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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

13
Ago
2014
Creador que libera
10 comentarios

Confesar que Dios es creador es reconocer el carácter dependiente de todo lo creado, incluido el ser humano. La dependencia es algo que, en nuestra sociedad, se considera negativamente, por reacción a una falta de autonomía que, en ocasiones, tiene duros antecedentes históricos y sociales. No se soporta la dependencia económica, ideológica, jerárquica, afectiva, y se busca, en cambio, la independencia, el no depender de nada ni de nadie.
 

Pero si lo pensamos bien, resulta que la dependencia es condición de nuestra propia posibilidad. La vida nos la han regalado. Nosotros no somos los autores de nuestra vida. Más aún, una vez aparecida la existencia, seguimos dependiendo de nuestros padres y de nuestro entorno para crecer, aprender y madurar. De modo que la cuestión de fondo no es la dependencia, sino de quién dependemos. Hay dependencias que son negativas, destructoras, alienantes, como la del esclavo con el señor. Y hay otras que son positivas, constructoras y liberadoras, como la del padre con el hijo o la del amigo con el amigo.
 

Una dependencia es positiva cuando está fundamentada en el amor. Así es la dependencia del ser humano, e incluso de toda la creación, con respecto al Creador. El Padre de nuestro Señor Jesucristo crea, por una parte, un universo que funciona por sí mismo, que goza de autonomía. Por eso, es posible no ver en el universo la mano del Creador. El Creador se retira y deja que la vida se desarrolle sin coacciones ni manipulaciones. Y así se explica que la ciencia, cuando investiga los orígenes del universo y la evolución de la vida, no necesite recurrir al Creador.
 

Por otra parte, el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. La imagen se manifiesta fundamentalmente en la libertad y autonomía del hombre. Dios crea un ser humano libre precisamente porque quiere que el hombre sea capaz de relacionarse con él y de responder a su amor. Y no hay respuesta de amor sin libertad. Si Dios hubiera creado un ser sin libertad, estaríamos ante un robot. La libertad humana es tan real que es capaz de renegar de Dios y de crucificar a su enviado.
 

Todo lo que tenemos, empezando por la vida, es porque lo hemos recibido. Pero una vez recibida la vida, somos nosotros quienes la conducimos. El ser humano está en sus propias manos, por eso puede elegir entre el bien y el mal, entre la salvación y la condenación. Cada uno de nosotros somos el regalo que Dios nos ha hecho. Otorgado el regalo, Dios se retira, deja espacio, deja libertad. Un Dios que crea seres libres sólo puede ser un Dios que crea por Amor. Con un Dios así es posible establecer una relación de amor, una relación de igualdad en la distinción, en la que cada uno es lo que es, y cada uno respeta al otro en lo que es. El Dios cristiano no es un déspota arbitrario que se complace en su poder, sino un Padre amoroso que se recrea en la libertad de sus hijos.

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10
Ago
2014
Información religiosa
5 comentarios

A veces parece que los medios de comunicación solo se interesan por un aspecto de lo cristiano, y no precisamente por el más decisivo, a saber, las cuestiones relacionadas con la moral sexual y familiar. En ocasiones los representantes más cualificados de la Iglesia contribuyen a dar la imagen de que lo único que importa en la fe cristiana son precisamente las cuestiones de tipo sexual. El Papa Francisco ha advertido sobre lo contraproducente que puede ser dar la impresión de que ese es el gran tema que preocupa a la Iglesia.
 

Falta equilibrio en la presentación de la fe católica. A veces los culpables de esta falta de equilibrio somos los propios creyentes. No es extraño que esta falta de equilibrio se refleje en los medios. Aunque por otra parte, también es verdad que a los medios no les interesa lo fundamental de la persona y del mensaje de Jesús. De hecho, cuando hablan de Jesús suelen incidir en aspectos totalmente secundarios: hablan de la sábana santa; o de sus supuestos hermanos, o de si estaba casado. Y encima tratan estos asuntos de forma sensacionalista. Ya sé que los medios no están para catequizar, pero es bueno que seamos conscientes de ello, ya que sus intereses no siempre coinciden con los verdaderos intereses creyentes.
 

Cuando en los medios se hable poco de Obispos, de curas, de comuniones de divorciados o de homosexualidad, entonces será un signo de que en la Iglesia las cosas funcionan desde la normalidad y no desde la crispación y desde intereses de segundo nivel. Cuando lo eclesial deje de interesar, será un signo de que la Iglesia se centra en Jesucristo. Cuando sólo se habla de cuestiones eclesiales es porque algo no va bien en la Iglesia. Los medios son un buen baremo para saber si la Iglesia está centrada en Jesucristo. Si la Iglesia es protagonista, no hay que echar la culpa a los medios. La culpa es de la Iglesia que, para bien o para mal, normalmente para mal, asume este papel y da pié a que se hable de ella.
 

La Iglesia no debería ser noticia. Ella debe ocultarse para que resplandezca su Señor y el Evangelio de su Señor. Cuando se habla de la Iglesia para mal, no deberíamos dar la culpa al mensajero, sino preguntarnos qué hace la Iglesia (qué hacemos los que somos Iglesia) para estar en el candelero. En el candelero quién debe estar es la luz de Cristo. Cuando la cuestión de quién va a ser el próximo Obispo de una diócesis, va más allá del interés de las comunidades cristianas y se convierte en un asunto social y político, algo no va del todo bien. Ya sé que es inevitable que un nombramiento episcopal sea noticia. Ya no es tan inevitable que, una vez nombrado el prelado, éste sea la única noticia, la noticia permanente de la Iglesia. Cuando importa más el ministro (el menor, el servidor) que la comunidad, algo no va del todo bien en la Iglesia.

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6
Ago
2014
Medios y buenas noticias
5 comentarios

Buenas noticias hay en todas partes. También en los medios de comunicación. Importa hacer una aclaración: no hay que confundir lo real con la noticia. Noticia es lo que se anuncia. La realidad es más amplia. Algunos confunden la realidad con la noticia. Son los que piensan que solo existe lo que sale en los periódicos o en la televisión. O los que dicen: si no estás en internet, no eres nadie. Pero la realidad es más amplia de lo que se publica. Se publica lo que al publicista le interesa que sea conocido.
 

Todo lo que decimos está, de una u otra forma, marcado por nuestros intereses. Una vez me dijo un periodista: yo no publico lo que quieren mis jefes, sino lo que los lectores quieren leer. No se confundan: lo que los lectores quieren leer, es lo que los jefes quieren que se publique. De esta forma venden más periódicos. Y así ganan dinero. El dinero, ese es el interés de muchas noticias.
 

Cosas buenas hay en todas partes. Pero no todo lo bueno “vende”. Sólo se publican las cosas que venden. Y vende lo que resulta extraño, lo que no es habitual. Cuando lo que llama la atención se convierte en habitual, ya no es noticia. Pero precisamente entonces es cuando el bien ha logrado su objetivo. En este sentido lo deseable es que el bien deje de ser noticia, porque se ha convertido en algo habitual.
 

Por otra parte, a veces no interesa dar publicidad a algunas cosas, precisamente para no estropearlas. Hay lugares en donde la discreción es condición para hacer el bien. En China continental hay seminarios clandestinos; si yo ahora quisiera salir en la prensa, podría contar (no es mi caso, pero es el caso de otros profesores) las mil peripecias que hay que hacer para llegar a esos seminarios y las mil dificultades que hay que sortear para dar las clases. Pero entonces, la noticia sería perjudicial para el profesor y para los jóvenes chinos que quieren vivir entregados a Cristo. La noticia les llevaría a la cárcel.
 

Otras cosas, cuando se dan a conocer, encuentran un principio de arreglo. Hace un tiempo estuve en un país en el que los campesinos sufren muchas injusticias. Darlas a conocer, ayuda a paliarlas. Quizás lo primero (el curso de teología en China) es una buena noticia. Lo segundo (el maltrato a los campesinos) es una mala noticia, pero se convierte en buena cuando hacemos una denuncia profética de esta situación; la denuncia, detiene el mal y lo convierte en bien.

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2
Ago
2014
Con los jóvenes: confianza y cercanía
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¿Es posible ofrecer algunas características sobre la religiosidad de los jóvenes de hoy? No de forma genérica ¿Los jóvenes de hoy son más religiosos que los de antaño? Es dudoso. Cuando se trata de temas religiosos, las reacciones son siempre muy personales. Las religiones transmiten ritos, costumbres, doctrinas, modos de pensar y de juzgar. Pero en la fe cristiana, lo fundamental no son los ritos o doctrinas, sino el encuentro personal con el Señor Jesús. Y en esas cuestiones de encuentro, cada uno es “muy suyo” y reacciona de distinta manera.

Además, el encuentro con el Señor Jesús es distinto de los habituales encuentros humanos, ya que se trata del encuentro con una persona que, si bien está muy presente en nuestro mundo, no está ya en el mundo como lo estamos las otras personas. Por este motivo, en el encuentro con Jesús resucitado la mediación del presentador es fundamental. Y el presentador es la Iglesia. De ahí que la pregunta que debemos hacernos como miembros de la Iglesia es: ¿cómo presentar la fe cristiana, cómo anunciar el Evangelio de Jesús, a los jóvenes de hoy?

No hay recetas, pero sí hay algunas premisas que facilitan la transmisión de la fe. En primer lugar, hay que tener confianza en los jóvenes. Sin esa confianza, es muy difícil que ellos puedan aceptar lo que les decimos y proponemos. Cuando me acerco a un joven, me encuentro con alguien con ideas y costumbres distintas a las mías. Debo empezar por respetarlas. Porque la fe es capaz de entrar en comunión con todas las costumbres y mentalidades, antiguas y recientes.

En segundo lugar, hoy es más necesario que en otras épocas acercarnos a los jóvenes. Ir dónde ellos están. Si ellos no se acercan a la Iglesia, será la Iglesia la que tenga que acercarse a ellos. Acercarse significa saber qué cosas son las que espontáneamente atraen a los jóvenes. En ocasiones, antes de proponerles un acto religioso, habrá que preguntar por sus intereses. Y siempre habrá que estar atento a sus necesidades. Si se trata de jóvenes que buscan trabajo desesperadamente, tenemos que empezar por solidarizarnos con ellos en esta búsqueda de trabajo.

Como dice el libro de los salmos “fui joven, ya soy viejo”. Pero cuando yo era joven, ya notaba que mucha gente nos halagaba y nos decían que éramos el futuro y la esperanza de la Iglesia y de la sociedad. Y con esas llamadas al futuro, trataban de apagar nuestra rebeldía presente. Sin duda los jóvenes, como cualquier persona, necesitan esperanza. Pero también necesitan presente. Necesitan razones para esperar, pero también razones para vivir. Para vivir hoy, aquí y ahora. Para sentirse felices hoy. Hay que hablarles del mañana, pero sobre todo responder a sus necesidades actuales. Y ellos, lo sepan o no, como todo ser humano, necesitan a Jesucristo. Por eso, el modo de presentar a Jesucristo deberá tener en cuenta su situación actual, su modo de ser, de pensar, de vivir. Eso requiere escucharles, acercarse a ellos, confiar en ellos.

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27
Jul
2014
El sermón es para el vecino
2 comentarios

San Pablo reprochaba a los corintios las envidias y discordias que había en su comunidad (1Co 3,3). Nada extraño. La comunidad cristiana está formada por hombres y mujeres cargados de pecados. Y, desgraciadamente, todos los pecados tienen que ver con la falta de amor: falta de amor a Dios, a uno mismo y a los demás. A lo largo de la historia, las disputas y rivalidades han continuado dándose en las comunidades cristianas.

 

Lo que voy a contar es una más de las muchas historias de debilidad que podrían contarse: los hermanos de una comunidad cristiana estaban escuchando como el predicador hablaba de conversión. Decía que la humildad es el camino de la conversión. Y el orgullo lo que impide la conversión. Para ilustrarlo, se puso a hacer el retrato de la persona orgullosa. Lo debía hacer muy bien. Porque de pronto, dos cuchichearon: ¡que bien lo está describiendo! ¡Lo retrata perfectamente! Se estaban refiriendo a otro hermano de la comunidad, que también escuchaba la predicación, un hermano al que le tenían mucha inquina.

 

El que al escuchar una predicación piensa que el sermón no es para él, sino para el vecino, demuestra su ausencia de humildad y su nula capacidad de autocrítica, e intenta escapar de la Palabra de Dios. Con esta actitud, no tiene ninguna posibilidad de conversión. Un buen oyente de la Palabra de Dios y de una buena predicación debe preguntarse principalmente, por no decir únicamente, de qué modo le afecta a él personalmente lo que está oyendo.

 

La Palabra de Dios va dirigida directamente al corazón de cada uno. Por eso, el oyente de la Palabra no puede pensar, cuando se habla de falta de caridad, que los que faltan son los otros. O cuando se habla de amor a los pobres, que eso no va con él. Una parábola de Jesús retrata bien esa actitud del que piensa que la predicación siempre va dirigida a los otros. La del fariseo y el publicano. El fariseo daba gracias a Dios porque no era como los demás: adúlteros, ladrones y codiciosos. El fariseo siempre tiene alguna excusa para sus pecados. Bueno en realidad, piensa que no tiene pecados.

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25
Jul
2014
Bendiciones en vez de sacramentos
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Se ha hablado mucho de evangelizar la cultura. ¿Cómo denominar al fenómeno inverso, o sea, al hecho de que la cultura seculariza determinados elementos religiosos o, por mejor decir, utiliza la religión como pretexto para determinadas celebraciones que tienen un sentido también secular, pero para las que no se ha encontrado un acto secular que satisfaga todo el sentido que uno quiere darles? Quizás podríamos hablar de secularización de la religión por parte de personas que piden un acto religioso pero prescinden del sentido religioso del acto.

Hay católicos no practicantes que todavía acuden a la Iglesia para solicitar determinados servicios, fundamentalmente bodas, bautizos, primeras comuniones y funerales. Cuando a estas personas se les dice que deben hacer un cursillo para poder recibir alguno de esos sacramentos, unas veces lo aceptan con resignación, otras ponen mil excusas para no hacerlo y otras hasta protestan. En realidad esas personas buscan un modo de celebrar un acontecimiento que les afecta muy de lleno. No han encontrado el equivalente no religioso que pueda dar un sentido a la fiesta o al acontecimiento. Primero porque todavía están imbuidos de un ambiente social cristiano, que les hace recordar que en su familia esos acontecimientos se celebran de ese modo. Y segundo porque no se han impuesto aún los sustitutivos seculares correspondientes. El único sustitutivo que está ya totalmente impuesto es el matrimonio. Pero para celebrar el nacimiento, o la entrada en la adolescencia y no digamos para llorar la muerte, todavía los mejores servicios los presta la Iglesia.

Si ponemos dificultades a estas personas, poco a poco irán buscando otros modos de vivir y celebrar estos acontecimientos. Ya en la antigua República Democrática Alemana se intentó algo de eso sustituyendo la primera comunión por una fiesta de entrada en la adolescencia. ¿Vale la pena “aprovechar” esta demanda de servicios para intentar mantener un catolicismo de mínimos, o nos ponemos serios y rechazamos a los que no son serios según nuestros criterios de seriedad? No lo tengo claro, pero me planteo si no deberíamos hacer lo posible para no apagar las mechas humeantes. Siempre ha habido grados en la vivencia de la religión. Me pregunto si ha llegado el momento de distinguir entre un sacramento y una bendición eclesial. Hay muchas personas que no están preparadas para recibir un sacramento, pero sí que lo están para acoger una bendición o una oración que les ayude a vivir mejor un acontecimiento humano que les importa.

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20
Jul
2014
Esa mirada cómplice
3 comentarios

El término cómplice parece tener connotaciones negativas. Cómplice se dice de aquel que ayuda a cometer un delito. Pero con el término complicidad podemos denotar una colaboración para el bien, como cuando se dice que dos amigos se intercambian una mirada cómplice; o también indicar un movimiento de simpatía hacia otra persona, como queda claro en la siguiente frase: Antonia se apresuró a santiguarse ante la beneplácita y cómplice mirada de las monjas.

Las religiones, en ocasiones, han sido acusadas de complicidad con el mal. Cuando han callado ante la injusticia, han favorecido a los poderosos, han ocultado los delitos de sus dirigentes, han presentado un Dios represivo, han llamado a la guerra y la han calificado de santa. Desgraciadamente, la imagen que ofrecen las religiones está muy ligada al comportamiento de sus dirigentes. En demasiadas ocasiones esos dirigentes se han aprovechado de la sensibilidad religiosa de muchas personas para pedirles dinero, no precisamente para los pobres, sino para su propio enriquecimiento. Jesús de Nazaret lanzó serias diatribas contra esos que se aprovechan de los bienes de las viudas so pretexto de largos rezos.

Las religiones, por ser humanas, son ambiguas. Lo interesante es que a través de la ambigüedad de lo humano, Dios se hace presente. Las mejores imágenes del Dios de Israel lo presentan como solidario con los oprimidos, como defensor del huérfano y de la viuda. Para Jesús de Nazaret, Dios es aquel que tiene una mirada cómplice con aquellos que lo pasan mal, con los enfermos y los pobres, los oprimidos y los deprimidos. Cuando Jesús nos invita a ser misericordiosos como el Padre celestial es misericordioso, nos está indicando cuáles deben ser nuestras complicidades.

Un buen ejercicio para los profesores de religión sería invitar a sus alumnos a buscar historias de complicidad en la Biblia: la de Judas con los sacerdotes que prenden a Jesús, la de las mujeres que están al pié de la cruz, la de María con su prima Isabel. O estas otras del Antiguo Testamento: la de Jonatán, el hijo del rey Saul, que avisa a David de que el rey quiere matarle; la de Rajab, la prostituta de Jericó, que esconde a los espías israelitas en su casa; la de Rut que no quiere abandonar a su suegra Noemí, cuando se queda viuda. En las historias de solidaridad se descubre un reflejo de la bondad de Dios. Los personajes que aparecen no siempre son recomendables a primera vista, como es el caso de la prostituta Rajab. Pero estos personajes son propuestos a nuestra imitación precisamente porque supieron discernir quiénes son los cómplices malos y los cómplices buenos.

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16
Jul
2014
Las gacelas, presas de la nostalgia
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Antoine de Saint-Exupéry, el autor del Principito, cuenta una curiosa historia sobre la cría de gacelas en un oasis de los confines del Sahara: capturadas jóvenes, comen en la mano, se dejan acariciar y, cuando se las cree domesticadas, se las encuentra empujando contra el cerco, en dirección al desierto. Estas gacelas que han vivido siempre encerradas y nada saben de la libertad de las arenas, ignoran lo que quieren. Buscan galopar a ciento treinta kilómetros por hora, buscan los chacales, que las obligaran a superarse, a dar grandes saltos, a correr hasta desfallecer. No saben lo que quieren, pero lo quieren. Tienen nostalgia de realizar su ser de gacelas, aunque para ellas este ser sea todavía desconocido. El objeto del deseo existe, aunque no sepamos ni como se llama ni como describirlo.

Tomás de Aquino decía que hay en todo ser humano un deseo natural de ver a Dios. ¿En todo ser humano? ¿Cómo es esto posible si muchos creen que Dios no existe? Y, ¿cómo es esto posible si incluso para los que creen que existe, Dios es lo más desconocido? ¿Cómo se puede desear lo que no existe o lo que no se conoce? El deseo natural del que habla Santo Tomás es un deseo de felicidad, de bien, de belleza, de plenitud. Tomás, como creyente, estaba convencido de que Dios es la suma bienaventuranza y la plena felicidad del ser humano. Aunque no lo sepamos, buscamos a Dios. Por eso, muchas veces experimentamos la frustración de los bienes de este mundo. Sin duda, en este mundo hay cosas buenas y placenteras. Pero ellas no logran hacernos felices del todo. El ser humano siempre busca más, es un ser permanentemente insatisfecho. Nada de este mundo le llena.

La nostalgia es lo propio de los humanos. San Agustín decía que el corazón humano está inquieto mientras no descansa en Dios. Como en este mundo nunca nos encontramos clara y totalmente con Dios, nuestro corazón está siempre inquieto, demandando más, dando sin parar nuevos rodeos. Miguel de Unamuno decía que la satisfacción de todo anhelo no es más que semilla de un anhelo más grande y más imperioso. Por su parte, J.P. Sartre habló del hombre como pasión inútil. Es interesante el contexto de esta afirmación: el ser humano desea, ni más ni menos, que ser Dios. Pero como Dios no existe, el ser humano es una pasión inútil.

La carta a los hebreos describe a los creyentes como peregrinos, porque van en busca de una ciudad mejor, una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. Dentro de nosotros hay algo que nos mueve a buscar una patria última y definitiva. Somos caminantes en busca de la verdad de nuestra vida, como el espacio abierto del desierto constituye la verdad de la vida de las gacelas.

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12
Jul
2014
Nada más delicioso que el prójimo
5 comentarios

El análisis que hacía en el post anterior es incompleto. En realidad el ser humano es una mezcla compleja de sentimientos y tendencias. Está sometido a múltiples solicitaciones, unas buenas y otras malas. Quizás es más fácil hacer caso de las malas. Pero cuando uno ha podido ver en sus padres o en sus maestros muestras de generosidad, se ha dado cuenta que tales actitudes enlazaban con sentimientos muy profundos de su ser. El egoísmo es una tendencia que nos acompaña siempre, pero hay otras tendencias que anidan en nosotros y contrarrestan los impulsos egoístas. La compasión también es un sentimiento natural. Cuando yo veo la desgracia del otro, siento que eso mismo podría ocurrirme a mí. Esta reflexión me ayuda a sentir la dolencia del otro como algo propio, a mirarle con simpatía.

El rostro sufriente nos interpela. Yo puedo negarme a responder ante este interpelación. Cuando un pobre, un enfermo o un emigrante, llama a mi puerta, yo puedo negarme a responder, o responder con un portazo, o mirar para otro lado. Pero puedo también dejar lo mío para atenderle. Eso es exactamente amor: dejar lo mío para atender lo ajeno. A veces pensamos que el amor es un sentimiento. Sin duda hay sentimiento en el amor. Pero si lo reducimos a sentimiento, entonces el amor es muy limitado: los que no me caen bien, no pueden ser objeto de mi amor. Cuando entendemos el amor como sentimiento, pensamos que amar es sencillo: basta encontrar alguien que me guste. Pero en realidad el amor es una aptitud y una actitud. Porque es una aptitud puedo concretarla en actitudes. Y porque es una aptitud puede cultivarla y mejorarla. Ya no se trata de encontrar a alguien que me guste, sino de decidirme a poner en práctica mi capacidad de amor.

Dejar lo mío para acoger al otro es amor. Y eso es humano y es divino. Toda persona debería plantearse esta pregunta: cuándo somos más humanos, ¿cuando amamos o cuando odiamos? El evangelio ilumina la actitud de amar con esta palabra: el que pierde su vida por el otro, ese la gana. En el dejar lo mío parece que hay una pérdida. En realidad, el evangelio nos descubre que ahí está la máxima ganancia. En el amor todos salimos ganando. Y cuando ganamos nos sentimos a gusto, estamos contentos. La ganancia del amor produce alegría y resulta deliciosa. Algo de eso insinuaba el salmista cuando afirmaba que vivir los hermanos unidos es una dulzura y una delicia.

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8
Jul
2014
Nada es más molesto que el prójimo
6 comentarios

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¡Una conmovedora exhortación poco realista! Porque la historia y la vida nos enseñan que lo realista no es amar al prójimo sino amarse a uno mismo. Peor aún, a veces la historia enseña que lo realista es que el hombre es un lobo para el hombre. El peor enemigo del hombre es el propio hombre. ¿Cómo es esto posible? Precisamente porque somos egoístas. Cada uno busca lo suyo, por encima de los demás y a costa de los demás. Ante tal coincidencia de intereses, necesariamente chocamos los unos con los otros. Cada uno es un estorbo para que el otro pueda sobresalir. Nada hay más molesto que el prójimo. La teología católica habla de un pecado original, resultado del primer acto de libertad del ser humano. En cuanto tuvo capacidad para decidir, lo que primero vino a la mente del humano fue esto: pretender ser dueño absoluto de sí mismo, no deberse a nadie, tener plenos poderes.

El egoísmo está tan arraigado en la naturaleza humana que, incluso cuando parece que somos amables y generosos, somos egoístas. Me muestro amable con aquellos de los que quiero obtener algo para mi propio provecho. Y aparento generosidad pensando en mi propio beneficio. ¿A qué se debe que de vez en cuando los comercios rebajen los precios? No lo hacen para favorecer al comprador, sino para incitar a los compradores a consumir más. De este modo el comerciante obtiene más beneficios. Esa regla es aplicable al conjunto de la sociedad. Si yo no me muestro violento con el prójimo o no le ataco directamente, no es por falta de ganas, sino porque pienso que esta actitud (de no agresión) me beneficia, o porque temo que, de adoptarla, me arriesgo a grandes perjuicios. Los efectos más perversos y destructivos del egoísmo, llevados al extremo, terminarían por ser autodestructivos.

Así se comprende eso que dice el código de Hammurabi: “ojo por ojo, diente por diente y mano por mano”. En este antiguo código se basan los modernos códigos de justicia. Pero ahí el amor y el desinterés están totalmente ausentes. De lo que se trata es de dar una respuesta proporcionada al mal que el otro me hace, y evitar los excesos de la venganza. Porque si devuelvo dos por uno, entonces me arriesgo a que el otro también me devuelva el doble de mal, y a entrar así en un círculo imparable de réplicas y contrarréplicas que podrían destruirme. Continuará.

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