May
¿Qué tienen en común sexualidad y sábado?
0 comentarios
Los dos primeros capítulos de la Biblia nos relatan, en un lenguaje poético, la obra creadora de Dios que culmina el sexto día con la creación del ser humano a su imagen y semejanza. Después de crear, por su Palabra, los cielos y la tierra, el mundo animal y el mundo vegetal, parece como si Dios deliberara consigo mismo antes de crear al ser humano. De hablar en primera persona del singular, Dios pasa a hablar en primera persona del plural: “hagamos al ser humano”. Y este Dios que habla en plural crea un ser humano que es plural. Por eso no le encarga en singular que “mande” sobre los peces, las aves y las bestias, sino que “manden”. E inmediatamente queda claro el motivo de este plural: creo al ser humano a imagen suya, macho y hembra los creo (Gen 1,27).
La persona en singular no existe. Solo existe en relación. La diferencia sexual es la primera expresión de que estamos hechos el uno para el otro, de que somos seres relacionales, y que solo en el encuentro con el otro nos encontramos a nosotros mismos. La diferencia sexual es el prototipo biológico de una verdad de amplio alcance: el hombre es un ser social y no puede desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás. El ser humano solo realiza su carácter de imagen de Dios y, por tanto, solo encuentra su propia plenitud, cuando vive en comunión con sus semejantes y los reconoce como hermanos. La fraternidad humana, el hecho de que estamos hechos los unos para los otros, encuentra su primera expresión en la entrega del varón a lo mujer y en el hecho de que ambos son el uno para el otro la única “ayuda adecuada” (Gen 2,19).
En este relato de la creación hay otro detalle muy interesante: el ser humano fue creado el día sexto. Cuando todo estaba ya hecho, cuando no había nada que hacer, entonces, el día sexto aparece el hombre, en función del día séptimo, que es el día del descanso de Dios (Gen 2,2-3). Recién venido al ser, el hombre no se encuentra con el agobio del trabajo, sino con el gozo del descanso, con la posibilidad de entrar en el sábado, en el ámbito de la celebración festiva de su relación con Dios. El reposo del sábado revela al hombre que la salvación no está en la obra de sus manos, sino en el abandonarse a Dios. El sábado las manos deben estar desocupadas, para mejor unirse con Dios, para abrazarle.
El sexo y el sábado son para que nos volvamos hacia el otro, para que no pensamos que por nosotros mismos lo somos todo. No somos los dueños de nuestra vida, no somos dioses. Solo nos encontramos cuando nos abrimos al hermano y nos abrimos a Dios. El sexo y el sábado revelan la imagen de Dios. Los dos abren a otro, el sexo a lo que nos une a la tierra, el sábado a lo que nos une al cielo. No somos humanos, “Hombres” (varón y mujer) completos más que en comunión con los hermanos y en comunión con Dios. Por nosotros mismos no podemos nada. En relación podemos todo. Por nosotros mismos solo encontramos la soledad y el vacío. En relación encontramos el amor que llena nuestra vida de sentido.