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Sep2026Un Dios significativo
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Sep
Me temo que estamos pasando por unos tiempos en donde, en muchos ambientes Dios se ha convertido en un vocablo sin significado, a no ser que se le adhieran significados míticos o expresiones populares. Por otra parte, parece que hay signos de una cierta nostalgia de Dios, que se traduce en búsqueda de espiritualidad, frecuentemente una espiritualidad sin religión, fundamentada, sobre todo, en emociones y sentimientos. La verdad importa menos. ¿Sigue siendo el cristianismo significativo, algo importante y revelador? ¿O se está convirtiendo más bien en algo insignificante, que no tiene importancia, que no deja huella, que no cambia en profundidad a las personas?
En distintos momentos de su pontificado el Papa se ha referido a la necesidad, más aún, a la urgencia de lograr para nuestro mundo una paz desarmada y desarmante. Una paz que no se basa en la fuerza ni en el poder, sino en el diálogo, la fraternidad y el perdón. En cierto modo podríamos decir que es una paz que se construye sobre la paradójica fuerza del amor, débil y al mismo tiempo poderosa. Una fuerza del amor que siempre depende de la propia voluntad, aunque la otra parte con la que desea uno estar en paz siga utilizando la fuerza del poder. Por eso, la paz desarmante no devuelve mal por mal, siempre busca el bien y devuelve bien por mal. Sin duda este lema de paz desarmada y desarmante es significativo. Precisamente por eso resulta una llamada a la conversión, al cambio de actitudes.
Este es un ejemplo de lo que puede ser significativo hoy en la Iglesia. En esta línea la sinodalidad bien entendida recibe un fuerte impulso de la paz desarmada y desarmante, porque en la sinodalidad no se trata de rebatir ninguna opinión ni de ver un enemigo donde hay discrepancias, sino de escuchar con atención las cosas buenas que puede aportar el otro, y ofrecer con humildad las alternativas que uno entiende que pueden mejorar e incluso corregir los caminos que se alejan del bien. El diálogo sinodal así entendido también resulta significativo.
Y en la base de todo esto hay un Dios significativo. Hoy es necesario que los no creyentes entiendan lo relevante que es Dios. Pues a propósito de Dios, la verdadera cuestión no es demostrar su existencia. Lo importante, el punto decisivo es qué entiende la gente que decimos cuando decimos Dios. Digo bien qué entiende la gente, porque pudiera ocurrir de que mi intención fuera decir una cosa y mis oyentes entendieran otra. Cuando esto sucede el problema no es de mis oyentes, sino mío. Soy yo el que debe esforzarse para que mis oyentes entiendan lo que deben entender, o lo que a mi me gustaría que entendieran. ¿De qué Dios hablamos? ¿De un Dios al que le agrada que los humanos hagamos sacrificios dolorosos, enemigo del placer, de la alegría y de la vida? Y en esta línea presentamos una Iglesia que continuamente pone carteles de prohibición.







