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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

12
Ene
2017
¿Por muchos, por todos? Lo mismo da, porque es lo mismo
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eucaristia

Los nuevos Misales promulgados por la Conferencia Episcopal española, contienen algunas novedades, algunos cambios en relación al Misal que veníamos utilizando desde hace casi 50 años. El más llamativo, el que ha suscitado mayor polémica, es el que se ha producido en las palabras sobre el cáliz en las plegarias eucarísticas. Se ha sustituido el adjetivo “todos” (sangre derramada por todos los hombres) por “muchos” (sangre derramada por muchos). Mientras unos se han alegrado, otros han considerado que este cambio hacía un flaco favor a la liturgia. De hecho, los traducciones que se venían utilizando en los países latinoamericanos ya habían introducido esta modificación que ahora se introduce en España a partir del primer domingo de cuaresma.

Aunque algunos puedan considerar que es un cambio de gran calado, a mi entender tiene una importancia menor. Y, si se le da importancia, es más por razones ideológicas que por motivos teológicos o lingüísticos. Porque las traducciones: sangre derramada “por todos”, o derramada “por muchos”, teológicamente significan lo mismo. La primera incide claramente en el sentido del texto original; la segunda reproduce más literalmente el texto griego transmitido, aunque detrás está el arameo que Jesús hablaba.

Los literalismos son buenos siempre que se entiendan bien. Si alguien quisiera aferrarse a la palabra de Jesús sobre el perdón “hasta setenta veces siete”, para concluir que el perdón tiene un límite, no entendería la intención de Jesús. Porque los literalismos tienen sentido en su contexto original. Dicen lo que dicen, pero lo importante es lo que quieren decir. Para entender la palabra de Dios (dice el Vaticano II) hay que tener en cuenta “lo que se dice” con las palabras empleadas y “lo que se quiere decir”.

Eso está tan claro que no vale la pena insistir. Es algo así como decir: hay mucha gente en la plaza del pueblo, porque en esta ocasión han venido todos. ¿Qué diferencia hay aquí entre mucha gente y toda la gente? El problema en esta cuestión no es ni el texto ni la traducción, sino la ideología con la que algunos batallan por una u otra traducción, sobre todo la de los que batallan por el “muchos”, dando a entender que ahí no están todos. Fíjense si estarán todos que la última palabra de Jesús en la cruz es pedir al Padre que perdone a los que le matan, a sus enemigos. Y da una buena razón al Padre para este perdón: no saben lo que hacen. Como no saben, no están en condiciones de enterarse del perdón y, en consecuencia, de acogerlo; pero el que no se enteren no anula la grandeza del perdón.

¿Muchos o todos? Yo, a partir del primer domingo de cuaresma, diré lo que indican los nuevos textos litúrgicos. Los nuevos textos han venido acompañados de una recomendación, a saber, que se explique a los fieles que el cambio no es tal cambio. Mi explicación será muy breve: Muchos o todos, lo mismo da, porque es lo mismo.

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7
Ene
2017
Los dominicos y Lutero
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lutero

Estando próxima la semana de oración por la unidad de los cristianos, en este año en el que se recuerdan los 500 años de la Reforma protestante, cuento pequeñas historias, que en su momento tuvieron relevancia, sobre la relación de la Orden de Predicadores con Martín Lutero.

Una vez que Lutero publicó sus tesis sobre las indulgencias, el Obispo de Brandeburgo y los dominicos fueron los primeros en denunciarle. Pero no se puede decir que todos los dominicos tomaron partido contra Lutero, pues un joven teólogo dominico, Martín Bucero, fue uno de sus primeros seguidores. Por el contrario, el cardenal dominico Tomás de Vio, conocido como Cayetano, en el interrogatorio que le hizo en Ausburgo, viendo que Lutero no cedía en nada en el aspecto doctrinal, terminó apelando a la autoridad de la Iglesia. El Dr. Lutero respondió rápidamente que ni el Papa ni el concilio son los dueños de la Palabra de Dios. Cayetano comprendió que la ruptura era inevitable.

Posteriormente otros dos dominicos, desde posiciones distintas, hicieron avanzar la comprensión católica de Lutero. A principios del siglo XX, el dominico Heinrich Denifle, subdirector del archivo secreto vaticano, y profundo conocedor del mundo medieval, escribió una obra muy crítica, pero bien documentada, sobre Lutero, que terminaba con un terrible veredicto que se hizo famoso: ¡Lutero, en ti nada hay de divino! Paradójicamente esta obra provocó que, en el mundo protestante se originaran serios estudios sobre la persona de aquel “olvidado padre espiritual”; y en el mundo católico nació un increíble deseo de conocer quién era realmente Martín Lutero.

Desde otro clima espiritual, uno de los pioneros del ecumenismo, el también dominico Yves Congar, sin negar las limitaciones que, a su juicio, se encuentran en Lutero, dejó de lado simplificaciones injustas y ofreció una visión equilibrada sobre la teología y la persona del Reformador. Según el P. Congar el camino ecuménico exigía hacer un esfuerzo para comprender verdaderamente a Lutero y hacerle justicia histórica, en vez de condenarlo simplemente. No hay crítica eficaz si no se asume la parte de verdad de las posiciones que se critican. “Lutero, dejo escrito Congar, no es el Evangelio. Lo importante es ir hacia el Evangelio, juntamente con él”.

Dos conclusiones rápidas: una, lo que Lutero consideraba fundamental en su teología hoy ya no es motivo de división. Católicos y luteranos confesamos juntos que Dios nos justifica. Y dos, a pesar de este acuerdo importante y fundamental, nos sigue separando nuestra distinta comprensión de la Iglesia y de los sacramentos. Lo que importa es que esas cuestiones que nos separan no sean obstáculo para que juntos podamos confesar a Jesucristo como salvador de todos y cada uno. Y tampoco sean obstáculo para trabajar juntos en beneficio de tantas personas hambrientas de Dios y hambrientas de pan. Lo que nos une es, sin duda, más que lo que nos separa.

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2
Ene
2017
Ni tres ni reyes, y magos según
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reyes

El evangelio de Mateo dice que, una vez nacido Jesús, “unos magos que venían de Oriente” buscaban en Jerusalén “al rey de los judíos que había nacido”. Interesante este detalle de “rey de los judíos”. El evangelista abre (en su nacimiento) y cierra (en su muerte en cruz) la vida de Jesús calificándolo de “rey de los judíos”. Si había nacido un rey, lo lógico es que los magos le buscasen en la ciudad de los grandes palacios, o sea, en Jerusalén. Se equivocaron de camino y de lugar. El Rey de reyes que ellos querían adorar solo podía nacer entre los pobres.

Me detengo en la cuestión popular de los tres reyes magos. El evangelista no ofrece ningún número, ni se refiere a ninguna realeza que no sea la de Jesús. Por eso los magos “se postran” ante el Dios-Rey y le ofrecen unos dones que son un reconocimiento de su dignidad regia. Lo de magos es otra cosa. Los había buenos y malos. En el libro de los Hechos (13,10) un brujo es calificado de mago “repleto de todo engaño y de toda maldad”. Mago es también el sabio. Tal vez estos magos que se presentaron en Jerusalén fueran astrónomos.

La religiosidad popular y la tradición le han puesto imaginación al relato evangélico. Es la tradición la que ha interpretado que eran reyes, procedentes de los tres continentes entonces conocidos: África, Asia y Europa. El rey negro aparece siempre. En el reino de Jesucristo no hay distinción por la raza o por el origen. Jesucristo une a todos los pueblos y a todas las personas, sin perder la riqueza de su variedad.

Detrás de este relato, ¿hay algo histórico en el sentido moderno de la palabra? No hay una respuesta segura. Pero lo importante no es lo que puede haber “detrás” de la narración, sino lo que en ella se quiere significar, a saber: estos sabios representan a la humanidad en búsqueda de paz, verdad y justicia. Representan el anhelo profundo del espíritu humano, la marcha de las religiones, de la ciencia y de la razón humana al encuentro de Cristo.

El evangelista termina su relato notando que, una vez que los magos se han encontrado con Cristo, “regresaron a su país por otro camino”. Lectura espiritual: si tú te has encontrado con Cristo, volverás a tu casa, a tu trabajo, a tus ocupaciones, pero ya no será lo mismo. Volverás de otra manera, por otro camino, con un corazón y un espíritu nuevo.

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26
Dic
2016
Con una paz sin límites
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paz

En la misa de nochebuena se leyó un texto del profeta Isaías que anunciaba la llegada de un niño, cuyo nombre sería el de “Príncipe de la paz”, puesto que lograría la maravilla de “dilatar el principado con una paz sin límites”. Una paz no fundamentada en el poder, sino en “la justicia y el derecho”. En efecto, desde el poder nunca se consigue la paz, a lo sumo un poco de orden debido al miedo que se logra infundir. Solo desde la verdad se puede conseguir el entendimiento, la comprensión y, por tanto, la paz.

Desde hace 50 años la Iglesia celebra cada uno de enero la Jornada Mundial de la Paz. Se hace necesario recordar la necesidad de la paz, porque año tras año, lejos de desaparecer, los conflictos entre los pueblos y las personas aumentan o, al menos, se mantienen. En el mensaje que el Papa envía este año “pide a Dios que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores más profundos”. Los cristianos podemos encontrar en Jesús de Nazaret el mejor modelo de no violencia y de paz: enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (Mt 5,44), a poner la otra mejilla (Mt 5,39), impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (Jn 8,1-11) y, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (Mt 26,52). De esta forma construyó la paz y destruyó la enemistad (Ef 2,14-16).

Los católicos estamos llamados a valorar a todas aquellas personas que son ejemplo de no violencia. El Papa Francisco se complace en citar a Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan (líderes en la liberación de la India), a Martín Luther King (figura señera en la lucha contra la discriminación racial) y a Laymah Gbowee, que logró, con sus campañas de oración conjunta entre cristianas y musulmanas, que se negociara la paz en Liberia. El Papa, además, recuerda que todas las tradiciones religiosas están a favor de la paz. “Ninguna religión es terrorista”, dice. En efecto, la violencia es una profanación del nombre de Dios y,  por tanto, es imposible que sea religiosa. Sólo la paz es santa, no la guerra, dice con todo vigor Francisco.

Una cosa más: el verdadero campo de batalla en el que se enfrentan la violencia y la paz es el corazón humano: “de dentro del corazón del hombre salen los pensamientos perversos” (Mc 7,21). De ahí la urgencia de educar las conciencias, y de crear espacios, en las familias y en nuestras comunidades religiosas, donde los conflictos sean superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón. Al final, la paz es una responsabilidad personal. Y el conflicto un drama personal. Lo peor es que el conflicto llama al conflicto y termina por hacer irrespirable la vida propia y la ajena. Que el próximo año sea un año de paz, al menos en nuestras familias y en nuestras comunidades. ¡Eso sí que depende de cada uno de nosotros!

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21
Dic
2016
El único que llegó del cielo
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natividad

La pregunta por la existencia de vida inteligente fuera de la tierra es recurrente. Hubo un tiempo en que estuvo de moda el fenómeno OVNI. Últimamente los científicos nos informan de la existencia de planetas parecidos a la tierra, susceptibles de contener vida. Estas interesantes informaciones están bien fundamentadas, pero no son comprobables, tienen mucho de hipotéticas. Hasta hace poco, el mundo más parecido al nuestro descubierto por los astrónomos estaba a 1.400 años luz de distancia. En agosto pasado un equipo de astrónomos, en el que había algún español, descubrieron otro planeta habitable, llamado “Próxima b”, a solo 4,5 años luz. La distancia en términos astronómicos es pequeña pero, de hecho, el planeta no puede ser visto por los telescopios de los que disponemos. Los datos que nos ofrecen del planeta los deducen observando las anomalías que se producen en la órbita de su estrella.

Se comprende así que todo lo  que se afirma sobre vida más allá de la tierra es una pura especulación. Es posible decir que, dada la infinitud del universo, sería extraño que la Tierra fuera el único lugar habitado por seres vivos. También es posible replicar que la vida es un fenómeno muy complejo, que requiere unas condiciones tan inverosímiles, que no sería tampoco extraño que estuviéramos solos en el universo. Así las cosas, la posible llegada a la tierra de vida inteligente procedente de otros lugares del universo, o la posible comunicación con estas formas de vida, se nos antoja por ahora muy difícil. Y, sin embargo, el encuentro con formas de vida inteligente más allá de la tierra siempre ha seducido al ser humano. ¿Quizás porque piensa que estas otras vidas le pueden aportar algo para vivir mejor, para ser más bueno, o más sabio? Hay ahí una vaga intuición de que del más allá puede venir algo mejor.

En cualquier caso, aunque solo la tierra estuviera habitada en este vasto universo, los cristianos sabemos que no estamos solos en el cosmos. El cielo no está vacío. Allí nos aguarda la innumerable asamblea de los santos. Por otra parte, si buscamos compañía aquí en la tierra, la podemos encontrar a nuestro lado, en tantos hermanos desconocidos a los que a veces ni siquiera miramos. Pero sobre todo, los cristianos sabemos que alguien “de fuera” vino a nuestro mundo: ni más ni menos que el Hijo de Dios. El que había nacido antes de todos los siglos, aquel que sostiene el universo, se hizo hombre, naciendo de María. Viajó de más allá de las estrellas, nada menos que de junto a Dios, y puso su morada entre nosotros. Los que creen en él, nunca están solos.

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16
Dic
2016
Herejía en el origen de la fiesta de Navidad
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belenuno

Los que tienen un poco de cultura religiosa saben muy bien que la fiesta de Navidad fue, en sus comienzos, una cristianización de los cultos romanos al sol invicto. En el hemisferio norte, cuando llega el mes de diciembre, los días se van acortando y el sol se vuelve cada vez más débil. Pero al llegar el 21 de diciembre los días comienzan a alargarse. Los romanos vieron ahí un signo de que el sol siempre es invencible y las tinieblas nunca consiguen apagarlo. De ahí nacieron los cultos al sol como dios invencible. Los cristianos fueron lo suficientemente hábiles como para sustituir un sol por otro Sol: el verdadero Sol que ilumina a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (Lc 1,78) es Jesucristo.

Pero hay otra causa más previa y más interna, por así decir, que está en los orígenes de esta fiesta de Navidad, a saber: la herejía difundida por el obispo Arrio (nacido en el año 256 y ordenado sacerdote en el 311). El pensamiento de Arrio, que tuvo una gran difusión, puede sintetizarse así: Jesús no era realmente Dios; era un hombre perfecto, enviado por Dios para salvar a la humanidad, pero no era Dios mismo. Ahora bien, en recompensa por los “servicios prestados” Dios Padre le otorgó el título de Hijo de Dios, una vez cumplida su misión en la tierra. La teoría de Arrio resolvía una seria dificultad, pues no es fácil comprender que Dios pueda convertirse en una débil criatura, no es fácil entender que el Infinito se haga finito, el Eterno se haga temporal. Es más fácil entender que un hombre, por sus méritos, sea elevado a la categoría divina.

La fiesta del nacimiento de Jesús surgió no tanto para contrarrestar los mitos paganos sobre el sol invicto, sino las ideas de Arrio de que Jesús era un hombre al nacer y sólo después Dios lo adoptó convirtiéndolo en otro Dios. Como muy bien dice A. Alvárez Valdés, el Papa Julio I, que gobernaba entonces la Iglesia, comprendió que una manera rápida y eficaz de difundir la idea de la divinidad de Cristo y contrarrestar las enseñanzas de Arrio, era propagar la fiesta del nacimiento de Jesús, poco conocida hasta este momento. En efecto, si se celebraba el nacimiento del Niño-Dios, la gente dejaría de pensar que Jesús llegó a ser Dios solo después de su resurrección. La fecha del 25 de diciembre se adoptó no por motivos cronológicos, sino por la popularidad de la fecha en ambientes romanos. Es una fecha simbólica.

De hecho, Jesús no pudo nacer en invierno, si hemos de hacer caso de lo que dice Lucas (2,8): cuando nació, cerca de Belén, los pastores dormían al aire libre en el campo, vigilando sus ovejas. El 25 de diciembre, en Palestina, es pleno invierno, y los pastores y las ovejas, en todo caso, duermen dentro de los establos.

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12
Dic
2016
Dios todo bondadoso y omnipaciente
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solymar

Tuve ocasión de asistir a una Eucaristía en la que el presidente sustituía los términos “todopoderoso” y “omnipotente”, aplicados a Dios, por “todo bondadoso” y “omnipaciente”. Estoy convencido de que la mayoría de los fieles no se enteraban del cambio, entre otras cosas porque al recitar el Credo siguieron con la inercia del “creo en Dios padre todopoderoso” y sólo el presidente dijo lo de “Dios padre todo bondadoso”. Aunque soy muy mal cantor, mi oído funciona muy bien, y eso me permite darme cuenta de esos detalles, que quizás a otros les pasan desapercibidos.

No me cabe la menor duda de que Dios desborda de bondad y de paciencia. Esa no es la cuestión. La cuestión es que aplicar a Dios el término todopoderoso a algunos les parece inapropiado, bien porque ese poder no se manifiesta cuando parece que más lo necesitamos, o bien porque asociar el poder a Dios parece equipararlo al modo como los tiranos ejercen su poder en este mundo. Recordando tragedias como la de Auschwitz, algunos se han preguntado cómo puede ser Dios bueno y poderoso al mismo tiempo: porque si puede evitar las tragedias y no lo hace, entonces no es bueno; y si quiere evitarlas y no puede, entonces no es poderoso. Ante dilemas así hay quién se inclina por  decir que Dios no es poderoso. En todo caso, su poder no se ejerce al modo como lo ejercen los supuestamente poderosos de este mundo. Ya Jesús descalificó este modo de ejercer el poder, porque para Jesús el verdadero poder no es el de la fuerza, sino el del amor.

Ahora bien, insistir en que Dios es paciente, misericordioso, bueno y clemente, no quita que también sea poderoso. Un Dios débil, por muy bueno que sea, no puede salvar. Solo salva un Dios poderoso. Con un poder distinto del humano. También su bondad es distinta a la de los buenos de este mundo. En Dios todo es “divino” y, porque es divino, todo desborda de amor. Que su poder se ejerza al modo divino y, por tanto, envuelto en un amor infinito, es la mejor garantía de que  su poder es salvífico. Es un poder que conduce todas las cosas al bien. Y si alguna vez parece que no ejerce su poder como lo haríamos nosotros, es porque Dios siempre respeta la libertad humana y la autonomía de lo creado. Con un respeto que está siempre muy atento, siempre vigilante, para aprovechar cualquier resquicio que pueda reorientar suavemente la libertad para conducirla a su verdadero objetivo, que es el bien.

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7
Dic
2016
¿Sembradores o destructores de esperanza?
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arbolluz

San Pablo dice que Abraham esperó contra toda esperanza (Rm 4,18). Expresión paradójica que indica que Abraham esperó en el cumplimiento de las promesas divinas, a pesar de que todo lo que veía y experimentaba iba en sentido contrario a tal cumplimiento. Diríamos que esperó lo imposible. A veces, para conseguir algo, hay que esperar lo imposible.

Tomás de Aquino notó que la experiencia puede ser motivo de esperanza o de desesperanza. La esperanza se refiere a una realidad difícil, pero posible. Por eso, cuando la experiencia nos dice que las posibilidades de conseguir algo son muy pocas o son nulas, aparece la desesperanza, el “no hay nada que hacer” y, por tanto, “nada que esperar”. De ahí la pregunta que cada uno podemos hacernos: la experiencia que otros tienen de mi, ¿me convierte en constructor o destructor de esperanza?

A veces me pregunto qué posibilidades ofrecemos a las personas que, de una u otra forma, dependen de nuestras decisiones: ¿las escuchamos, confiamos en ellas? ¿Les dejamos libres con el riesgo de caerse, y cuando se caen les animamos y les invitamos a levantarse y a seguir; o les controlamos, les cortamos las alas, les amenazamos y, en definitiva, les damos miedo? Eso es lo que hacía Juan Bautista, amenazar con el fuego a los que no se convirtieran. Pero el orden que logra la amenaza, dura lo que dura el miedo. Jesús no amenazaba, trataba de convencer, con palabras siempre alentadoras, levantaba a los caídos y fortalecía a los débiles. En el terreno de los valores o de la conducta, cuando uno se convence de su bondad, los valores duran para siempre.

Constato que hay gente con la esperanza debilitada. Pero la esperanza es la virtud de los fuertes, requiere tiempo y paciencia. E incluso una buena dosis de humor. Si las personas con la esperanza debilitada, son capaces de esperar contra toda esperanza, cuando lleguen a la meta se convertirán en sembradores de esperanza. Podrán hacer lo que no se ha hecho con ellos. También se aprende de las situaciones que no nos gustan o de las decisiones que otros toman y nos afectan negativamente. Se aprende a no repetirlas. A veces, los mayores, terminamos en el mismo sitio que un día criticamos. Si los jóvenes de hoy son capaces de no repetir los errores que les han afectado, podrán ser sembradores de esperanza. Es bien sabido que muchas personas maltratadoras han sido maltratadas en su niñez o juventud. Por eso digo, si somos capaces de no repetir los errores que nos han afectado.

Adviento: tiempo de la buena esperanza. La buena solo viene del Dios de Jesús, el único que ofrece promesas que superan todo deseo, pero que son posibles porque él es todo amor y todo poder. Y, aunque no lo parezca, contra toda esperanza, dirige la historia según sus designios.

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5
Dic
2016
Sin confianza no hay familia... ni comunidad
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famili

El amor, dice san Pablo, todo lo cree. Eso no significa que el amor nos haga incapaces de juzgar o nos haga vivir en el engaño. Significa que en la base de todo amor está la confianza. Cuando se pierde la confianza se pierde el amor. Esto vale para todo tipo de relaciones, empezando por las familiares y siguiendo por las comunitarias, en la vida religiosa, por ejemplo.

Una formación de los hijos, de los novicios o de los seminaristas, basada en el control, en realidad es una deformación y una invitación a que nos engañen. El mero hecho de controlar es ya manifestación de desconfianza. Cuando desconfías del otro provocas al otro para que desconfíe de ti y te engañe. Cito unas sabias palabras del Papa Francisco: “la confianza hace posible una relación de libertad. No es necesario controlar al otro, seguir minuciosamente sus pasos, para evitar que escape de nuestros brazos. El amor confía, deja en libertad, renuncia a controlarlo todo, a poseer, a dominar… Al mismo tiempo hace posible la sinceridad y la transparencia, porque cuando uno sabe que los demás confían en él y valoran la bondad básica de su ser, entonces sí se muestra tal cual es, sin ocultamientos. Alguien que sabe que siempre sospechan de él… preferirá guardar sus secretos, esconder sus caídas y debilidades, fingir lo que no es”. Sólo donde hay confianza brota la verdadera identidad de cada uno y espontáneamente se rechaza la mentira.

Por otra parte, ni en la familia, ni en los seminarios y casas de formación para religiosos, es bueno juzgar al otro por una sola de sus reacciones negativas o por uno solo de sus errores. Las reacciones y los errores hay que valorarlos en su contexto. Los defectos son sólo una parte, no son la totalidad del ser del otro. Un hecho desagradable en la relación no es la totalidad de la relación. Somos una compleja combinación de luces y sombras. El otro no es sólo eso que a mi me molesta. Es mucho más que eso. El otro tiene sus límites, como yo tengo los míos, pero esos límites no impiden que podamos amarnos, comprendernos y tener buenas relaciones. El amor convive con nuestros límites.

Me contaron de un formador (un padre, un superior religioso…, ¿qué más da?) que estaba convencido de que los “menores” (no en edad, sino en situación con respecto a él) siempre mentían. Recomiendo a los superiores que cuando haya quejas, dificultades o problemas en cuestiones de formación, escuchen a todas las partes con la máxima delicadeza, sin partir del supuesto de que una de las partes tiene, de entrada, la verdad. Recomiendo a los padres y madres que cuando haya quejas, dificultades o problemas con sus hijos en el Colegio o en la familia, escuchen a todas las partes, e intenten ser objetivos, no dejándose llevar por el afecto, porque no siempre los afectos son garantía de verdad. Ni de falsedad, por supuesto.

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30
Nov
2016
Amarse a sí mismo
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centro

Jesús ratifica con su autoridad este texto del Levítico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En esta formulación aparecen dos destinatarios del amor: el prójimo y uno mismo. Más aún, parece que el amor a uno mismo es condición del amor al prójimo. Si el prójimo debe ser amado como uno mismo, entonces el amor a uno mismo es la medida de nuestro amor al prójimo. De hecho, quienes tienen dificultades para aceptarse a sí mismos son los que también tienen dificultades para relacionarse con los demás. Pero, por otra parte, hay un amor a uno mismo que impide amar a los demás: es el amor egoísta, que piensa que para ser grande los demás tienen que ser pequeños; este amor egoísta está muy relacionado con la envidia, que es un entristecerse por el bien de los demás. Como si el bien de los demás fuera una sombra que nos hiciera menos buenos.

 El Papa, comentando el himno a la caridad de la primera carta a los corintios, ha reflexionado sobre el amor a uno mismo y ha escrito: este himno afirma que el amor “no busca su propio interés”, o “no busca lo que es de él”. También se usa esta expresión en otro texto: “no os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás” (Flp 2,4). Ante una afirmación tan clara, sigue diciendo Francisco, hay que evitar dar prioridad al amor a sí mismo como si fuera más noble que el don de sí a los demás. Una cierta prioridad del amor a sí mismo sólo puede entenderse como una condición psicológica, en cuanto quien es incapaz de amarse a sí mismo encuentra dificultades para amar a los demás: “el que es tacaño consigo mismo, ¿con quién será generoso?... Nadie peor que el avaro consigo mismo (Si 14,5-6).

 Tomás de Aquino explicó que pertenece más a la caridad querer amar que querer ser amado. De hecho, las madres, que son las que más aman, buscan más amar que ser amadas. No hay que olvidar que, según dice de Jesús, el amor más grande es “dar la vida” por los amigos (Jn 15,13). O sea, preferir la vida del amigo a la propia. El amor a los amigos es un modo especial de amar al prójimo. El colmo del amor al prójimo sería dar la vida por los enemigos, aunque no sea este el amor más grande. El más grande es dar la vida por los amigos. ¿El amor al prójimo pide llegar a tanto con los desconocidos y no digamos con los enemigos? Aquí habría que aplicar otra reflexión de santo Tomás: el ser humano está más obligado a mirar por su propio bien que por el bien de los demás.

 Una pregunta puede ayudar a entender lo precedente: ¿qué significa cristianamente amarse a sí mismo? Desearse lo mejor. Y lo mejor que puedo desearme a mi mismo es Dios. Amarme de verdad a mi mismo es volverme hacia Dios y cumplir su voluntad. A partir de ahí desaparecen todos los egoísmos y resulta posible comprender que el amar a los demás como a uno mismo pueda conducir a no buscar el propio interés, sino el interés de los demás, porque mirando por el bien del otro, aún a costa de mi propio interés, estoy encontrado a Dios en el prójimo. Y, como hemos dicho, el amar a Dios es el mejor modo de amarse uno mismo.

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