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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

10
Dic
2019

Mucho decorado, pero ningún niño Jesús

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lucesicono

Eso es lo que hay estos días en nuestras ciudades: mucha decoración, pero ningún niño Jesús. Este ambiente profano hace más oportuna, si cabe, la preciosa y emotiva carta al pueblo cristiano que ha escrito el Papa Francisco, reivindicando la tradición popular de los belenes durante los días de Navidad.

El texto comienza con estas palabras: “El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración”. Selecciono unas palabras del escrito: “Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría. Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado”.

Con motivo de las fiestas cristianas de Navidad ya estábamos acostumbrados a ver árboles iluminados. Este año los árboles han cedido el paso a las luces, al desafío pacífico que parece darse entre los alcaldes de Madrid y Vigo para ver quién pone más y mejores luces en la ciudad. En un principio, los árboles y las luces eran símbolos cristianos. El roble, en los pueblos germánicos, representaba al dios Odín. San Bonifacio “cristianizó” este símbolo y, en su lugar, colocó un pino que, por ser perenne, pretendía representar el inmutable amor del Dios revelado en Jesús. Algo de eso hicieron los primeros cristianos cuando cambiaron el sentido de las fiestas romanas al sol naciente por la fiesta de la Navidad, en la que nace el verdadero sol que ilumina a todo ser humano que viene a este mundo.

El árbol y las luces han dejado de ser símbolos religiosos cristianos. Se han convertido en adornos para celebrar no se sabe muy bien qué, quizás el final y el principio del año civil. Sería una pena que fueran las luces y el árbol del nuevo palacio de Herodes, “sordo al anuncio de la alegría”. La carta del Papa reivindica un signo claramente cristiano, el belén que todavía sigue estando presente, aunque probablemente menos que hace unos años. Signo que nos llama, por una parte, a la alegría; y, por otra, a realizar la revolución del amor.

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