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Domingo de Guzmán: oración y estudio
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Santo Domingo de Guzmán tiene fama de haber sido un hombre de intensa oración. El beato Jordán de Sajonia, su sucesor en el gobierno de la Orden, escribió: “Durante el día nadie más accesible y afable que él en su trato con los frailes y acompañantes. Durante la noche, nadie tan asiduo a las vigilias y a la oración. Dedicaba el día al prójimo, la noche a Dios”.
La oración es algo propio de todo cristiano. Una vida de fe sin oración es inconcebible. No es extraño, pues, que se diga de todos los santos que han sido personas de oración. Pero la oración de santo Domingo tiene una característica peculiar, a saber, la integración armoniosa entre oración y actividad apostólica. Según el testimonio de las personas más cercanas a él, “hablaba siempre con Dios o de Dios”. Esta observación indica su comunión profunda con el Señor y, al mismo tiempo, el compromiso de llevar a los demás esta comunión con Dios. Tomás de Aquino traducirá el “hablar con Dios” de santo Domingo por contemplari. Y el “hablar de Dios” por aliis tradere contemplata. Contemplar para transmitir a otros lo contemplado. En Domingo y en su hijo Tomás, la vida espiritual se convierte en misión, en servicio a las personas que buscan a Dios y a aquellas que, una vez que lo han encontrado, quieren avanzar en su conocimiento, madurar en su fe.
La vida espiritual, tanto en Domingo como en Tomás, no se limita solo a la oración. Comporta oración y estudio, pues una buena oración se prolonga en el estudio, en el deseo de conocer cada vez mejor al Amado. Domingo quiso que sus frailes adquirieran una sólida formación teológica y no dudó en enviarlos a las mejores universidades de la época. Domingo quiso que sus frailes se dedicasen al estudio sin reservas, un estudio fundado en la Sagrada Escritura y respetuoso con las preguntas planteadas por la razón. De esta forma, el contemplata, del lema de la Orden de Predicadores, contemplata aliis tradere, tomado de Tomás de Aquino, comporta en una perfecta unidad la oración y el estudio. En el estudio contemplativo de la verdad hay un anhelo pastoral, por la exigencia de comunicar a los demás el fruto de la propia contemplación.
Benedicto XVI, recordando que en el “hablar con Dios” de Santo Domingo están implicadas la oración y el estudio, saca dos conclusiones para todo cristiano: una, “santo Domingo nos recuerda que, en el origen del testimonio de la fe, que todo cristiano debe dar en la familia, en el trabajo, en el compromiso social y también en los momentos de distensión, está la oración, el contacto personal con Dios. Sólo esta relación real con Dios nos da la fuerza para vivir intensamente cada acontecimiento, especialmente los momentos de mayor sufrimiento”. Y dos, todos los cristianos, pastores y laicos, tienen necesidad de cultivar “la dimensión cultural” de la fe, “para que la belleza de la verdad cristiana pueda ser comprendida mejor y la fe pueda ser verdaderamente alimentada, fortalecida y también defendida”.