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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

3
Feb
2026

Cuando el criterio son las vísceras

4 comentarios
criteriovisceras

Siempre he pensado que no es la piedad el criterio de la verdad, sino al revés: la verdad es criterio de toda piedad. En uno de sus Sermones universitarios, John Enry Newman se refiere a “aquellos que se dejan llevar de un sentimentalismo religioso, donde la imaginación y los sentimientos ocupan el lugar que le correspondería a la Palabra de Dios”.

En algunos terrenos la pasión nos ciega. Es posible incluso que, aún así, tengamos razón. Pero el modo de expresarla o de manifestarla la descalifica o, al menos, dificulta que podamos convencer de ella a los que no piensan como nosotros. En el terreno religioso hay algunos temas sensibles que mucha gente vive con esa pasión que, a veces, nos hacer perder incluso la razón que tenemos. Y muchas veces ocurre que cuanta menos teología se sabe con más pasión se expresa uno.

Por poner un ejemplo, que espero que se lo tomen con humor, yo mismo he oído decir: “yo no sé si Dios existe, pero a mí a la Virgen de los desamparados no me la toca nadie”. Lo que hay detrás de expresiones como estas es el fanatismo que provocan determinas imágenes o advocaciones, importando poco lo que ellas significan. Porque lo que importa en la Virgen no es la imagen, sino siguiendo con el ejemplo de la advocación puesta, lo que importa es que ella nos invita a ocuparnos de los desamparados. Lo fácil es hacer una religión de fórmulas, gritos o apariencias, una religión en definitiva vacía, y olvidar que la buena religión transforma el corazón y cambia a la persona. Vamos, que el criterio de toda buena fe religiosa es el amor al prójimo.

Ahora que ha pasado un tiempo y que los ánimos están más calmados, me atrevo a decir que algunas cosas que se dijeron a propósito del documento del dicasterio de la doctrina fe publicado el pasado mes de noviembre, que trataba de algunos títulos marianos, resultan cuando menos penosas. Calificar el documento, como yo he leído, de “inmundicia talmúdica y masónica, pérfida y ambigua” no parece muy cristiano. También he escuchado algunos argumentos a favor de los títulos que el documento cuestiona, que me hubieran parecído respetables si se hubieran dicho con paz y sin descalificar a nadie.

No tiene más razón el que más chilla, ni ama más a María el que mejor descalifica a otros. Precisamente el buen argumentador no necesita enfadarse ni levantar la voz. Hablar visceralmente no es prueba de tener razón, sino de ser poco elegante. Hay algunos que solo están de acuerdo con el Magisterio cuando el Magisterio hace y dice lo que ellos quieren. Esos solo están de acuerdo consigo mismos. Por cierto, refiriéndose explícitamente a este documento, el pasado 29 de enero, dijo el Papa que “brinda aclaraciones precisas e importantes para la mariología”.

En muchos temas religiosos convendría no olvidar la frase atribuida a San Agustín: “en lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; y en todo, caridad”.

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José Simal Gándara
3 de febrero de 2026 a las 18:58

Gracias
Da Luz

José María Valderas
3 de febrero de 2026 a las 19:35

El argumento de autoridad pontificia tiene sus limitaciones. No es deducción obligada pensar que, puesto que lo ha dicho León XIV, punto redondo. O tirando alto, Roma locuta, causa soluta (o finita, que dicen otros). El sosiego siempre es bueno. Pero a veces la intemperancia es excusable. Conocida es la historia del enfrentamiento dialéctico entre Wittgenstein, filósofo eximio en filosofía del lenguaje, y Karl Popper, que no le anduvo a la zaga en filosofía de la ciencia. En un momento álgido del debate, el austriaco le amenazó con el atizador que tenía a mano.
Viene esto a cuento del infausto documento de Fernández sobre la corredención y mediación de María. Usted sabe que no fue replicado por gentes sin preparación y exaltados, sino nada menos que por la Asociación Internacional de Mariología, que desmontó párrafo a párrafo el documento.
Ahora prometen una encíclica sobre la Inteligencia Artificial. El Papa es matemático de formación, quiere decir que algo entiende de algoritmos. No consta que Fernández tenga pajolera idea (el vulgarismo lo copio de un inolvidable amigo, JA Tudela, a quien cito porque usted conoció) del tema. ¿Es displicente esa reticencia a lo que pueda salir?
Sobre Inteligencia Artificial y ética se han publicado en el último año centenares de artículos, incluso en revistas de ciencia, no sólo de filosofía. No consta que Fernández las conozca, aunque tampoco puede negarse, o al menos yo no puedo negarlo.

Nos encontramos en unos momentos difíciles para la Iglesia. En mi humilde opinión lo peor está en la obscuridad, la confusión, la falta de pulso doctrinal. Tengo sobre mi mesa dos libros: Jesús de Nazaret, de Joseph Ratzinger, y La Palabra Fuente de Vida, de Gerardo Sánchez. Cada día, cada discurso o carta episcopal que oigo los echo mucho de menos. ¿Por qué estamos tan lejos del unum necessarium?

Mercedes
4 de febrero de 2026 a las 13:20

👏👏👏👏👏👏👏

Hormias
5 de febrero de 2026 a las 19:40

En todo. Caridad
San Agustín..tenía razón

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