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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

4
Feb
2021

De la servidumbre al servicio

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suegradepedro

El primer encuentro que Jesús tiene con una mujer es con la suegra de Pedro (Mc 1,29-39). Conviene prestar atención a este relato, porque los primeros pasos suelen ser significativos.

Jesús, al salir de la Sinagoga (se trata, pues, de un sábado; por tanto, Jesús no debería haber curado a nadie), fue a casa de Simón. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre (esta enfermedad, como las enfermedades de las que habla luego el evangelio de Marcos, era tenida como síntoma de posesión diabólica). Jesús se acercó, la cogió de la mano (los rabinos, en Israel, no trataban con mujeres, ni se acercaban a ellas) y la levantó (importa notar que el verbo griego correspondiente a esta última acción es el mismo que Marcos usará para describir la resurrección: levantarse significa resucitar). Se le pasó la fiebre y se puso a servirles (también aquí hay que notar que las mujeres no servían a la mesa. Lo hacían los esclavos masculinos o los hijos más jóvenes. Las mujeres permanecían en la cocina, al margen de las actividades de los varones).

Si los datos que he ofrecido son buenos, se imponen varias consideraciones: Jesús comienza por quebrantar la ley. Cura en sábado. Y además cura a una mujer, acercándose a ella y tocándola. La suegra de Pedro, como respuesta a la acción de Jesús, también quebranta la ley y se mezcla, en actitud de servicio, en la cena de los varones. Ella ha sido liberada, no sólo ni principalmente de una enfermedad física, sino sobre todo de una posesión diabólica, o sea, de una situación de opresión y depresión que, en nombre de la Ley, la tenía relegada, marginada. De una situación de servidumbre pasa a una situación de servicio.

La liberación que Jesús ofrece no es para la propia autocomplacencia, sino para convertir la propia vida en don gratuito a los demás. Pues se trata de un don, de un servicio libre, en pié de igualdad con los servidos. En el seguimiento de Cristo, lo decisivo no es el cumplimiento de la ley, sino la vivencia del amor que libera a las personas y les devuelve su dignidad. Con Jesús, una nueva posibilidad de vida se abre camino en el mundo. Una nueva conciencia se abre paso. El gran milagro no es quitar la fiebre a un enfermo, sino dejarse resucitar por Cristo (“se levantó”) y llegar a ser, como él, servidor.

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