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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

11
Mar
2022
Vida transfigurada
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Para entender el relato de la transfiguración de Jesús, que siempre se lee el segundo domingo de cuaresma, hay que tener en cuenta que, en los tres evangelios de Marcos, Mateo y Lucas, viene precedido por el anuncio de la pasión: Jesús declara a sus discípulos que el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser crucificado. Este anuncio dejó desconcertados a los discípulos, como queda claro por la reacción de Pedro, según los evangelios de Marcos y Mateo. En efecto, Pedro, escandalizado increpa al Señor: no permitiremos que esto te suceda nunca. La transfiguración es como una especie de compensación por el anuncio que Jesús acaba de hacer de su muerte. Es un modo de anticipar que esta muerte termina en la Pascua, en la gloria de la resurrección.

Si un día tienen ocasión de visitar la Iglesia del monte Tabor, les aconsejo que se fijen en uno de los frescos de la Iglesia que interpreta la transfiguración como una clave de toda la vida de Jesús. Su vida entera se va transfigurando, adquiriendo una nueva figura, para nuestra salvación. Esta transfiguración comienza en la Encarnación cuando la Palabra se hace carne (primera parte del fresco); también Jesús se transfigura cuando se hace Eucaristía (2ª pintura); se transfigura en cordero para quitar el pecado del mundo (3º pintura); y su obra transfiguradora culmina en la resurrección (4º parte del fresco), cuando Jesús adquiere su definitiva figura.

El domingo pasado escuchamos el relato de las tentaciones de Jesús. Jesús tentado como nosotros puede comprender a los que son tentados y tener misericordia de ellos. Del Jesús tentado hemos pasado al Jesús transfigurado. Quizás resulta fácil identificarnos con el Jesús tentado. También debemos identificarnos con el Jesús transfigurado. A esto nos invita la voz que surge de la nube: “este es mi Hijo amado, escuchadle”. Escucharlo es identificarnos con él. Y hacer de nuestra vida una vida de personas resucitadas, personas que resucitan al vencer al pecado.

Lo propio del cristiano no es el pecado. Lo propio del cristiano es la vida, la capacidad de transfigurar todas las situaciones de muerte en situaciones de vida. ¿De qué manera? Transmitiendo amor. Porque el que ama ha pasado de la muerte a la vida. Transmitiendo alegría, la alegría que el mundo no puede quitarnos, porque está fundamentada en la fe en Cristo y en el amor a los hermanos. Y contagiando esperanza, la esperanza de que el mal, a pesar de todas las apariencias, no tiene la última palabra. La Palabra definitiva es Cristo resucitado de entre los muertos.

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8
Mar
2022
Guerra, mafias y refugiados
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Hay informaciones ciertas sobre la desgraciada guerra en Ucrania que no ocupan la portada de los periódicos. Pero es bueno que se conozcan. Las mafias están haciendo su negocio aprovechándose de la bondad de muchas personas, apropiándose de bienes que se envían a Ucrania y no llegan a sus destinatarios, porque son sustraídos por grupos criminales o, al menos, grupos de ladrones que se aprovechan de la desgracia ajena. No es seguro que la ropa o los alimentos que, con la mejor buena voluntad se entregan, lleguen a Ucrania. A guerra revuelta, ganancia de mafiosos.

Lo más seguro es entregar dinero a Caritas o a instituciones religiosas que garantizan que ese dinero llega a hermanos de esas congregaciones religiosas que están sobre el terreno. Caritas de España envía directamente el dinero a Caritas Ucrania o a Caritas de los países limítrofes que ayudan en la misma frontera a los que huyen de la guerra, como Polonia, Rumanía, Bulgaria y Moldavia. Enviar el dinero a Caritas de Ucrania, en vez de alimentos, consigue varias cosas: una, que compren lo que de verdad necesitan; dos, que lo compren en el país y así puedan ayudar a los vendedores del propio país; tres, que con ese dinero se ayude a empresas de Ucrania, que todavía funcionan, sobre todo en los lugares más alejados del conflicto, y así puedan crear puestos de trabajo.

Los refugiados están llegando ya a España. Probablemente las instituciones religiosas que se ocupen de ayudarles no saldrán en la prensa. Pero seguro que serán las más efectivas. Caritas está preparando pisos para acoger a familias; está preguntando a las parroquias y a otras personas de buena voluntad si pueden ofrecer un piso. Téngase en cuenta que no se trata de pasar un fin de semana o un mes. Se calcula que se puede necesitar ese piso entre uno y tres años. Está el problema de la comida. Hay quién puede ofrecer un piso, pero no comida. Caritas entonces ofrece la comida. Están los niños, que hay que escolarizar. Es necesario ofrecer atención sanitaria. Y también ofrecer trabajo a las mujeres ucranianas y a los varones que se quedan en España. Muchas de esas personas son cristianas. Unas encuentran a amigos o familiares que ya están en España. Pero otras no. Esas son las que necesitan más ayuda.

En bastantes diócesis van a realizar colectas para ayudar a los refugiados y a las personas que se quedan en Ucrania. A veces, cuando se organizan colectas especiales, suelen surgir problemas y dificultades. En este caso, en vez de pegas, lo que hay es demanda. Son los propios fieles los que preguntan a los párrocos cuando va a hacerse la colecta. En Valencia, el tercer domingo de cuaresma.

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5
Mar
2022
En Ucrania la cuaresma es un calvario
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Las voces en contra de la guerra y a favor de la paz son cada vez más estruendosas. Desgraciadamente no tanto como las bombas que caen sobre las grandes ciudades de Ucrania, sembrando terror y muerte entre personas inocentes que no han provocado a nadie. No se vislumbra el final de esta locura. El Presidente de la República Francesa ha declarado que “lo peor está por llegar”. ¿Qué puede haber todavía de peor? Lo peor ha llegado ya, lo peor es más de lo mismo. En esta cuaresma, los ucranianos están pasando un verdadero calvario.

Una de las consecuencias de la guerra es que empiezan a faltar alimentos. Como los males nunca vienen solos, acabo de oír que las tropas rusas están acaparando los alimentos que encuentran en los almacenes abandonados por los ucranianos para revenderlos a precios quince o veinte veces superiores a su precio original. Además de matones, ladrones.

Una prueba más de lo diabólico que es el abuso de poder, tanto más diabólico cuanta más fuerza tiene y más daño hace, lo tenemos en el evangelio de las tentaciones de Jesús en la versión de Lucas. El diablo, llevando a Jesús a lo alto de un monte, le mostró todos los reinos del mundo y le dijo: a mi me ha sido dado el poder y la gloria de todo eso, y yo lo doy a quién quiero. ¿Estará diciendo el evangelista que el poder es lo propio del diablo y que lo reparte entre sus amigos? Desde luego, lo propio de Jesús no es el poder, sino el servicio y el amor desinteresado.

Algo bueno en medio de tanto mal: la actitud generosa y acogedora de muchos polacos, ofreciendo su ayuda y sus casas a los refugiados de Ucrania. También en España las delegaciones de Caritas están preparándose para acoger a familias de Ucrania que se han visto obligadas a abandonar su país. Dígase lo mismo de muchas personas particulares y de prácticamente todas las Congregaciones religiosas. En la página que alberga a este blog puede verse alguna noticia al respecto.

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3
Mar
2022
Alrededor de la mesa
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En torno a una mesa pueden ocurrir cosas buenas y cosas malas. Todo depende de quiénes se sienten a su alrededor. Este lunes pasado se sentaron dos delegaciones alrededor de una mesa, la rusa y la ucraniana. La delegación de Ucrania buscaba acabar con una guerra comenzada por el gobierno al que representaba la otra delegación. La delegación rusa buscaba imponer sus deseos. Más vale dialogar que bombardear, aunque el diálogo en torno a esta mesa no era un verdadero diálogo entre dos iguales. Una mesa en la que se sienta un poderoso frente a un oprimido no es una mesa deseable.

Hay mesas en las que conviene sentarse con prudencia, las mesas en las que se hacen negocios, más o menos justos, o se reparten los bienes, unas veces de forma egoísta y otras de forma más o menos generosa. Hay mesas deseables, como la mesa de la sabiduría, frente a la que se sienta el buen maestro, que acepta preguntas, aprende de los alumnos y hasta reconoce sus limitaciones.

Finalmente están las mesas vestidas de fiesta. Son mesas repletas de buenos manjares; en ellas, junto con la comida, se comparte la alegría, la conversación, la vida. Son las mesas de los compañeros, de los que comen pan conmigo. Mesas de fraternidad. A Jesús le gustaba comer con otros, porque así entablaba amistad con los comensales. Las comidas de Jesús eran signo del amor del Padre hacia los hombres, un amor que nos hace hermanos.

En torno a estas mesas vestidas de fiesta ocurre algo maravilloso: todos somos iguales, todos comulgamos en el mismo pan. Solo algunos consiguen ubicarse en una conferencia: depende de sus intereses o capacidades intelectuales. Pero todos se ubican alrededor de una mesa. Allí se encuentran el sabio y el ignorante, el viejo y el niño, el rico y el pobre, el inocente y el pecador. Incluso el traidor puede servirse del mismo plato que el santo (“el que ha metido conmigo la mano en el plato, ese me entregará”: Mt 26,23). Todos son iguales ante los alimentos.

A veces el alimento que está sobre la mesa es alimento para el espíritu, cuando sobre ella está el libro de la Palabra de Dios, pues no sólo de pan vive el hombre, su alimento fundamental es el pan de la Palabra de Dios (Mt 4,4). Por eso Jesús, a aquellos con los que comparte el pan (Jn 6,26), les anuncia el hambre de otro pan, que da vida para siempre (Jn 6,51). Jesús es este pan que baja del cielo (Jn 6,51).

Hay mesas donde nadie se siente extranjero: la mesa donde se imparte sabiduría, la de los compañeros, la de la Palabra de Dios. Esas son las mesas que importan. ¿Cómo convertir la mesa en torno a la que se sientan los delegados de los gobiernos de Rusia y de Ucrania en mesa de sabiduría o en mesa de fiesta? Este es el anhelo de muchos, incluidos bastantes rusos, que no se sienten bien representados por su gobierno.

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27
Feb
2022
No nos cansemos de hacer el bien
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El mensaje del Papa Francisco para esta cuaresma que vamos a comenzar está inspirado en un texto de la carta a los Gálatas: “no nos cansemos de hacer el bien, porque si no desfallecemos cosecharemos los frutos a su debido tiempo”.

El texto evoca la imagen de la siembra y la cosecha. No sólo la cuaresma, cualquier tiempo es bueno para hacer el bien. Y el bien es la mejor, casi la única siembra que debe hacer el cristiano. No solo el cristiano, sino todas las personas de buena voluntad, porque en el fondo de todo corazón anida el deseo de bien. El bien tiene muchas modalidades. Pero antes de ser algo concreto es una motivación, una inspiración, un espíritu que debe marcar todo lo que hacemos. Hagamos lo que hagamos, si nos mueve el amor, hacemos una buena obra.

Con todo acierto se pregunta el Papa: ¿y la cosecha?, ¿acaso la siembra no se hace con vistas a la cosecha? Pregunta oportuna, porque muchas veces hacemos el bien y no vemos los resultados. El estudiante que se esfuerza, espera ver resultados en forma de nota o de titulación. Pero el profesor que se esfuerza, a veces no ve resultados y tiene la sensación de estar perdiendo el tiempo. Lo que digo del profesor se aplica todavía más al misionero, al testigo del evangelio (todo cristiano es un misionero y un testigo). Hacemos el bien, un bien concreto, por ejemplo, a través de Caritas parroquial, y algunos no nos dan ni las gracias. Damos testimonio de nuestra fe y tenemos como resultado la indiferencia de los oyentes y, a veces, hasta la burla.

No conviene olvidar que el primer beneficiario del bien es el que lo hace. Hay ahí un resultado inmediato del bien. Los resultados a largo plazo, a veces, no los vemos, pero ocurren en el momento y en el lugar más inesperado. Además, la fe nos asegura que en Dios no se pierde ningún acto de amor, por pequeño que sea. Por otra parte, dice Francisco, “sembrar el bien para los demás nos libera de las estrechas lógicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduciéndonos en el maravilloso horizonte de los benévolos designios de Dios”.

Hacer el bien sin desfallecer es un modo de activar la esperanza cristiana. Cuando no se ven resultados, uno tiene la tentación de cruzarse de brazos o encerrarse en el propio egoísmo. Si a pesar de la pobreza de nuestros resultados, seguimos adelante sin desanimarnos, eso es signo de que nos mueve una gran esperanza, la esperanza de que para Dios no se pierde nada bueno de lo que hacemos.

El mensaje del Papa para esta cuaresma ofrece estos tres modos concretos de hacer el bien sin cansarse: no nos cansemos de orar, no nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida, no nos cansemos de hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo. Quizás hoy es muy necesario añadir un cuarto modo: no nos cansemos de ser constructores de paz.

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23
Feb
2022
¿Ha llegado ya la guerra?
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La pregunta que encabeza este artículo es retórica, porque la guerra nunca ha desaparecido de la faz de la tierra. Pero es claro que también en eso hay grados. La guerra en suelo de Ucrania parece ya una realidad. El dato es que las tropas rusas han ocupado ya parte del territorio de Ucrania, en concreto dos regiones supuestamente pro-rusas de este país.

Parece que a algunos les preocupan las consecuencias económicas del conflicto. Calculan en qué medida las exportaciones de cereales de Ucrania van a afectar a los precios de la carne en España, o también hasta donde llegará la escalada en los precios de la energía. Pero puestos a enfocar el asunto económicamente no cabe duda de que siempre habrá quién se enriquezca con esas subidas de precios. De hecho, la guerra misma es un gran negocio, entre otras cosas porque exige que se fabriquen armas muy costosas. Al final, los pobres son los que sufren las malas consecuencias de la mala política.

Lo peor de las guerras es el sufrimiento que producen en personas inocentes. El Papa acaba de manifestar su angustia y preocupación por el empeoramiento de la situación en Ucrania. “La paz de todos, ha dicho, está amenazada por los intereses de las partes”. No sé si esas partes son los gobernantes, que seguramente nada perderán con la guerra, pues si fueran a perder algo no la harían. Lo que es evidente es que con el “todos” el Papa está pensando en el sufrimiento de las personas. Y como tanto Joe Biden como Vladimir Putin se confiesan cristianos, el Papa, sin nombrarlos, ha dicho: “quiero hacer un llamamiento a quienes tienen responsabilidades políticas, para que hagan un serio examen de conciencia delante de Dios, que es Dios de la paz y no de la guerra; que es Padre de todos, no solo de algunos, que nos quiere hermanos y no enemigos”.

Por último, tras calificar a la violencia de “insensatez diabólica”, el Papa ha hecho un llamamiento a “creyentes y no creyentes”, invitando “a todos a hacer del próximo 2 de marzo, miércoles de ceniza, una Jornada de ayuno por la paz”, sin olvidar la oración que es “el arma de Dios”.

Ni este blog ni la página que lo alberga se ocupan de política, aunque sí pueden ocuparse de las consecuencias humanas y religiosas que comportan determinadas políticas. La guerra siempre es una mala política, un mal servicio a las personas y una ofensa a Dios, que nos quiere hermanos porque es Padre de todos.

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20
Feb
2022
Aprovecharse del dolor ajeno
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El pasado 16 de febrero un barco gallego se hundió en aguas de Terranova con 24 tripulantes, de los cuales 16 eran españoles y los otros ocho peruanos y ghaneses. Aunque a la balsa salvavidas llegaron siete hombres, cuatro murieron de hipotermia. Por tanto, solo ha habido tres supervivientes. Se han rescatado 9 fallecidos. Los otros 12 cuerpos siguen sin aparecer. A última hora del jueves, 17 de febrero, el gobierno de Canadá suspendió las labores de rescate de los cuerpos de los marineros desparecidos. Se comprende perfectamente el dolor de las familias y su deseo de que se reanuden las tareas de búsqueda de los cuerpos.

El sábado, día 19, las familias de los desaparecidos impulsaron una campaña recabando firmas para solicitar a los gobiernos de España y de Canadá la reactivación de la búsqueda de sus padres, esposos o hermanos. Como los estafadores utilizan cualquier ocasión para llevar a cabo sus fechorías, han aparecido personas desalmadas que están aprovechando esta campaña de firmas para pedir dinero con el falso pretexto de ayudar a las familias o repatriar los cadáveres. María José de Pazos, hija del jefe de máquinas del Villa Pitanxo, el barco hundido, ha declarado a la cadena Cope: “no den dinero, las familias no pedimos dinero, solamente apoyo”.

Las estafas a costa del dolor, la ansiedad y los miedos ajenos son frecuentes y tienen muchas variantes. Estoy convencido de que esas personas que se dedican a pronosticar el futuro de otras personas jugando con naipes del tarot son mentiras puras y duras. Y, sin embargo, hay quien acude a sus gabinetes o realiza llamadas telefónicas de alto coste a canales de televisión, buscando palabras de consuelo o de orientación. Falso consuelo y falsa orientación, evidentemente.

Yo mismo he recibido mensajes en los que me ofrecen altas cantidades de dinero, con solo responder a una determinada dirección. Nunca lo he hecho, aunque tengo una cierta curiosidad por saber cuál es el siguiente paso a una posible respuesta. Como siempre borro estos mensajes, lamento no poder copiar alguno. Pero más a menos dicen lo siguiente: “he encontrado su correo, estoy enfermo y me quedan pocos días de vida, no tengo herederos, dispongo de un millón de euros y he visto que usted es la persona adecuada para poder recibirlos y hacer con ellos buenas obras”. Más o menos.

En fin, si alguien les pide dinero para paliar el dolor de la tragedia ocurrida en Terranova, no se lo crean. Más aún, no se fíen de personas o instituciones desconocidas que les pidan o les ofrezcan dinero, por muy piadosos que sean sus motivos. Cuanto más piadoso o más trágico sea el motivo, menos de fiar es la persona que lo alega. No hay nada peor que hacer el mal so pretexto de hacer el bien.

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18
Feb
2022
¿Es posible amar al enemigo?
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“Tratad a los demás como queréis que ellos os traten”, escucharemos en el evangelio de este próximo domingo. No dice: como ellos os tratan, sino como deseas que ellos te traten. No es fácil vivirlo, pero es el fundamento de una convivencia pacífica. Y una clave para romper con esas espirales interminables que provoca la violencia. En Jesús, este principio, “como queréis que ellos os traten”, encuentra una aplicación inesperada: “amad a vuestros enemigos”. ¿Qué te gustaría que hiciera tu enemigo?, ¿no te gustaría que dejara de serlo?, ¿no te encantaría que te tratase bien? Pues eso debes hacer tú: lo que te gustaría que él te hiciera, pero no te hace. No te lo hace, porque es tu enemigo. Pero tú no puedes ser enemigo suyo. Un cristiano no puede ser enemigo de nadie. Jesús no era enemigo de nadie, pero tenía unos enemigos tales que le llevaron a la cruz.

Pero hay más. Pues en el amor al enemigo no se trata sólo ni principalmente de romper una espiral violenta que nunca acaba, en la que a cada réplica sucede una contrarréplica peor. Se trata de algo todavía más profundo: de ser hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. ¿Por qué? Porque Dios es así, Amor, sólo Amor y nada más que Amor. Por eso, en Él no cabe ningún asomo de no amor, ningún odio. Los discípulos de Jesús están llamados a aspirar a esa filiación, a parecerse a ese Padre que sólo sabe de amores. A vivir un amor gratuito, como el del Padre. Un amor a fondo perdido, que no ama porque espera recompensa o respuesta, sino que ama por la grandeza desbordante de su corazón amante.

Para los oyentes de Jesús los enemigos eran personajes muy concretos y muy crueles: los soldados romanos, los soldados de Herodes y los soldados del templo, que les oprimían, les obligaban a pagar altos impuestos con lo poco que tenían para comer. Los enemigos les mataban literalmente de hambre. No se trataba, pues, de vulgares rencillas vecinales. Eso hace todavía más desconcertante la palabra de Jesús. ¿Cómo amar a alguien así? ¿Cómo amar a quien me roba el pan de mis hijos o incluso a quien los mata? No conviene que espiritualicemos las palabras sobre el amor al enemigo, so pena de no entenderlas.

¿Cómo amar entonces a mi enemigo? En primer lugar, no poniéndome a su nivel, o sea, no devolviendo mal por mal. En segundo lugar, no deseándole mal; deseándole, por el contrario, lo que me gustaría que él me desease a mi. En tercer lugar, deseándole bien; esto es fundamental en todo amor: el que ama desea el bien del amado. Y es fundamental para entender lo que Jesús dice. Pues Jesús no dice: tienes que estar de acuerdo con tu enemigo; o tienes que aplaudir lo que él hace. Tampoco dice: tienes que tener intimidad con él. No. Dice: tienes que amarle. Y amarle es ante todo desearle bien. Y desearle bien puede ser desear que cambie de actitud, que actúe de otra manera, que deje de hacer el mal, que se convierta, en definitiva.

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14
Feb
2022
Tambores de guerra
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Tanto el Patriarca de Constantinopla, Bartolomé, como el Papa de Roma, Francisco, están alarmados ante los tambores que anuncian una nueva guerra en suelo europeo. El país que está en mayor peligro es Ucrania, pero no hay que descartar que si estalla la guerra se extienda a Bielorrusia e incluso a Polonia. De hecho, la práctica totalidad de los países de la OTAN han pedido a sus ciudadanos que abandonen Ucrania. La alarma de Francisco y de Bartolomé les está moviendo a hacer constantes llamadas a favor de la paz y a invitar a que todos oremos al Dios de la paz para que cambie los corazones de los que gobiernan, de modo que el Espíritu de reconciliación mueva a la negociación y al diálogo. El diálogo implica capacidad de ceder, deseo de llegar a un acuerdo y de encontrar soluciones. Desgraciadamente, sospecho que muchos políticos, más que acuerdos, lo que buscan es someter a los otros y dejar claro quién es el más fuerte.

Los datos son lo de menos, pero el hecho es que Rusia ya ocupa una parte de Ucrania, como es Crimea; y actualmente tiene más de cien mil soldados en la frontera con Ucrania. Recemos, pues, para que los tambores de guerra se queden solo en eso, en tambores que resuenan, que asustan, pero sin ir más allá. Recemos, sí, porque la situación es difícil. La guerra es una locura y nunca conduce a nada bueno. Solo destruye. Y lo que luego se edifica sobre ruinas está marcado por el odio y el rencor.

Las naciones fabrican armas de guerra con el falso propósito de defender la paz. Hoy las armas han logrado un grado de perfección tal (si es que a lo que solo sirve para el mal se le puede calificar con este adjetivo, en realidad habría que decir que las armas han logrado un grado de maldición), que ya no distinguen entre beligerantes y civiles. Normalmente, en las guerras los que más sufren son los ciudadanos desarmados.

No pretendo sacar de todo esto una conclusión moralizante, pero creo que estos tambores de guerra deben invitarnos a examinar nuestros sentimientos, porque también en ellos hay deseos de venganza. Cada uno da rienda suelta a esos malos deseos en la medida de sus posibilidades. Por eso, la sinceridad de nuestras oraciones por la paz en Europa encuentra su piedra de toque en nuestra disposición a la reconciliación con aquellas personas más cercanas que nos han dañado.

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11
Feb
2022
¿En quién confías?
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El Evangelio del próximo domingo es una llamada a la confianza en Dios. Las bienaventuranzas evangélicas no están ahí sólo ni principalmente para consolarnos frente a las injusticias y desgracias de este mundo. No son una llamada a la resignación. Las bienaventuranzas son una bendición, una ocasión para hablar bien de Dios que, incluso en la aflicción se muestra poderoso, acompañando y sosteniendo a los suyos. En ellas Cristo nos declara felices y se congratula con nosotros porque él sabe muy bien como nos mira el Padre celestial. El motivo de la felicidad no es la pobreza, sino el lugar que ocupamos en el corazón del Padre.

Las bienaventuranzas no nos evaden de los problemas de este mundo. Al contrario, nos comprometen a trabajar por un mundo más justo y humano. Son muy realistas. En todo lugar y tiempo, en la Palestina de Jesús y en nuestro mundo, hay pobres, hambrientos y perseguidos. Un cristiano no vive el espíritu de estas bienaventuranzas si no se solidariza con ellos, imitando así al Padre celestial. Con una solidaridad real, efectiva y afectiva. Dios no quiere el sufrimiento, pero ama a los que sufren. Nosotros, hijos de Dios llamados a identificarnos con su Hijo Jesús, estamos invitados a tener esos sentimientos divinos.

En la versión de Lucas las bienaventuranzas van acompañadas de una serie de maldiciones. Se trata de una seria advertencia para aquellos que buscan la felicidad en el poder, el prestigio o la ambición. También ahí Jesús es muy realista y nos plantea a todos una pregunta decisiva: ¿en qué o en quién confías? ¿Dónde pones tu corazón? No se puede vivir con un corazón dividido. No se puede buscar el poder y a la vez querer ser solidario con el débil. No se puede confiar a la vez en Dios y en el dinero. No pueden construirse armas de guerra con el falso propósito de defender la paz.

El evangelio del próximo domingo, con ese contrapunto tan desconcertante a las bienaventuranzas, rompe con esas pretensiones nuestras (a veces incluso inconscientes) de compatibilizar lo incompatible: el afán de dinero y la solidaridad, la búsqueda de poder y la cercanía a los hermanos, el ser cristiano y el miedo a proclamar que lo somos. En suma, no es posible vivir como un impío y gozarse en la ley del Señor. Ya lo dice la sabiduría popular: no se puede poner una vela a Dios y otra al diablo.

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