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Oct2026El Domund cumple cien años
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En este año 2026, el Domund, la Jornada Mundial de la Misiones, cumple cien años. El Papa lo ha recordado en su importante y sugerente mensaje para esta jornada que se celebra el domingo 18 de octubre. El lema para esta jornada, propuesto por León XIV, es: “Uno en Cristo, unidos en la misión”, que hace referencia al propio lema del Papa: “En el Uno (en Cristo), somos uno”.
La misión es algo propio de todo cristiano, porque ser misionero es ser testigo de Jesucristo. Por eso, todo tiempo y lugar es tiempo y lugar de misión. En 1943, dos clérigos franceses publicaron un libro, cuyo título fue una auténtica bomba: “Francia, país de misión”. Sí, también los supuestos países católicos, son países de misión. Pero cuando se habla de misión en esta jornada del Domund se piensa en lo que se conoce como misión “ad gentes”, o sea, en la labor que misioneros y misioneras, que han dejado su tierra, su familia y su seguridad, realizan en aquellos lugares en donde todavía no ha llegado el Evangelio o, al menos, su llegada ha sido minoritaria, lugares a menudo difíciles, marcados por conflictos o culturalmente lejanos.
Hay dos cosas que me resultan significativas en el mensaje del Papa. Apoyándose en Jn 17,21 (que todos sean uno, para que el mundo crea), el Papa nota que “la primera responsabilidad misionera de la Iglesia es renovar y mantener viva la unidad entre sus miembros”. Afirmación que cobra una gran importancia, a la vista de los “conflictos, polarizaciones, incomprensiones y desconfianza mutua” que muchas veces se dan entre los propios miembros de la Iglesia.
Aunque el Papa no lo dice expresamente, me parece que los que publicamos en internet páginas web o blogs de temática religiosa, tenemos una especial responsabilidad, porque allí aparecen polarizaciones, incomprensiones y desconfianza mutua y, para colmo de males, al descalificar al otro, pretendemos ser los intérpretes de lo auténticamente católico. Y lo auténticamente católico es el Evangelio del amor y del perdón, que debe traducirse en alegría por el bien ajeno y en acogida de la diversidad como riqueza. Cierto, “la unidad misionera no debe entenderse como uniformidad”, sino como convergencia de los diferentes carismas, gustos y opiniones en el mismo objetivo: “hacer visibles el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él”.
El otro asunto que me parece significativo en el mensaje del Pontífice es que en dos ocasiones se refiere al papa Francisco. Una cuando dice que la Iglesia está “llamada hoy a recoger las instancias fundamentales del Concilio Vaticano II y el posterior Magisterio pontificio, en particular, del Papa Francisco". Y otra, cuando después de instar a la unión de todas las fuerzas evangelizadoras, añade: “ningún bautizado es ajeno o indiferente a la misión; todos, cada uno según su vocación y condición de vida, participan en la gran obra que Cristo confía a su Iglesia. Como ha recordado en varias ocasiones el Papa Francisco, el anuncio del Evangelio es siempre una acción coral, comunitaria, sinodal”.







