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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

17
Ago
2013
Libertad responsable
7 comentarios

Libertad, ¡oh mágica palabra! Se diría que todas y todos queremos ser libres e independientes. Da grima encontrarse con los amantes de la ley, el orden y el control, o sea, con los que gustan mandar, que son muchos, siempre prestos y dispuestos a recordar que “libertad sí, pero no libertinaje”. Si con eso quieren decir que no hay libertad auténtica a costa de la libertad de los demás (ese es el buen sentido del término libertinaje) podríamos estar de acuerdo. Pero sospecho que, en ocasiones, la referencia al libertinaje, es la otra cara de las ganas que algunos tienen de someter a los demás, con lo que ellos mismos incurren en lo que critican.

Una buena libertad debe estar adjetivada. Pero los adjetivos calificativos no deben negar el sustantivo. La libertad calificada no es una falsa libertad, una libertad mentirosa, maquillada, vigilada, algo así como ser libre mientras no me salgo de los cauces establecidos por otro. El bien es el mejor calificativo de la libertad. Otro buen calificativo es la responsabilidad. No conviene olvidar que siempre estamos condicionados y condicionamos a otros, siempre dependo de otros y otros dependen de mí. Por eso, debemos responder mutuamente los unos ante los otros. La independencia absoluta es imposible y, además, inmoral. La cuestión que debemos plantearnos es: ¿de quién queremos depender? Y ¿a quién queremos servir? Porque hay dependencias que oprimen y dependencias liberadoras.

Oprime la dependencia sufrida por el esclavo. Libera la dependencia que brota del amor, la del buen padre/madre o la del amigo. Allí donde no hay amor, reina la ley del más fuerte. La libertad cristiana es una libertad para el amor; por eso es siempre responsable. Es la libertad de los hijos de Dios, que nos dispone para una entrega de nosotros mismos en el amor. En esta línea, podemos afirmar que las comunidades cristianas son espacios donde hombres y mujeres se encuentran como amigos, comparten la existencia, se comunican en libertad y viven en libertad. Vivir en libertad no quiere decir que cada uno hace su voluntad; no quiere decir individualismo ni anarquía. Al contrario, cada uno hace voluntariamente lo que es bueno para la comunidad. Todos sirven a todos y asumen voluntariamente las tareas necesarias para el bien de todos.

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13
Ago
2013
En cuerpo y alma: el buen modo de estar en el cielo
2 comentarios

Alrededor del 15 de agosto se instalan en casi todas las Iglesias de Mallorca los catafalcos y lechos que representan la Asunción de la Virgen María. Estas escenografías, juntamente con algunas procesiones, novenas, canciones y otras manifestaciones populares son los restos de un ritual que conoció, en la época del Barroco, su máximo esplendor. La imagen de María yacente, que velan los ángeles y los apóstoles, recuerda la tradición, declarada dogma de fe por la Iglesia, que dice que la mujer que dio a luz a Cristo subió al cielo en cuerpo y alma, después de su muerte, imitando así el episodio de la muerte y la resurrección de su Hijo.
 

En el misterio de su Asunción, María puede ser considerada icono y modelo de la vida cristiana. Pues en este misterio contemplamos realizado aquello mismo que todo cristiano espera encontrar cuando termine su peregrinación en este mundo. María está en la gloria celeste en “cuerpo y alma”, según la antropología con la que se expresa la fe. Este es el buen modo de estar en el cielo: “en cuerpo y alma”. Dicho de otra manera: la salvación, ese proyecto de felicidad estable y completa que todos los cristianos aguardamos, integra todas las dimensiones de lo humano. Primero las individuales: la salvación alcanza a la persona toda entera, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad.
 

La salvación integra también las dimensiones sociales de la persona. Sin los demás, no estaríamos completos. Ahí es donde el cuerpo cobra toda su importancia. Pues la corporalidad posibilita la relación con los otros y con el mundo. Este aspecto relacional, esencial a la persona, lo realizaremos en el cielo de forma nueva, acorde con nuestra situación de personas que han alcanzado ya la meta y viven para siempre con Dios. Nuestra corporalidad estará totalmente modulada por el Espíritu Santo. Ya no será posible el disimulo ni el engaño (en esta vida nuestro rostro puede aparentar o mentir). Todo será limpio y transparente en nosotros.
 

Precisamente porque la dimensión relacional es esencial a nuestra vida, celebrar la fiesta de la Asunción es una invitación a relacionarnos como María, visitando a quienes nos necesitan (como ella hizo con Isabel), cuidando de la familia (como ella hizo con José y Jesús) y solidarizándonos con los crucificados de la tierra. Pues al llegar a la meta volveremos a encontrar todos los bienes de nuestro esfuerzo. Estos bienes transfigurados se integrarán en la vida salvada. ¡Sería una pena que no tuviéramos bienes para integrar!

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9
Ago
2013
La firmeza comprensiva de la fe
5 comentarios

La fe cristiana es una adhesión firme y convencida al Señor Jesús. Pero al mismo tiempo es comprensiva con aquellos que no han tenido la suerte y la alegría de conocer al Señor. Se trata, pues, de una actitud que, por una parte, da una gran seguridad al creyente y, por otra se muestra respetuosa con aquellos que no comparten el convencimiento del creyente. Porque se trata de un acto libre que adhiere a realidades no evidentes.
 

La fe es libre por su propia naturaleza. No puede imponerse, porque la imposición destruye la fe. En esto la fe se asemeja al amor. No hay amor a la fuerza. Por otra parte, la fe se refiere a lo que no se ve. Cristo resucitado “ya no está ahí”, no es posible señalarlo como se señalan las realidades y personas de este mundo. Se le puede encontrar, pero siempre a través de mediaciones, de sacramentos. Las mediaciones pueden interpretarse de muchas maneras. Para encontrar a Cristo resucitado en los sacramentos hay que realizar un acto de confianza y trascender el signo sacramental. No todos están ni dispuestos ni capacitados para hacerlo. Incluso cuando Jesús estaba sobre la tierra y anunciaba el Reino de Dios, tampoco era evidente que Dios actuase por medio de él. La gente veía a un hombre, y su actuación podía entenderse de muchas maneras: mientras unos descubrían en él a un profeta enviado por Dios, otros decían que quién actuaba por medio de él era ni más ni menos que Satanás. La presencia de Dios en Jesús nunca es una evidencia. Sólo desde la fe y la confianza podemos ir más allá de la humanidad de Jesús para alcanzar, en esa humanidad, a la divinidad.
 

Que la fe se refiera a lo no evidente y, por tanto, que no pueda imponerse, no significa que no sea segura. El ciego que va bien acompañado no ve, pero camina seguro; confía en no tropezar por el camino y en alcanzar su meta. Eso es lo que le ocurre al creyente: muchas veces avanza por senderos poco claros, pero se sabe guiado por la Palabra de Dios acogida en la fe, y así camina con firmeza “como si viera al Invisible” (Heb 11,27).
 

Precisamente porque está seguro de su fe el creyente se muestra tranquilo cuando tiene que exponerla y defenderla. No se irrita ante aquellos que la cuestionan, sea porque no la conocen, sea porque la desprecian. A ninguna persona sensata se le ocurre irritarse ante uno que niega que dos y dos son cuatro. Porque la seguridad de una convicción no depende de la intransigencia con que se defiende. En suma, la firmeza, la seguridad, la fuerza, la convicción de la fe, no se manifiesta a base de actitudes intransigentes o intolerantes. Precisamente estas actitudes lo que suelen manifestar es debilidad y miedo. La fuerza de la fe la hace libre, comprensiva, acogedora, porque su clima natural es el amor.

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5
Ago
2013
La "fuerza del varón", criptograma del misterio
10 comentarios

Un criptograma es un mensaje cifrado, un texto o figura que remite a un original y permite a los que conocen el patrón seguido en el cifrado comprender el significado original. En la actualidad es utilizado generalmente como entretenimiento en revistas y diarios (por ejemplo cuando se trata de encontrar una palabra, en la que las letras han sido sustituidas por números). Pero en sus orígenes el criptograma tenía aplicaciones más serias, por ejemplo en el campo militar o en el del espionaje. Digo esto porque Juan Pablo II, tras afirmar que la Iglesia necesita del arte, la literatura, la música, la pintura, la escultura y la arquitectura, porque ellas hacen más perceptible y fascinante el mundo del espíritu, de lo invisible de Dios, llega a decir que “la belleza artística, como un reflejo del Espíritu de Dios, es un criptograma del misterio, una invitación a buscar el rostro de Dios hecho visible en Jesús de Nazaret”.
 

Las palabras de Juan Pablo II quieren servir de introducción y justificación a la poesía que les ofrezco. Una poesía que utiliza una imagen que en otras ocasiones ha sido empleada de forma grosera para escandalizar y falsificar la humanidad de Cristo. Me refiero a su sexualidad. No hace falta poner ejemplos del mal uso de esta realidad propia de lo humano y, por tanto, de Jesús de Nazaret. Miguel de Unamuno, en un poema valiente y lleno de delicadeza, se fija en el miembro viril del Crucificado, el órgano con el que engendramos, y ve en él como un sacramento del nacimiento que interesa:
 

“Debajo de este velo de misterio
que luminoso tus riñones ciñe…
la fuerza del varón, Señor, se esconde…
Y engendraste al morir, Cristo, tu muerte
fue lo que te hizo padre de la vida
de la gracia, tu muerte la primicia
de tu virilidad; con ella al cabo
la Humanidad esposa conociste
y su esposo de sangre te obligaste.
¡Sin Ti, Jesús, nacemos solamente
para morir; contigo nos morimos
para nacer; y así nos engendraste”.

 

Es difícil encontrar una maravilla similar en la poesía religiosa. Recuerdo, al respecto, que San Juan habla del “esperma” de Dios que nos engendra a una nueva vida (1Jn 3,9), y según una posible exégesis este “esperma” de Dios pudiera ser Cristo. Lo aduzco como ejemplo de que ni la poesía, ni la predicación, ni la catequesis, es cuestión de palabras sublimes. Mal utilizadas, las más sublimes palabras (amor de los amores, corazón traspasado, lirios y flores a porfía) pueden resultar ridículas. Y las palabras más inesperadas y denigradas, bien utilizadas, pueden transmitir el Misterio.

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31
Jul
2013
El mal en una creación inacabada
8 comentarios

A las reflexiones que, en otros momentos, he ofrecido sobre el problema del mal, añado ahora una idea sugerida por la lectura de unas páginas de Juan A. Estrada. El mal forma parte de la creación. Ahora bien, para conocer a fondo la creación, sería necesario conocer su causa última, a saber, Dios mismo. Pero Dios, por su propia naturaleza, nos es desconocido. Dios no es parte de la experiencia y la razón no alcanza a conocer lo que está más allá de la experiencia. En este sentido, el mal forma parte del misterio de la creación. Ahora bien, el universo está inacabado, todavía está en proceso (afirmación, por cierto, coherente con los datos que nos ofrece la ciencia: el universo está en expansión). No sabemos hacia dónde va ni si tiene una finalidad última.
 

Una lectura superficial del Génesis puede dar la impresión de que esté universo está acabado. Sin embargo, en la Biblia se encuentran indicios en otra dirección: hay textos que muestran a Dios luchando contra las fuerzas del mal, como si todavía no hubiera logrado su proyecto. El Creador tiene planes de futuro para esta creación. Vivimos en una creación incompleta. Dios todavía no ha logrado su objetivo de ser todo en todas las cosas, el mundo no le está del todo sometido (Heb 2,8). Por eso, el cristiano espera la redención final del hombre y del cosmos, con dolores de parto. Mientras tanto, la creación sigue sometida a la servidumbre de la corrupción (Rm 8,18-25).
 

El mal es un componente de nuestra realidad. Más que darle la culpa a Dios del mal, lo que debemos preguntarnos es por nuestra responsabilidad ante los males provocados por el hombre. En vez de imaginarnos a un Dios “permisivo” con el mal y preguntarnos por los motivos de esta permisión, lo que debemos que hacer es preguntarnos cómo luchamos nosotros contra el mal y por qué permitimos tanto sufrimiento remediable que, al menos, podemos mitigar. Todos los seres humanos deberíamos estar comprometidos en esta lucha contra el mal. Los cristianos, en el seguimiento de Cristo, tenemos un motivo más para este compromiso. Jesús no hizo elucubraciones sobre el mal; se hizo presente en el sufrimiento de la gente. Los cristianos esperamos el cumplimiento de la promesa divina de una superación definitiva del mal. Mientras tanto, movidos por el Espíritu divino, estamos llamados a sacar bien del mal, a vencer al mal con el bien. ¿De qué modo? Haciendo que el amor se haga presente en todas las experiencias humanas.

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28
Jul
2013
Francisco, todo parece nuevo
3 comentarios

Con las ventanas del papamóvil abiertas de par en par, los gestos (abrazar a toxicómanos, por ejemplo) y palabras del Papa Francisco en Brasil han sido sorprendentes. Y una vez más han gustado a la mayoría de los creyentes y a muchos no creyentes. Hay también quienes con su silencio, con su modo de interpretar lo que el Papa dice, con su modo de subrayar o de apostillar, expresan, de forma más o menos solapada, disgusto, malestar o desacuerdo. Lo sorprendente es que algunas de esas personas que tienen sus reservas, se consideren “más papistas que el Papa”, para decirlo con una expresión coloquial que todos entienden. Es muy fácil ser papista cuando el Papa está de acuerdo conmigo.

 

Me parece que la mayoría, por no decir todas las cosas que Francisco proclama: necesidad de Obispos menos serios, de monjas que no sean solteronas, de clérigos más coherentes y cercanos a la gente, ser callejero de la fe en las favelas y en las villas miseria, afirmar que la Iglesia tiene que cambiar, animar a los jóvenes que protestan contra la corrupción, defender la dignidad de la persona, decir que desperdiciar alimentos es robar o que toda la moral se resume en las bienaventuranzas, que hay que acoger a madres solteras cuando piden bautizar al hijo, que un estado laico contribuye a la convivencia entre las religiones, y todo lo que ustedes quieran, todas estas cosas, digo, no son del todo nuevas. Pero sí suenan a nuevo en los oídos de la gente, hasta el punto de que en la mayoría suscitan esperanza, aunque causen preocupación en los instalados.

 

Sí a esto añadimos lo que dicen que vendrá y que el Papa mismo impulsa, como la canonización de Monseñor Romero, entonces la esperanza y la preocupación se incrementan. Porque la cuestión no es que la canonización de Monseñor Romero venga acompañada de otras canonizaciones. Lo significativo no son esas otras canonizaciones, porque el Papa no va a romper con la herencia recibida. Lo significativo es el impulso a una canonización que es todo un símbolo de cercanía al pueblo sencillo. Lo que hay que destacar no son los inevitables compromisos con el pasado, sino las puertas que se abren, para que así cada uno pueda escoger la santa o el santo de su devoción. Por eso, sin decir nada nuevo, este Papa hace que todo parezca nuevo. Esperemos que después de Brasil, la reforma de la Curia y los nombramientos episcopales sigan sonando a música nueva.

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25
Jul
2013
Todo es política, con algún pero
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En un post anterior hemos hablado de la importancia de mostrar la incidencia mundana de la fe. Dicho de otro modo: la fe cristiana tiene una relevancia social y es necesario traducirla en una toma de posición política. No se trata de invitar a los cristianos a afiliarse a ningún partido. Mucho menos se trata de que la Iglesia se constituya en aval de ninguna política concreta o de utilizar sus principios morales como argumento deslegitimador de la política. Pero sí se trata de notar que la fe cristiana contribuye al perfeccionamiento de la realidad social y a la defensa de la dignidad humana.

Lo que suscita problema es el hecho de que antes de cualquier posición y cualquier acción concreta, el cristiano y la Iglesia se encuentra ya en un campo de referencias sociales y políticas. Esto significa que cualquier toma de postura de la Iglesia como institución puede considerarse y, de hecho, se considera una toma de posición política. Por tanto, se hace necesaria una reflexión sobre las implicaciones políticas de todos sus enunciados. Si política es tomar decisiones que buscan ordenar rectamente lo social, entonces la política es necesaria, y toda postura sobre las realidades sociales y humanas puede considerarse política. Pero a la Iglesia no le toca dirimir entre dos soluciones distintas e incluso contrarias, mientras estas soluciones sean respetuosas con la dignidad humana (a propósito de la mayor o menor descentralización del Estado, por poner un ejemplo que se entiende fácilmente).

Ahora bien, lo política y lo social se encuentran con lo humano, no lo constituyen. La política tiene un dato previo: el ser humano que ya está ahí antes de que ella intervengan. La persona posee un valor más allá de la dimensión de lo social y su dignidad debe defenderse frente a toda invasión totalitaria de la política. La política no es el horizonte más amplio de la realidad. Existen alienaciones que la política no puede resolver, pues vienen dadas con la finitud del hombre y no pueden ser eliminadas por los hombres. La política puede prevenir las consecuencias de un temporal, pero los temporales causan efectos catastróficos incluso allí donde la técnica ha puesto lo mejor de sí misma. No sólo causan daños evitables en Haití, sino también en un lugar como Japón, donde parecía que todo estaba previsto y programado. ¿Quién soluciona el dolor de aquellos que han perdido a sus seres queridos, o la inseguridad psicológica que produce el verse afectado por una desgracia? ¿Quién responde a la necesidad de sentido que hay en todo ser humano? La fe cristiana no sólo tiene incidencia social, tiene también palabras de esperanza, gracia y salvación.

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21
Jul
2013
Palabras con carga ideológica
4 comentarios

En materia religiosa, algunos cambios en las palabras, que deberían ser inocentes, no lo son por la carga ideológica que algunos le añaden. A veces no hace falta ni siquiera cambiar de palabra, basta con cambiar el tono con que se pronuncia. Decir, por ejemplo, que hay que rezar mucho por el Papa Francisco, añadiendo además que él mismo ha pedido que recemos por él, puede ser algo bueno y necesario. Pero esta petición, según cómo se haga, puede presuponer un desacuerdo con su modo de hablar y actuar: sí, recemos mucho por el Papa, porque es necesario que rectifique cuanto antes sus gestos, palabras y actuaciones.

Las últimas ediciones de la Biblia latinoamericana han vuelto a la versión antigua del Padrenuestro, más acorde con los textos originales, reemplazando el texto litúrgico de “perdona nuestras ofensas”, por el “perdona nuestras deudas”. En los catecismos y liturgias anteriores y posteriores al Vaticano II, se pedía con toda normalidad el perdón de las “deudas”. Pero en América latina, algunos empezaron a preguntarse si era legítimo o no devolver la deuda de sus países a Estados Unidos. ¿Es legítimo que los gobernantes devuelvan una deuda cuando esta devolución acarrea la muerte de miles y miles de niños? A veces, lo legítimo es no devolver la deuda. Para evitar mayores problemas, las Iglesias latinoamericanas reemplazaron “deudas” por “ofensas”. Posteriormente la Iglesia española adoptó esta traducción, en aras de la unificación de los textos litúrgicos.

Un último ejemplo: En la última edición argentina del Misal romano (año 2009), con el “imprimatur” del Arzobispo Jorge Mario Bergoglio, utilizada también en Chile, se reemplaza el “por todos los hombres” de las palabras de la liturgia eucarística, durante la consagración del vino, por un “por muchos”. Ningún problema. Lo triste sería que algunos hicieran problema dónde no lo hay. El “muchos” bíblico es equivalente a “todos”. Si en la plaza de una pequeña ciudad se concentran todos sus habitantes, decimos que allí hay mucha gente. La carga ideológica estaría en querer ver en el “muchos” una restricción a la acción salvífica de Dios, algo así como si Dios no amase a todos y no quisiera la salvación de todos, sino solo de los buenos. Quienes actúan con ese componente ideológico no se dan cuenta que en realidad, la lógica de esta ideología restrictiva debería llevar a decir, de uno u otro modo, que son pocos los que se salvarán y, por tanto, que Cristo no murió ni por todos, ni por muchos, sino sólo por pocos.

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18
Jul
2013
Salvación en el cielo y en la tierra
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La fe cristiana no es la afirmación de realidades invisibles colocadas en el más allá, sino una fe salvífica. La fe es la condición de la salvación del ser humano y su mundo: “con la boca se confiesa para conseguir la salvación” (Rm 10,10). Ahora bien, ¿qué es la salvación? ¿Será acaso una situación supramundana, alejada de la realidad e incluso opuesta a ella? Cuando la Escritura habla de salvación utiliza una serie de conceptos que tienen que ver con la vida, la salud, el bienestar, la alegría. Parte de experiencias y situaciones negativas en las que se revela el lado más terrible de la existencia: enfermedad, peligro de muerte, esclavitud, guerra. Forzado por esta necesidad, el hombre se dirige a Dios, buscando en él una salida a sus acuciantes problemas, para conseguir, a partir de ahí, una existencia plena, gozosa y auténtica.

No es posible, por tanto, separar las realidades humanas y mundanas de las realidades salvíficas, del mismo modo que no es posible separar al Dios creador del Dios salvador. Si decimos que la salvación no tiene relación con nuestra realidad mundana, estamos negando la universalidad de la redención. Si no tenemos indicios de salvación en el aquí y ahora de la historia, difícilmente podremos tenerlos para un más allá hipotético. Estos indicios de una salvación para todos en el ahora aparecen en el anuncio del Reino de Dios para los pobres. Ahí, en la lucha por un mundo más justo y solidario, tenemos un primer indicio de la salvación que Dios quiere para todos y de la acción de su Espíritu que mueve a trabajar por un mundo mejor, sin víctimas y con las menos lágrimas posibles.

Tengo la impresión de que, quizás como reacción frente a una reducción del cristianismo a mera solidaridad humana, nos encontramos hoy con nuevos intentos de “espiritualizar” la fe cristiana; dicho de otro modo: de colocarla en un plano supra mundano, más allá de los conflictos humanos. De rebote estas posturas, al apelar a que la salvación viene “de arriba”, buscan defender la necesidad de más autoridad, por no decir autoritarismo, en la Iglesia. Pero si la Iglesia es incapaz de comunicarse con la sociedad se convierte en una secta, que vive junto al mundo, pero al margen del mundo. Su mensaje de salvación aparece entonces como un consuelo ineficaz, al no ser capaz de iluminar las realidades en las que viven, luchan, sufren y gozan los hombres. Presentar un Dios sin referencia al mundo, equivale a entender un mundo sin referencia a Dios. Por eso es importante que los cristianos seamos capaces de señalar la incidencia mundana de la fe. No se trata de que el mundo sea criterio de comprensión de la fe; se trata de tener claro que el mundo es la referencia ineludible de toda comprensión cristiana de la salvación.

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6
Jul
2013
La fe hace ver
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La luz de la fe, expresión que se encuentra en Tomás de Aquino, es el título que ha escogido el Papa Francisco para su primera encíclica. Esta encíclica está en estrecha continuidad con las otras dos grandes encíclicas de Benedicto XVI dedicadas a la vida teologal: Deus caritas est y Spe salvi. La fe, la esperanza y la caridad son las tres actitudes que unen al cristiano con Dios en este mundo. Ellas, dice el Catecismo de la Iglesia Católica (nº 1812) “se refieren directamente a Dios. Disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino”. En la encíclica, este “origen, motivo y objeto” teologal, se expresa así referido a la fe: "La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro".

La mano de Benedicto XVI aparece a lo largo del texto, no sólo por las referencias a los grandes autores de los que Joseph Ratzinger ha bebido (San Agustín por ejemplo) o de otros autores modernos del ámbito germánico que conoce bien (F. Nietzsche ya citado en Deus caritas est vuelve a aparecer ahora), sino por el modo como trata algunos temas con los que Ratzinger como teólogo y Benedicto XVI, como Papa, se ha mostrado sensible. Estoy pensando en las relaciones entre fe y verdad, y fe y razón. La fe sin verdad no salva, la fe no es un sentimiento hermoso. Recuperar la relación de la fe con la verdad, dice la encíclica, es hoy más necesario que nunca, precisamente por la crisis de verdad en que nos encontramos. En la cultura contemporánea parece que no hay más verdad que la científica o la tecnológica y se minusvaloran aquellas verdades que dan sentido a la existencia. Por otra parte, es importante mostrar que la fe y la razón se refuerzan mutuamente. La fe despierta el sentido crítico y abre la mirada del científico a la riqueza inagotable de la realidad.

Hago notar dos de los muchos temas relacionados con la fe que trata la encíclica: la fe contribuye a la construcción de la ciudad terrena, la fe ilumina y da sentido al sufrimiento humano; la fe es una luz para vivir en sociedad y la fe conforta en el sufrimiento. Pero, por encima de todo, lo que hay que subrayar son las decisivas consideraciones cristológicas: la fe nos une con Cristo, al interiorizar a Cristo en nosotros. Como dice san Pablo: por la fe habita Cristo en nuestros corazones, ¡es Cristo quién vive en mí!

Esta presentación de la Lumen fidei, escrita como crónica de urgencia, quiere ser una invitación a su lectura reposada. En una sociedad en la que muchos consideran que el acto de fe es algo oscuro, inseguro e infantil, la encíclica subraya la certeza y la luminosidad que emanan de la fe cristiana, así como el hecho de que prescindir de la fe no es ganar en autenticidad y grandeza, sino perder parte de la integridad humana.

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