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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

28
Dic
2010

La fe, ejercicio de la razón

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Con demasiada frecuencia se tiende a oponer fe y razón, o fe y ciencia. Incluso entre los creyentes hay quien dice que la fe es un asunto del corazón y no de la razón. No hay que olvidar que la fe presupone la razón y está presente en la razón; si la fe implica la razón, no es posible creer sin razón. La fe es un ejercicio de la razón, un modo de conocimiento. La oposición, si la hay, no es entre fe y razón, sino entre conocimiento basado en la evidencia y conocimiento basado en la no evidencia. No todos los conocimientos dependen de la evidencia; hay conocimientos que dependen de la seriedad y credibilidad de un testigo. Hay conocimientos deducidos a partir de algunos indicios, de ciertos hechos que aconsejan o exigen una explicación, que no es contraria a la inteligencia humana y puede ser expuesta a base de argumentos. La razón puede ser ejercida de diversos modos. No se reduce a lo empíricamente visto o a los procedimientos demostrativos. La inteligencia humana posee un carácter fiducial que alumbra la razonabilidad de la fe. A la fiducialidad de la razón corresponde la racionalidad de la fe.
 

En la fe, además de la razón, entra en juego la libertad. Porque lo razonable de la fe no se impone con evidencia. Pero esto ocurre con los conocimientos más fundantes y constituyentes de la vida: es muy razonable que quienes dicen ser mis padres lo sean, pero no es evidente (al menos no es evidente mientras no hacemos la prueba del ADN, y aún así cabría un mínimo margen de error). Este conocimiento tan fundamental para mi equilibrio personal, el de que mis padres son quienes dicen ser, es un conocimiento razonable y libre. De hecho la ciencia también deduce, por ejemplo, la existencia de planetas a partir de ciertos indicios que no son determinantes, porque lo único determinante sería acudir con una nave o verlos con un telescopio, cuya potencia no tenemos (al estar muy lejos, la existencia de planetas de otros soles se demuestra de forma indirecta, mediante la observación de variaciones en la luminosidad del astro central). La fe religiosa no es el único conocimiento sin evidencia al que llega el ser humano. Esta dimensión fiducial de lo racional nos lleva, por otra parte, al reconocimiento de los límites de la razón. Lo real no se limita a la razón, lo trasciende.

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