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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

6
Ago
2012

La naturaleza, Palabra de Dios

2 comentarios

Afirmó Juan Pablo II que “un primer paso en la Revelación divina está constituido por el maravilloso libro de la naturaleza”, un libro que leemos “mediante los instrumentos propios de la razón humana”. Benedicto XVI ha dado un paso más y ha dicho que la Palabra de Dios se expresa en la naturaleza, o sea, que la naturaleza es Palabra de Dios. Antes, los grandes autores medievales, como Buenaventura y Tomás de Aquino también lo habían afirmado: “toda criatura es Palabra de Dios en cuanto que proclama a Dios” (Buenaventura); “Dios nos ha dado dos Sagradas Escrituras: el libro de la creación y la Biblia” (Tomás de Aquino). Y como la Palabra de Dios no puede contradecirse a sí misma, Tomás de Aquino llega a decir: “lo que se encuentra en el relato de la creación del Génesis, pero que es contradicho por razones sólidas, no puede ser presentado como sentido de la Sagrada Escritura”,
 

El famoso Galileo Galieli se refirió a este grandísimo libro de la creación en el que Dios nos habla, pero añadiendo que no puede ser entendido si primero no se aprende su lenguaje, el lenguaje de las matemáticas y de la ciencia. Tal es la importancia de la ciencia para un cristiano. Este libro de la naturaleza, cuya evolución, cuya escritura leemos de acuerdo con los diferentes enfoques de las ciencias, presupone la presencia fundamental del autor que en él ha querido revelarse. Esto significa que el mundo es como un libro ordenado, un cosmos. A pesar de algunos elementos caóticos y destructores que encontramos al estudiar la evolución de la materia y del mundo, no es menos cierto que la materia se puede leer, tiene una estructura, “una matemática ínsita”, dice Benedicto XVI, que añade: “por tanto, la mente humana no solo puede dedicarse a una cosmografía que estudia los fenómeno mensurables, sino también a una cosmología que discierne la lógica interna y visible del cosmos”.
 

En la naturaleza descubrimos un orden de correspondencias internas y de finalidades innegables: en el mundo inorgánico, entre micro y macroestruturas; en el mundo animal, entre estructura y función; en el mundo espiritual, entre el conocimiento de la verdad y la aspiración a la libertad. Gracias a las ciencias, hemos ampliado nuestra comprensión del lugar que la humanidad ocupa en el cosmos. Para el creyente, ellas pueden ser una buena ayuda para elevar la mente al Creador, “causa de todos los seres y de todo lo que llega a ser” (Tomás de Aquino).

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Maite
6 de agosto de 2012 a las 21:26

Leyéndole, Padre, he recordado este salmo: El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

curiosos y marcianos
7 de agosto de 2012 a las 01:50

¡ Que oportuno su post, fray Martín, hoy que Curiosity nos ha hecho a todos un poco más marcianos :-)). Y es que hay gente que de forma oculta, fuera de cámaras, trabaja para hacer avanzar a la humanidad, en ciencia, estudio, servicio, investigación. La curiosidad mueve a los hombres a ir más allá de lo conocido, en la creación. Y en la relación con el Creador. Son un ejemplo en estos tiempos: trabajo, austeridad, teson. Y ofrecen un gran servicio.

Ahora es necesario no quedarse como en la Transfiguración, arriba en las tiendas, a cubierto en la cumbre de monte. No solo mirar a Marte. Sino bajar a ras de tierra, y trabajar codo con codo con nuestros hermanos. La intersección de dos brazos de la Cruz Gloriosa, que nos transfigura.

En movimiento dinámico hacia aquello que todos estamos llamados a ser. Ser cristiano, un dinamismo continuo e infinito ¡ Actual Santo Tomás !

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