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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

28
May
2026

Santísima Trinidad, una fiesta distinta

2 comentarios
trinidad2026

La fiesta de la Santísima Trinidad tiene una peculiaridad que la hace distinta de todas las demás fiestas del año litúrgico. A lo largo del año vamos recordando y celebrando los distintos momentos de la vida de Jesús. El año litúrgico tiene dos grandes ciclos: el de Adviento y Navidad; y el de Cuaresma y Pascua. Celebramos el comienzo de la gran historia de salvación y su culminación. A lo largo de los otros domingos vamos recordando las palabras y la predicación de Jesús, sus enseñanzas sobre el Reino de Dios, y sus obras y milagros que lo acreditan como el enviado de Dios.

La fiesta de la santísima Trinidad no celebra un acontecimiento, sino la fuente de todos los acontecimientos: Dios mismo. Pero no un Dios cualquiera, sino un Dios que es Amor, solo Amor y nada más que Amor. Y, por eso, solo puede amar. Pero no hay amor sin relaciones mutuas. Para que pueda haber amor, en la intimidad de Dios hay relaciones. Ese misterio de relaciones es el misterio trinitario. Este es el misterio de nuestra fe, tal como lo confesamos en el Credo. Precisamente porque Dios es Amor, el ser humano no es el súbdito pasivo de un ser soberano, un patrono despótico o un monarca plenipotenciario.

La profesión de fe, el Credo, el objeto de la fe cristiana es Dios, confesado como Padre creador, que ha enviado a su Hijo al mundo por amor al mundo, y nos entrega su Espíritu para que podamos vivir en consonancia con lo que Dios es. Precisamente porque Dios es un Dios de relaciones personales, puede relacionarse personalmente con cada ser humano: cada uno de nosotros somos hijos del Padre, hermanos del Hijo y templos o sagrarios del Espíritu. Porque Dios es Amor no está alejado de nosotros. En Jesucristo, Dios se hace tan cercano que se convierte en hombre. Es imposible estar más cerca. Es uno de nosotros, vive con nosotros, para nosotros y en nosotros.

Los filósofos griegos, por ejemplo, Aristóteles, al igual de las grandes religiones de la humanidad, supieron que hay un solo Dios. Pero Aristóteles estaba convencido de que este Dios no necesita nada y no ama, no puede tener relaciones con nosotros. Al Dios aristotélico, los humanos no le importamos nada. ¿A cuenta de qué se iba a interesar por nosotros un ser omnipotente y autosuficiente? Por el contrario, el Dios cristiano no es un motor inmóvil, que hace funcionar el universo, pero no se relaciona con nadie; no es pura y profunda energía, respiración universal que da vida y sostiene todo lo que existe (Upanishad, textos sagrados de la India); no es poder soberano. El Dios bíblico es un ser personal que llama y espera respuesta, que pregunta y escucha, que “ama personalmente” con pasión. Y ama porque es Amor (1 Jn 4,8.16).

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MILTON
29 de mayo de 2026 a las 18:57

Para Santo Tomás de Aquino, Dios es el "Ser Subsistente" y la perfección absoluta: el único ser en el que su esencia se confunde con su existencia. No es un ser físico o material, sino un espíritu puro. Su naturaleza se define a través de las siguientes características y atributos:
Es el "Acto Puro": No tiene potencia ni posibilidad de cambio; es pura actualidad.
Es Inmutable y Eterno: Al no tener potencialidad de cambio, no envejece ni es afectado por el tiempo.
Es Causa Primera y Motor Inmóvil: Es el origen de todo movimiento y causa en el universo, pero él mismo no es causado ni movido por nada más.
Es Necesario: A diferencia de los seres humanos (que somos contingentes, es decir, que podemos existir o no), Dios es un Ser Necesario y la fuente de donde todo lo demás toma la existencia.
Es Infinito y Simple: Carece de partes y límites, y es la cumbre de todo grado de perfección, bondad, verdad y belleza

Valero Martinez
2 de junio de 2026 a las 08:49

Un hombre en una isla solitaria no podría ser amor, no podría porque no tendría a nadie a quien amar y si Dios es amor, no es de extrañar que sea tres personas que se aman hasta el punto de que son un solo ser, porque el amor es comunión, es comunidad de amor entre Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso yo, que estoy hecho a imagen de Dios, sólo puedo ser yo plenamente si amo siempre y a todos. Por eso cuando dejo de amar, me siento morir por dentro. Gracias Martín por tu reflexión

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