Jul
El amor de Dios, paternal y maternal
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En su mensaje con motivo del día mundial de los abuelos y personas mayores, León XIV ha recordado una frase de Juan Pablo I, este Papa que falleció un mes después de ser elegido. En una de sus intervenciones afirmó que Dios “es padre, más aún es madre”. Más madre que padre. León XIV, tras citar a Juan Pablo I, ha dicho que el amor de Dios es paternal y maternal a la vez. Y como buen agustino, recalca esta idea con un texto de San Agustín: Dios “es madre porque calienta, porque nutre, porque amamanta, porque custodia”.
Sin duda, todo lo que decimos de Dios se queda corto, cortísimo. Nuestro limitado lenguaje solo puede hablar pobremente del infinitamente bondadoso. Pero hay expresiones o fórmulas que apuntan mejor que otras a lo que es Dios. Decir que es Padre está muy bien. Decir que es Padre y Madre está mejor. Porque la paternidad humana a veces se identifica (mal, pero se identifica) con el poder. Y la maternidad se identifica con el amor, la ternura y el cariño. Naturalmente el amor paterno de Dios es cariñoso, tierno y totalmente bondadoso. Para que esto quede más claro no está mal hablar del amor materno de Dios.
La Jornada Mundial de los abuelos se celebra el 26 de julio, porque es la fiesta de los abuelos maternos de Jesús que, según el evangelio apócrifo de Santiago, se llamaban Joaquín y Ana. Esta jornada es una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que, en cualquier edad y condición es posible descubrirse siempre como hijas e hijos de Dios. Cuando somos mayores no “dejamos de ser hijos e hijas, y por eso sigue siendo válida cada día la invitación a volver a los brazos de Dios”.
El Papa es consciente de las situaciones de soledad, sufrimiento y abandono que padecen muchas personas mayores. Y cita un texto de su reciente encíclica Magnifica humanitas que resulta muy oportuno: “En una época que tiende a acelerar y a fragmentar, la carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura, por mentes atentas y buenas palabras. La cultura digital multiplica las conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; sin embargo, el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad”. Sí, el corazón necesitado de afecto busca cercanía, compañía, contacto, abrazos y besos.
Vivimos en un momento de la historia en la que nunca ha sido tan elevado el número de personas avanzadas en edad. Eso es signo de que la esperanza de vida, y de una vida con calidad, se prolonga cada vez más gracias a los avances de la medicina. Lo grave del envejecimiento sería que condujera a la desesperanza, al aislamiento, a la soledad; igualmente grave sería que los cuidados no llegasen a todos, o estuvieran condicionados por la situación económica, porque esto sería signo de una sociedad acomodada, en la que muchos seres humanos son con frecuencia olvidados, aislados, despreciados.
Nuestros mayores merecen gratitud. Seamos o no conscientes, todo lo que tenemos lo hemos recibido. Tener conciencia de ello es signo de lucidez. Ser agradecido es signo de grandeza de espíritu. Los mayores no son el pasado. En todo caso son el presente sobre el que se cimienta el porvenir. Si no cuidamos nuestro presente tampoco tendremos ningún futuro.