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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

11
Mar
2022

Vida transfigurada

3 comentarios
roseton02

Para entender el relato de la transfiguración de Jesús, que siempre se lee el segundo domingo de cuaresma, hay que tener en cuenta que, en los tres evangelios de Marcos, Mateo y Lucas, viene precedido por el anuncio de la pasión: Jesús declara a sus discípulos que el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser crucificado. Este anuncio dejó desconcertados a los discípulos, como queda claro por la reacción de Pedro, según los evangelios de Marcos y Mateo. En efecto, Pedro, escandalizado increpa al Señor: no permitiremos que esto te suceda nunca. La transfiguración es como una especie de compensación por el anuncio que Jesús acaba de hacer de su muerte. Es un modo de anticipar que esta muerte termina en la Pascua, en la gloria de la resurrección.

Si un día tienen ocasión de visitar la Iglesia del monte Tabor, les aconsejo que se fijen en uno de los frescos de la Iglesia que interpreta la transfiguración como una clave de toda la vida de Jesús. Su vida entera se va transfigurando, adquiriendo una nueva figura, para nuestra salvación. Esta transfiguración comienza en la Encarnación cuando la Palabra se hace carne (primera parte del fresco); también Jesús se transfigura cuando se hace Eucaristía (2ª pintura); se transfigura en cordero para quitar el pecado del mundo (3º pintura); y su obra transfiguradora culmina en la resurrección (4º parte del fresco), cuando Jesús adquiere su definitiva figura.

El domingo pasado escuchamos el relato de las tentaciones de Jesús. Jesús tentado como nosotros puede comprender a los que son tentados y tener misericordia de ellos. Del Jesús tentado hemos pasado al Jesús transfigurado. Quizás resulta fácil identificarnos con el Jesús tentado. También debemos identificarnos con el Jesús transfigurado. A esto nos invita la voz que surge de la nube: “este es mi Hijo amado, escuchadle”. Escucharlo es identificarnos con él. Y hacer de nuestra vida una vida de personas resucitadas, personas que resucitan al vencer al pecado.

Lo propio del cristiano no es el pecado. Lo propio del cristiano es la vida, la capacidad de transfigurar todas las situaciones de muerte en situaciones de vida. ¿De qué manera? Transmitiendo amor. Porque el que ama ha pasado de la muerte a la vida. Transmitiendo alegría, la alegría que el mundo no puede quitarnos, porque está fundamentada en la fe en Cristo y en el amor a los hermanos. Y contagiando esperanza, la esperanza de que el mal, a pesar de todas las apariencias, no tiene la última palabra. La Palabra definitiva es Cristo resucitado de entre los muertos.

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Mónica Urdaneta Valbuena
11 de Marzo de 2022 a las 14:58

Realmente me ha tocado muy de cerca este transfiguración que da tanta esperanza esoecialme te a las madres que oramos y suplicamos al Dios y Señor del Amor de la historia De la Esperanza por nuestros hijos que están como una oveja perdida
Gracias por su reflexión me ayuda mucho en estos momentos de mi realidad
Dios le pagué padrecitoo por tanto bien

juan garcia
12 de Marzo de 2022 a las 11:31

Ciertamente, fray Martin "el mal no tiene la ultima palabra". Ya nos lo recuerda el refranero cuando dice "que no hay mal que por bien no venga". "Hagamos tres tiendas".. No creo que los discipulos entendieran a Jesus, pero la voz de lo alto esta clara: "escucharle". Todo es facil para el creyente, porque ama a Jesus y cuanto mas le ame, mas facil. Para el que no cree ni ama, los milagros de Jesus son elefantes volando. El sufrimiento y la muerte son los dos grandes interrogantes del no creyente: tus ideas, fray Martin, nos indican el camino del entendimiennto y la fe en la resurreccion, la victoria de Jesus sobre la muerte, y nuestra victoria definitiva.

Mildred Alemán.
13 de Marzo de 2022 a las 06:19

Que la esperanza de llegar a la meta final, y ser transfigueados, nos mantenga en el camino del amor, de la entrega y de la confianza en el Señor.

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