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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

10
May
2026

Tiempo pascual, tiempo de confirmaciones

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confirmaciones

El tiempo de Pascua suele ser un tiempo propicio para organizar primeras comuniones. También es un tiempo propicio para confirmaciones. De hecho, en estos meses de abril y mayo, yo mismo he administrado en distintos lugares el sacramento de la confirmación. Incluso he tenido ocasión de administrar a algunos adultos los tres sacramentos de la iniciación cristiana.

La confirmación, como su mismo nombre indica, es una confirmación del bautismo, con ella se recibe la plenitud de la gracia bautismal, aunque también es algo más: en ella se recibe el don del Espíritu Santo. Por eso, en el caso del bautismo de adultos se administran en la misma ceremonia los dos sacramentos, o mejor los tres: bautismo, confirmación y eucaristía. En el bautismo de niños no tiene sentido ir más allá del bautismo, a la espera de que el niño pueda decir con toda conciencia y responsabilidad que quiere confirmarse y, entonces, es un buen momento para ratificar personalmente la profesión de fe que en su nombre hicieron los padres y padrinos en el momento de su bautismo.

Quiero con eso dejar claro que el bautismo de niños tiene su sentido. No vale el argumento: “ya se bautizarán cuando sean mayores y lo pidan personalmente”. De la misma forma que los padres toman decisiones que serán importantes para la vida del niño, como por ejemplo, en que colegio estudiar, que lengua enseñarle, que vacunas administrarle, también son responsables de tomar decisiones que serán importantes para su vida religiosa: no es lo mismo educar a un niño o niña como miembro de una comunidad cristiana de personas que quieren vivir a fondo el Evangelio y seguir a Jesús, que educarle fuera de esta comunidad, recibiendo otras influencias, algunas incluso poco convenientes.

La ratificación personal de la fe bautismal la hace el joven en el momento de la confirmación. Allí, en primera persona del singular, afirma que quiere renunciar al pecado y que cree en el Dios que Jesús revela como Padre y nos envía su Espíritu de amor. Porque nadie puede creer por mi, ni siquiera la Iglesia. La fe es un acto personal e intransferible, del que solo yo soy responsable. Otros pueden ayudarme a vivir mi fe, a consolidarla, pero no pueden creer por mi. El responsable soy yo.

La confirmación confiere profundidad y eficacia a la gracia bautismal, nos introduce más profundamente en la filiación divina, nos une más firmemente a Cristo, hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia y, finalmente, nos confiere la fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe con nuestras palabras y nuestras obras, y ser así testigos valientes y creíbles de Jesucristo.

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