuentros. Los que entran en esos sitios ya saben dónde entran, y saben lo que allí van a encontrar. Las discotecas no están preparadas para mantener un diálogo tranquilo entre dos amigos. Si una persona necesita ayuda, hablar, desahogarse, el buen interlocutor no la lleva a una discoteca, porque allí el ruido estridente impide la conversación. Las discotecas precisamente están preparadas para gente que no tiene nada que decirse.

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14
Nov
2017
Esa gran familia que es la Iglesia
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iglesia

El lema del presente año para animar a celebrar el día de la Iglesia diocesana es: “somos una gran familia contigo”. Este lema nos remite a algo fundamental, la experiencia de pertenecer a una familia. Familia es el lugar en el que hemos nacido. Pero es mucho más, porque desgraciadamente hay personas que han nacido y han sido alejadas enseguida del lugar de su nacimiento. Algunos de estos alejados han sido acogidos en otros lugares. Acogido: esta es la primera condición para que haya familia. No es solo el lugar donde uno nace, o donde uno está, sino donde uno es acogido. Sin esta experiencia de ser acogido, que implica un clima de amor, no hay familia.

El lema de este año nos invita a plantearnos la necesaria pregunta de si la Iglesia es un lugar de acogida. Cierto, algunos no se sienten acogidos. Habrá que preguntar el motivo. Porque una cosa es no ser acogido y otra no sentirse acogido. Quizás uno no se siente acogido porque se siente extraño con las costumbres de la familia. O porque se siente juzgado y condenado por su manera de vivir. En este caso, para superar el sentimiento de no ser acogido, es conveniente situarse antes de la norma, para que quede claro que lo importante es la persona. Una vez que esto ha quedado claro, si hay que decir una palabra tiene que ser para ayudar, comprender, nunca para condenar o rechazar.

La Iglesia quiere ser una familia tan acogedora que acoge hasta a los que no llevan el apellido de la familia. Hay instituciones eclesiales que ayudan a “los de fuera”, aunque eso de “fuera” conviene matizarlo. Porque a los no cristianos, la Iglesia también los considera de la familia, ya que la pertenencia a la gran familia que es la Iglesia tiene distintos niveles. Como bien dijo el Vaticano II, los que no conocen a Cristo, e incluso los que no conocen a Dios, tienen una cierta relación con el Pueblo de Dios. Si pertenecen a nuestro pueblo también son familiares nuestros, quizás familiares un poco lejanos, pero familiares al fin y al cabo, a los que debemos respetar, comprender y ayudar.

Formar parte de una familia es ser respetado, ser escuchado, participar en la toma de decisiones y asumir responsabilidades. Cierto, no se participa en la toma de decisiones y en las responsabilidades de la misma manera en las familias reducidas que en las extensas. En el caso de la Iglesia es necesario encontrar cauces de participación que van más allá de la mera relación cercana y diaria. De ahí que en las parroquias y en la diócesis haya distintos “consejos” y estructuras que prevén la participación de todos los fieles en la toma de decisiones y en la asunción de responsabilidades. Es importante que en tales consejos se pueda hablar con libertad. También es importante que todos nos sintamos representados cuando se toman decisiones.

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10
Nov
2017
Los que aman son felices
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rosaquenace

Tomé buena nota de lo que un día me dijiste: “pasamos la vida hiriendo a las personas sin miramiento. ¡Con las ventajas tan grandes que tiene el Amor! Juzgamos, condenamos y ejecutamos, y parece que así somos felices y dignos. ¡Qué equivocados estamos!”. Te respondí: “Al final, los que aman son felices. Los cobardes viven con remordimiento. Y los que no aman son unos desgraciados”.

Otro día me dijiste: “el tiempo nos dice quién realmente nos ha amado y nos ama”. Te respondí: en efecto, sólo los amores que duran son verdaderos amores. Los que son capaces de atravesar desiertos y tempestades, los que se mantienen a pesar de las inevitables dificultades, esos son los buenos amores. Los que sólo duran un tiempo, son amores interesados. Cuando desaparece el interés, desaparece el amor. Por eso, sólo duran un tiempo.

Fui a visitar a amigo enfermo. Me quedé triste. Al ver tantos aparatos a los que estaba conectado, pensé: “lo que estamos haciendo es prolongarle la vida unos días”. Me respondí a mí mismo: claro que sí, pero un segundo más al lado de las personas queridas es un segundo lleno de sentido. Por eso cada segundo de vida vale la pena. Vale más que todo el dinero del mundo, porque la vida vale por sí misma.

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5
Nov
2017
Religión y nacionalismo
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espiral02

Adam Zagajewski, premio de las letras “Princesa de Asturias” 2017, en su discurso de aceptación hizo una referencia a la religión: “Las sociedades se secularizan rápidamente, y los que hoy en día defienden la religión a veces acuden a técnicas sociopolíticas detestables, la religión con excesiva frecuencia se alía con la extrema derecha”. Me gustaría matizar: la religión no se alía con nadie. Los que se alían son las personas. Y posiblemente algunos (no todos) mezclan política con religión. Este es un tema delicado, porque la religión tiene repercusiones sociales, ecológicas y políticas.

La cuestión no son esas repercusiones, sino el uso partidista que de esas repercusiones se hace. Este uso partidista hace que, en ocasiones, sean los intereses políticos los que sirven de criterio a la presentación de la religión. En todo caso, una religión que deriva en extremismos, fundamentalismos, integrismos e intransigencias, no puede ser católica. Porque lo católico, por definición es universal. El Magisterio católico, como hice notar en otro post, es más abierto y matizado de lo que muchos piensan o dan a entender.

Ciertas formas de nacionalismo tienen mucho de religiosas. Pero no de una religión imbuida de misericordia, sino de una religión basada en identidades excluyentes y en rechazo del disidente o del hereje. El nacionalismo se convierte en religión violenta (o al menos, en fe no razonada) cuando apela a valores trascendentes, como la esencia y el destino de un pueblo o de una raza; o a un pasado histórico mitificado y difícilmente comprobable. Zagajewski ha dicho sobre el nacionalismo: “Entiendo las emociones independentistas, pero me opongo a cualquier separación. Tenemos que respetar unos sentimientos patrióticos y nacionalistas que pueden ser hasta muy bonitos en su espíritu apasionado y romántico”.

Sin embargo, no obvia las connotaciones negativas, “que pueden acabar con Europa”. Por ello invita a aprender del siglo XX, el cual nos ha hecho entender los nacionalismos como “incendios forestales, tan notables hoy en España”. Para Zagajewski ambos fenómenos son iguales, lo destruyen todo. “Pueden empezar de una manera benigna y acabar de una manera terrible. Por eso –sentencia el poeta– estoy en contra, pero hay que dar con la manera de combinar una unión política y la diversidad cultural”. Supongo que interpreto bien: sentimientos nacionales sí, pero sin olvidar que la idea de Europa es unidad en la diversidad. Por eso hay que dar con la manera de combinar una unión política y la diversidad cultural.

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1
Nov
2017
Dios sabe más
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cruz

En muchas ocasiones, la manera de morir suele ser un reflejo de la vida que hemos llevado. Esto es claro en el caso de Jesús: muere amando; y amando de tal forma que su última palabra, según el tercer evangelista, es para perdonar a los que le asesinan. Su modo de morir es el perfecto reflejo de lo que ha sido su modo de vivir. El primer mártir cristiano, Esteban, también muere de forma parecida. Sus últimas palabras son una oración al Dios bueno para que “no tenga en cuenta” el pecado de los que le matan.

Conozco distintas historias de personas cristianas, de algún padre de familia o de alguna religiosa, que han dejado muy clara su esperanza de una vida gloriosa pidiendo que, en vez de una Misa de funeral, se celebrase una Misa de gloria y de acción de gracias. Un buen sacerdote me contó que una vez celebró esta Misa de gloria en vez del funeral, con escándalo de alguno de los asistentes, pero con el agradecimiento de la familia.

La última historia que me han contado es la de una muchacha de 17 años, una buena cristiana, consciente de que su enfermedad no tenía remedio humano, y cuyas últimas palabras fueron: “Dios sabe más”. Estas palabras me las ha contado una de sus amigas, emocionada y edificada. Hay palabras que, dichas en determinados contextos, dejan a los oyentes pensativos y llaman a conversión.

Morir no debe ser fácil, como tampoco lo es vivir. Pero, en el seguimiento de Cristo, la vida y la muerte se santifican y adquieren nuevo sentido. Se puede vivir y morir sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte.

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