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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

27
Jun
2021

Factores que alimentan la increencia

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increencia

La increencia es un fenómeno complejo. Es posible detectar algunos factores que la alimentan. En la medida en que los creyentes los apoyemos, directa o indirectamente, dificultamos la difusión de la fe.

Una posible causa de la increencia es el predominio de una mentalidad que cree que todo se soluciona con dinero o con ciencia, lo que produce la expectativa de que todo puede tener una solución tecnológica. Esa mentalidad no facilita que surjan las preguntas más fundamentales y existenciales.

Otro motivo podría ser el relativismo, propio de las sociedades democráticas. El pluralismo, al presentar un variado mercado de valores y estilos de vida, de religiones incluso, no sólo ha tenido como resultado el surgimiento de valores auténticos como el respeto y la tolerancia, sino que, mal comprendido, ha producido un relativismo muy hondo: no se concibe que alguien se presente como poseyendo la verdad plena y absoluta. Quién piensa que la religión cristiana tiene esa pretensión, la descalifica. En muchos ambientes, tanto de intelectuales como de gente sencilla, la Iglesia se percibe como un residuo de absolutismo y dogmatismo, como una institución rígida que no ha sabido acomodarse a los tiempos democráticos.

Finalmente, no seguir los caminos que el Concilio Vaticano II (GS, 20) recomendaba para frenar el avance de la increencia sería también un factor que la alimenta. En resumen, serían estos tres: 1º.- una inadecuada exposición de la doctrina: la formación doctrinal del pueblo, e incluso de muchos catequistas y clérigos, es ciertamente “inadecuada”; 2º.- inautenticidad de vida cristiana: hay cristianos que no viven de acuerdo con su fe; 3º.- falta de “diálogo sincero”, tanto al interior de la Iglesia, como con los “de fuera”.

Por otra parte, hoy nos encontramos con una serie de factores que modifican los rasgos típicos o tradicionales de la increencia: La increencia hoy se presenta como una “increencia práctica”. Muchos siguen afirmando que creen en Dios y se confiesan cristianos pero, de hecho, esto tiene escasa o nula repercusión en sus vidas y en sus actuaciones públicas. Hoy se tiene mayor sensibilidad por los asuntos que tienen que ver con los derechos humanos y la ética pública. Pero en el terreno de la ética personal todo parece permitido. La sociedad de consumo, la búsqueda del bienestar, la “autorrealización personal”, el pluralismo de opciones, el deseo de placer, etc., caracterizan los estilos de vida. No se quieren adhesiones firmes a nada, ni convicciones fuertes, ni ideales exigentes, ni el sacrificio de buscar la verdad y comprometerse con ella. Sólo se valora aquello que favorece la propia autorrealización.

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