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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

31
May
2026

La encíclica de León XIV: ¿qué estamos construyendo?

8 comentarios
magnificahumanitas

No es fácil resumir la encíclica de León XIV, Magnifica humanitas. Quizás la pregunta, tomada de la encíclica, con la que he titulado mi artículo, puede ser la gran pregunta que recorre todo el texto papal: ¿qué estamos construyendo? Las innovaciones tecnológicas ¿contribuyen a hacer crecer a las personas y a los pueblos en fraternidad y en humanidad?

La encíclica no es exactamente una reflexión sobre la Inteligencia Artificial, aunque este sea su hilo conductor, sino una reflexión sobre un tiempo nuevo, como es el nuestro, en el que las nuevas tecnologías y, por supuesto, la inteligencia artificial, pueden ser muy útiles para mejorar nuestra vida, pero también ser obstáculos para vivir humanamente. Y no solo obstáculos, porque además de emplearse para bien pueden emplearse para mal, sino sobre todo porque este mal empleo condiciona, manipula, controla y orienta nuestra vida en direcciones inhumanas sin que seamos conscientes de ello, y hasta haciéndonos creer que lo malo es bueno. Un ejemplo de como los algoritmos controlan y manipulan la información que nos condiciona es el caso de la guerra: estamos tentados de pensar que no tendremos paz si no nos preparamos para el conflicto, sino no acumulamos armamento que mata a inocentes, si no detectamos al enemigo o no nos adelantamos a matarle.

El documento papal se sitúa dentro de la gran corriente de doctrina social de la Iglesia, que comenzó con la Rerum novarum de León XIII. En aquel momento había “cosas nuevas”, aparecían situaciones que exigían una palabra del Magisterio para iluminarlas a la luz del Evangelio. Pues bien, hoy la tecnología ha condicionado de forma inesperada la condición humana. De ahí la necesidad de una palabra del Magisterio, que ilumine los nuevos cambios que implican no solo nuevas necesidades y posibilidades, sino sobre todo nuevos comportamientos. “El progreso técnico, valioso en sí mismo, requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue”. Ser más poderosos no significa necesariamente ser mejores. Tener más no significa ser más. Con el “tener más” pudiera suceder que la persona fuera “valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece”.

La inteligencia artificial nunca es un hecho puramente técnico. No es moralmente neutral. No tiene conciencia. Entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad. Las inteligencias artificiales no poseen cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones, ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. No conocen la misericordia, el perdón, la esperanza de cambio, pudiendo así producir nuevas formas de descarte. Cuando la técnica deja de ser instrumento y se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz.

Algunos interpretan el progreso como la superación del ser humano, con los nombres de transhumanismo y posthumanismo. Es el sueño de superar los límites de la condición humana, consiguiendo así una humanidad nueva (incluso hibridada con la máquina). Pero los límites y fragilidad de la humanidad no es un error que haya que corregir, pues los cristianos sabemos que “el ser humano no florece a pesar del límite, sino dentro del límite”. Y que, al entrar el Verbo de Dios en nuestros límites, apareció precisamente el “Hombre perfecto”, la perfección de lo humano, una magnifica humanidad. Allí donde la humanidad corre el riesgo de perder su rostro, los cristianos alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, donde se esclarece del misterio del hombre. Ninguna máquina puede sustituir esta magnifica humanidad revelada en Cristo.

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juan garcia
31 de mayo de 2026 a las 17:37

Cuando los nuevos descubimientos tecnológicos apsrecen en el mercado, aparecen al mismo tiempo los manilupadores científicos
(o seudo científicos) que buscan el provecho del nuevo hallazgo. La" inteligencia artificial" tiene el camino abierto a humanización o explotación del ser humano. Gracias, fray Martín por tu comentario a ka enciclica del papa

Valero Martinez
1 de junio de 2026 a las 07:52

Hay quienes buscan en la inteligencia artificial al nuevo Dios que todo lo pueda, pero un dios que todo lo puede menos amar, es un dios perverso y limitado pues si hay algo que realmente lo puede todo, es el amor.

Jesús, hecho Hombre, por obra de Dios Padre, es la
1 de junio de 2026 a las 13:02

demostración de la ciencia misma, está para que la especie humana subsista, "amarás al prójimo como a ti mismo", la protege de la destrucción por ignorancia. Nada escapa al plan divino, tampoco la tecnología. Será otro obstáculo que la Humanidad tiene para sobrellevar y mostrar su perfil...Si creemos en los Evangelios y la tradición cristiana nada debemos temer, estamos protegidos contra cualquier guerra tecnológica, nuestra mente no se vaciará, ni se perderá. Tal vez todo sea cuestión de EDUCACION, hay que aprender a movernos en un mundo nuevo que Dios sabrá porqué va para ese lado y no para otro, estamos intentando saltar del planeta tierra hacia otras esferas, el universo se amplifica, la humanidad se unifica. Hoy es el Hombre en el Cielo. No le doy al Hombre un poder superior a Dios, la destrucción que provoque estará dentro de su Plan, y la Humanidad será puesta a prueba para subsistir....

Lucas Lopez
2 de junio de 2026 a las 03:18

Dios Bendiga al papá León le de la sabiduría de poder guiar aun un pueblo nesecitado del Amor de Dios

Milton
3 de junio de 2026 a las 16:31

En primer lugar, anotemos cómo concibe León XIV la Doctrina Social de la Iglesia. Esta Doctrina, en palabras textuales, “surge de una Iglesia que camina con la humanidad”, “que se sitúa a la par del mundo sin imponerse sobre él, para que en cada acontecimiento humano pueda germinar la promesa de justicia y paz que el Espíritu Santo sigue suscitando en el corazón de la humanidad”. Se trata de un encuentro, de un dialogo del Evangelio con las realidades de cada época; “nace del encuentro entre la verdad eterna del Evangelio y las preguntas de la historia”, por eso, ella se realiza en la historia en un proceso de discernimiento comunitario que concibe la verdad “como un don que hay que compartir y no como una posesión que hay que reclamar” y que “libera a la Iglesia de la tentación de añorar formas de presencia basadas en el poder”. La Iglesia, en definitiva, “no quiere levantar la bandera de la posesión de la verdad. porque la verdad no es un territorio que hay que defender, sino un bien que hay que compartir”1.

No hace falta demasiado esfuerzo para advertir que nos hallamos ante una grave deformación de la naturaleza y de la misión de la Iglesia tal como Cristo la fundó y la quiso. Es cierto que la Iglesia opera en el mundo a modo de un signo sacramental que testimonia el misterio de Jesucristo y acompaña a la humanidad; pero a una humanidad caída que necesita del auxilio de la gracia que solo ella puede transmitir.

Milton
3 de junio de 2026 a las 20:22

En la encíclica no se habla en ningún momento de violencia para ganar el Cielo, ni de la salvación de las almas, ni de Satanás, ni del infierno, ni de la condenación eterna, ni del pecado mortal, ni del pecado venial, ni de los vicios y virtudes como cuestiones teológicas, ni de convertir las almas extraviadas por los falsos cultos, ni de penitencia, ni de sacrificio. Sí, en cambio, se hace referencia, por caso, al sínodo de la sinodalidad, a humanizar o no deshumanizar, al ecumenismo, a tomar conciencia, a discernir, a la ecología, a la ONU, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a la paz. El texto trae inspiraciones en “san Óscar Romero y el beato Enrique Angelelli” (Punto 125), hombres que hasta el final bregaron por el tercermundismo.

oscargdolobo1951@gmail.com
4 de junio de 2026 a las 17:42

Excelente comentario, Oscar Lobo Oconitrillo (C
osta Rica)

David Machancoses
5 de junio de 2026 a las 23:37

IA o loro? Esa es la cuestión.
Ya de muy niño me interesé por el mundo de la informática. En mi época, hablar de eso era, simplemente raro o extraño. Años más tarde, ya todo el mundo tenía su PC. A los 14 años, mientras el resto se iban al recreo a jugar al fútbol o cualquier otra cosa, me apunté voluntariamente a estudiar informática. Éramos apenas 5 adolescentes... Allí aprendimos lo que eran los algoritmos y como programar. Creo que por eso entendí siempre muy bien todo lo digital, porque sabía que aquello estaba hecho por humanos y llega un momento que sabes de la manera que piensa un informático.
Ojo, que la gente tenga PC, no significa que entiendan de programar. La gente le da al ratón para apuntar en la pantalla una función que hace tal. Lo que hay detrás de eso son algoritmos. En realidad, son posibilidades...
Yo no veo problema el nivel tan elevado de programación que hemos alcanzado, el problema está en el uso que le demos. Al fin y al cabo, el loro o La IA, jamás tendrá alma, es sólo un ordenador con muchas entradas y salidas.
Y ojo, en los tiempos que estamos, el problema es en manos de quien está, la mal denominada inteligencia.

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