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En Ceuta se disparan misiles humanos
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Lo ocurrido en Ceuta, con más de 60.000 personas entrando de forma ilegal en territorio español, ha sido noticia mundial. Hasta el Presidente de los Estados Unidos se ha permitido utilizar el asunto para sus propios intereses políticos. Desde el punto de vista político, el asunto tiene muchas lecturas. No quiero entrar en este terreno, aunque tenga mi propia opinión. El Papa, después del rezo del Angelus de este pasado domingo se ha referido a este desgraciado incidente, calificándolo de “alarmante” y pidiendo “a Dios, por la intercesión de Nuestra Señora de África, que se puedan encontrar soluciones de paz, de estabilidad y de justicia”.
Desgraciadamente, las soluciones de paz, estabilidad y justicia no son las que más preocupan a “los que dominan como señores absolutos” (Lc 22,25) de uno y otro signo. Y cuando son otros los intereses, entonces las consecuencias pueden ser trágicas. Lo peor que ha ocurrido en Ceuta, aparte del sufrimiento y del engaño que han sufrido muchos jóvenes, ha sido el fallecimiento de bastantes de ellos. Un solo muerto ya es inaceptable. Probablemente sean más de cien las personas fallecidas en los últimos días en este cementerio que, desde hace tiempo, es el mar Mediterráneo, incluido algún niño pequeño. Personas que han sido utilizadas como armas, misiles o proyectiles humanos para presionar o atacar, para defender intereses ajenos a estas personas. Han sido personas utilizadas como carne de cañón, expuestas a un peligro de muerte de forma bien consciente. Cuando se disparan misiles los hay que no llegan a su destino porque caen en el camino.
¿Podemos hacer algo? Al menos levantar la voz en contra de quienes hacen políticas que conducen a tan trágicas consecuencias (en el Norte de África, en Ucrania, en Gaza y en tantos otros lugares) y a favor de aquellos (sean policías o voluntarios) que han ayudado a esas personas en su tragedia o les han dado un trozo de pan. Es justo y necesario, me parece a mí, manifestar el desacuerdo contra las malas políticas de “esos señores absolutos”, que en el colmo de la ironía se hacen llamar “bienhechores” (Lc 22,25). Pero es mejor ser sensible al drama de los que la sufren. Si hay que señalar a alguien, que no sea a quiénes son utilizados como misiles humanos, sino a quienes los disparan.