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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

1
Jun
2020

Sumo y eterno sacerdote

7 comentarios
sacerdote

Una vez acabado el tiempo pascual, la liturgia sitúa una serie de fiestas que nos recuerdan distintos aspectos fundamentales de la fe cristiana. La primera es la celebración de “Jesucristo, sumo y eterno sacerdote”. Es una manera de decir que Jesucristo es el que une a Dios con los hombres y a los hombres con Dios. Pues lo propio del sacerdote es ser mediador, tender puentes entre Dios y los seres humanos. Ahora bien, el sacerdocio humano no puede ser una mediación perfecta, porque sólo participa plenamente de una de las dos partes que hay que unir. Jesús, al participar de las dos partes, la humana y la divina, puede unirlas perfectamente porque las comprende plenamente a las dos. Por eso el Nuevo Testamento le califica de “único mediador entre Dios y los hombres” (1 Tim 2,5).

Jesucristo es el único que puede mediar porque participa de los dos extremos de aquello que une, al ser verdadero Dios y verdadero hombre. Jesús no es un mediador que se encuentra en una posición intermedia entre dos polos, Dios y el ser humano. Es mediador omnicomprensivo, su mediación es englobante, con una posición que se extiende de un extremo al otro, es decir, del último grado de humillación humana al más alto grado de la gloria divina.

El único sacerdocio de Cristo es participado, de distintas maneras, tanto por los ministros sagrados como por el pueblo fiel. Al ser bautizados nos hicimos partícipes del sacerdocio de Cristo, se nos destinó a vivir en amistad con Dios y a actuar según su espíritu. Los ministros sagrados participan de ese mismo sacerdocio de Cristo para realizar funciones santificadoras, que unen a Dios con los hombres. También los cónyuges, en el amor que se profesan públicamente, ejercen su sacerdocio común, puesto que este amor es un vínculo sagrado, con el que hacen históricamente visible y presente en el mundo el amor de Cristo por su Iglesia.

¿Qué significa “participar” en el sacerdocio de Cristo? Significa que, al acoger el amor de Dios en nuestras vidas, entramos en una nueva relación con Dios. Y esta relación nos mueve a realizar acciones sacerdotales, o sea, a unir nuestra vida con Dios, buscando actuar en consonancia con su voluntad; y a trabajar (con nuestro testimonio, nuestras buenas palabras y nuestras buenas obras) para que aquellos con los que vivimos y nos encontramos se sientan movidos a unir su vida con Dios y a cumplir su voluntad. En este sentido, la vida de un cristiano es sacerdotal, mediadora de gracia, es ocasión para que el amor de Dios se difunda sobre aquellos que le rodean.

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Oscar P.
1 de junio de 2020 a las 09:49

Gracias. profesor, por su blog. Nunca había escuchado una explicación tan convincente de la mediación de Jesucristo: mediador onmicomprensivo

Vicente
1 de junio de 2020 a las 12:45

cabe recordar que hoy se celebra la memoria de María, Madre de la Iglesia.

Hormias
1 de junio de 2020 a las 15:54

Una vez más gran por su blog frsy martin

Hormias
1 de junio de 2020 a las 15:55

Gracias quise decir

Vicente
26 de mayo de 2026 a las 21:23

Cristo el sumo y eterno sacerdote y nosotros por participación.

Blanca Ovejita
27 de mayo de 2026 a las 19:53

Estoy muy de acuerdo en lo relativo a que Jesucristo es Sacerdote, pues sacerdote es el que ofrece a Dios en nombre del pueblo; en este caso, Jesucristo se ofreció a Sí mismo para salvación del pueblo; nadie lo puede ofrecer, sino sólo representar a Cristo al ofrecer su Ofrenda; nosotros tenemos que aspirar a ser sacerdotes con Él, pero sólo uniendo a Él nuestras ofrendas pueden llegar al Padre; por nuestra cuenta seguro que no.
Esto implica que rebata uno de los comentarios, pues la Iglesia tiene Padre y Madre, que es Cristo y nadie más, pues Cristo, en Nombre del Padre, depositó su Fundación en manos de los Apóstoles y de sus seguidores, pero María no es madre, porque de ella la Iglesia sólo ha recibido de forma cariñosa una serie de atributos que no le corresponden, ya que todos han sido ideados por devotos de buena voluntad, pero sin que Cristo los haya definido.
De hecho, todos los atributos que nombra la letanía, son piropos que la gente hacía a María, y depositaba en la que se creía que fue su casa de Nazaret pero transportada piedra a piedra por los ángeles a Loreto, Italia; un día, un jerónimo pasó por allí, recogió los piropos e hizo un listado, el cual, poco a poco, la gente lo ha recogido como oración; pero ojo; sólo a Dios hemos de adorar y sólo a Él darle culto; a nadie más. Con todos mis cariñosos respetos.

Valero Martinez
28 de mayo de 2026 a las 08:32

Gracias Martín por recordarme cual es la misión a la que soy llamado cada día. San Pablo dice que hay diversidad de dones y carismas en el cuerpo de Cristo, yo vivo con especial vocación el carisma que Jesucristo me ha encomendado: amar a mi esposa más que a mí mismo, en la enfermedad y el sufrimiento y en el gozo que este amor, aún siendo doloroso, me da cada día.

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