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Abr2026León XIV: vigilia de oración por la paz
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El sábado, 11 de abril, ha tenido lugar en la Basílica de San Pedro la vigilia de oración por la paz, convocada y presidida por el Papa León XIV, con el rezo del santo rosario. Se rezaron los misterios de gloria, excelente signo de paz, porque no necesitamos más cruces, necesitamos caminos de luz.
La paz ha sido una preocupación constante del pontificado de León XIV, como lo fue también de sus predecesores. Ningún cristiano puede apoyar la guerra en las condiciones actuales con consecuencias mortales sobre muchas personas inocentes. No hay política que pueda justificar una toma de postura cristiana a favor de la guerra. Desgraciadamente para algunos sus simpatías políticas o su ideología son condicionantes de su modo de vivir la fe, y no la fe el correctivo de sus ideologías y preferencias políticas.
Al comienzo de cada misterio, tres fieles de cada continente se han acercado a la imagen de la Virgen María para encender una vela con fuego tomado de la lámpara de la paz de Asís. De vez en cuando la televisión vaticana ofrecía una imagen panorámica de la Basílica. En ningún lugar me pareció ver a embajadores o representantes de las naciones del mundo, quizás porque bastantes de ellos (por no decir casi todos) no se sentían representados en lo que significaba este acto. Pues ellos, incluso cuando no hacen la guerra, suelen utilizar el poder en su propio beneficio, y esta es una mala manera de pensar en el bien de los demás.
La vigila terminó con unas emotivas palabras del Papa. Entre otras cosas dijo: la oración no es un refugio para eludir nuestras responsabilidades, no es un analgésico para evitar el dolor, es una respuesta a la muerte que produce la guerra. Las tumbas de este mundo parecen no ser suficientes, porque se sigue aniquilando la vida sin piedad. La oración nos educa para actuar según nuestras posibilidades, para romper la cadena demoníaca del mal e introducirnos en el reino de Dios, en el que no hay espadas, ni drones, ni venganza, ni lucro injusto, sino dignidad, compresión y perdón. El delirio de omnipotencia, el hacer del propio poder un ídolo, se vuelve cada vez más agresivo, e incluso el santo nombre del Dios de la vida es arrastrado en discursos de muerte. El que reza no mata ni amenaza con la muerte. Basta ya de la guerra. La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida
Sin duda, ha terminado diciendo, los gobernantes de las naciones tienen responsabilidades ineludibles en favor de la paz. A ellos les decimos que se sienten en mesas de diálogo y no en mesas donde se prepara la guerra. Pero la oración nos compromete a todos a hacer desaparecer lo que queda de violencia en nuestro corazón. Dejemos el terreno de la polémica y busquemos la amistad y la cultura del encuentro. Cada uno tiene su lugar en el mosaico de la paz.
León XIV ha citado a Pablo VI, Juan Pablo II, Juan XXIII y Francisco, todos ellos artífices de paz. Ha recordado el “nunca más la guerra” de Juan Pablo II, y las palabras de Francisco sobre la necesidad de ser artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y reencuentro con ingenio y audacia. Una artesanía de la paz que nos involucra a todos. Para concluir diciendo: Nunca más la guerra, aventura sin retorno, espiral de lutos y de violencia. Jesús venció a la muerte sin armas ni violencia.








