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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

14
Abr
2021

La corporalidad de Jesús resucitado y la nuestra

4 comentarios
corporalidadresucitado

Los primeros testigos indican reiteradamente que en el Resucitado se encuentran las señales humanas del Crucificado; en el Resucitado, aunque de manera nueva y distinta, se encuentran todos los signos de la corporalidad, pues es aquella corporalidad la que ha entrado en el mundo definitivo de Dios. Las llagas de Cristo resucitado son expresión de su identidad, o sea, pertenecen a su nuevo modo de resucitado. Dicho de otro modo: Jesús, vencedor de la muerte, no abandona lo caduco de su existencia mortal. La debilidad de la carne mortal ha sido asumida en la gloria del cuerpo resucitado. A Jesús y a nosotros, el Padre nos acoge con toda nuestra realidad, purificada y transformada, pero no por eso menos nuestra y menos real.

La corporalidad de Jesús resucitado se prolonga en todos los cuerpos humanos, que deben ser respetados y cuidados, primero porque son imagen de Dios y después porque Dios ama la carne y, por eso, la resucita, como decía Tertuliano. Y si Dios ama la carne, debe ser respetada y cuidada. Dios no puede estar contento cuando se mancilla o se maltrata aquello que ama. Al respecto decía en su Catequesis XVIII Cirilo de Jerusalén: “Todo el que cree en la resurrección, cuida bien de sí mismo; pero el que no cree en ella se entrega a la perdición. El que cree que a su cuerpo le espera la resurrección, respeta este vestido sin mancharlo con fornicaciones; pero quien no cree en ella se entrega a la fornicación y abusa de su cuerpo como si fuera ajeno”.

De la fe en la resurrección de la carne se deduce el respeto que merecen los cuerpos de los demás, o sea, toda vida humana, también la de los ancianos, o la de personas con necesidades especiales. En todas estas carnes hay un halo de eternidad, está la carne de Cristo, la carne de Dios (cf. Mt 25,31 ss.). Todo lo que Dios ha hecho es bueno, muy bueno (Gen 1,31; 1 Tim 4,4). Por eso merece ser respetado, cuidado y conservado.

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1
Pilar Bendicho
14 de Abril de 2021 a las 15:31

Al igual que Jesús, nuestra corporalidad tendrá nuestros signos, purificados, Dios nos ama, y lo mínimo que podemos hacer es mostrarle nuestro agradecimiento cuidando nuestro cuerpo y espíritu, como bien ha dicho, no hay que olvidar a ancianos y con necesidades especiales, y como no, a los no nacidos, que son carne, amada por El, y abortada por el ser humano. Jesús no abandona lo caduco, yo creo que no lo abandona para mostrarlo a los incrédulos y que así lo reconocieran, Él puede tomar la corporalidad que crea necesaria según el momento.

2
Hormias
14 de Abril de 2021 a las 17:54

Qué el señor nos enseñe el camino

3
Néstor
15 de Abril de 2021 a las 08:36

Cierto todo lo que dices Martín, el propio Tertuliano también decía que 'la carne es el quicio de la salvación'. Si hay algo propio del cristianismo es ser una religión de la carne. Dios ama tanto lo humano que se encarna, Dios ha venido a lo suyo, y lo suyo es propiamente lo nuestro: la carne, la corporalidad. Un Dios encarnado es un Dios cercano y creíble. Gracias por el post. Un abrazo

4
Mercedes
15 de Abril de 2021 a las 21:24

Parte de un Himno de la liturgia de las Horas ..que va como anillo al dedo !

“Carne soy, y de carne te quiero. ¡Caridad que viniste a mi indigencia, qué bien sabes hablar en mi dialecto! Así, sufriente, corporal, amigo, ¡cómo te entiendo!
¡Dulce locura de misericordia:
los dos de carne y hueso!”

Gracias , fray Martin

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