Jun
Magnífico viaje de León XIV lleno de humanidad
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Inspirándome en el título de la encíclica del Papa, me parece que podemos decir, sin duda alguna, que su viaje a España está siendo magnífico y lleno de humanidad. Magnífico, porque el pueblo español ha respondido con una presencia entusiasta y agradecida. Y lleno de humanidad, porque su fundamental preocupación ha sido el bien y la dignidad de la persona humana, pensando sobre todo en los más desfavorecidos, como pueden ser los inmigrantes, los presos, los pobres, y las víctimas de abusos dentro de la propia Iglesia.
Ante el pleno de las Cortes, León XIV dejo una serie de mensajes de los que deberían tomar buena nota nuestros políticos. Uno fundamental y muy necesario: la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. La gran pregunta que deben plantearse los legisladores es que concepción de la persona humana inspira las leyes y que tipo de sociedad construye esas leyes. A esta luz habría que analizar algunas grandes cuestiones, como la acogida del inmigrante y del refugiado, o el derecho a la vida de toda persona desde su concepción hasta su muerte natural. Otro asunto de primera importancia con repercusiones mundiales es la paz, pero una paz que no se construye sobre el negocio de las armas, sino sobre la solidaridad entre los pueblos.
En el discurso ante las Cortes hubo referencias al Quijote de Cervantes, a Unamuno (que recordaba que el hombre no se resigna a morir del todo), a Santa Taresa de Jesús, y a la Escuela de Salamanca, subrayando la aportación de sus grandes maestros (Francisco de Vitoria sobre todo) a los derechos humanos y a los límites del poder. He oído que algún diputado se preguntaba que era eso de la escuela de Salamanca. Peor que la ignorancia es el ridículo que hicieron otros entregando al Papa una carta de unas mujeres okupas, o hablándole en inglés e italiano, pensando así contribuir a que el Papa dijera en Barcelona más frases en catalán de las que ya lleva bien preparadas. Eso sí, el discurso fue muy aplaudido por todos. Aquí nadie quiso hacer el ridículo, aunque luego hubo algún que otro comentario sobre los controles para entrar en el Estado Vaticano.
A los Obispos les dejó también buenos mensajes. Recuerdo dos: la necesidad de formar adecuadamente (tanto en el terreno espiritual como en el teólogico) a los seminaristas; y el responder con verdad, justicia y reparación a aquellos que ha sido heridos por miembros del clero.