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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

10
Mar
2016
Ajuste fino del universo
3 comentarios

Con la expresión “ajuste fino” del universo se quiere decir que las leyes físicas que han dado como resultado la vida están finamente ajustadas, de tal manera que si variáramos alguna de ellas en un ínfimo porcentaje, la vida simplemente no existiría. En otras palabras, habitamos un universo extremadamente improbable, en el cual se ha desarrollado la vida compleja de una manera muy equilibrada. Este ajuste fino es sorprendente y da mucho que pensar. Pero no me parece que pueda considerarse una prueba concluyente de la existencia un Dios autor de tal ajuste. El mismo problema se plantea con la hipótesis del multiverso, o sea, con la hipótesis de que existan múltiples universos distintos del nuestro, resultado de otras combinaciones de las leyes de la física.

La afirmación de que la aparición de este universo “tal como lo tenemos”, que ha hecho posible la vida inteligencia, requiere de un ajuste fino, implica que la posibilidad de que aparezca este universo es prácticamente igual a cero. Y también implica que si se repitiera el proceso no volvería a ocurrir así. La cuestión es: “¿y eso que demuestra?”. Porque cualquier otra posibilidad o cualquier otro “modo” de ser del universo, aunque no hubiera dado origen a la vida, tiene iguales posibilidades de aparecer que el que tenemos. Por tanto, aparezca lo que aparezca, es algo que hubiera podido darse de otro modo, y las posibilidades de los otros modos son infinitas, mientras la posibilidad del que aparece es nula. Aparezca el universo que aparezca, requiere de un ajuste muy especial, muy único. Que aparezca la vida inteligente es igual de probable que el que aparezca otra cosa. Luego el ajuste fino vale para todo. Por tanto, no sirve como prueba de Dios. Porque también serviría como prueba de Dios decir que él ha pretendido otra cosa, la que hubiera aparecido en otras circunstancias.

La cuestión entonces no es el ajuste fino, sino la realidad. ¿Por qué hay algo y no nada? ¿Por qué hay realidad, la que sea, una realidad finita, que no es Dios, que es creatura? La interpretación teísta del ajuste fino es coherente y lógica, pero no concluyente. Para el que no crea en Dios, no prueba nada. Y el que cree, no cree por eso. Ocurre que el que cree, busca modos de entender su fe en coherencia con la realidad. Pero el que no cree también busca modos de entender su “no fe”, o mejor, su hipótesis de “otra fe” en coherencia con la realidad. Todos presuponemos una “fe” (creo que Dios existe; creo que Dios no existe), y desde ese presupuesto buscamos explicar lo real para que resulte coherente con el presupuesto, sobre todo si el presupuesto (el de la fe en Dios, por ejemplo) es considerado vital, decisivo, consustancial y necesario para mi vida.

Es lógico que, al contemplar este universo tan maravilloso, uno se plantee preguntas. Pero la pregunta última y decisiva no es por qué las cosas son así, sino por qué son. Por qué hay algo y no hay nada.

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5
Mar
2016
No quiero a ese Jesús del madero
8 comentarios

“¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero / sino al que anduvo en la mar!”. Son unos versos de Antonio Machado que, consciente y sobre todo inconscientemente, muchos cristianos podríamos recitar con toda verdad. El Dios sufriente y crucificado no nos acaba de gustar. Preferimos al Dios poderoso, representado en la conocida escena de Jesús andando sobre las aguas. Andar sobre las aguas es manifestación de poder. Estar clavado en el madero es manifestación de debilidad. No nos gusta la debilidad. Preferimos identificarnos con el poder.

Y sin embargo…, el Dios que se revela en Jesús es un Dios sin duda poderoso, pero su poder resulta cuando menos paradójico: crucificado bajo el poder de Poncio Pilato. Jesucristo, confesado como Hijo de Dios, de la misma naturaleza de Dios, es crucificado por el poder del gobernador romano. ¡Extraño poder el de Dios! Este poder divino crucificado por el poder humano da mucho que pensar. Da que pensar en la naturaleza de uno y otro poder. El poder de Dios es el poder del amor. El poder humano es el poder de la fuerza bruta. Con una diferencia: el amor, aparentemente débil, resulta ser el más fuerte, y el poder de la fuerza siempre es limitado.

El Jesús del madero es el Jesús del amor. Allí se manifiesta no solo el poder de Dios, sino también la perfección de lo humano. Por eso, nosotros, si queremos participar de la naturaleza divina, tenemos que identificarnos con este amor que se manifiesta en Jesús crucificado. Identificarnos con un amor así no es estar a favor de los maderos, o de las cruces, sino a favor de los seres humanos. Y, por tanto, en contra de todas las cruces y maderos, productos del odio, de la mentira, de la venganza; cruces y maderos que deshumanizan a sus constructores.

Identificarnos con el amor divino, que se revela en la cruz de Cristo, es solidarizarnos con todos los crucificados de la tierra. Hoy crucifican las fronteras, las políticas que impiden el paso a inmigrantes que a duras penas escapan de la pobreza y del hambre (debido, entre otras cosas, a las armas que los gobiernos que no les reciben venden a sus países). Y muchas otras cosas. ¡Son tantas las cruces que construimos los seres humanos! Eso sí: también son muchos los crucificados que podemos desclavar. Y ahí sí tiene razón la copla que inspira los versos de Machado: “¿quién me presta una escalera, para subir al madero, para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?”.

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1
Mar
2016
Dios es luz
2 comentarios

Podemos calificar a Cristo de luz (“yo soy la luz del mundo”) y al cristiano de luz (“vosotros sois la luz del mundo”) porque “Dios es Luz”. El Nuevo Testamento, y más en concreto, los escritos joánicos parece que ofrecen tres “definiciones” de Dios. La más conocida es “Dios es amor” (1 Jn 4,8.16). Pero también “Dios es espíritu” (Jn 4,24), y finalmente “Dios es luz” (1 Jn 1,5). Es amor y solo amor. Es luz y solo luz. Precisamente porque en Dios no hay ningún mal, ninguna carencia, ninguna oscuridad, y que en él todo es positivo, luminoso y amoroso, la carta de Juan precisa: “Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna” (1 Jn 1,5). En la misma perspectiva se sitúa la carta de Santiago al referirse al “Padre de las luces en quién no hay cambio ni sombra de rotación” (Stg 1,17).

Sin embargo, Dios es indefinible. Todo intento de definirlo lo empequeñece. Estas fórmulas que hemos citado ponen de relieve un valor esencial de Dios, un valor que puede sintetizar todo su ser desde una determinada perspectiva. Decir que Dios es Luz es afirmar que toda la realidad queda iluminada desde Dios, empezando por los seres humanos y sus obras, que deben conformarse con lo que Dios es y juzgarse en conformidad con su voluntad.

Estas fórmulas se refuerzan unas a otras y tienen incidencia directa en la vida del creyente. Podríamos decir que Dios es luz porque es amor y porque es espíritu. El amor todo lo ilumina mostrando la cara buena de toda realidad. El espíritu no conoce contornos ni sombras. El amor es luz, y por eso el que vive según Dios, que es amor, posee una vista interior que le permite, por decirlo con palabras de Unamuno, “mirar desde Dios”.

Unamuno tiene una página admirable en la que relaciona el amor con la luz y con el espíritu. Afirma que la luz del amor es más clara y penetrante que la razón: “con ésta, si es poderosa, puede el hombre, aunque sea malo, comprender y abarcar el mundo temporal, llegar a las razones de las cosas; pero sentir y ver el mundo eterno, llegar a la verdad de todo, no ya solo a su razón, no es dado más que a la fe, a la fe que la bondad atrae sobre nosotros y que la bondad sustenta como cimiento inconmovible”. Y sigue D. Miguel hablando de “la entrañable lumbre que es la bondad, la divina potencia de visión con que reviste al espíritu”. Se puede “mirar desde Dios, a través de la bondad, que más que trasparentísimo cristal es la vista misma interior”.

Dios es Espíritu, Amor y Luz. Y por eso, en el plano divino y en su repercusión humana, el espíritu, el amor y la luz son intercambiables y están mutuamente implicados.

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26
Feb
2016
Razón con intereses
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Tomás de Aquino escribió la Suma contra los Gentiles teniendo como trasfondo de su exposición de la fe católica las dificultades y problemas que se planteaban a propósito de lo que hoy llamamos encuentro con otras religiones o, de forma más ecuménica, diálogo inter-religioso. Al comienzo de este escrito, el santo doctor expone los campos de diálogo frente a los que se encuentra: los herejes, los judíos, los musulmanes y los paganos; y señala que la base del debate no puede ser la misma con todos ellos. Para dialogar hay que encontrar una base, un punto de partida común. Con los herejes este punto de encuentro es el Nuevo Testamento; con los judíos es el Antiguo Testamento. Pero los musulmanes y los páganos no aceptan la autoridad de estas Escrituras. De ahí que para dialogar con ellos haya que “recurrir a la razón natural, que todos se ven obligados a aceptar”.

Leer este texto con mentalidad de hoy es muy interesante. Porque el santo de Aquino deja bien claro que no hay diálogo posible sin un punto de encuentro previo. Por otra parte, Tomás de Aquino considera que “la razón natural” es el mejor, por no decir el único punto de encuentro con aquellos que no aceptan la revelación cristiana. Cierto: lo natural y el razonar debería ser el buen camino en el que todos podemos encontrarnos y que todos podemos recorrer. Pero no es menos cierto que hoy no todos estamos de acuerdo en qué es “natural” y qué es “razonable”. ¿Es natural la monogamia? Durante un tiempo la poligamia fue lo normal para los creyentes del Antiguo Testamento y lo sigue siendo actualmente para algunos musulmanes. ¿Acaso podemos calificar a algunas separaciones matrimoniales de anti-naturales o anti-racionales? El concepto de “natural” es flexible. Y también el concepto de “derechos humanos”. Lo menos que se puede decir es que no todos entendemos lo mismo bajo estas expresiones.

Esto me lleva a pensar que no hay una razón neutral. Es delicado atribuirse el monopolio de lo que es racional o natural. Esto dificulta el diálogo. Hay muchos tipos de razón. Todas parecen ser interesadas, o sea, condicionadas por presupuestos o prejuicios previos. Antes de empezar el diálogo conviene ser consciente de los propios prejuicios. Sin esta conciencia cualquier diálogo es “de sordos” y no hay modo de entenderse. Eso no significa que haya que renunciar al diálogo. Todo lo contrario: este es el buen camino para que los humanos podamos entendernos. Significa que tenemos que ser humildes, autocríticos, tomar conciencia de nuestros prejuicios, escuchar atentamente al otro para conocer sus presupuestos, a veces no del todo explicitados. Y a partir de ahí tratar de entendernos.

Una buena manera de comenzar el diálogo sería preguntarnos por los “intereses” de nuestra razón: ¿estamos interesados por la justicia, por la solidaridad, por el respeto mutuo? Una razón interesada no es necesariamente mala. Depende de cuáles sean sus intereses.

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22
Feb
2016
Cuerpo y sangre de María
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Tuve la oportunidad de participar en un Congreso (en una ciudad americana) con un marcado talante ecuménico. Uno de los participantes fue un Obispo ortodoxo que recalcó con fuerza que no podía comprenderse a Cristo sin María. Efectivamente, si el Hijo de Dios no nace de una mujer (Gal 4,4) se vacía de contenido la verdad de la Encarnación. Desde esta perspectiva el Obispo ortodoxo afirmaba que María era el criterio de la verdad o falsedad de la fe cristiana, pues allí donde estaba Cristo estaba María, hasta el punto de que en el sacramento de la Eucaristía los fieles recibían también el cuerpo y la sangre de María. Al llegar a este punto confieso que me quedé perplejo.

A mi modo de ver lo que separa a la Iglesia católica romana de la Iglesia ortodoxa no es la fe, sino la teología. Ahora bien, la comprensión teológica de los misterios de la fe influye en la vivencia de la fe. Por eso, lo que decía el representante de la ortodoxia sólo puede sustentarse en una peculiar (no sé si también insuficiente) teología de los sacramentos. A propósito de esta relación entre el cuerpo y la sangre de Cristo con el cuerpo y la sangre de María me gustaría hacer dos reflexiones. Una, cuando se habla de “cuerpo y sangre” presentes en el sacramento eucarístico no se pueden entender como si fueran dos realidades separables, por una parte el cuerpo y por otra la sangre. Pues en cada una de las especies sacramentales se contiene la totalidad de Cristo. “Cuerpo y sangre” es un binomio que indica totalidad, como suele ocurrir con otro tipo de binomios. Para designar a todos los seres humanos se habla de altos y bajos, hombres y mujeres, blancos y negros.

En la eucaristía, cuerpo y sangre no puedan tomarse de forma independiente precisamente porque no son realidades materiales, sino sacramentales. El pan y el vino son materiales. Pero la presencia de Cristo en el pan y el vino eucarísticos es una presencia en virtud del Espíritu Santo, que hace a Cristo presente en la apariencia del pan y del vino. Por eso, la teología distingue la realidad invisible (con los ojos corporales) contenida en el sacramento, de la materia (visible) que hace posible el sacramento. La realidad contenida es Cristo resucitado; la materia es el pan y el vino. Un sacramento es una materia de este mundo, que por una parte significa, señala, una realidad divina; y, por otra, realiza aquello que significa, o sea, en la materia (elemento accidental) se hace realmente presente Cristo (elemento sustancial), con una presencia sacramental. Por eso se habla de transustanciación. De modo que al manipular el sacramento no dañamos su sustancia, aunque sí realizamos una ofensa y una profanación, porque destrozamos una materia en la que Dios se hace presente.

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20
Feb
2016
Viejos artículos que perviven
4 comentarios

Me refiero, como comprenderán los lectores, a mis viejos post. Desde que empecé este blog, en noviembre del año 2006, he publicado, con el presente, mil ciento dos artículos. Todos breves, ninguno supera los tres mil caracteres. Algunos de estos viejos post siguen teniendo entradas. Me ha llamado la atención que, en estos últimos días, uno de julio del año 2009, titulado “la amiga especial de Juan Pablo II” haya tenido bastantes entradas. Ya ven ustedes, el asunto de las amistades femeninas del Papa polaco era conocido desde hace tiempo. Pero hay informaciones que, de vez en cuando, rebotan en los medios y parecen nuevas. Ha sido el caso de esta amistad del Papa con una filósofa casada.

Durante un tiempo, uno de mis artículos, de febrero del año 2010, siguió manteniendo las entradas hasta bien entrado el año 2011. En el título aparecía la palabra “sexo” y eso siempre despierta mucha curiosidad, sobre todo si el que escribe sobre el tema es un clérigo. Desde hace varios meses, compruebo que cada día tiene varias entradas un post sobre el bautismo, pero tengo la impresión que no es el bautismo como tal lo que las fomenta, sino estas tres palabras: sacerdote, profeta y rey. Sobre todo en el mundo americano hay interés por este tema, como lo manifiestan las entradas al post. Ya que me decido a ofrecer enlaces, voy a dar uno sobre el monte Tabor y la transfiguración, por la relación que tiene con el segundo domingo de cuaresma.

Son ejemplos de cómo algunos escritos tienen influencia más allá del momento en que se publican. Alguna vez he pensado, en vez de ofrecer un texto nuevo, presentar como “nuevo” un viejo post o, lo que sería más honrado, recordar alguno antiguo mediante un enlace. No me decido a hacerlo porque todavía me siento con fuerzas, tiempo e inspiración para producir nuevos textos, aunque, como es inevitable, alguna vez repita ideas ya expuestas. Por ahora, y mientras no me censuren, que supongo que no ocurrirá, voy a seguir con mi costumbre de ofrecer, cada tres o cuatro días, alguna “migaja” de teología o algún comentario de tema eclesial actual. Si despierta el interés de los lectores de esta página de dominicos o de otras páginas que los reproducen, por una parte pensaré que he aprovechado bien el tiempo, por otra me sentiré halagado y, lo más importante, daré gracias a Dios por las amigas, amigos y lectores que me siguen. Gracias a vosotras y vosotros por vuestra atención, vuestro interés, vuestras observaciones y vuestros comentarios.

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17
Feb
2016
Clérigos: ¿pocos o mal empleados?
2 comentarios

Eso de que son pocos los frailes, monjas y presbíteros es una cantinela que vengo oyendo desde hace cincuenta años. A veces pienso que sobran (me gustaría ser bien entendido), cuando veo la acumulación de clero en zonas determinadas o veo que hay presbíteros que se dedican a tares muy laudables, pero no directamente ministeriales. También pienso que sobran cuando veo que utilizan mucho tiempo en tareas que pueden y deben hacer los seglares. Los seglares o las monjas no son el recurso al que acudir para la catequesis, la formación, la animación de grupos, la visita a los enfermos, la atención a novios, el cuidado de la liturgia, y muchas cosas más. Son tareas que les corresponden directamente. En este sentido, una verdadera promoción del laicado, bien preparado, bien valorado y bien remunerado, solucionaría algunos problemas.

Necesitamos presbíteros y religiosos bien preparados, con una buena formación teológica, con ganas de ser pastores cercanos a las personas, con ilusión por buscar nuevos caminos, con capacidad de adaptación a nuevas necesidades, comprensivos con los alejados o los que se encuentran en situaciones irregulares. Pero sobre todo necesitamos comunidades cristianas adultas, capaces de vivir su fe cristiana y de organizarse por sí mismas. Esas comunidades, si están bien afincadas en Jesucristo, necesitarán de alguien que presida la Eucaristía. Como lo necesitarán, lo buscarán. Y si no lo encuentran, ellas mismas se plantearán quién de ellos puede prestar ese servicio a la comunidad. Y a ese le presentarán al Obispo y le rogarán que le imponga las manos. De hecho, eso es lo que teóricamente ocurre cuando el Obispo ordena un presbítero: se lo presenta el pueblo de Dios y, por eso, el pueblo de Dios es preguntado por la dignidad del candidato.

El presbítero no es un funcionario; es un animador de la fe y un coordinador de las distintas tareas eclesiales, aunque también haya en la parroquia otros animadores y coordinadores. Su labor no es administrativa aunque, a veces, tenga que firmar algún documento. El presbítero es el primer responsable de que las Eucaristías sean participadas, que es mucho más que “decir” y “oír” Misa. La Iglesia no necesita funcionarios, sino servidores del Pueblo de Dios; pastores cuya tarea principal es el anuncio de la buena noticia de Jesucristo y la implantación de su Reino. De este anuncio y de esta implantación se seguirá necesariamente una vida sacramental. Pero la inversa no es necesariamente verdad: de la sacramentalización no se sigue por arte de magia la evangelización. Por eso, sí, necesitamos presbíteros. Pero necesitamos comunidades cristianas convencidas, convincentes, misioneras, auténticas.

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14
Feb
2016
Francisco y Kiril: misma fe, distinta teología
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Que el Papa Francisco y el Patriarca Kiril de todas las Rusias hayan podido encontrarse en La Habana es, por sí mismo, un gesto ecuménico de gran valor. Este gesto ha sido reforzado por la valiente declaración conjunta, en la que hacen un llamamiento a la paz entre los pueblos y a la paz entre las religiones; han condenado todo terrorismo y, sobre todo, cualquier uso del nombre de Dios, que es un nombre de paz, para justificar la violencia.

Pero lo firmado por Kiril y Francisco es también una declaración que abre pasos y caminos hacia la plena unidad de católicos y ortodoxos, para que se cumpla así el deseo de Cristo y los cristianos podamos ser un mejor testimonio “para que el mundo crea”. Hay dos asuntos que me parece que impulsan en esta dirección. El primero y más importante es el reconocimiento de que las dos Iglesias, la católica y la ortodoxa, tienen la misma fe. Francisco y Kiril confiesan que la causa de la separación es la debilidad y la pecaminosidad humanas. Pero dicen con toda claridad que lo que en realidad separa a una y otra Iglesia no es la fe, sino “la comprensión y la explicación de la fe”, o sea, la teología. Este reconocimiento es un dato fundamental, que debe abrir puertas hacia la unidad e impulsar el diálogo y los encuentros entre las dos Iglesias.

El segundo asunto de alcance ecuménico de la declaración es consecuencia del mutuo reconocimiento de la misma fe. Los ortodoxos y los católicos no somos competidores, sino hermanos. Por tanto, al cumplir el mandato del Señor de anunciar el Evangelio a todas la gentes, los predicadores de la Iglesia católica no deben hacerlo a los fieles ortodoxos, ni los predicadores ortodoxos deben dirigirse a los católicos. Unos y otros deben dirigirse a los no cristianos. La cita bíblica que acompaña esta advertencia es pertinente: el Apóstol Pablo es un buen ejemplo de que estamos llamados “a anunciar el evangelio allí donde el nombre de Cristo no es aún conocido, para no construir sobre cimientos ya puestos por otros” (Rm 15,20). En este contexto, el Obispo de Roma y el Patriarca de Moscú reconocen que algunas “uniones” de Iglesias ortodoxas con la Sede de Roma, ocurridas en el pasado, no han sido una buena manera de restaurar la unidad cristiana.

Lo ocurrido en La Habana es un primer paso. Si buscamos de verdad la unidad habrá que dar otros. Pero para dar otros, era necesario dar el primero. La unidad se construye caminando juntos. Y hay muchas cosas que podemos hacer juntos. Respetar los unos la misión de los otros, colaborar en acciones caritativas y en la defensa de la paz, buscar modos conjuntos de anunciar el Evangelio pueden ser pasos realistas, que nos conduzcan, para decirlo con las mismas palabras de Francisco y Kiril, “a la obtención de la unidad mandada por Dios”.

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13
Feb
2016
El diablo tiene poder y lo reparte entre sus amigos
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Cada vez que leo el evangelio del primer domingo de cuaresma, correspondiente al ciclo C, no puedo evitar dejar de fijarme en esta propuesta que le hace el diablo a Jesús: “te daré todo el poder y la gloria de los reinos del mundo, porque a mí me ha sido entregada, y yo la doy a quién quiero. Si te arrodillas delante de mi todo será tuyo”. Ya sé que no pueden hacerse lecturas literalistas ni de éste ni de otros textos bíblicos, porque corremos el peligro de caer en fundamentalismos. Pero, a primera vista, se diría que el diablo está diciendo: el poder es mío y yo se lo doy a mis amigos. Conclusión fácil e inmediata: los que tienen poder lo han recibido del diablo porque son amigos suyos. A la vista del uso del poder que hacen algunos se diría que, efectivamente, son buenos amigos del diablo.

El término autoridad sitúa los aspectos buenos del poder. En realidad, todos tenemos poder, un poder recibido de Dios. La libertad, principal reflejo de la imagen de Dios con la que todos hemos sigo agraciados, es el poder de dirigir y controlar nuestra vida. Lo malo de la libertad es cuando pretende controlar las vidas de los demás. El poder mundano corre el riesgo de corromper a quién lo ejerce y de oprimir a los demás. Lo que necesitamos son líderes con autoridad, o sea, personas que den ejemplo con su vida de aquello que piden a los demás; personas que buscan ante todo el bien común, que utilizan sus capacidades para el servicio común, pensando sobre todo en los más necesitados. Jesús tenía mucha autoridad, pero no tenía ningún poder. Si hubiera tenido poder, nunca lo hubieran crucificado. El que tenía poder era quién mandó martirizarle: “fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilato”. Un gobernador corrupto, un tirano sin escrúpulos, que era una buena encarnación de eso que dice el diablo: yo reparto el poder entre mis amigos.

En España aquellos a quienes se les ha encomendado que formen gobierno siguen sin entenderse. Gobierno: otra palabra interesante, que se asemeja más a la autoridad que al poder. Gobierna el que coordina y equilibra los distintos intereses, el que organiza los recursos para que lleguen a todos los ciudadanos, el que no se aprovecha del cargo para su propio beneficio, el que no utiliza el puesto para exhibiciones de mal gusto, el que cuida de que los niños sean bien educados y los enfermos bien atendidos, el que no hace demagogia fácil, sino buenas infraestructuras para comodidad de todos. Eso es gobernar. Por eso, es importantísimo que el poder que necesitan los que gobiernan esté repartido y, sobre todo, esté controlado. Así se explica que en los estados democráticos haya una división de poderes. Por lo que se ve, en España, el poder judicial funciona de forma independiente. Demos gracias a Dios.

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9
Feb
2016
Padres con corazón materno
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En este año jubilar de la misericordia la cuaresma comienza con un gesto significativo: el envío, por el Papa Francisco, más de mil “Misioneros de la Misericordia” a todo el mundo. Es un gesto, evidentemente, porque cualquier presbítero debe, durante este año y siempre, ser un padre con entrañas maternales (como el de la parábola del “hijo pródigo), padre acogedor, que transmite paz y misericordia. A veces, los signos son necesarios para recordar lo que todos deberíamos saber, pero que, desgraciadamente, muchas veces olvidamos.

En un encuentro previo al envío que el Papa ha tenido con algunos de estos “misioneros” les ha ofrecido sabios consejos para que ejerzan bien su ministerio. He aquí una de las perlas del discurso papal: "Os recomiendo entender no sólo el lenguaje de la palabra, sino también el de los gestos. Si alguien va a ti es que quiere decirte algo... A veces no conseguirá decirlo, pero tú lo entiendes...Lo dice así, con el gesto de acercarse". Cierto, al confesionario va todo tipo de gente. El confesor se encuentra con personas que han realizado actos muy graves, y no saben cómo decirlo; también se encuentra con personas escrupulosas y avergonzadas de sí mismas, porque siempre caen en los mismos pecados. Es importante que todos se sientan comprendidos y acogidos. También es importante no quedarse en la ley ni magnificar determinados hechos que, a veces, no han sido cometidos con mala intención.

Conozco el caso de un presbítero, buena persona, fallecido hace años, que pasó muchas horas en el confesionario. Al final de su vida estaba triste porque pensaba lo mal que lo iba a pasar si Nuestro Señor le juzgaba con los mismos criterios con que él había juzgado a algunos de sus penitentes. El evangelio tiene una palabra que viene bien aquí recordar: la medida que uséis, la usarán con vosotros. Todos hemos sido duros alguna vez. Ser consciente del propio pecado es la mejor disposición para comprender los pecados ajenos. La carta a los Hebreos dice de Jesús mismo que puede compadecerse de nuestras flaquezas porque él ha experimentado la tentación y la debilidad.

Una última cosa: hay varios modos de celebrar el sacramento de la reconciliación. No estaría mal, en este año jubilar, recordar que la celebración comunitaria de la penitencia con confesión y absolución individual, expresa más claramente el carácter eclesial del sacramento y, además, en este modo de celebrar queda más manifiesto que todos los sacramentos deben estar precedidos por la escucha atenta de la “Palabra de Dios”. No hay sacramento sin Palabra. Esto vale también para el rito de la confesión individual. También este modo tiene que integrar la lectura bíblica y dejar claro su carácter eclesial.

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