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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

29
Jun
2026

Jesucristo, culminación de lo humano

4 comentarios
Cristoculminaciónhumano

El planeta Tierra se formó hace unos 4.600 millones de años. Y en la tierra, apareció la vida hace unos 3.700 millones de años. Los primeros homínidos bípedos aparecieron hace unos seis o siete millones de años en África. La vida ha ido evolucionando siempre a mejor hasta la aparición del ser humano actual, hace unos 200.000 mil años en África. Bien podemos decir que el fin más íntimo de la naturaleza fue recibir algún día al hombre, poder desarrollar en el curso del tiempo un organismo capaz de transformarse en eso nuevo que denominamos hombre.

Una vez aparecido el ser humano “comienza una nueva tarea, más elevada: la humanidad existe para engendrar a Jesucristo. Está para crear el lugar en el que pueda producirse la unión entre Dios y el mundo. La humanidad vive para llegar a ser una con Dios” (J. Ratzinger). Jesucristo es la plenitud, la culminación, la perfección de lo humano. Por esta razón el Concilio Vaticano II califica a Cristo de “Hombre perfecto”. O sea, no se trata solo de afirmar la verdadera naturaleza humana de Jesús (perfecto hombre), en el sentido de que es un hombre completo, como desde antiguo ha afirmado la Tradición, sino algo más importante aún: en Cristo, la naturaleza humana ha llegado a su total y plena capacidad (“hombre perfecto”), hasta su más alta cota, que es el encuentro y la comunión con Dios.

Por este motivo, Cristo es el ideal concreto de lo humano, la “magnífica humanidad” (como dice León XIV). Si en Cristo se encuentra la humanidad más lograda, esta humanidad resulta paradigmática, ejemplar. Jesús es el modelo según el cual todo ser humano debe configurarse. De ahí que su seguimiento es crecimiento en humanidad, permite la plena realización personal: “el que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre” (Gaudium et Spes, 41). Mirando a Jesús sabemos a qué atenernos en la realización de nuestra perfección humana. En esta perspectiva podemos situar el texto de Rm 8,29: Dios nos “predestinó a reproducir la imagen del Hijo, para que fuera el primogénito entre muchos hermanos”. Todos estamos destinados a reproducir la imagen de Jesús, a ser otro Cristo, en definitiva. Hablar, pues, del Hijo de Dios, es algo que no solo afecta a Jesús de Nazaret, sino que también nos afecta a nosotros. El hombre tiene una dimensión que le pertenece intrínsecamente y que es una dimensión divina.

Ahora bien, si hay que mantener que llegó un momento en que la humanidad estaba, de algún modo, preparada para que Cristo pudiera encarnarse, hay que dejar bien claro que la encarnación de Dios no es resultado del ascenso del ser humano, sino del descenso de Dios. Una cosa es estar preparado para acoger a Dios y otra ser el creador de Dios. El intento, por parte del hombre, de hacerse por sí mismo divino, de convertirse en “super hombre”, de ir más allá de lo humano, de ser dios en definitiva, está condenado al fracaso, por mucho que se empeñen las teorías trans y post humanistas. “La salvación no proviene de la grandeza del hombre, sino de la graciosa misericordia de Dios” (J. Ratzinger).

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Chiquet
29 de junio de 2026 a las 10:29

Si la humanidad siguiera el Modelo que es Jesús, no estaríamos inmersos en el mundo de la manipulación de la democracia, de los relatos, de la falta de diálogo con los contrarios, acudiríamos a socorrer a los países necesitados (cuando hay catástrofes y cuando no se produjeran), rechazaríamos el aprovechamiento de la inmigración por las mafias o por intereses económicos, etc. Podríamos alcanzar lo mejor de nosotros mismos gracias a nuestro Maestro, y esto individual y socialmente. Como fieles y como Iglesia Unida.
Podemos bendecir a Dios que nos ha creado y amado hasta el extremo; desde el principio y hasta el final de los tiempos, como explica Martín. Gracias

D.M.
30 de junio de 2026 a las 01:36

El verbo, vino al mundo para salvarnos. Si el ser humano fuese perfecto, no tendría sentido la redención. Al final, como es un tema de Fe, somos nosotros en nuestro ejercicio de libertad quienes decidimos si creer o no creer...
Fe, no esb sólo creer en algo que no se ve, también es conocimiento adquirido a través de los demás...
No hace mucho, un amigo, creo que ateo, falleció de un cáncer muy agresivo. Unos pocos días antes de morir, le escribí para distraerlo, pues sabía que tenía muy mala pinta lo que tenía...le hablé del descubrimiento científico del motor Alcubierre (una hipòtesis). Teóricamente con esas naves, sin movernos podríamos aparecer en el otro extremo de Alfa Centauri. Mi amigo dijo:"la verdad es que no me interesa para nada, yo he emprendido otro viaje". Aquella contestación me dejó en shock, me hizo incluso sentir culpable. Unos días antes, se reía de mí, cuando le propuse un método alternativo. Literalmente me mandó al cuerno. Me contestó que él estaba vivo gracias a la medicina actual y que me dejase de estupideces. Sea cómo fuere, lo bien cierto es que fue decirme esto y a la siguiente semana le dijeron que lo suyo no tenía solución y era tontería seguir con el tratamiento.
Años atrás, cuando le hablé del trascendentalismo, me dijo:"yo soy eterno". Será el único pues aquí no se queda nadie.
Resumiendo, la paradoja es que da la sensación que tuvo una experiencia cercana a la muerte, es por eso que me dijo:"he emprendido otro viaje". Me estaba diciendo:"no tengas miedo". Me trasmitía paz. En aquel momento no lo comprendí, pero sin ningún género de duda creo que fue así.

Rafaela
30 de junio de 2026 a las 12:59

De acuerdo. El hombre debe de entender que viene a servir y no ser servido. A dar y no a recibir. A hacer algo con su vida y no ser mero espectador. cada vida por más humilde que sea materialmente tiene algo que dar y debe descubrirlo. Un solo problema veo: el voluntarismo que exacerba el yo. Hoy se confunde: la realizacion del hombre, hacerse divino física y psicológicamente. Por eso, el cristianismo aclara: Dios baja y no el hombre sube...Esto es fundamental en nuestro mundo actual...Y pienso muy dificil..

juan garcia
4 de julio de 2026 a las 17:53

Hablar "de mi otro viaje" es una tarea que todos tenemos por delanteç,más tarde o más temprano. A medida que nos acercamos al final de nuestro tiempo en este mundo, las incognitas de la eternidad a nuestra finitud serán una lucha interna sobre lo claro y lo oscuro de nuestra fe incondicioal en Jesus, nuestro redentor."Mi otro viaje" es una realidad humana de suprema importancia.

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