Abr
Vicios a propósito de la verdad
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Da la sensación de que, salvo en el campo de la investigación científica, la pregunta por la verdad ha desaparecido de nuestro mundo. No es una de nuestras preocupaciones. Incluso en el campo de la ciencia, la cuestión de la verdad ha quedado reducida a una concepción puramente instrumental y utilitarista: ¿para qué va a servir esta investigación?, ¿cuánto me van a pagar por ella?, ¿quién está interesado en ella?
Hoy vivimos en un mundo cada vez más individualista. El individualismo nos invade, nos condiciona, conforma nuestra mentalidad. Al individualista solo le interesa lo que le resulta placentero o agradable. Y lo agradable es muy superficial, no acepta sacrificios, busca resultados rápidos e inmediatos. Vive de apariencia. Por eso, el criterio de valor de una fotografía o de una opinión es el “me gusta”. Según la cantidad de “me gusta” que consigue uno en sus publicaciones en internet, se diría que lo publicado es más auténtico. El “me gusta” se ha convertido en criterio de verdad y en criterio de personalidad.
Relacionado con el “me gusta” está el: “yo lo veo así”. Esta suele ser muchas veces la respuesta del que no tiene argumentos para defender una determinada tesis. Muchas personas se conforman con su propia verdad, importando poco que esta verdad propia y subjetiva esté bien fundamentada. El “yo lo veo así” tiene una aplicación en el terreno religioso que puede ser peligrosa. Es la postura del que ante la lectura de un texto bíblico ofrece una reacción de este estilo: “a mi me dice”. Pero cuando se trata de la escucha de la Palabra de Dios, la cuestión primera no es “lo que a mi me dice”, sino lo que ella dice. Solo si me entero bien de lo que dice la Palabra, podremos pasar a un segundo momento que, en todo caso deberá estar en consonancia con lo que dice la Palabra, a saber, qué me dice a mi la Palabra, a qué llama.
Otra variante religiosa del “yo lo veo así” es cuando consideramos la piedad como criterio de verdad. Esto suele ocurrir a propósito de determinadas devociones a imágenes o advocaciones, sobre todo marianas. Pero la piedad no es criterio de verdad; es la verdad lo que debe ser criterio de la piedad. En uno de sus Sermones universitarios, John Enry Newman se refiere a “aquellos que se dejan llevar de un sentimentalismo religioso, donde la imaginación y los sentimientos ocupan el lugar que le correspondería a la Palabra de Dios”. Una piedad sin teología, o una piedad no purificada, puede cegarnos y confundirnos.
Un último malentendido a propósito de la verdad que influye negativamente en su valoración es asociarla al dogmatismo, el fundamentalismo, la violencia, la cruzada, la intolerancia. En nombre de la verdad se ha llegado a posiciones inquisitoriales que han llevado incluso a la muerte a los herejes, considerados enemigos de la verdad. Mientras el dogma es una proposición cierta desde el punto de vista de la fe, el dogmatismo es un estado de ánimo, un modo de vivir la relación con la verdad caracterizado por la pretensión de lo exclusivo y lo excluyente. Dogmático no es el que cree en la verdad, sino el que se cree en posesión exclusiva de la verdad y la utiliza como arma arrojadiza contra los demás. Más que absolutizar la verdad, el dogmático se absolutiza a sí mismo y a sus ideas. La verdad no tiene dueños, sino humildes servidores. Se puede morir por la verdad, pero no matar por ella. El dogmático confunde lo seguro con lo visceral, cree que la fuerza de una convicción depende de la violencia con la que se propone.