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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

31
Jul
2026

Lo que de verdad vale, no cuesta nada

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domingo18

Normalmente consideramos valioso aquello que cuesta dinero. El valor de las cosas, se mide por su valor de coste, por el dinero que nos piden o damos por ello.

En el domingo 18 del tiempo ordinario (ciclo A) la Palabra de Dios nos sorprende con una extraña sabiduría: lo valioso, lo verdaderamente valioso, es lo gratuito. Gratuito, no porque no vale nada, sino porque no tiene precio, porque no se puede comprar, porque quién trata de obtenerlo con dinero no ha entendido de qué se trata. “¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta? ¿Y el salario en lo que no da hartura?”, pregunta el profeta Isaías. No se trata de un reproche hacia el que gasta mal. Se trata de un reproche al que piensa que con dinero se pueden obtener los verdaderos valores, los que de verdad llenan el corazón humano. “Escuchadme y viviréis”, continúa diciendo el profeta: la vida, y la vida abundante, viene de la escucha de la Palabra de Dios. Por eso, quiénes lo saben dirigen su mirada hacia el que puede saciar: “los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente” (Salmo responsorial).

En esta misma línea se mueve la carta de san Pablo a los Romanos: el amor de Dios, manifestado en Cristo, es algo tan seguro, tan firme, que nada ni nadie puede apartarnos de él. Pero el amor es algo gratuito. Quién pretendiera comprarlo, no sólo manifestaría que no entiende nada de amores, sino que se haría despreciable. Porque el amor no consiste en dar, sino en darse. En el amor, yo hago donación de mí mismo a otra persona. En el Amor, Dios se nos entrega a sí mismo. Y lo hace libremente, por el puro placer de darse. Porque no sabe hacer otra cosa. Sólo sabe amar. Pues en el amor encuentra su razón de ser, su vida más profunda.

El Evangelio nos descubre una nueva perspectiva sobre lo valioso. Cuenta que, siendo tarde, y a la vista de la multitud, los discípulos le dicen a Jesús que despida a la gente para que vaya a las aldeas y se compren de comer. Como siempre, la respuesta de Jesús desconcierta: “dadles vosotros de comer”, dice a los discípulos. Pero, ¿cómo, si no tienen comida? Tan solo hay cinco panes y dos peces. Jesús aprovecha la circunstancia para dar una nueva prueba de que en lo gratuito está lo valioso. Gracias al milagro de Jesús, todos comen y sobra. El milagro orienta hacia la abundancia del banquete escatológico: el Reino de los cielos sólo se comprende desde la sobreabundancia. Pero también orienta hacia la anticipación de este Reino en este mundo: allí donde hay un cristiano, hay generosidad; allí donde hay un cristiano, nadie debería pasar hambre. No porque el cristiano sabe vender bien, sino porque sabe repartir lo poco que tiene, aunque sean cinco panes y dos peces. Por eso es importante la palabra de Jesús: “no hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer”. Dadles lo que tengáis, dádselo gratis. Si dais gratis lo que tenéis, abundará y sobrará. Y paradójicamente, no perderéis nada. Como sobrará, podréis recoger. ¿Quién entiende esta extraña sabiduría? Quién la pone en práctica. El Evangelio se hace verdad en la medida en que lo realizo.

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