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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

12
Ago
2022

Sin pecado asunta al cielo

3 comentarios
sinpecadoasunta

En 1950, casi cien años después de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, el Papa Pío XII proclamó “como dogma divinamente revelado” la asunción de María en cuerpo y alma a la gloria del cielo. Estos dos dogmas están relacionados, hasta el punto de que algún teólogo (por ejemplo, el Cardenal Charles Journet) piensa que el fundamento del dogma de la Asunción es el dogma de la Inmaculada. Pío XII, en el preámbulo de la constitución Munificentissimus Deus, afirma: “ambos privilegios están íntimamente unidos entre sí”.

¿Dónde está la relación? El dogma de la Inmaculada, tal como está formulado en la bula Ineffabilis Deus, declara que la Santísima Virgen María, desde el primer instante de su concepción, “fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original”. Ahora bien, según la doctrina clásica, una de las consecuencias del pecado original es la muerte. Por tanto, parece lógico que si María no tuvo pecado, tampoco sufriera su consecuencia, que es la muerte. Ahí está la relación de los dogmas.

La teología del pecado original que subyace a estos dogmas ha evolucionado. Hoy, la teología entiende que la muerte que es consecuencia del pecado no es la biológica, sino la espiritual, la separación de Dios. La muerte biológica es natural a todos los seres vivos, es el precio o la consecuencia de la vida de todos los “no dioses”, plantas, animales o humanos. La relación del pecado con la muerte biológica podría entenderse a la luz de este texto de la carta a los Hebreos (2,15): Cristo vino a librarnos, no de la muerte (natural e inevitable), sino del miedo a la muerte. Dicho de otra manera: la muerte no se afronta de la misma manera cuando uno vive alejado de Dios que cuando uno vive en gracia, confiando en el amor de Dios y esperando en sus promesas.

A esta luz los dogmas de la Inmaculada y de la Asunción podrían tener un alcance antropológico inesperado. Serían como dos faros potentes que iluminan la situación y la esperanza cristianas, situación y esperanza que en María han sido ya realizadas como primicia, a saber: el cristiano, unido a Cristo por el bautismo, está llamado a vivir sin pecado, a ser santo ante Dios por el amor; y viviendo así, tiene la firme esperanza de encontrarse con el Señor al término de su vida mortal, pues para los que creen en Cristo la vida no termina, se transforma. Y está transformación es en realidad una plenitud, en la que todas las dimensiones de la persona (“cuerpo y alma”) encuentran su más perfecta realización, de una forma estable y completa.

Un himno de la liturgia de las vísperas de la Asunción canta: “¡Dichosa la muerte que tal vida os causa! ¡Dichosa la suerte final de quien ama!”. Hay un modo de morir que, en realidad, es una entrada en la vida; aquellos que aman pueden vivir confiados en esta suerte final. Vivir en el amor, sin pecado, en santidad, es el camino que lleva a la vida. Esa es la fe y la esperanza de todo cristiano.

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juan garcia
12 de Agosto de 2022 a las 10:40

El paso de esta vida temporal a la vida eterna parece ser la muerte. Por lo tanto no debemos temerle. "Muero porque no muero", cantaba y rezaba Teresa de Jesus a su Jesus de Teresa.
El Jesus de Teresa es el Jesus de todos nosotros, el salvador del mundo. El conoce todas las miserias humanas y solo espera de nosotros corazones agradecidos por todo cuanto ha hecho por nosotros.

Journet fue un gran eclesiólogo, pero no era la
12 de Agosto de 2022 a las 11:22

mariología su fuerte.

La razón última de los misterios marianos radica
en la maternidad divina. Porque era Madre de Dios,
María fue inmaculada y María ascendió al cielo.

JMV
12 de Agosto de 2022 a las 16:46

La doctrina de la maternidad divina como fuente de los dogmas marianos era la que enseñaban Sauras y Llamera en los Congresos de Mariología. En particular fue magnífica la lección a este respecto de Llamera en la Conferencia, en Roma, previa a la declaración del dogma de la Asunción, que impactó a Garrigou-Lagrange. El Vaticano II hizo suya esta doctrina. La dogmática mariana no son meros números del Denzinger, ni ensoñaciones románticas. Hay una sistemática teológica interna. Los fieles entienden mejor la Inmaculada y la Asunción si se les da las razones últimas.
Lamento el descalabro del texto, pero no se me permitía la entrada normal. Este texto empieza con el juicio sobre el cardenal Journet. José M. Valderas.