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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

1
Jun
2018
Bien venido, señor presidente del gobierno
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cruzsobremundo

España tiene un nuevo Presidente del Gobierno. De entrada, hay que darle la bienvenida y desearle suerte, porque la va a necesitar. Cierto, eso no quita que muchos estemos preocupados. Es claro que tanto los que le han dado el “sí”, como los que han votado “no” a esta investidura, lo han hecho pensando en sus propios intereses partidistas, lo cual es comprensible, pero también es un poco lamentable. El nuevo presidente no lo va a tener fácil, entre otras cosas porque la base parlamentaria que lo apoya es muy débil. Intentar gobernar así es una imprudencia. Quizás lo mejor que puede hacer es convocar elecciones cuanto antes. Si quiere mantenerse en el poder, tendrá que negociar, dialogar, pactar. No está mal, porque eso es la esencia de la democracia: dialogar y tener en cuenta a todos. Esperemos que de este diálogo no esté excluido nadie. Y que durante el gobierno de Pedro Sánchez se tengan en cuenta los intereses de todos los sectores sociales, se respete la libertad religiosa y se busque favorecer a los grupos más necesitados.

La Iglesia católica siempre ha respetado a los gobiernos legítimamente constituidos. La misión de la Iglesia no es tomar partido por una u otra solución, que siempre será humana y mejorable. En todo caso, su papel está en “la gran política”, o sea, en el recuerdo y defensa de los grandes principios que favorecen y protegen la dignidad humana. Más aún, la Iglesia es consciente de que sus propuestas deben competir con otras aportaciones, en el contexto de una sociedad plural, libre y abierta. Ahora bien, precisamente porque en este contexto plural hay muchas aportaciones, es bueno que las leyes del Estado sean como un río en el que se recogen aguas de muchos afluentes. Los preceptos cristianos deben ser llevados a la práctica bajo las condiciones del mundo.

La primera carta a Timoteo recomienda a los cristianos que oren por todos los hombres, añadiendo a las oraciones “acciones de gracias”. Oremos, pues, por el nuevo presidente del gobierno y demos gracias por él. Y eso tanto más cuanto que en ese texto neotestamentario, la primera concreción de la oración y acción de gracias por todos los humanos, se refiere a “aquellos que están constituidos en autoridad”. ¡Atención! No se trata de rezar por los gobernantes porque sean más buenos o porque sean más malos. Se trata, según esta carta a Timoteo, de rezar para que, bajo su gobierno, “podamos vivir una vida tranquila y apacible” (1 Tim 2,1-2). Ese es el objetivo de todo gobierno: que los ciudadanos vivan tranquilos y en paz. Por eso, cuando oramos por los que gobiernan, oramos por la paz, la convivencia, el buen entendimiento y el bienestar de todos los ciudadanos.

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30
May
2018
La Eucaristía y la Iglesia son el cuerpo de Cristo
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calizypate

Tanto la eucaristía como la Iglesia se definen de la misma manera. Ambas son "cuerpo de Cristo". El pan que partimos, dice San Pablo, es comunión con el cuerpo de Cristo (1 Co 10,16). Y, a continuación, utiliza el símil del cuerpo para explicar la pluralidad de miembros y funciones en la Iglesia que, no obstante la diversidad, forman una unidad en Cristo, y así termina defiendo a la Iglesia como cuerpo de Cristo (1 Co 12, 12 ss. 27). Si la eucaristía y la Iglesia se definen por lo mismo, es una incoherencia participar en la eucaristía sin vivir a fondo la comunión eclesial. No cabe disociar la participación en el cuerpo, en la persona, del Señor, y la participación en su cuerpo eclesial, pues ambos son dos dimensiones de una misma realidad: Cristo.

El problema de la Iglesia de Corinto, en tiempos de san Pablo, y de muchas iglesias o comunidades cristianas en el nuestro, es que celebran el cuerpo de Cristo, pero no son el cuerpo de Cristo. No viven lo que el sacramento de la eucaristía pide y significa. Y esta incoherencia invalida la eucaristía, impidiendo que sea la cena del Señor. Sólo puede participar en la eucaristía el que antes ha colaborado en la edificación de ese mismo cuerpo de Cristo y en la superación de sus problemas y quebrantos. No se puede estar en comunión con el Señor como cabeza de un cuerpo, olvidando el servicio fraterno a los miembros de ese cuerpo. Cuando esto ocurre el desprecio a la eucaristía se convierte en un desprecio a la Iglesia de Dios (1 Co 11,22).

Viene bien aquí recordar un texto de san Agustín que me parece verdaderamente audaz: "Este alimento y bebida quieren significar la unión entre el cuerpo y sus miembros, el cual es la Iglesia santa... Si queréis entender lo que es el cuerpo de Cristo, escuchad al Apóstol; ved lo que dice a los fieles: vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros (1 Co 12,27). Si, pues, vosotros sois el cuerpo y los miembros de Cristo, lo que está sobre la mesa del Señor es símbolo de vosotros mismos, y lo que recibís es vuestro mismo misterio. A lo que sois respondéis con el Amén, y con vuestra respuesta lo rubricáis. Se te dice: El cuerpo de Cristo, y respondes: Amén. Sé miembro del cuerpo de Cristo para que sea auténtico el Amén" (Sermón, 272).

Ya el concilio de Trento relaciona y une eucaristía e Iglesia. Nuestro Salvador, dice el concilio, dejo la sacrosanta Eucaristía "en su Iglesia como símbolo de aquella unidad y caridad con las que él quiso ver unidos y fusionados a todos los cristianos". "Quiso que fuera... símbolo de aquel solo cuerpo, del que es El mismo la cabeza (1 Co 11,3; Ef 5,23) y con el que quiso que nosotros estuviéramos, como miembros, unidos por la más estrecha conexión de la fe, la esperanza y la caridad, a fin de que todos dijéramos una misma cosa y no hubiera entre nosotros escisiones (cf. 1 Co 1,10)".

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26
May
2018
Creados a imagen de la Trinidad
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trinidad

En la primera página de la Biblia se afirma que el ser humano, varón y mujer, ha sido creado a imagen de Dios. Este es un dato básico en toda antropología teológica, o sea, en toda comprensión cristiana del ser humano. Pero, gracias al Nuevo Testamento, sabemos que este Dios creador del ser humano, es un Dios cualificado, un Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Si esto es así, entonces no queda más remedio que afirmar que la persona humana ha sido creada a imagen de la Trinidad, y que cada una de las tres personas deberá reflejarse, dejar su huella y su marca en su imagen humana.

San Ireneo decía que el Padre crea a través de sus dos manos, a saber, el Hijo y el Espíritu Santo. La creación es una obra conjunta de las tres personas, pero cada una juega su papel. Así se podría decir que el Padre, al crear al ser humano, tenía delante el mejor de los modelos, a saber, su propio Hijo que se iba a encarnar. De modo que toda la creación, y especialmente el ser humano, lleva una huella cristológica. El Hijo, el Verbo que se iba a encarnar, es el modelo en el que el Padre se fijaba al crear al hombre. El papel del Espíritu es igualmente importante, porque el Espíritu hace posible la presencia de Dios en la intimidad, en el corazón, en lo más profundo del ser humano. Más aún, esta presencia permanente de Dios en lo creado y en el hombre, es la que hace que todo se mantenga en el ser, es la posibilidad de que la vida permanezca. El Espíritu es la inmanencia del trascendente, el modo cómo Dios se hace presente en lo creado.

Las tres personas divinas se reflejan en el ser humano, creado a su imagen, de distinta manera: el cristiano refleja al Padre, que es fuente de amor; por eso el cristiano es capaz de amar. El cristiano refleja al Hijo, el eterno Amado. Por eso el ser humano es capaz de sentirse amado, llamado a dejarse amar en el gozo de la gratitud. El cristiano es reflejo del Espíritu Santo, que imprime en nosotros lo que Él es en el misterio divino: vínculo de unidad entre el Amante y el Amado, y así es en el hombre principio de unidad y fuerza de salida de sí mismo. El Espíritu nos mueve hacia los otros, nos impulsa a extender los brazos para abarcar a todos los hombres en un mismo querer, a unir a tanta gente separada en un nosotros de amor.

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23
May
2018
Estos hombres no me van a ganar
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cruzencueva

De todos es conocido el delicado momento que está atravesando la Iglesia en Chile, debido al escándalo producido por los graves abusos de un sacerdote considerado como santo, y al encubrimiento que algunos de los actuales Obispos han hecho de tales delitos y abusos. También es sabido que el Papa ha recibido y escuchado con atención a algunas de las víctimas. Una de ellas, Juan Carlos Cruz, ha sido entrevistado en una cadena de radio española. Transcribo la respuesta que ha dado a la siguiente pregunta: después de lo ocurrido, “usted que tenía fe, ¿la conserva?”.

He aquí la respuesta: “Mi convicción es que la fe de las personas, la relación que cualquier persona tenga con Dios, sea el Dios que sea, eso es lo más personal que una persona tiene, y nadie se puede meter con eso, nadie puede invadir tu conciencia en eso. Y yo desde un principio me dije: estos hombres no me van a ganar. Para mí, mi fe es importante, para mí ser católico es importante, no soy el mejor de los católicos, pero por lo menos mi fe es importante para mí. No los voy a dejar ganar. Por eso he tratado de mantener mi fe dentro de lo que he podido”.

Admirable respuesta. La fe es un asunto personalísimo que, sin duda, puede tambalearse ante determinadas circunstancias, pero también reforzarse. Porque la causa, el motivo, la razón de la fe no es el buen o mal ejemplo de los eclesiásticos, sino la libertad del que se ha sentido seducido por el Evangelio. La Iglesia propone la fe, invita a creer, pero la causa última de la fe es Dios que mueve mi libertad a creer. Importa dejar claro que el motivo de la fe es Dios mismo ante posibles escándalos que, a veces, nos invaden al notar los pecados de la Iglesia, de su jerarquía o de fieles cualificados. Yo no creo ni dejo de creer porque el Papa o los Obispos sean santos o pecadores, actúen a mi gusto o a mi disgusto. Yo creo, en definitiva, porque Jesucristo me ha seducido y porque el Espíritu me mueve a creer.

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21
May
2018
¿Nuestro Padre Jesús? Pues no
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JesúsMedinaceli

La religiosidad popular merece mucho respeto. Pero también necesita ser educada y reorientada. En algunos lugares es posible encontrar instituciones que se amparan bajo el título de “nuestro Padre Jesús”. Tras este tipo de expresiones hay una inadecuada comprensión del inefable misterio trinitario. El Dios cristiano es un Dios cualificado. Todas las religiones monoteístas hablan de Dios, pero no de la misma manera. No es lo mismo acentuar que Dios es “Señor”, aunque sea un señor clemente y misericordioso, que acentuar que es Amor. La primera acentuación reclama sumisión; con la segunda es posible hablar de una relación de amistad entre Dios y la persona.

La revelación cristiana culmina afirmando: Dios es Amor. Esta comprensión de Dios es coherente con el dogma trinitario. El amor solo es posible si hay relación, si hay comunión y si hay diferencia (una diferencia que no altera la igualdad). La unidad divina no se resuelve en la soledad. Padre, Hijo y Espíritu no son tres maneras de designar a Dios en función de nuestras conveniencias o de nuestras ideas. Esta triple modalidad divina es esencial al Dios cristiano, no es un invento o una proyección humana. Es el modo como en Jesús, Dios revela lo que es en sí mismo.

Porque Dios es personal nuestras relaciones con él son personales. No son relaciones con Dios “en general”. La relación con Dios tiene matices personales, ya que cada una de las personas de la Trinidad se relaciona de forma diferente con nosotros. Como bien dice el Catecismo “toda la vida cristiana es comunión con cada una de las personas divinas”. Y con cada una nos relacionamos en función de lo que es. Por eso, somos hijos del Padre, hermanos del Hijo y templos (amigos del Espíritu). No somos hijos del Espíritu, ni hijos del Hijo.

Sería interesante preguntar que entienden muchos cuando recitan el Padre nuestro. ¿Quién es ese Padre, Dios o una de las personas divinas? Nos dirigimos al Padre, nos relacionamos con el Padre, al que llamamos “nuestro”, porque nosotros somos hijos “suyos”. Él es nuestro y nosotros de él: esa mutua pertenencia solo es posible en el amor. Dígase lo mismo del Hijo, encarnado en Jesús de Nazaret: somos hermanos y no hijos de Jesús. El es nuestro hermano, y nosotros somos “hijos en el Hijo”. Nuestra filiación se asemeja, de algún modo, a la filiación única de nuestro hermano Jesús.

La teología no nos hace más santos, más buenos o más generosos. Tampoco la falta de teología, no nos confundamos. Pero la teología ayuda a comprender mejor la fe, a vivirla con más precisión, incluso con más alegría, y a presentarla de forma más creíble.

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17
May
2018
Creados para ser habitados
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habitados

“Todo ser humano ha sido creado para ser habitado”. La frase la escuché hace unos 35 años de labios del Hermano Roger de Taizé. Y nunca la he olvidado. Es una frase paradójica, sorprendente; una frase que, de entrada, describe algo que parece imposible, aunque si lo pensamos bien es lo que ocurre con toda maternidad. El hijo habita en la madre. También Jesús un día le hablaba a Nicodemo de “nacer de nuevo”, y la sorpresa de Nicodemo fue tal que exclamó: “¿puede acaso un hombre entrar de nuevo en el vientre de su madre?”. Para Jesús, nacer de nuevo es posible por obra del Espíritu, es posible convertirse en nueva creatura. Igualmente cabría decir que ser habitado es posible por obra del Espíritu. El Espíritu hace presente y real en nuestras vidas a Dios mismo. Por eso, san Pablo dice que somos templos de Dios o templos del Espíritu.

Cuando uno ama y es amado es una persona habitada por el amado. ¿Cómo se recibe a una persona? Por el amor. Por el amor, el amado se convierte en lo más propio mío, habita en lo más profundo de mi. Si esto puede ser una rica experiencia antropológica, puede igualmente ser, y con más razón, una experiencia teologal. Dios se hace el constitutivo más íntimo de mi personalidad cuando yo le abro mi corazón con fe. Y entonces es posible decir con toda verdad: “ya no soy yo el que vive, es Cristo quién vive en mi”. Cristo vive en mi, eso es exactamente ser habitado. Vive en mi cuando acojo su Palabra y me dejo guiar por su Espíritu. Y entonces se produce una maravilla: yo me siento  cada vez más yo, al sentirme cada vez más lleno de Dios. Porque Dios, al habitarme, no me anula, me constituye. Es el constitutivo más íntimo de mi persona. De forma que el crecimiento en humanidad y el estar invadido por Dios son directamente proporcionales, ya que crecen en la misma dirección.

Dice el Maestro Eckhart: “Dios me es más próximo que yo mismo lo soy de mi mismo; mi ser depende de que Dios esté cerca de mí y presente en mí. Y cuanto más lo sé, más feliz soy”.

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15
May
2018
Alguien tiene que irse de Venezuela
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hielo

“Si alguien tiene que irse es quién es responsable de que miles de niños hayan ya atravesado la frontera de la desnutrición severa. Si alguien tiene que irse es quién es responsable de que haya miles de venezolanos hurgando en la basura buscando un desperdicio para saciar el hambre. Si alguien tiene que irse es quién es responsable de la corrupción que condena a los enfermos a morir de mengua, por falta de atención en los hospitales, insumos médicos y medicamentos. Si alguien tiene que irse de Venezuela es quien está empeñado en pisotear la dignidad de los venezolanos, al pretender convertirnos en mendigos y pordioseros, dependiendo sólo de las dádivas que ocasionalmente y clientelarmente nos ofrezcan”.

Son palabras literales del Arzobispo de Barquisimeto, en la homilía que ha pronunciado hoy, martes, 15 de mayo, en Misa. ¿Dónde está el Arzobispo? En el momento en que escribo este post, está preso. En la cárcel. La noticia se comenta por sí sola. Estoy convencido de la verdad de sus palabras. Ustedes que pueden, señores políticos, presionen a sus colegas (o lo que sean), hagan algo.

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12
May
2018
Ofrecer razones para esperar
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banco02

Según el Concilio Vaticano II “se puede pensar con toda razón que el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar”. En esta sociedad, imbuida de materialismo y de búsqueda del placer inmediato, ¿qué esperamos, qué nos hace vivir?

Si tengo responsabilidades sobre otros en una institución o en un espacio social, ¿ofrezco a las personas a mi cargo razones para vivir y para esperar, razones para quedarse, para no marcharse de la institución o no emigrar del espacio que ocupan, o sólo les doy motivos para marcharse? Si sólo doy motivos para marcharse, la institución no tiene futuro. Y la gente queda resentida. Al educar a nuestros jóvenes, ¿les controlamos, o más bien les ayudamos a superar los malos momentos, les inspiramos confianza, les animamos y les damos razones para seguir adelante, a pesar de las dificultades de la vida?

No es fácil ofrecer razones para vivir y para esperar. Para ofrecer estas razones hay que comenzar por escuchar a las personas. Escuchar es algo más que dejar hablar (aunque eso es un buen comienzo, pues hay quién no deja hablar al otro). Escuchar es dejarse sorprender por lo que el otro me dice, recibirlo como digno de ser atendido, prestar atención a sus problemas, buscar juntos. La escucha se ve imposibilitada cuando “ya me las sé todas”, o tengo la solución antes de escuchar, o miro al otro desde mis prejuicios, o no considero las ofertas o soluciones que me ofrece.

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8
May
2018
Tener una meta para encontrar un camino
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camino

“Quién tiene un por qué para vivir encontrará casi siempre un cómo”. Estas palabras de Nietzsche impresionaron al psiquiatra Viktor Frankl, superviviente de los campos de concentración nazis. La frase tiene un doble sentido. En primer lugar, puede significar que en las más difíciles condiciones de la existencia es posible no perder la esperanza. En efecto, quién tiene un porqué, una meta de su vivir puede soportar el terrible cómo de su existencia. Lo que mejor ayuda a sobrevivir, aún en las peores condiciones, es el hecho de saber que la vida tiene un sentido. Los campos de concentración nazis fueron testigos de que los más aptos para la supervivencia eran aquellos que sabían que les esperaba alguien a quién amar o una tarea por realizar.

La frase puede tener otro sentido complementario, a saber: el que sabe a dónde va, el que tiene claros los objetivos de su vida encontrará, sin duda, el camino para llegar. Si un conductor no sabe a dónde va, por muchos caminos que recorra, no llegará a ninguna parte. Hay mucha gente que corre a toda máquina sin saber a dónde va; siempre inquietos sin saber lo que buscan; siempre críticos con lo que otros hacen, sin tener ellos ninguna propuesta.

Vivir acelerados sin tener objetivos claros termina conduciendo a la desesperanza. Muchas personas no saben a dónde acudir para encontrar una solución a sus penas y a su desgraciada situación: enfermos, emigrantes, personas sin trabajo o sin papeles, ancianos que viven solos, y tantos más. Este no saber les paraliza. Para devolver la esperanza a esas personas y para movilizarlas, para que se pongan en camino, es necesario no sólo decirles buenas palabras, sino ofrecerles soluciones.

Ofrecer soluciones no significa dar las cosas hechas, sino dar medios para que cada uno pueda vivir dignamente. No se trata de dar subvenciones temporales e insuficientes a las personas necesitadas, sino de darles trabajo, para que puedan valerse por sí mismas. Eso vale también para nuestros niños: ¿qué metas les ofrecemos, qué objetivos, qué ilusiones? Si la meta es el dinero, si el objetivo es el poder, si la ilusión es el placer, entonces buscarán caminos que conduzcan al poder, al placer y al tener, a costa de hacer desgraciados a los demás y de hacerse ellos mismos desgraciados.

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4
May
2018
ETA: vete y no vuelvas
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cruzcontraeta

“ETA da por concluida toda su actividad política. No será más un agente que manifieste posiciones políticas, promueva iniciativas o interpele a otros actores”. Son palabras del último comunicado emitido por esa banda terrorista que ha condicionado la vida política en el País Vasco y en el resto de España durante todos los años de democracia en nuestra nación. La organización no luchaba contra un estado opresor, sino contra unas estructuras democráticas que no respondían a sus aspiraciones totalitarias. Tarde o temprano este planteamiento estaba destinado al fracaso.

Por mi parte, ni una palabra de agradecimiento por este comunicado que, por otra parte, me parece vergonzoso. ¡Una banda criminal autodenominándose agente político! Solo un deseo: que nunca más vuelva una organización como esa. Y una palabra de solidaridad con todas sus víctimas y las familias de las víctimas. Seguro que a las víctimas fallecidas el Dios bueno y misericordioso las ha acogido en su seno. A las familias, si son creyentes, les habrá concedido su consuelo. Y si no son creyentes, también les ha manifestado su amor a través de la solidaridad de tantas personas de bien que les han acompañado y comprendido. Para todas las víctimas vivas mi deseo de que puedan sanar sus heridas, mirando al futuro con serenidad, y tejiendo la paz día a día.

La paz es una responsabilidad de todos y cada uno, es fruto del amor. No es el resultado de pactos y componendas. Los pactos, si se limitan a eso, a mutuas concesiones, pueden conseguir una tregua, el cese de la actividad armada. La paz es algo más serio. Los cristianos y las personas de bien debemos trabajar por la paz. Pero sólo desde el amor recíproco, desde el perdón recíproco, desde la capacidad recíproca de acoger al diferente y de respetarle en su diferencia, puede haber paz verdadera y duradera. Si el amor y el perdón no son recíprocos, la paz es frágil. El cristiano y las personas de bien están llamadas a dar pasos hacia la paz y el perdón, en la esperanza de que esos pasos contagien a todos y se conviertan en recíprocos.

Nuestro país necesita gente de paz. Sobran intransigencias, posiciones no negociables, banderas sagradas, reivindicaciones históricas. Nos hace falta capacidad para acoger, respetar, comprender y convivir con el otro que no soy yo, que no piensa como yo. Porque hay algo que nos une por encima de nuestras legítimas diferencias: la común humanidad, que nos hace hermanos, miembros de una misma familia.

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