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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

23
Ago
2021

Culto y fraternidad

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barcaiglesia

La eucaristía está esencialmente orientada a la constitución de la fraternidad humana. Un texto del evangelio es muy claro en lo que concierne a las relaciones entre culto y fraternidad: "Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda" (Mt 5,23-24). El texto cobra toda su fuerza si se nota que no se pregunta quien tiene la culpa de que tu hermano tenga algo contra ti. A lo mejor toda la culpa es suya, y tú eres víctima de sus manías, de sus complejos, de sus egoísmos. Pues bien, a ti te toca dar el primer paso, a ti te toca ceder si quieres celebrar correctamente la eucaristía, misterio de una vida que se entrega totalmente por amor sin poner ninguna condición.

En el Nuevo Testamento hay un vocablo que sintetiza muy bien la relación que hay entre culto y fraternidad. Es la palabra koinonia, o sea, comunión. Esta palabra expresa tres realidades a la vez: en primer lugar, koinonia significa la puesta en común de los bienes necesarios para vivir (Heb 13,16; Hech 2,44; 4,32). La koinonia es un gesto concreto de caridad fraterna; por esto, Pablo empleará esta palabra para hablar de la colecta a favor de los cristianos de Jerusalén; éstos glorifican a Dios, dice Pablo a los corintios, "por la generosidad de vuestra comunión con ellos y con todos" (2 Co 9,13; cf. 2 Co 8,34; Rm 15,26-27). La koinonia designa también la unión de los fieles con Cristo por medio de la eucaristía: "la copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?" (1 Co 10,16). La koinonia significa, finalmente, la unión de los cristianos con el Padre (1 Jn 1,6; 1,3), con el Hijo (1 Co 1,9; 1 Jn 1,3) y con el Espíritu (2 Co 13,13; Flp 2,1).

Entiendo que es buena esta síntesis: la fraternidad humana tiene su fundamento en la comunión plena con las tres personas de la Trinidad: "toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", dice el Vaticano II, citando a San Cipriano. El lazo que une estas dos realidades se celebra, es decir, se recuerda y anuncia de forma eficaz en la eucaristía, que nos une con los hermanos al unirnos con Dios. "Hacer memoria de Cristo" es mucho más que realizar un acto cultual: es comulgar con una vida, que es la vida de Dios, vida que se entrega totalmente por amor a los otros.

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