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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
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13
Oct
2013
La Iglesia no es una ONG, pero...
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El Papa alguna vez lo ha recordado: la Iglesia no es una ONG. Algo que debería ser evidente para todo creyente. La Iglesia es la comunidad de aquellos que creen en Cristo como su Señor y Salvador. Pero la fe en Cristo tiene implicaciones que afectan a todos los ámbitos de la existencia. Y afectan también al modo de relacionarnos con la naturaleza y con las otras personas. Los otros no son solo “otros”, son también “míos”, porque el creyente sabe que son hijas e hijos de Dios, que Cristo les ama y que, en ellos Cristo mismo está esperando nuestro amor. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis pequeños hermanos (hermanos en situación de precariedad: pobreza, enfermedad, falta de pan, de vestido y de tierra), a mí me lo hicisteis”. No dice: “yo estaba contento porque os portabais bien con ellos”, sino “a mí me lo hicisteis”, cosa que solo puede significar: “yo estaba allí, en el prójimo necesitado, y allí se me podía encontrar”.

A partir de estos principios queda claro que, si bien la Iglesia no es una ONG, la Iglesia como comunidad, y cada uno de sus miembros, debe realizar muchas labores que también realizan otras instituciones laicas, que no apelan para nada a Dios en su labor social a favor de los necesitados. Coincidir con otros a la hora de hacer el bien no es motivo de celos ni de rivalidad, sino motivo de alegría y de colaboración. Cierto, es posible que los motivos, las razones, por las que unos y otros hacemos obra social a favor de los desamparados, no sean las mismas. O mejor: no se formulen en los mismos términos. Porque toda acción a favor del prójimo necesitado termina remitiendo a un motivo trascendente, a un motivo que rompe las fronteras de mi egoísmo.

La Iglesia no es una ONG. Pero si dejara de practicar la caridad y la justicia, si dejara de lado su compromiso con los pobres, enfermos, emigrantes, presos, su vivencia del Evangelio no sería auténtica ni completa. No es posible vivir el Evangelio “a medias”. No es posible ser cristiano “hasta cierto punto”. La caridad, traducida en compromisos concretos, es esencial a la vida cristiana. El que los beneficiarios de nuestra caridad puedan confundir a la Iglesia con una ONG no es razón para estar sermoneándoles sobre lo que somos y no somos. Lo que somos lo debemos tener claro nosotros. Evidentemente, siempre que tengamos ocasión, debemos aclarar que el pan del cuerpo que suministramos nunca podrá llenar del todo la vida. Eso solo puede hacerlo otro pan, un pan que cuando se come ya no se muere más. Cristo, pan de vida, es el único que puede llenar el corazón de las personas. Pero probablemente, el mejor contexto que puede hacer esto entendible y audible es el del suministro del pan del cuerpo.

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9
Oct
2013
¿Una vergüenza? Sí, y mucho más
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No me ha gustado nada, pero nada de nada, lo que he leído: que el primer ministro de Italia, Enrico Letta, ha anunciado que todos los fallecidos en el naufragio de Lampedusa recibirán la nacionalidad italiana. Y, al mismo tiempo, que los adultos rescatados pueden ser castigados con una multa de hasta cinco mil euros y la expulsión del país. Nacionalidad para los muertos y multa para los vivos ¿Pero qué clase de broma macabra es esta? ¿Es que no se dan cuenta de lo que dicen? ¿O es que dicen lo que piensan? Lo que podía haber hecho el primer ministro, y de paso podrían haber apoyado los líderes europeos, es el anuncio de la revocación inmediata de esa ley que equipara la inmigración al terrorismo y, por eso, considera como delito de cooperación con terroristas la ayuda de los pescadores a los inmigrantes que buscan llegar a Europa a través del mar, jugándose la vida. La mala vida en Europa vale más que la buena vida en sus países. Porque esa es otra.

Tampoco me ha gustado nada, pero nada de nada, el video de los dirigentes europeos en Lampedusa, desfilando con sus maravillosos y estupendos coches para, supuestamente, solidarizarse con las víctimas. ¡Menuda solidaridad! Uno se pregunta por qué, habiendo ocurrido la tragedia hace ya una semana, los líderes europeos se han hecho presentes este miércoles, día 9 de octubre. ¿Acaso es que no habían llegado a la isla los coches en los que se han desplazado? No es extraño que la gente les haya abucheado, utilizando la misma palabra que el Papa empleó para calificar la tragedia: una vergüenza. Una vergüenza y un asesinato en la medida en que acontecimientos como este se pueden evitar y no se ponen las medidas para hacerlo.

¿Y qué decir de esas leyes que salen de nuestros parlamentos? Comprendo que tanto parlamento, europeo, nacional, regional y local, tenga que buscar el modo de estar ocupado. Y así se dedican a regular todo lo regulable, incluido el si podemos o no ayudar a personas en situación de extrema necesidad. Santo Tomás dejo bien sentado que el “amor al enemigo” (y ¡atención!, los inmigrantes no son enemigos, sino una pobre gente, unos hermanos nuestros, hijos de Dios), exige auxiliarle en toda situación de necesidad, cuando nadie más puede hacerlo. Los pescadores, a los que la ley podría acusar de auxilio al terrorismo, tienen en esta doctrina un buen apoyo para quebrantar la ley.

Pero no hacen falta apoyos doctrinales, pues todo ser humano que se encuentra frente a otro ser humano en necesidad debe (es un deber de humanidad) desobedecer todas las leyes que impiden prestarle auxilio. Porque la ley de leyes es la de la conciencia y la dignidad humana. Para los que creen en Dios esta ley es además divina.

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6
Oct
2013
A favor de todas las víctimas
12 comentarios

El domingo, 13 de octubre, tendrá lugar en Tarragona la beatificación de 522 mártires. De ellos más del 80 por ciento eran religiosos y religiosas que, durante la última contienda civil en España, murieron porque pensaron que era más importante mantener la fe y la vocación religiosa que salvar la vida.

La Conferencia Episcopal Española, hace ya un tiempo, emitió un comunicado avisando que no se permitirá, en el recinto donde tendrá lugar el acto religioso, la entrada de ninguna bandera ni de ninguna pancarta. Una prohibición de este tipo es indicativa del riesgo de que algunos aprovechen el acto para hacer reivindicaciones de tipo político o, lo que es peor, para clamar contra aquellos que consideran culpables de la muerte de esos cristianos que van a ser beatificados. Si así ocurriera el acto religioso quedaría completamente desvirtuado para convertirse en un acto cristianamente inaceptable.

La Unión de Religiosos de Cataluña ha emitido una nota, muy ponderada, en la que se afirma que se trata de un tema social y políticamente muy sensible, que puede utilizarse al servicio de intereses diferentes y hasta contrapuestos. Reconoce, además que estas dificultades, en algunos casos justificadas, no exoneran del derecho de buscar la verdad y de cumplir con el deber de agradecer la fidelidad y la coherencia de la vida de los mártires. Y añade: nadie se equivoca cuando opta a favor de las víctimas, siempre que reconozca a todas las víctimas sin excepción.

Ninguno de los religiosos que va a ser beatificado mató. Muchos eran jóvenes y desarrollaban una labor encomiable a favor de los pobres y necesitados. Vivieron tiempos difíciles y, sin duda, fueron víctimas de un terrible malentendido que es de desear que nunca más se repita: les confundieron con lo que no eran, con agentes al servicio de una política determinada. En todo caso hay que decir muy alto y muy claro que todas las víctimas merecen honor y respeto, pero que un cristiano está en contra de que haya víctimas. Porque un cristiano está a favor de la paz, la reconciliación y el entendimiento entre todas las personas y los pueblos.

Es de esperar que los responsables de la organización del acto logren resaltar la primacía de la fe y del amor, la sensibilidad por el pluralismo cultural y lingüístico de las comunidades cristianas, la comunión eclesial; la armonía, colaboración y complementación entre los distintos carismas y ministerios; la atención a los pobres y desamparados, y la necesidad del diálogo y el entendimiento entre todos los ciudadanos, sea cual sea su sensibilidad y su color político.

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2
Oct
2013
Humanizar la red con amor
9 comentarios

Ahora que algunos corremos el riesgo de convertirnos en personas a una pantalla pegados, se hace más necesario que nunca humanizar la red. Esta humanización requiere, en primer lugar, mucha responsabilidad. Cada uno debe ser capaz de responder ante Dios y su conciencia de la verdad de lo que escribe. Porque donde no hay verdad, sino media verdad, suposición, apariencia, impresión, si cuenta más el hábito que el monje (o la monja), si solo importa la rentabilidad o el número de entradas, si la ideología o los gustos estéticos son el criterio de lo que se publica, si el mundo se divide en buenos y malos, si no hay matices o escala de grises, lo escrito se convierte en un arma arrojadiza que puede causar daños irreparables.

 

La verdad debe decirse con caridad. Dicha sin caridad deja de ser verdad. Donde no hay amor, la verdad se corrompe. Cuando digo que la verdad debe estar calificada por el amor quiero decir que la verdad no se impone con coacciones, insultos o amenazas. La verdad confía en la libertad y se impone por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y dulcemente en las almas. Por lo demás, cuando descalificamos en nombre de la verdad a los que apelan al amor, no hacemos más que inocular a pequeña escala el mismo virus que, a gran escala, conduce a las guerras y al terror.

Todo esto me lleva a pensar que en la red hay una gran necesidad de silencio (la expresión “silencio en la red” la escuché hace meses a un buen periodista), precisamente para que pueda oírse la verdad con amor. Hay excesivas palabras que ahogan, noticias falsas, bulos, campañas descalificadoras y comentarios hechos con muy mala educación. Sobre todo en las páginas religiosas necesitamos un silencio constructivo para que se escuche la verdad de Dios. Silencio constructivo no significa dejar de publicar. Significa utilizar un lenguaje propositivo, comprensivo, que tienda puentes de diálogo, que escuche al otro, que tenga en cuenta que lo que “el otro” dice es quizás un aspecto de la realidad que se me había escapado.

Silencio constructivo significa tomar partido por los más débiles. Significa también usar un lenguaje que sane las heridas y no las empeore. Porque hay heridas que, cuando empeoran, llevan a la muerte. Una página que solo busca condenar no puede ser religiosa. Hay demasiados disparos. Necesitamos el aceite del consuelo que cura las heridas, y el vino de la esperanza, que nos une como hermanos por encima de las diferencias.

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27
Sep
2013
El Señor esté con vosotros: más que una fórmula
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En alguna ocasión he escuchado al presidente de la Eucaristía hacer un pequeño cambio en la fórmula “el Señor esté con vosotros”, que aparece repetidamente en la liturgia, y decir: “el Señor está con vosotros”, subrayando con especial énfasis el “está”. En mi opinión este cambio no es bueno. Pero es necesario explicar el motivo, porque de lo contrario estos detalles que son importantes, dejan de serlo cuando no se comprende su sentido y su razón. Si no se conoce la diferencia entre decir “esté” o “está”, da lo mismo decir una cosa que otra y hasta alguno podría pensar que hacer alguna vez un cambio ayuda a abrir el oído para que los fieles, o sea, en este caso los oyentes, se despierten de la somnolencia que produce la monotonía de las repeticiones.

El presente “está” indica posesión. El subjuntivo “esté” es un tiempo más dinámico, indica que el Señor está continuamente viniendo; además, expresa un deseo, prepara a la permanente acogida del Señor. Este “Señor” que se implora es además “el Espíritu”, tal como dice san Pablo en 2Co 3,17: “el Señor es el Espíritu”. Así se explica que esta fórmula se pronuncie sobre los fieles en los más importantes momentos de la celebración eucarística, a saber, al comienzo de la celebración, en el momento de proclamar el evangelio, al inicio de la plegaria eucarística y al final de la celebración. Me fijo ahora en los dos momentos intermedios: la proclamación del evangelio y el comienzo de la plegaria eucarística.

Gracias a la acción del Espíritu, la Palabra de Dios, expresada en la Escritura, se hace eficaz, penetra en el corazón de los fieles, les permite comprender mejor el Evangelio, alcanzar su verdad más profunda. El Espíritu, como dice el Vaticano II, va introduciendo a los fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos internamente la palabra de Dios (Col 3,16). Al decir “el Señor esté con vosotros” imploramos la venida del Espíritu para acercarnos a Cristo a través de la Escritura. Una oración similar debería acompañar toda lectura y estudio de la Escritura, todo anuncio del Evangelio y, en general, toda la vida cristiana.

Al comenzar la plegaria eucarística volvemos a implorar que “el Señor esté” con nosotros, porque solo gracias al Espíritu del Señor es posible que el pan y el vino se transformen en cuerpo y sangre de Cristo, para que nosotros, al comer y beber de estos dones quedemos conformados por Cristo, unidos a él y por su medio, unidos a los hermanos. Sin la venida del Espíritu no hay eucaristía.

Por tanto, no es bueno decir “el Señor está con vosotros”, como si se tratase de una constatación, como si su presencia fuera una posesión adquirida, estática y, en última instancia, manipulable. Precisamente la trascendencia de Dios impide toda manipulación y exige una actitud de acogida permanente, que continuamente se renueva, porque el Señor no es nunca una posesión, y sólo viene en la medida en que nos abrimos a su presencia, en la medida en que le deseamos y le acogemos.

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23
Sep
2013
Actitud con los que no comparten la fe
6 comentarios

En la carta dirigida al director de La Repubblica, a la que aludía en un post anterior, el Papa se refiere a la actitud que debemos adoptar con aquellos que no comparten nuestra fe en Jesús. En primer lugar con el pueblo judío. A partir del Vaticano II hemos descubierto, dice Francisco, “que el pueblo judío sigue siendo para nosotros la raíz santa de la que germinó Jesús”. De ahí la importancia de cultivar la amistad con nuestros hermanos judíos, pues Dios sigue siendo fiel a la alianza con Israel; más aún, a través de terribles pruebas, los judíos han conservado su fe en Dios. “Y por esto, dice Francisco, con ellos nunca seremos lo suficientemente agradecidos como Iglesia, y también como humanidad”. Ellos invitan a los cristianos a vivir siempre como peregrinos, esperando el regreso del Señor.


Y con los que no creen en Dios y no buscan la fe, ¿cuál debe ser nuestra actitud? Responde el Papa: teniendo en cuenta que la misericordia de Dios no tiene límites, la cuestión para quienes no creen en Dios es la de obedecer a su propia conciencia. En concreto, esto significa decidir ante lo que se percibe como bueno o como malo. En esta decisión se juega la bondad o la maldad de nuestras acciones. En esta línea se había pronunciado ya el Vaticano II: los que no creen en Dios, pero siguen los dictados de su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.


Finalmente, el papa responde a la cuestión de si es un error o un pecado pensar que no existe ningún absoluto, sino solo una serie de verdades relativas o subjetivas. Para empezar, dice, “yo no hablaría ni siquiera para quien cree, de una verdad ‘absoluta’, en el sentido de que absoluto es aquello que está desatado, es decir, sin ningún tipo de relación”. Pues la verdad, según la fe cristiana, es el amor de Dios hacia nosotros en Cristo. Por tanto, “¡la verdad es una relación!”. En otras palabras: la verdad sólo la encontramos y se nos entrega cuando caminamos y vivimos en el amor. A partir de ahí es posible entablar un diálogo constructivo y pacífico con todos los hombres, y encontrarnos con ellos en lo más fundamental de la vida que es el amor. Los cristianos sabemos que dónde hay amor, allí está Dios.

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19
Sep
2013
Caminos nuevos para la Iglesia
17 comentarios

El Director de La Civiltà Cattolica ha realizado una entrevista al Papa Francisco que han publicado simultáneamente 15 revistas jesuitas de distintos países. Vale la pena leerla entera y despacio. Solo desde una lectura completaes posible hacerse un juicio exacto más allá de los resúmenes siempre parciales y, a veces, interesados en destacar algunos aspectos en detrimento de otros. Leyéndola me he convencido de algo que ya he tenido ocasión de indicar, a saber, que esta Papa no dice nada nuevo, pero lo que dice suena “de otra manera” y, por eso, parece nuevo.

Al comienzo de la entrevista el Papa dice que sus decisiones son fruto de un discernimiento “que responde a exigencias que nacen de las cosas, de la gente, de la lectura de los signos de los tiempos”. Luego añade que algunos le dicen que no consulte demasiado y decida. Pero él replica que consultar es muy importante, “consultas reales, no formales”. Según el Papa, lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia es curar heridas. Dejar de lado los preceptos y centrarse en lo más importante, que es el anuncio de Jesucristo. Y desde Jesucristo anunciar la misericordia, acompañar a las personas, conscientes de que Dios es más grande que el pecado.

Sin duda, lo que hará más ruido de esta entrevista es la explicitación de algunas heridas. Hay personas homosexuales heridas porque sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. A este respecto afirma el Papa: “Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia”. Esto vale también para otro tipo de heridas: las personas cuyo matrimonio ha sido un fracaso o las mujeres que han abortado.

El Papa añade algo de sumo interés: “No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos”. No es necesario estar hablando continuamente de estos temas. Más aún, es importante comenzar por lo esencial, o sea, por el anuncio de la salvación: “nada más solido, profundo y seguro que este anuncio. Después vendrá una catequesis. Después se podrá extraer alguna consecuencia moral. Pero el anuncio del amor salvífico de Dios es previo a la obligación moral y religiosa. Hoy parece a veces que prevale el orden inverso”.

Destaco una última cosa referente a la mujer: ella es imprescindible en la Iglesia dice el Papa. Y extrae esta conclusión: “En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.

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17
Sep
2013
El deber de dialogar con los no creyentes
4 comentarios

El pasado 11 de septiembre, el Papa Francisco escribió una carta al director del diario La Repubblica, respondiendo a algunas preguntas que el director, un no creyente, le había formulado desde las páginas del mismo diario. De esta carta me han interesado las dos razones, por las que según el Papa, el diálogo sincero y riguroso con los no creyentes es “un deber y algo valioso” para la Iglesia.

El primer motivo del diálogo es superar un triste malentendido que se ha producido con la llegada de la modernidad: la fe cristiana, que siempre ha querido ser luz para la vida humana, ha sido calificada como la oscuridad de la superstición que se opone a la luz de la razón. Esta mala comprensión ha conducido a la incomunicación entre la Iglesia y la cultura moderna. La consecuencia me parece evidente: si no hay comunicación no hay posibilidad de anunciar el Evangelio. Y sin anuncio del Evangelio, la Iglesia no tiene sentido. Por tanto, la primera interesada en superar el malentendido debe ser la propia Iglesia. ¿Cómo lo va a hacer? ¿Con discursos autorreferenciales o apelando al dogma? Será necesario escuchar, humilde y atentamente, las preguntas y hasta las críticas que desde la “no fe” se le formulan.

El segundo motivo es, si cabe, más interesante. Este diálogo, dice el Papa, no es accesorio o secundario. Dicho de otro modo: puede que no interese a los no creyentes, pero siempre interesa al creyente. Para justificarlo el Papa acude a una afirmación de la encíclica Lumen fidei: de lo que da testimonio la fe es de la verdad del amor. Sería una incoherencia dar testimonio del amor sin amor. Aquí la forma es tan importante como el contenido. “Está claro, dice la Lumen fidei, que la fe no es intransigente, sino que crece con la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; por el contrario, la verdad le hace humilde, consciente de que, más que poseerla nosotros, es ella la que nos abraza y nos posee. Lejos de ponernos rígidos, la seguridad de la fe nos pone en camino, y hace posible el testimonio y el diálogo con todos”. Supongo que entiendo bien: arrogancias, rigideces, intransigencias son incompatibles con la fe y con el ser cristiano.

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14
Sep
2013
Tiempo de plenitud
2 comentarios

No todos los tiempos son iguales. Una cosa es el tiempo del reloj, el inexorable discurrir de los momentos, todos idénticos; y otra cosa es la vivencia humana del tiempo: hay momentos en que el tiempo se nos hace largo y otros en que se nos hace corto. Más aún, el tiempo puede vivirse como una experiencia opresiva y limitadora o como una experiencia de plenitud. Mis errores, mis pecados, los males que he causado forman parte de mí y me acompañan toda la vida, a veces en forma de fantasmas que me oprimen; mis proyectos e ilusiones de futuro están marcados por la fragilidad y el miedo al fracaso. Este modo de vivir el tiempo influye negativamente en mi vida. Pero yo puedo recordar el pasado de unos padres que me acogieron con amor, me sostuvieron en mi debilidad, y esta vivencia puede acompañarme toda mi vida como una experiencia sanante, que me asegura un futuro prometedor. Las manos amorosas que me crearon pueden llenar de alegría mi presente y mostrarse como promesa de futuro. Cuando vivo el tiempo como una oportunidad de acoger el amor, de abrirme al amor y de ofrecer amor, realizo una experiencia positiva del tiempo.

San Pablo afirma que “cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo” (Gal 4,4). Según este texto, la plenitud llega, o sea, requiere de una preparación. Y cuando llega no se agota en un instante, sino que permanece a lo largo de toda la vida de Cristo, que vivió su tiempo sintonizándolo con la eternidad de Dios. Esta unión con Dios, en el amor, hace que el tiempo sea pleno. También para nosotros el tiempo puede ser de plenitud en la medida en que vivimos unidos a Dios y nos abrimos a los hermanos por el amor. Pues el amor es lo que hace que el tiempo deje de ser aburrido y caduco y se abra a una plenitud que se renueva cada día.

En la Encarnación del Verbo, el tiempo y la eternidad se fecundaron mutuamente. Dios no sólo entró en el tiempo, sino que asumió el tiempo, asumió nuestra realidad efímera para llenarla de eternidad. El motivo de esta asunción solo puede ser el amor. Lo propio del amor es ir hacia el amado, identificarse con el amado. El Verbo se hizo carne, “vino a lo nuestro”, a lo nuestro y no a lo suyo, porque lo nuestro es lo suyo (cf. Jn 1,14). Y viniendo a lo nuestro lo lleno de divinidad. Se produjo un maravilloso intercambio. El tiempo de Cristo alcanzó su perfección en la Pascua. Así el tiempo entró en la eternidad, perdiendo para siempre su carácter caduco.

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10
Sep
2013
¿Cuánto iban a invertir en las Olimpiadas?
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Es una buena pregunta: ¿cuánto tenían previsto invertir en los Juegos Olímpicos de Madrid 2020? 1.900 millones de euros parece. No es una mala cifra. ¿Qué van a hacer con ese dinero? Seguro que los responsables de administrarlo serán gente honrada y no se embolsarán ni un euro. Algunos se preguntan si no sería posible invertir ese dinero en sanidad, educación y políticas activas de empleo. Me imagino la respuesta: del dinero invertido en las Olimpiadas se esperan unos beneficios cuatro veces superiores. No está mal. ¿Y cuántos beneficios se esperan de lo invertido en sanidad, en educación y en políticas de empleo? A largo plazo, probablemente más. Pero aunque fuera bastante menos, convendría recordar que la política está al servicio del ser humano, sobre todo de los seres humanos más necesitados, y no está para lucimiento y prestigio de los políticos: “el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana”, dejó dicho, y bien dicho, el Concilio Vaticano II.

Lo que ocurre es que hay bienes que no tienen precio. Como no tienen precio no son mensurables. Como no son mensurables parece que no producen beneficios económicos. ¿Cuánto vale la buena educación? Se pueden pagar las horas de presencia en un Colegio (tanto del alumno como del profesor), pero la educación es impagable. Y, sin embargo, es lo único que debería importar en nuestros Colegios. La educación, la sanidad, la creación de empleo, contribuyen decisivamente a la paz social. ¿No vale eso más que todos los espectáculos olímpicos?

Madrid no va a celebrar los juegos olímpicos del 2020. Pero los organizadores no tienen porque quedarse sin trabajo. Lo que pueden hacer los madrileños y todos los políticos implicados en esos juegos fallidos es dedicar sus energías a otros juegos más interesantes y más necesarios: jugar a que la gente esté bien, a que sea feliz. Invertir el tiempo y el dinero que pensaban dedicar a los juegos a estimular su generosidad social, a trabajar por el bien de los demás, por tanta gente que necesita ayuda y que espera manos, brazos, corazones, energías y fuerzas para levantar el ánimo y recuperar las ganas de vivir.

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