No es tiempo de dormir, sino de rogar con solicitud a nuestro dulce Español (Domingo) para que no duerma sobre su Orden
Sta. Catalina de Siena "El Diálogo" c. 158
Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP

Atentados eucarísticos y atentados fraternos

martes, 05 de enero de 2010 | Hay 16 comentarios

Cada vez estoy más convencido de la necesidad de una buena cultura religiosa, al menos en los cristianos. Para evitar afirmaciones que, quizás dichas con buena voluntad, resultan aberrantes y hacen odiosa la religión. No es fácil desprenderse de la sensibilidad y, sin duda, algunos temas, tocan muy de cerca la sensibilidad de mucha buena gente. Por eso es todavía si cabe más importante una buena formación, para controlar dentro de sus justos límites esa sensibilidad.

 

No hace mucho, Lucía Caram lamentaba que hubiera personas que iban a la caza de políticos que se confiesan católicos, para comprobar si se atrevían a comulgar tras haber votado leyes contrarias a la moral católica. En este asunto, me importa la reacción de uno de sus lectores, que argumentó que el cuerpo de un bebé es menos inocente que el cuerpo de Cristo y tomar sacrílegamente el cuerpo de Cristo es algo así como una pederastia eucarística. Es una reacción extrema. Pero enlaza con la sensibilidad de quienes consideran que profanar la eucaristía es mucho más grave que un atentado contra un niño. Y no es así. Porque en la Eucaristía Cristo está presente “sacramentalmente”, bajo la forma de pan y de vino. Si se profana el sacramento, nunca se manipula a Dios, ni se hiere físicamente a Cristo.

 

Dicho de forma provocativa: si se pincha la hostia consagrada, de allí no sale sangre, porque no la hay. Una cosa es que el sacramento merezca un gran respeto y otra confundir los planos y pasar de lo sacramental a lo físico, deduciendo que una profanación del sacramento es una herida al Cuerpo de Cristo, supongo que al celestial (porque mundano ya no lo hay) y, por tanto, es más punible que una herida al ser humano, dada la mayor dignidad del ofendido. Cada vez que intentamos manipular a Dios, solo nos encontramos con el mundo. Y a través del mundo, sobre todo a través del prójimo, es como nos encontramos sacramentalmente con Dios. Por eso, se puede y debe decir que un atentado contra el ser humano es un atentado contra Dios. Lo que no se puede ni debe es comparar un atentado contra el sacramento con un atentado contra el ser humano, porque no hay atentados directos contra Dios.



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