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Oct2026El Rosario, compendio del Evangelio
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Oct

Pablo VI, en su exhortación apostólica Marialis Cultus, recuerda que Pío XII llamó al rosario “compendio del Evangelio”. Calificación, sin duda, acertada porque tanto el enunciado de los misterios como las fórmulas principales están claramente sacadas del Evangelio. Los quince misterios tradicionales inciden en aspectos fundamentales de nuestra fe que nunca debemos olvidar: la encarnación, la crucifixión, la resurrección de Jesús y el envío del Espíritu Santo. A estos aspectos fundamentales se añaden otros que recuerdan la implicación de María en la vida de Jesús; la figura de María podemos muy bien considerarla como prototipo de todo creyente, que debe implicarse en el seguimiento de Cristo. Solo cuando vamos con Jesús y nos implicamos personalmente con él comprendemos quién es, dónde mora, a dónde nos conduce y qué quiere de nosotros.
Juan Pablo II, al añadir a los misterios tradicionales, los misterios luminosos, completó algunos aspectos de la vida pública de Jesús tal como se encuentra en los evangelios: bautismo de Jesús en el Jordán, Jesús en las bodas de Caná, la predicación del Reino, la transfiguración y la eucaristía. Rezando y meditando los misterios del Rosario estamos meditando la Palabra de Dios acompañada por el rezo continuo de Padrenuestros y Avemarías. La sucesión armoniosa de las Avemarías nos remite a un misterio fundamental del Evangelio: la encarnación del Verbo en el momento de la anunciación hecha a María.
Podemos distinguir tres partes en el Avemaría. Una procede de las palabras del ángel en la anunciación: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28). La segunda parte la hace Isabel, madre de Juan Bautista: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre” (Lc 1,42). Tomás de Aquino hace notar que la tercera parte la ha añadido la Iglesia, a saber, la palabra “María”. Pues el ángel no dijo: “Alégrate, María”, sino “Alégrate, llena de gracia”. Y añade Sto. Tomás: “La frase: el Señor está contigo, es la expresión más noble que se le pudo decir a María. Justamente, por tanto, el ángel reverencia a la Virgen bienaventurada, ya que es la Madre del Señor y por lo tanto también Señora. Por lo que también por esto le conviene el nombre de María, que en lengua siríaca se interpreta como Señora”. Otra interpretación del nombre de María, sigue diciendo el santo, es el de “Estrella del mar, ya que del mismo modo que los navegantes se orientan hacia el puerto mediante una estrella del mar, así los cristianos por medio de María son llevados hacia la gloria”.
Una cosa más para acabar esta reflexión. El mes de octubre es el mes del Rosario. En la Misa que el pasado 27 de septiembre el Papa celebró en Lourdes invitó “a todos los fieles y a todas las comunidades cristianas a rezar el Santo Rosario” durante este mes de octubre “con la intención particular de que cesen las guerras y se establezca la paz entre los pueblos en conflicto”. El lugar y la recomendación son de lo más oportuno: en Lourdes, y también en Fátima, María encomendó a los videntes que rezasen el rosario por la paz en el mundo, por el cese de las guerras, y también por la reconciliación de los seres humanos con Dios.






