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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

4
Jun
2026

Salvadora Hostia que abres la puerta del cielo

2 comentarios
Corpus2026

Con motivo de la fiesta del “Corpus” ofrezco algunos párrafos de una oración de Santo Tomás de Aquino, compuesta para ser recitada cuando asistía a una segunda Misa, pero no como celebrante: “Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, porque al contemplarte todo falla. Vista, tacto y gusto engañan, porque sólo se cree por el oído: creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios; nada es más cierto que esta Palabra de verdad. En la Cruz se escondía solo la Divinidad, pero aquí se esconde también la humanidad”.

Y recuerdo este texto poético, lleno del más grande amor y de la mejor teología:

“El Verbo que viene de lo alto
y no abandona la derecha del Padre,
salido para realizar su obra,
ha venido al atardecer de la vida.
Quien por su discípulo a la muerte
sería entregado a sus enemigos,
antes como comida de vida,
se entregó a los discípulos.
A ellos, bajo doble especie,
dio su carne y su sangre
para que en esta doble sustancia
se alimentara todo el hombre.
Al nacer se entregó como compañero,
al crecer se entregó como alimento;
al morir se entregó como precio;
al reinar se da como premio.
Oh, salvadora hostia
que abres la puerta del cielo,
en los ataques del enemigo
danos fuerza, concédenos auxilio”.

Acabo este muestrario con un breve fragmento de otro de sus himnos a la eucaristía:

“La carne es alimento y la sangre bebida:
mas Cristo está todo entero
bajo cada una de las dos especies.
Quién lo recibe no lo rompe,
no lo quebranta ni lo divide;
se recibe todo entero.
Recíbelo uno, lo reciben mil;
cada uno igual que los otros,
pues no se consume al ser tomado”.

Posterior


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juan garcia
4 de junio de 2026 a las 17:49

La eucaristía es nuestro mejor pasaporte para entrar en el cielo.
Es lo que nos identifica como discípulos el Señor Jesús. Cuando participamos en la eucaristia y comemos su cuerpoy bebemos su sangre cumplimos con el mandato de Jesus en la Última Cena: "Hacer esto en mi memoria". En la eucaristía "se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prendaa de la gloria futura". La eucaristía es la repetición del sacrificio de ka cruz, siendo el celebrante quien hace el papel del redentor. Este es un gran misterio que hace grandes pero humildes a los representates del salvador del mundo. Gracias, fray Martin, y todos los sacerdotes del mundo, por el sacrificio sagrado de seguir la vocación del redentor.

MILTON
4 de junio de 2026 a las 17:50

Canta, lengua, el misterio del cuerpo glorioso y de la sangre preciosa que el Rey de las naciones, fruto de un vientre generoso, derramó como rescate del mundo.
Nos fue dado, nos nació de una Virgen sin mancilla; y después de pasar su vida en el mundo, una vez esparcida la semilla de su palabra, terminó el tiempo de su destierro dando una admirable disposición.

En la noche de la última cena, recostado a la mesa con los hermanos, después de observar plenamente la ley sobre la comida legal, se da con sus propias manos como alimento para los Doce.

El Verbo hecho carne convierte con su palabra el pan verdadero con su carne, y el vino puro se convierte en la sangre de Cristo. Y aunque fallan los sentidos, basta la sola fe para confirmar al corazón recto en esa verdad.
Veneremos, pues, inclinados tan gran Sacramento; y la antigua figura ceda el puesto al nuevo rito; la fe supla la incapacidad de los sentidos.
Al Padre y al Hijo sean dadas alabanza y júbilo, salud, honor, poder y bendición; una gloria igual sea dada al que de uno y de otro procede. Amén.

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