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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

13
Jul
2026

La paciencia, correctivo de la intransigencia

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rayosolpaciencia

La paciencia de Dios, de la que hablábamos en un post anterior, contrasta con nuestras impaciencias, con nuestras exigencias, con nuestras faltas de entendimiento. Mientras la paciencia une o, al menos, tiende puentes, la impaciencia separa a los unos de los otros y prolonga las distancias. La parábola de Mt 18,21 ss., a la que también nos referimos en el anterior post, no manifiesta solamente el contraste entre la paciencia del rey y la impaciencia del siervo, sino que es sobre todo una llamada al siervo a que se comporte como el rey: “¿no debías tú también, le dice el rey al siervo sin compasión, compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?” (Mt 18,33).

La paciencia a la que Dios nos invita puede ser hoy un buen correctivo y una buena barrera contra nuestras intransigencias, a veces provocadas por nuestros enfados cuando las cosas en la Iglesia no funcionan a nuestro gusto. Sin duda, hay cosas en la Iglesia que no acaban de gustarnos, unas veces con más razón que otras. Pero la paciencia nos tiene que llevar a comprender que en la Iglesia la regla no es la uniformidad, sino el respeto y la comunión. Desgraciadamente, algunas de las críticas que, en ocasiones, se escuchan, se refieren a cuestiones más de forma que de fondo, a asuntos menores, como los gustos litúrgicos, o por poner un ejemplo que resulta hasta ridículo, a las vestimentas papales.

Por otra parte, también es cierto que este mundo está, en muchos lugares, personas y momentos, lejos de Dios. Pero el buen cristiano no debe empezar por condenar, sino por predicar y dar testimonio, aunque parezca que esta predicación y testimonio no tienen éxito; no debe pasarse la vida juzgando, sino apelando a la misericordia divina. La paciencia nos da fuerzas para permanecer firmes a pesar de las injusticias que encontramos en nuestro camino. No nos llama a la resignación, sino a la espera confiada en que Dios, por los caminos que solo él sabe, guiará a todos hacia él. El poder de los emperadores romanos y los poderes mundanos que han venido después no pudo conseguir que los mártires se abandonarán al fatalismo o a la desesperanza, porque ellos veían en Cristo glorificado la victoria y el sentido de todo sufrimiento.

Una cosa más: la paciencia nos lleva a esperar con calma, gozo y alegría la venida del Señor. La paciencia está totalmente relacionada con la esperanza, no solo con las pequeñas esperanzas mundanas, sino sobre todo con la esperanza escatológica. Y esta paciencia es firme, tranquila y constante, porque sabemos que la esperanza no falla (Rm 5,5). La esperanza en la resurrección de los muertos y en la vida eterna es segura porque se apoya no en nuestras fuerzas, sino en el poder y en la misericordia de Dios. La esperanza da alas a la paciencia.

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