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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

20
Jul
2026

Campeones con un equipo multicolor

0 comentarios
campeonesmundo

Hemos ganado el campeonato mundial de futbol. Digo que hemos ganado, porque la selección tiene la buena virtud de unirnos a todos. O a casi todos. Todas las selecciones nacionales tienen esa buena virtud: unen a los ciudadanos de un país en torno a unos colores y a unos jugadores venidos de todos los lugares de la nación. Y hemos ganado con un equipo multicolor, porque los colores de la piel corporal y del pelo de la cabeza tienen muchos matices que, vistos en su conjunto, son un reflejo de la magnífica humanidad que Dios ha creado. Cada ser humano es imagen de Dios y Dios es “multi todo”, porque abarca y contiene todo lo bueno.

Cierto, el futbol es un deporte devaluado por intereses económicos y utilizado por algunos en beneficio de sus intereses políticos. Pero hoy quiero notar que puede servir de metáfora de algo más grande, en signo de lo que debería ser un país, una nación, un pueblo, y hasta la Iglesia: una familia, una serie de personas distintas, con caracteres, posibilidades y gustos diferentes, todas ellas unidas por el amor. Si los goles de la selección son de todos, porque todos estamos unidos “ahí”, las diferencias quedan superadas. Se trata de un signo, el de la selección, que realiza la unidad del pueblo al que representa. Todos sentimos que formamos parte del signo, que el signo nos contiene. Salvando todas las distancias, hasta cabría calificar este signo de sacramental, pues el sacramento es exactamente eso: un signo que contiene y realiza lo que significa, un signo que de algún modo contiene aquello a lo que orienta.

El “sacramento” de la selección se convierte así en una parábola de la vida, que es compleja y plural. Pero también es un sistema de relaciones, como bien saben cosmólogos, físicos y antropólogos. Todo el universo está inter relacionado. Un sistema de relaciones que nos hace a todos interdependientes, no a pesar de, sino gracias a nuestras diferencias. ¿No es eso también la Iglesia, un pueblo unido, no por uniforme, sino por interdependiente, en el que todos somos necesarios, no a pesar de, sino gracias a nuestra distinción, lo que produce una hermosa sinfonía, un rico colorido en el que las diferencias contribuyen a la belleza del todo?

Si la Iglesia es una comunión, su mejor imagen no es la de la masa uniformada, silenciosa y obediente, en la que nadie piensa y todos callan, sino la de una selección de fútbol, en la que cada jugador proviene de un equipo distinto, unido con los que en otros momentos son sus rivales, para lograr un objetivo común que no niega la particularidad de cada equipo, pero que recuerda que lo que une a los futbolistas es más importante que lo que los separa. Esta Misa pagana que es el fútbol, por una vez y sin que sirva de precedente, se ha convertido en sacramento de la vida y, ¿por qué no?, también de la vida eclesial.

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María
20 de julio de 2026 a las 13:24

Lo que a mí más he ha maravillado de esta selección es el espíritu de equipo, en el que han tenido presente a Dios ( véanse, por ejemplo las declaraciones de Ferrán Torres o de Rodri Hernández ) y el propio seleccionador, dando un ejemplo de esfuerzo, sacrificio, unión y fe. Esa es la mejor manera de glorificar a Dios con la propia vida, en lo cotidiano, también en el deporte.

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