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Jun2013El Papa y la vida religiosa
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Jun
Lo que han dicho que el Papa dijo en su encuentro del 6 de junio con las religiosas y religiosos de la Conferencia Latinoamericana (CLAR), no tiene desperdicio. En vista de la sorpresa que han causado las palabras puestas en su boca, la Secretaria de la CLAR se ha visto obligada a aclarar que lo publicado no responde exactamente a lo que el Papa dijo, sino que solo refleja “el sentido general”. Me basta con que reproduzca “el sentido general”. Porque hace unos meses hubiera sido inconcebible que se pusieran en boca de un Papa unas palabras, más o menos parecidas a estas, dirigidas a las religiosas y religiosos: es posible que reciban una carta de la Congregación de la Fe, pero no se preocupen y sigan adelante. Abran puertas, hagan algo ahí donde la vida clama. Prefiero una Iglesia que se equivoca por hacer algo que una que se enferma por quedarse encerrada.
Este Papa ha logrado introducir aire fresco en la Iglesia. El aire fresco no gusta a todos. La oposición silenciosa funciona. En las palabras que reproducen “el sentido general” de lo que el Papa dijo, importa tanto la forma como el fondo. La forma es llana y directa. El fondo pudiera ser que el servicio a la evangelización y el compromiso a favor de los desamparados debe pasar por encima de cualquier crítica, incluidas las que provengan de la propia institución eclesial.
Algunos se complacen en criticar a la vida religiosa. Usan criterios numéricos como prueba de lo mal que está. Se parecen a esos curas que, cuando ven que hay poca gente en Misa, riñen a los presentes a cuenta de los ausentes, cuando lo que tendrían que hacer es animar, sostener y valorar a los asistentes. Una respuesta a los criterios numéricos es decir que en la vida religiosa vale más la calidad que la cantidad. Respuesta buena pero insuficiente. En cada época los distintos carismas y servicios eclesiales se reparten de forma distinta. Las instituciones nacen, crecen, cambian, se adaptan y algunas desaparecen. Es ley de vida. No podemos pasarnos la vida lamentando lo que hubiéramos podido hacer si nuestras congregaciones hubieran estado en manos de los que se han ido o de los que no han venido. Lo que debemos hacer es apoyarnos, sostenernos y preguntarnos con realismo lo que podemos hacer, en nuestra situación actual, para servir al Reino de Dios con todas nuestras fuerzas.
Hay que agradecer al Papa Francisco su valoración positiva de la vida religiosa y sus palabras alentadoras. Los que nunca hacen nada, nunca se equivocan. Los que trabajan, a veces aciertan y otras no. Hoy y siempre, y probablemente más antes que ahora, ha habido religiosas y religiosos que no han estado a la altura de su vocación. ¿Qué hacer en estos casos? Habrá que discernir, porque no todos los casos son iguales. Pero, al menos en algunos, puede servir esta palabra mesiánica: “el pábilo (=mecha de una vela) vacilante no lo apagará”.
Si uno tiene la oportunidad de visitar un día festivo la Catedral de El Salvador, puede llevarse una gran sorpresa: la de encontrarse con dos Misas a la misma hora, una en la cripta (que ocupa todos los bajos de la Iglesia) y otra en la nave principal. Las dos con muchos fieles, gente sencilla y pobre, pero que denotan dos modos de ser Iglesia. En la cripta está enterrado el arzobispo Romero. Allí celebra un solo sacerdote, los cantos son populares y la predicación intenta acercar el Evangelio a los pobres. En la nave de la Catedral concelebran tres sacerdotes, ayudados de unos diez monaguillos con túnicas rojas y roquete blanco y un buen incensario. A los lados del altar mayor destacan dos impresionantes cuadros: uno de la Divina Misericordia y otro de San Josemaría.
Solemos entender el amor humano de forma muy utilitaria, incluso en sus formas más elevadas, como puede ser el amor conyugal. La dinámica del amor suele ser la siguiente: “te amo porque eres tú”, o sea, te amo porque hay algo en ti que me gusta, me atrae, me complementa. Pero la perfección del amor no está en el “te amo porque eres tú”, sino en el “te amo porque soy yo”. En la revelación que Jesús nos ha hecho de Dios, encontramos esta perfección del amor.
Cuando se dice que la fe es un don de Dios, surge espontáneamente la pregunta de por qué Dios no otorga este don a todos, porque parece evidente que no todos creen. Para mejor aclarar esta cuestión considero importante distinguir entre revelación y fe. Lo que es un don de Dios, una obra divina, es la revelación. La fe es una respuesta humana. La revelación se ofrece como una iniciativa divina a la “fe” del hombre. Dios mismo, por su revelación, quiere darse a conocer a todos y busca que todos le respondan con amor. Algunos aceptan este don, otros lo rechazan y permanecen en la “no creencia”. Hasta aquí no veo yo problema alguno. La pregunta entonces sería: ¿hay que atribuir a una elección divina el hecho de que entre los seres humanos unos adhieran a la revelación y otros la rechacen?
Cuando miramos a Cristo crucificado, ¿qué es lo primero en lo que pensamos? ¿En nuestros pecados? Eso significa que la mirada hacia el Crucificado provoca que nos miremos a nosotros mismos. Pero antes de mirarnos a nosotros mismos y para mirarnos bien, y mirarnos desde el Crucificado, conviene que mantengamos nuestra mirada puesta en la cruz de Cristo. Y, si mantenemos la mirada fija en la cruz, y nuestra mirada es limpia o ingenua, lo lógico es que nos sintamos indignados. Lo que allí ocurre no es digno, es algo rechazable y reprobable. No podemos estar de acuerdo: allí está Crucificado un inocente, el inocente por antonomasia. Cuando una víctima inocente es maltratada y martirizada, el sentimiento primero y más espontáneo es de indignación.
En España comienza a haber demasiadas historias de enfermos para contar. Historias que ocurren en la sanidad casi “expública”, esa sanidad que quieren privatizar so pretexto de mejorar el servicio, pero en realidad para reducir gastos, despidiendo personal, dejando de atender a algunos enfermos, o presentando factura a otros. En algunos hospitales ya están entregando al usuario unas hojas para que marque la correspondiente casilla de si ha quedado contento con la atención. Para que luego el político de turno pueda vender qué tanto por cien de satisfacción va teniendo la nueva sanidad “privada”. Algunas enfermeras se han negado a colaborar en esta jugada (con todas las cautelas posibles, para no tener problemas), porque la buena, debida y adecuada atención se da por supuesta, como en el ejército se supone el valor.
El libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta que en la elección de Matías para formar parte del grupo de los doce en sustitución de Judas, los creyentes hicieron oración, echaron suertes, y salió el nombre de Matías. No es legítimo deducir de ahí que un resultado es tanto más atribuible al Espíritu cuanto menos intervención humana haya en el resultado. El Espíritu, en los asuntos que conciernen al ser humano, siempre actúa con nosotros y nunca sin nosotros. Como actuó en el caso de la elección de Matías. Porque no se trató de un sorteo puro, sino muy dirigido. Los candidatos necesitaban cumplir ciertas condiciones (la más importante, haber conocido al Señor Jesús) y, de entre los que cumplían esas condiciones, la asamblea eligió a dos. El sorteo se hizo entre los dos que habían pasado la criba de la elección eclesiástica.