6
Feb2016Que hablen, que se encuentren
3 comentarios
Feb
Hablar siempre es bueno, aunque sea para discrepar. La discrepancia puede ser un punto de partida para encontrar algún terreno en el que sea posible entenderse. El Presidente de la Conferencia Episcopal española ha pedido a los políticos que se encuentren, que hablen, que busquen una salida a la actual situación de nuestro país. Estoy seguro que este deseo es compartido por muchos españoles. Probablemente una de las causas de que hayamos llegado a esta situación tan políticamente fragmentada haya sido el desencanto de los ciudadanos ante la corrupción que anidaba en políticos de todos los colores. Que la corrupción esté repartida no disminuye la indignación que uno siente ante la responsabilidad de aquellos a los que había votado. Al contrario, se supone que si les votó fue porque confiaba en que lo harían bien. Por esto la decepción es mayor. Cerrar los ojos y consolarse diciendo que “todos son iguales” no contribuye a resolver el problema. Ni es excusa para seguir votando a políticos corruptos. Si son corruptos no pueden ser “de los nuestros”.
Ya sé que las situaciones no son comparables. Pero resulta esperanzador que el Papa de Roma y el Patriarca de Moscú, después de años de distanciamiento y desencuentro, se reúnan en La Habana. El Gobierno cubano se apunta un tanto diplomático. Cierto, el éxito de un gobierno no está en estos logros diplomáticos, sino en otros que hacen que el pueblo sea más feliz, más próspero y más libre. Pero ahora se trata del encuentro entre el Papa y el Patriarca. Si sirve para ayudar a los cristianos perseguidos, habrá servido para mucho. De nuevo aquí se trata de buscar el modo de superar un lamentable desencuentro: el que ocurre entre las milicias islámicas y los cristianos.
La historia de la humanidad es una historia de desencuentros. Y además, entre hermanos, porque todos somos hermanos. Comenzaron con Caín y Abel. Pero también es una historia de esperanza en la superación de las diferencias, para que ya no haya “judío ni griego, bárbaro ni escita, esclavo ni libre”. Los desencuentros producen mucho sufrimiento y, a veces, matan. De ahí que toda apelación, en España y fuera de España, al diálogo y al encuentro, sea siempre bienvenida: que hablen, que se encuentren, aunque sea para decirse lo mucho que tienen que reprocharse. Pero que hablen y se encuentren. Que se miren a los ojos, que vean que el rostro del otro es idéntico al suyo. Y por eso no conviene destrozarlo.
Me gustaría que este primer encuentro entre el Patriarca Cirilo y el Papa Francisco tenga continuidad. Ojalá sea una profecía y un estímulo a todos los niveles. Una profecía de que, a pesar de las diferencias, es posible encontrar puntos de encuentro. Lo que nos une es más que lo que nos separa. Y también me gustaría que aquellos políticos que solo bloquean, encuentren la adecuada respuesta por parte de los electores.
Si Dios crea por amor (como decíamos en un post reciente), hace sólo lo que le agrada, no aquello que no tiene más remedio que hacer. Ninguna circunstancia, ninguna realidad previa es condicionante de su actuación. Obra con soberana libertad. El ser humano es una maravilla a los ojos de Dios, porque al crearlo, Dios ha hecho lo que le gustaba. Una verdadera obra de arte, en definitiva. Esa es la palabra griega que utiliza Ef 2,10 para decir lo que es el ser humano: un “poiema” de Dios, una obra de arte divina. Estamos relacionados con Dios como una pintura con el pintor, una pieza de cerámica con el ceramista, un libro con su autor. Esto indica una relación muy estrecha y muy positiva.
El año dedicado a la vida consagrada ha sido una ocasión para que, en la Iglesia, cobremos conciencia de la importancia de este estilo de vida, con diversas variantes y modos de realizarse: monjas y monjes contemplativos, eremitas, congregaciones que socorren a personas necesitadas, Órdenes religiosas con diversidad de carismas, institutos seculares, sociedades de vida apostólica, etc. La sola enumeración de estos distintos modos de vivir la entrega consciente, pública y de por vida al Señor Jesús, manifiesta la riqueza de la vida consagrada, las múltiples virtualidades del Evangelio y las muchas urgencias que implica la construcción del Reino de Dios. Y también manifiesta que ha habido, hay y habrá mujeres y varones que se han dejado seducir por el Evangelio hasta el punto de querer dedicarle su vida entera.
La teología ha repetido hasta la saciedad que Dios crea de la nada, “ex nihilo”. Con esta expresión, que tiene un cierto fundamento bíblico (2 Mac 7,28), se pretende decir que Dios crea sin requisito previo alguno, que no existe ninguna necesidad que motive su actuación, ni condición alguna que le determine. Tampoco se da materia primigenia alguna que trace límites a su actuación. Por otra parte, decir que Dios crea de la nada descarta cualquier preexistencia de la materia y cualquier consideración de la materia como divina. Dicho lo cual, me pregunto si no es ya hora de completar esta afirmación con una más fundamental y primera: Dios crea “ex amore”, por amor y desde el amor, tal como indica el Concilio Vaticano II, en un texto poco citado (Gaudium et Spes, 2).
El mundo puede considerarse como naturaleza: se trata del conjunto de todas las cosas materiales existentes, objeto de estudio de las ciencias y de reflexión de la filosofía. También el ser humano puede entenderse como naturaleza: un mamífero bimano, con capacidad de reproducción, dotado de inteligencia y de lenguaje articulado, con un cuerpo compuesto de billones de células, que se mueve por medio de los músculos, dotado de órganos sensoriales que le ponen en comunicación con el mundo exterior.
Seguro que el título a muchos les sonará extraño. Sobre todo si piensan que el pueblo de Israel creía de forma firme, y ya desde sus comienzos, en un solo y único Dios. No debemos olvidar que esta fe israelita (y en general, el conjunto de la revelación judeo-cristiana) es histórica. Una de las primeras consecuencias de la historicidad es la gradualidad. La revelación es procesual. No es extraño, por tanto, que en el Antiguo Testamento aparezcan restos de politeísmo. Más interesante aún: restos de un diosa, esposa de Yahvé.
Los cristianos nos las damos de muy espirituales. Pero, en ocasiones, tengo la impresión de que somos muy materialistas. Muchos creyentes confunden lo real con la físico. Y sin embargo, lo físico es solo un aspecto de una realidad mucho más amplia y plural. Sin duda, estos cristianos creen que hay seres invisibles, como los ángeles o los santos, pero les encanta que tales seres invisibles se hagan presentes ante los ojos y, aún más, que se puedan palpar. De ahí la importancia que para ellos tienen las “apariciones” de seres celestiales.
Aunque no sea muy usada, en castellano existe la palabra destinación. En francés es una palabra de uso más corriente y eso permite a los franceses jugar con los términos "destino" y "destinación". En castellano se entiende mejor este juego de palabras si distinguimos el destino (el ciego destino) de aquello a lo que estamos destinados; dicho de otra manera: de cuál es nuestra meta. Con el término destino designamos una situación inevitable, no escogida, que se nos impone. Su contrario sería la libertad. Ahora bien, la libertad no es solo la posibilidad de escoger; entendida así queda asociada a la indecisión que precede a toda elección insegura e incierta. La libertad es un acto de responsabilidad que nos hace capaces de asumir aquello que nos conviene y nos realiza. La libertad, por tanto, es el acto capaz de transformar el destino.
En los días que preceden a la fiesta de la Epifanía, la liturgia eucarística propone unos evangelios que hablan de seguimiento de Cristo. Resultan muy oportunos para cerrar el ciclo del adviento y de la navidad. Adviento, o sea, venida; Navidad, o sea, aparición; Epifanía, o sea, manifestación. Todo es lo mismo. El Señor Jesús viene para manifestarnos quién es el Padre, para darnos a conocer que este Dios clemente y misericordioso del que hablaba Israel es un Dios cercano que nos ama como no se puede amar más. La lógica respuesta ante este anuncio y esta manifestación es ponerse en camino hacia el Dios que siempre viene. Y para ello nada mejor que seguir a su mensajero. De ahí la oportunidad de estos relatos de seguimiento.