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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

24
Oct
2019
Diaconado y ministerios eclesiales
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arbolagua

Hay dos temas que, al parecer, se han tratado, con toda libertad, en el Sínodo sobre la Amazonía: la ordenación de varones casados y ancianos, de probada virtud; y la posibilidad de conferir el diaconado a las mujeres. No sé si sobre estos asuntos terminará habiendo algún tipo de votación. En cualquier caso, habrá que esperar la decisión que tome el Papa, porque el Sínodo es consultivo, no decisivo. Parece, por las noticias que están llegado, que el tema del diaconado femenino está descartado y no se va a presentar a votación.

No cabe duda de que las mujeres, sobre todo las consagradas, han sido y son las principales animadoras de la fe de las comunidades cristianas en muchos lugares de misión. A mi modo de ver, sería bueno potenciar y valorar los distintos ministerios eclesiales que pueden ejercer tanto varones como mujeres. Y en elevar (si es que se puede hablar así) a rango de ministerio lo que ya están haciendo muchas religiosas. Un cristiano, mujer o varón, si cuenta con las debidas autorizaciones y está teológicamente preparado, puede hacer prácticamente todo lo que hace un diácono: proclamar y explicar la Palabra de Dios, animar la fe de una comunidad, presidir celebraciones de la Palabra, dar la comunión, bautizar, asistir como testigo cualificado al sacramento del matrimonio (recuérdese que los ministros del matrimonio son los contrayentes), presidir unas exequias, animar y dirigir la solidaridad y ayuda mutua entre los miembros de la comunidad, dirigir espiritualmente, escuchar y aconsejar.

Todo lo enumerado en el párrafo anterior lo puede hacer un cristiano. Si, además, lo hace como “enviado” por la Iglesia y recibe un ministerio adecuado, lo que hace tiene el aval oficial de la Iglesia y lo hace en nombre de la Iglesia. ¿Qué más puede hacer un diácono?

Habría que mejorar la inculturación de la fe, potenciar los ministerios laicales, preparar a catequistas laicos que sepan expresarse en las lenguas indígenas, valorar las celebraciones de la Palabra con comunión incluida, algo así como lo que se hace el viernes santo: una solemne celebración, con liturgia de la Palabra, oraciones litúrgicas y comunión sacramental. Eso lo puede presidir un diacono casado e incluso un laico autorizado. Por lo demás, los problemas humanos de los indígenas y el drama del destrozo ambiental, no se soluciona con ministros ordenados, sino con políticas adecuadas. En esta tarea inmensa las comunidades cristianas deben sentirse apoyadas y acompañadas por la Iglesia y sus representantes.

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20
Oct
2019
¿Es verdad que muchos son llamados y pocos escogidos?
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muchosllamados

Hay un texto bíblico que, en según qué bocas, sirve para justificar ideas restrictivas sobre la salvación. Se trata de Mt 22,14: “Muchos son los llamados y pocos los escogidos”. En realidad, esta es una mala traducción. O si se prefiere es una buena traducción literal, pero que necesita explicarse para comprenderse bien. Si yo traduzco literalmente a otro idioma la expresión castellana: “poner a alguien entre la espada y la pared”, posiblemente sonará ridícula o quizás amenazante. En realidad, todos sabemos que es una metáfora o una imagen para decir que estamos poniendo a alguien en un apuro, y que no sabe qué postura tomar ante una determinada situación. Las lenguas se entienden no sólo cuando se comprenden las palabras, sino también cuando se comprenden los “juegos” que con las palabras hacemos. Eso supone comprender los elementos culturales e ideológicos que hay detrás de las palabras.

Vamos con el texto de Mt 22,14: “muchos son llamados, más pocos escogidos”. Sorprendentemente este texto es la conclusión de una parábola que orienta en sentido contrario: la del banquete nupcial, repleto de invitados de todo tipo, en donde sólo uno es arrojado fuera. Por otra parte, esta sentencia pudiera corresponder a la forma aramea de expresar el comparativo de superioridad, lo que exigiría traducirlo por: hay más llamados que escogidos. Traducido así estaría en consonancia con la parábola del banquete nupcial: todos son llamados, pero es posible que no todos respondan a la llamada. Mt 22,14 más que una afirmación es una advertencia: Dios, que llama a todos, pide una respuesta adecuada a su amor.

Mi querido profesor de exégesis, Gerardo Sánchez, lo explicaba así: “en la predicación de Jesús encontramos un dicho que ha sido objeto de distintas interpretaciones. Se trata de la frase final con que termina la parábola de los invitados a las bodas: Porque muchos son llamados, pero pocos escogidos (Mt 22,14). En la lengua hebrea y aramea no existe el comparativo y la relación más... menos y muchos... menos. Para expresar estas ideas lo hacen con los absolutos: muchos... pocos. Este sería el sentido: todos son invitados a participar de la salvación, pero no todos responden”. Me permito matizar este final: todos son invitados, pero es posible que no todos respondan.

Pero esta posibilidad no hay que entenderla necesariamente en sentido restrictivo. Lo que indica la posibilidad es que Dios siempre cuenta con nuestra libertad. Pero también indica que no conocemos el fondo de la conciencia de nadie, ni el fondo del inmenso amor de Dios, ni los caminos por los que el Señor conduce todo según sus buenos designios de salvación. Me quedo con lo que dice el Vaticano II, en Gaudium et Spes, 22: debemos (no parece que sea opcional: debemos) creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien al misterio pascual de Jesucristo.

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16
Oct
2019
Sínodos, lugares de escucha
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sinodo

Está bastante avanzado el Sínodo sobre la Amazonía, que se está celebrando en Roma. Falta ver qué proposiciones se votarán y de qué modo serán aceptadas por el Papa, porque el Sínodo es consultivo y no decisivo. En este Sínodo se están tratado problemas muy serios, que tienen que ver con la vida y la dignidad de los pueblos indígenas, que sufren la explotación de sus tierras por grandes compañías occidentales, ante la indiferencia de gobiernos locales, o peor aún, ante las razones interesadas económicamente de los gobiernos locales. También el Sínodo trata cuestiones relacionadas con la vida litúrgica, y la formación humana y espiritual de las comunidades cristianas. No hay que ver ahí, en lo referente a la dignidad humana y a las necesidades religiosas de las personas, ninguna oposición. Los dualismos no son cristianos. Dios ama a la persona toda entera, cuerpo y alma, corazón y voluntad. Lo que tiene que ver con el cuerpo afecta al alma, y lo que tiene que ver con el espíritu repercute en la carne.

Otro Sínodo más cercano es el que se ha convocado en Valencia que, ayer, fiesta de Santa Teresa, se inauguró con una solemne Eucaristía. En otras diócesis españolas también se ha convocado un Sínodo, como por ejemplo en Vic. El Sínodo es una invitación y una oportunidad que se ofrece a los cristianos de una diócesis para caminar juntos y tratar cuestiones que a todos interesan. Es posible que en las distintas etapas de un Sínodo se oigan voces, que a lo mejor hasta sorprenden. Es de esperar que sean escuchadas y bien escuchadas. En todo caso, no debemos desaprovechar la ocasión que se nos ofrece para levantar nuestra voz y exponer, con toda normalidad y fraternidad, las cuestiones que nos preocupan.

Pero si queremos que nuestra voz se convierta en un clamor responsable, es necesario que sepamos aportar también soluciones realistas y comprender que quizás haya otros puntos de vista distintos a los nuestros. Los distintos puntos de vista no tienen porque separarnos. Al contrario, si los escuchamos con atención nos enriquecerán. Las diferencias, en la Iglesia, nunca se dan a propósito del Evangelio, sino de las aplicaciones del evangelio a situaciones que no todos juzgamos de la misma manera. En todo caso, los Sínodos son una oportunidad. Deberíamos aprovecharla.

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12
Oct
2019
¿Se salvan pocos en el cielo? ¿Y en la tierra?
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floressalvacion

Según el evangelio de Lucas (13,22), a Jesús le preguntan explícitamente: “¿serán pocos los que se salven?”. Para comprender bien la pregunta me parece importante plantear qué tipo de personas hacen esas preguntas. Normalmente suelen ser personas que se imaginan estar dentro del grupo de los “salvados”, y consideran que dentro del grupo están los que cumplen con determinados ritos o normas. Algo de eso se podría deducir del contexto en el que aparece la pregunta que le hacen a Jesús, sobre todo teniendo en cuenta la respuesta de Jesús. La respuesta parece romper con todo criterio legalista de cara a determinar quiénes están dentro del grupo de los “salvados”: “No os conozco”, responde Jesús, a aquellos que alegan como criterio de salvación el haber comido y bebido con él, y el haber escuchado sus enseñanzas (Lc 13,25.27).

A continuación, Jesús habla de una salvación que tiene dimensiones universales: “vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios” (L,13,29). Los criterios humanos para entrar en el Reino suelen ser los legales. Pero el criterio de Jesús es la gracia y la misericordia, el corazón amante y generoso del Padre. Y en ese corazón cabemos todos, sin excepción.

Hoy, la pregunta por la salvación, además de aplicaciones escatológicas, tiene una aplicación más inmediata. Porque en este mundo nuestro hay claros lugares de “no salvación”. De ahí la cantidad de personas que huyen de países en donde el hambre, la guerra, la miseria, y tantos otros desastres, impiden vivir con un mínimo de normalidad y dignidad. Esas personas buscan en otros lugares de nuestro mundo que ellos consideran, no celestiales ni idílicos, sino más o menos “normales”, un espacio y unas condiciones para poder sencillamente vivir. Y, entre los que tenemos la suerte de estar en estos países más o menos “normales”, surgen voces que plantean la pregunta de si la salvación no es para pocos. Porque, ¿sabe usted?, en Europa y en Estados Unidos ya no cabemos más, ya no hay lugar para tanta gente. Además, esta gente que viene de fuera buscando “salvación”, en realidad no son de fiar. Vienen buscando nuestros subsidios, nuestra medicina gratuita, abusan de lo que les ofrecemos, toman lo que no es suyo, quieren vivir sin trabajar.

Por cierto, pregunten a los funcionarios que se conocen al dedillo los requisitos para acceder a determinadas prestaciones y escucharán este tipo de respuesta: “es falso que los inmigrantes tengan prestaciones distintas o superiores a las de los ciudadanos españoles”. Pero, en boca de unos, decir lo contrario parece que da votos. Y en boca de otros, es un modo de justificar sentimientos poco humanitarios.

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8
Oct
2019
Cuando pecas, Dios te sostiene en tu pecado
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cuandopecas

Desde un punto de vista creyente, Dios es el que hace posible la vida. Por eso, una de las primeras afirmaciones del Credo es que Dios es Creador. Y eso en un doble sentido: es el que hace posible la vida, y es también el que, una vez aparecida la vida, la sostiene permanentemente, gracias a su Espíritu, presente en toda la realidad. Dios no manipula, hace posible la vida. La vida tiene su propia autonomía, pero esta autonomía es un don de Dios. Si, en algún momento, Dios retirara su aliento, todo volvería a la nada. “No hay brisa si no alientas, monte si no estás dentro”, dice uno de los himnos de la liturgia de la Iglesia. Lo mismo, y con más razón, cabe decir de la vida humana: Dios ama a todos los seres y no aborrece nada de lo que existe, porque su espíritu incorruptible está en todas las cosas.

Esta presencia permanente de Dios en toda la realidad nos permite afirmar algo que resulta paradójico: si uno decide quebrantar la ley de Dios, o apartarse de sus caminos, el Señor es el que le sostiene en la existencia mientras lo hace, segundo tras segundo. El pecador peca libremente, sólo él es responsable de lo que hace (y si no es responsable, por el motivo que sea, no es culpable), pero es Dios quién le sostiene en el ser mientras peca. Esto nos permite una doble reflexión. Por una parte, que Dios sostenga al pecador en el ser, es la mejor prueba de cuánto le ama Dios. Dios nos ha hecho libres, somos libres porque él nos sostiene. Dios ha firmado un cheque en blanco con cada uno, y nunca retira la firma. Porque Dios ama incondicionalmente a todas y cada una de sus criaturas. Incondicionalmente. Su amor no está condicionado por nuestra respuesta. Dios siempre nos sostiene, porque siempre confía en nosotros y, al sostenernos en el ser, nos ofrece nuevas oportunidades.

Por otra parte, el pecado resulta ser el absurdo y la contradicción más radical. Tú solo existes, tú sólo eres tú, por causa de Dios. Si pretendes enfrentarte a Dios lo único que haces es auto engañarte. Pretendes ser el dueño de tu vida, y no eres consciente de que tu vida es un regalo permanente. Pretendes ser “sin Dios”, alejado de él, y no te das cuenta de que eres “gracias a Dios”, que nunca se aleja de ti, nunca te abandona. El pecado es pretender lo imposible: romper con Dios. Pretensión absurda, porque Dios nunca rompe con nosotros. El pecado es un engaño: al enfrentarte a Dios quieres ponerte a su nivel, pero siempre eres una criatura. Lo cual no significa que no sea posible ponerse al nivel de Dios, pero nunca desde el enfrentamiento, sino desde la acogida de su amor. La serpiente tenía razón cuando le dijo a Eva que Adán y ella podían “ser como dioses”. La pregunta es: ¿ser como Dios rompiendo con Dios, o recibiendo la auténtica divinidad como un don del propio Dios?

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4
Oct
2019
El Padre Pepe, un testigo creíble
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candalabro12

He tenido la suerte de conocerlo. Acaba de fallecer en su amada ciudad de La Habana, donde era muy conocido y valorado. Era un fraile que valía la pena.

El 15 de diciembre de 1925 nace José Manuel Fernández González del Valle, en La Habana. A los 23 años se gradúa como Doctor en Leyes y, tras trabajar en el Registro de la Propiedad, en 1951 decide hacerse fraile dominico y parte hacia Almagro, España, para cursar el Noviciado. En Granada estudia filosofía y teología y en 1957 regresa a Cuba, tras completar su formación intelectual en Canadá y Estados Unidos.

El 15 de septiembre de 1961 logra salvar para la Orden el convento de San Juan de Letrán, evitando que sea ocupado por los soldados revolucionarios. Ese día las autoridades deportaron a muchos sacerdotes y ocuparon iglesias y conventos argumentando que estaban vacíos. Él, como cubano, se presentó en San Juan de Letrán y tras conversar con el jefe de los soldados y darle distintos argumentos (entre otros, que se trababa de una zona turística y que muchos turistas eran católicos y se iban a encontrar sin templo para asistir a los oficios religiosos), logró que el capitán hiciera una consulta con “la Comandancia” (esa fue la palabrita, dice el P. Pepe) y, tras dos horas de espera, regresó con un manojo de llaves y le dijo: “Queda usted a cargo de la Iglesia y del Convento de San Juan de Letrán”. Incluso el miliciano quiso dejarle una escolta, pero el Padre le dijo que no la consideraba necesaria.

Hombre de gran cultura, espíritu abierto, dialogante, comprensivo y sabio. Valgan como muestra estas reflexiones suyas: “Jesús nadó a contracorriente. Llamó bienaventurados a los perdedores históricos de todos los tiempos y malhadados a los vencedores y a los hombres de éxito… La aventura histórica de El Nazareno, tan esperado por el pueblo elegido como un Dios vencedor, concluyó con la derrota de la cruz”. “La fe no puede existir sin sonrisa; tiene que ser alegre y además, desconfiemos de los que dicen que su verdad jamás ha sido tocada por la duda”. “Cada uno debe vivir con su realidad. Si yo estoy en Cuba debo obrar acorde con la psicología del pueblo cubano y saber estar a la altura de las circunstancias. Debo tratar de comprenderlo, de sentirme feliz, inclusive dentro de las limitaciones, deseando y tratando de superar lo que se pueda, pero mientras no se superen no vivir amargado, encerrado en una bola de cristal, sino estar abierto a los demás, ser competente en mi profesión, mi trabajo. Hacer lo mejor posible con la mejor conciencia posible… Muchas veces nosotros nada más vemos lo negativo de los demás y lo positivo de lo nuestro. Hay que llegar a un equilibrio. Esto es importante tanto para la vida familiar como social. Cuando llegue una crisis tratar de ser compasivo con la otra parte, y no dejar que el problema se radicalice”.

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2
Oct
2019
Una sola carne
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solacarne

Según el libro del Génesis, de la única carne humana Dios crea una mujer. Una vez ocurrida la separación, aparecen la mujer y el varón. El libro del Génesis continúa diciendo que estos dos que vienen de una sola carne, están llamados a hacerse una sola carne. Según el relato, el varón reconoce que la mujer es “hueso de mis huesos y carne de mi carne… Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2,23-24). “Una sola carne” significa una sola familia. La expresión no se refiere principalmente y, en todo caso, no únicamente, a la unión sexual. Va mucho más allá, llegando a la unión de los corazones y de las vidas, y también al hijo, carne salida de esta unión.

El hombre se maravilla ante la mujer, que es su diferente y, al mismo tiempo, hueso de sus huesos y carne de su carne. La diferencia del varón y la mujer procede de una unidad originaria y está destinada a una nueva unidad. El varón y la mujer, fruto de la división de una sola carne, están además llamados a engendrar hijos que se convertirán en una sola carne, salida de su unión. El ser humano está hecho para el amor. El matrimonio pertenece a la vocación original del ser humano, y es un dato creacional y no cristiano. Jesús lo que hace es confirmar el origen divino del matrimonio, no instituirlo.

El Papa Francisco (en Amoris Laetitiae, n. 13), hablando del matrimonio, ha comentado así el texto de Gn 2,24: De este encuentro, que sana la soledad, surgen la generación y la familia. Adán, que es también el hombre de todos los tiempos y de todas las regiones de nuestro planeta, junto con su mujer, da origen a una nueva familia, como repite Jesús citando el Génesis: «Se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne» (Mt 19,5; cf. Gn 2,24). El verbo «unirse» en el original hebreo indica una estrecha sintonía, una adhesión física e interior, hasta el punto que se utiliza para describir la unión con Dios: «Mi alma está unida a ti» (Sal 63,9), canta el orante. Se evoca así la unión matrimonial no solamente en su dimensión sexual y corpórea sino también en su donación voluntaria de amor. El fruto de esta unión es «ser una sola carne», sea en el abrazo físico, sea en la unión de los corazones y de las vidas y, quizás, en el hijo que nacerá de los dos, el cual llevará en sí, uniéndolas no sólo genéticamente sino también espiritualmente, las dos «carnes».

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28
Sep
2019
No estar de acuerdo sin romper la comunión
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comunidadjesus

Un modo de desactivar el posible escándalo de las diferencias eclesiales, sería recordar que las tensiones son algo tan antiguo como la Iglesia. El Nuevo Testamento cuenta que Pablo “se enfrentó” con Pedro (Gal 2,11). La cuestión objeto de división era si los no judíos convertidos al cristianismo debían observar las leyes judías. Es posible que también hubiera discrepancias entre otros dos grandes líderes del cristianismo primitivo, Pedro (más liberal) y Santiago (más aferrado al judaísmo).

Muchas rupturas comenzaron siendo enfrentamientos o tensiones que no supieron o pudieron resolverse. Al no resolverse, se formaron “Iglesias” separadas, cada una considerándose la “verdadera” y acusando a las otras de desviadas de la verdad. Los periodos post-conciliares han sido momentos propicios para las rupturas, pues todo Concilio introduce modos de comprensión que molestan a los que se aferran a comprensiones literales y arcaicas. Tras el Vaticano I, algunos Obispos consideraron que la proclamación de la infalibilidad pontificia era contraria a la tradición católica. Tras el Vaticano II, un Obispo consideró que los pronunciamientos ecuménicos y litúrgicos del Concilio eran una clara descalificación de la tradición. Aquí, en España, las críticas al Cardenal Tarancón eran moneda frecuente entre muchos católicos.

Lo que está pasando ahora con Francisco es casi una repetición de lo que pasó con Juan XXIII cuando convocó el Concilio. Con una diferencia: entonces no había “redes sociales”, y las descalificaciones no se propagaban con la facilidad con que ahora lo hacen. Pero las críticas a Juan XXIII fueron de grueso calibre, también por parte de aquellos que más obediencia debían manifestarle, hasta el punto de que el famoso cardenal Ottaviani, en cuyo escudo episcopal se podía leer “semper ídem”, encabezó la oposición eclesial a muchas de las reformas del Vaticano II.

Son posibles respuestas diferentes sin romper la comunión. Uno suele juzgar a partir de los datos que tiene y de las experiencias vividas. Los lugares de misión y las necesidades diversas de los fieles y comunidades cristianas, provocan respuestas divergentes, pero la divergencia no está en el Evangelio, sino en la situación a la que el Evangelio debe responder. Hay diferencias que manifiestan la riqueza del Evangelio y su capacidad de adaptación a distintas situaciones.

La comunión se rompe no por los desacuerdos, sino cuando del desacuerdo se pasa al insulto y a la descalificación personal, cuando en vez de buscar elementos de bondad en la postura del otro, se considera que, hasta lo bueno que pueda decir o hacer, esconde las peores intenciones. No estaremos más unidos cuanto más uniformes seamos, sino cuanto más nos respetemos.

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24
Sep
2019
El desafío de la unidad dentro de la Iglesia Católica
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La Iglesia católica, a lo largo de su historia, ha tenido que hacer frente a dificultades y problemas que parecían cuestionar su propio ser. Ante esos desafíos los fieles en particular, y la Iglesia como institución, se han visto obligados a tomar postura, y a encontrar respuestas para clarificar la confusión que podían plantear los cuestionamientos, o para situarse más adecuadamente, de modo que, en la medida de los posible, se evitasen los malentendidos que parecían derivarse de una mala comprensión del mensaje cristiano.

La Reforma protestante supuso un serio desafío para la Iglesia católico-romana porque, por una parte, la protesta de Lutero planteaba una decisiva pregunta a las instituciones eclesiales, la de si ellas transmitían y vivían fielmente el mensaje cristiano. Por otra parte, una vez consolidada la Reforma, a unos y a otros, católicos y reformados, se les planteaba la pregunta de si esa ruptura no era el principal obstáculo para que el mundo creyera, pues la ruptura es un signo patente de que no se cumplen las palabras de Cristo, al que todas las Iglesias apelan para mantener su separación: “que todos sean uno”. Evidentemente, los cristianos no somos uno. Somos muchos, estamos divididos, y la unión parece compleja y difícil. Si tomamos en serio las palabras que el cuarto Evangelio pone en boca de Jesús en forma de oración al Padre: “que todos sean uno, para que el mundo crea” (Jn 17,21-22), la conclusión que parece imponerse es que la condición para que el mundo crea no se cumple, y como no se cumple, la transmisión de la fe se encuentra dificultada.

Hoy el desafío que la separación entre cristianos supone de cara a la transmisión de la fe, se ha radicalizado más, si cabe, porque la separación ya no se da sólo entre unos grupos y otros, supuestamente cohesionados dentro del propio grupo, sino que afecta al interior mismo de algún grupo, como parece ser el caso dentro de la Iglesia católica. Algunas personas, apelando a la fidelidad a “lo católico”, cuestionan la persona, la doctrina y la autoridad del garante de la unidad católica, el Romano Pontífice. Esto supone un serio escándalo para muchos católicos de buena voluntad y es uno de los mayores desafíos a los que debe enfrentarse hoy la Iglesia católico romana.

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20
Sep
2019
Gracia: don y acogida
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emergiendo

Gracia es un término clave para comprender la vida cristiana. Por eso importa mucho entenderlo bien. La gracia de Dios no es algo que se consigue, no es el resultado de nuestros méritos, esfuerzos u oraciones. La gracia es un don y una acogida. En primer lugar, un don: la gracia es Dios mismo que nos ama incondicionalmente. Y como consecuencia, la gracia es una acogida: la persona está invitada a acoger este amor gratuito, respondiendo a amor con amor. Aquellos que acogen en sus vidas el amor de Dios, sienten como su vida queda transformada, viven una “vida nueva”, renovada, la vida de los hijos de Dios.

La gracia tampoco es algo que se tiene, una especie de posesión. Es una relación. Implica tres momentos. Es posible aplicar a cada uno el término gracia. Pero sin olvidar que esos tres momentos no sólo están íntimamente relacionados, sino que son inseparables. En primer lugar, gracia es Dios mismo que nos ama; dicho de otra manera: es el amor gratuito de Dios a cada uno de los seres humanos. En segundo lugar, gracia es la persona transformada como resultado de haber acogido este amor primero e incondicional de Dios. En tercer lugar, gracia puede designar “la acción de gracias”, la alegría que brota del corazón agradecido que se sabe amado y puede amar.

La teología luterana ha insistido en el primero de los aspectos de la gracia, olvidando, a veces, las dimensiones transformadoras del amor de Dios. La teología católica ha subrayado el segundo de los momentos y, a veces, ha dado la impresión de entender la gracia como “algo propio” del ser humano. Pero el momento teologal (Dios nos ama) y el antropológico (la persona transformada) son inseparables. Más aún, el momento antropológico no puede desligarse del momento teologal: “el que está en Cristo es una criatura nueva”. La nueva creación, que acontece por la gracia, sólo es posible cuando la persona permanece unida a Dios, siendo además, resultado de esta unión o de este primer amor divino.

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