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Oct2026Aniversario beatificación mártires valencianos
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El domingo, 27 de septiembre, a las 18 horas, presidida por el Arzobispo de Valencia, se celebró en la Catedral una Eucaristía de acción de gracias con motivo del XXV aniversario de la beatificación de 233 mártires valencianos en marzo del 2001, por Juan Pablo II.
En el folleto que se había preparado y repartido a los fieles aparecían los nombres de los 233 beatos con alguna pequeña indicación sobre cada uno. Dos de ellos me interesan particularmente. Uno el dominico de la Provincia de Aragón Luís Urbano Lanaspa, un hombre de fe y un científico, académico de la Real Sociedad Española de Física y Química y de la Real Sociedad Matemática Española. Fue el fundador del Colegio de San Vicente Ferrer de Valencia, la casa donde resido actualmente. En mi convento, cada martes, después de Vísperas, tenemos un recuerdo especial al beato Luís Urbano.
Por motivos familiares me interesa todavía más el beato Pedro Gelabert Amer, jesuita, natural de Manacor (el pueblo del tenista Rafael Nadal), hermano de mi abuelo, asesinado en Gandía. Fue hombre de fe y oración, trabajador y siempre dispuesto a complacer y servir a todos, poniendo en juego las habilidades que Dios le había dado. En Gandía era frecuente que le llamaran para ayudar a poner en marcha las primeras máquinas de cine sonoro. Allí donde le necesitaban estaba de forma callada y eficaz, haciendo lo que fuera necesario para que los demás estuvieran felices.
De entre las muchas cosas que podrían decirse, me limito a copiar lo que dice uno de los testigos de su proceso de beatificación: “Era el hombre más simpático que he encontrado en mi vida. Muy animoso, y en la cárcel era muy voluntarioso, pues nos quitaba el trabajo de las manos y lo quería hacer él todo, cuando estábamos en la cárcel. Era optimista porque era un santo. Cuando íbamos en el coche camino de la muerte, iba contentísimo, haciendo chistes y con gran alegría”.
A los pocos días de su beatificación, hace 25 años, se celebró una Eucaristía de acción de gracias en la Iglesia de los Jesuitas de Palma de Mallorca, que presidí yo. No recuerdo lo que dije en la homilía, pero sí lo que dije a algunos periodistas que al final de la Misa me preguntaron: “Mi familia da las gracias a la Iglesia por esta beatificación. Pero también quiero decir que si estamos a favor de los mártires, que merecen todo honor y toda gloria, estamos en contra del martirio. Mi familia está a favor de la paz y de la reconciliación entre las personas y los pueblos”.






