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Nov2015Enviados a anunciar el Evangelio
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Nov
Se acaba de inaugurar el año jubilar por los 800 años de vida y misión de la Orden de Predicadores. Algunos nos conocen como “dominicos”, por haber sido fundados por Domingo de Guzmán. Lo que Domingo quiso fue una familia, compuesta ya desde sus comienzos por monjas, laicos y frailes, que tuviera como misión fundamental anunciar el Evangelio. Domingo fundó la Orden de Predicadores. ¿Por qué? Primero porque el Evangelio es fuente de alegría, de vida y de sentido para todo ser humano. Por eso, lo mejor que puede hacer alguien que ha descubierto el valor del Evangelio es darlo a conocer. Y lo dan a conocer, por decirlo con una expresión de Tomás de Aquino, los “predicadores de la fe”. Y luego, porque en tiempos de Santo Domingo, por distintos motivos, el Evangelio no era bien anunciado. Y cuando un producto maravilloso se publicita mal, corre el riesgo de no ser acogido o de ser acogido de forma inadecuada.
Los dominicos no pretendemos tener ninguna exclusiva. Pretendemos anunciar el Evangelio de la gracia y de la misericordia. Si otros lo hacen, bien venidos sean. Nosotros lo anunciamos con un estilo propio, hecho de oración y estudio, y desde una comunidad de hermanos. La contemplación, que vale por sí misma, es imprescindible para transmitir lo contemplado.
Este pasado sábado, día 7, la etiqueta #op800 fue “trending topic” en España y en Estados Unidos. Noticia interesante, pero secundaria. Con todo es reflejo de que muchas y muchos tuvieron interés en que este Jubileo fuera conocido. También el sábado por la tarde, en la Iglesia de las Monjas dominicas de Santo Domingo el Real de Madrid, en donde se conserva la pila en la que fue bautizado Domingo de Guzmán, representantes de la familia dominicana en España celebraron unas Vísperas inaugurales del Jubileo, presididas por el Arzobispo de Madrid.
Monseñor Osoro tuvo una intervención no sólo cercana y cariñosa, sino brillante. Habló, de la comprensión, de la compasión, de la capacidad de acogida que debe caracterizar la vida de las y los dominicos, empleando una sugerente imagen; y añadió: “sigan ustedes así”. Su homilía se centró en tres palabras: gratitud, peregrinación y ocupación. Gratitud a Dios por su llamada. Peregrinación porque nos llama a salir de nosotros mismos, a dejar nuestra tierra; ahora bien, un peregrino, a diferencia de un vagabundo, sabe cuál es la meta, sabe a dónde va. Y ocupación: permanentemente ocupados en anunciar el Evangelio, teniendo en cuenta la diversidad de circunstancias, lugares, tiempos y personas.
El domingo, día 8, tuvo lugar, en la Iglesia de san Pedro mártir, la solemne Misa inaugural, que TVE2 retransmitió. Pueden encontrar el video en nuestra página web. La homilía fue muy apropiada. La Iglesia llena. El coro de 200 personas espectacular. Un buen solista y 200 voces distintas, bien dirigidas, acompañadas por un órgano y dos violines, todas de la misma familia, en una hermosa sinfonía, signo de pluralidad en la comunión.
El ocho de diciembre, en la fiesta de la Inmaculada Concepción del año 1965, el Papa Pablo VI clausuraba el Concilio Ecuménico Vaticano II. Están a punto de cumplirse, pues, los cincuenta años de la clausura de un acontecimiento que ha marcado la reciente vida de la Iglesia. Es una buena ocasión para recordarlo, siempre que utilicemos bien este recuerdo.
A lo largo de su ministerio Jesús se vio confrontado a una serie de preguntas trampa, hechas con mala intención con el fin de comprometerle y de dejarle en una mala posición. Los evangelistas lo dicen literalmente. Los fariseos, los herodianos, los legistas hacen preguntas a Jesús con la intención de tenderle una trampa. Esto nos remite a algo muy presente en la vida de Jesús: su diálogo con sus contemporáneos fue, con bastante frecuencia, conflictivo.
El presente año 2015 ha sido proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como “Año Internacional de la Luz y de las Tecnologías basadas en la luz”. España es uno de los 35 países que patrocinan esta resolución. Ofrezco una idea a los profesores de religión y a los agentes de pastoral de los colegios católicos: aprovechar este acontecimiento para hacer notar a los alumnos las distintas perspectivas desde las que es posible considerar la luz. No solo hay perspectivas científico-técnicas. También las hay esotéricas: el número 5 está marcado por un simbolismo energético que representa la fuerza y la unión de los cinco elementos que son aire, agua, tierra, fuego y éter. Otra perspectiva puede ser la artística: la pintura, ¿no es en muchas ocasiones un juego de luces? Otra es la religiosa y, más en concreto, la cristiana. De hecho el Nuevo Testamento dice que “Dios es luz”, que “Cristo es la luz del mundo” y que los cristianos son luz de la tierra.
Me contaba un Obispo sudamericano lo que le había ocurrido cuando visitó a unas personas humildes y pobres. En una casa bastante oscura había colgado en la pared un cuadro antiguo, con una vela delante. El obispo quedó intrigado porque no reconocía al personaje del cuadro. Y cuando preguntó a aquella buena gente de qué santo se trataba, le dijeron: “es el diablo”. La vela, según la explicaron, estaba allí por precaución, porque conviene poner una vela a Dios y otra al diablo.
Con ocasión del Sínodo dedicado a la familia se ha repetido, desde distintos ámbitos, que “la doctrina no cambia”. A este respecto conviene hacer alguna precisión, pues la doctrina sí cambia. Lo que se mantiene es la fe. Hay que distinguir entre doctrina de la Iglesia y fe de la Iglesia. Durante mucho tiempo fue doctrina eclesial que quienes morían sin recibir el bautismo no podían conseguir la salvación, incluidos los niños que no habían podido cometer pecado alguno. A este respecto la Comisión Teológica Internacional ha declarado: “la afirmación según la cual los niños que mueren sin Bautismo sufren la privación de la visión beatífica ha sido durante mucho tiempo doctrina común de la Iglesia, que es algo distinto de la fe de la Iglesia”.
Hay una actitud muy humana, propia de varones y mujeres, pero que la cultura popular ha relacionado con lo femenino: la ternura. La ternura es este sentimiento que nos retrotrae a la infancia. Hasta ahora ha quedado relegada a momentos de intimidad afectiva o como medio de relacionarnos con quienes consideramos más débiles, como pueden ser los niños. Hoy, cuando tantas personas tienen necesidad de cariño y de afecto, volvemos a comprender que la ternura debería estar presente en todas nuestras relaciones.
Lo fundamental en la Iglesia es la santidad, o sea, responder al amor que Cristo nos tiene. Todo lo demás, en la Iglesia, está ordenado a la santidad, a la unión con Cristo. Y en la jerarquía de la santidad, María es figura de la Iglesia. Así se comprende esta comparación, para algunos quizás sorprendente, que Juan Pablo II hizo entre la figura de María y la figura de Pedro: “La Iglesia es a la vez mariana y apostólico-petrina”. No es posible prescindir de ninguno de estos dos aspectos en la Iglesia. Aún así, la primacía la tiene el aspecto “mariano”. Por eso añade el Papa: “Este perfil mariano es igualmente –si no lo es mucho más- fundamental y característico de la Iglesia, que el perfil apostólico y petrino, al que está profundamente unido. La dimensión mariana antecede a la petrina”.