Logo dominicosdominicos

Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

6
Jun
2022
Después de Pentecostés
2 comentarios

despuespentecostes

Con Pentecostés acaba el tiempo pascual. Pero todavía tardan un poco en llegar los domingos del tiempo ordinario. Después de Pentecostés la liturgia presenta cuatro fiestas que recuerdan distintos aspectos del misterio de Cristo. El jueves posterior a Pentecostés se celebra la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. El domingo siguiente está dedicado a la Santísima Trinidad; luego vienen las fiestas del Corpus y del Sagrado Corazón de Jesús.

Jesucristo es el único y eterno sacerdote, sin duda, el único que ofrece al Padre el perfecto sacrificio de alabanza. Pero eso no debe hacernos olvidar que, así como la bondad de Dios (“¡sólo Dios es bueno!”: Mc 10,18) se difunde de diversas maneras sobre las criaturas, el sacerdocio de Cristo es participado de formas diversas tanto por los ministros sagrados (sacerdocio ministerial, o sea, de servicio) cuanto por el pueblo fiel (cada bautizado es miembro de un pueblo sacerdotal, destinado a cantar las alabanzas de Dios). Estos dos sacerdocios, el de los fieles y el ministerial, se ordenan el uno al otro, y no tienen sentido el uno sin el otro. Por eso, cuando el presbítero confecciona el sacrificio eucarístico, lo ofrece en nombre de todo el pueblo de Dios.

Desde hace unos años, en el domingo de la Santísima Trinidad se celebra el día “pro orantibus”. La Iglesia nos invita en este día a acordarnos de aquellas que dedican su vida a la oración, en suma, de la vida contemplativa, un carisma que nos recuerda hacia donde tenemos que dirigir constantemente nuestra mirada. El lema de la jornada de este año es: “la vida contemplativa, lámparas en el camino sinodal”. Quienes lo han dejado todo para contemplar al Señor, se convierten en testigos de la luz, y nos empujan a ensanchar nuestros espacios para buscar a Dios en todas las cosas.

El Corpus y el Sagrado Corazón recuerdan dos aspectos fundamentales del misterio cristológico. Por una parte, la eucaristía es una de las maneras por las que se hace presente esta palabra de Jesús en el momento de su despedida de este mundo: “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Por su parte, la fiesta del Sagrado Corazón, más allá de sensiblerías baratas, nos invita a preguntarnos dónde pone Jesús su corazón, porque si sabemos dónde pone Jesús su corazón, tendremos claro a dónde acudir si queremos encontrar ese corazón lleno de amor y de misericordia. Seguro que Jesús no pone su corazón en los guerreros, en los explotadores o en los que trafican con personas. Más bien lo pone en las víctimas de la guerra y en los explotados.

Ir al artículo

2
Jun
2022
El Espíritu Santo se conoce por sus efectos
1 comentarios

lenguasfuego

Muchos creyentes, cuando buscan una imagen representativa del Espíritu Santo, piensan en una paloma. Una paloma no mueve a la oración. Sin duda, la imagen es bíblica. Pero no es la única, ni probablemente la mejor. Hay otras menos sensibles que se adecúan más a la realidad del Espíritu: viento, luz, fuego, agua.

El Padre y el Hijo son más identificables. Pero el Espíritu Santo, no. En apoyo de esta afirmación voy a acudir al mundo del arte, y recordar unos pocos cuadros famosos, como “La venida del Espíritu Santo” del Greco, en donde no está representado como una paloma, sino por las clásicas lenguas de fuego. Fra Angelico, en “La anunciación” del Prado lo representa como una paloma, aunque pasa más desapercibido, a pesar de su importancia en aquel acontecimiento, que la golondrina que aparece muy cerca de Él. Y Masaccio, en su crucifixión, también llamada “La Trinidad”, disimula la paloma, hasta hacerla casi irreconocible, en el cuello del vestido del Padre.

El Espíritu Santo es, sobre todo, reconocible por sus efectos. El Credo de la fe cristiana se compone de tres artículos, dedicados a confesar nuestra fe en las tres adorables personas divinas. Del Padre se dice que es creador; del Hijo que es salvador. Y después de nombrar al Espíritu Santo se nombran sus principales obras, de forma que sería mejor poner un “que” delante de cada una de estas obras para dejar bien claro que no se trata de afirmaciones independientes, sino de afirmaciones que sólo tienen sentido como obra del Espíritu: creo en el Espíritu santo que santifica la Iglesia, que crea la comunión de los santos, que perdona los pecados, que resucita a los muertos y que nos da la vida eterna.

La primera obra del Espíritu es santificar a la Iglesia. La Iglesia, formada por personas pecadoras, pero muy amadas por Dios, necesita ser purificada constantemente por el Espíritu, que perdona los pecados. Otra gran obra del Espíritu es resucitar a los muertos, en línea con lo que dice este texto de la carta a los romanos (8,11): el Espíritu que ha resucitado a Cristo de entre los muertos, dará también vida a nuestros cuerpos mortales.

Una obra importante del Espíritu, que no aparece tan explícitamente en el Credo, es inspirar a la Iglesia y a los creyentes para que actualicen la obra de Cristo. El Espíritu, teniendo en cuenta los nuevos tiempos y las necesidades que van surgiendo, pone en boca de los predicadores las palabras oportunas para que el Evangelio sea mejor comprendido y aceptado; suscita profetas que disciernen la presencia de Dios en los acontecimientos y denuncian aquellas realidades que se oponen a la presencia del Reino; mueve a mujeres y varones en la creación de instituciones adecuadas para hacer operante el Evangelio; despierta nuevos carismas para el servicio de la Iglesia y de la humanidad. Así es como el Espíritu “recuerda” todas las cosas que dijo Cristo (Jn 14,26): actualizándole en la vida de la Iglesia y de los creyentes.

Ir al artículo

29
May
2022
Humildad y humillación: contrastes
5 comentarios

lamparaencendida

1.- Humildad: actitud de aquel que es consciente de su realidad y, por tanto, de su limitación. Humillación: situación que otro me impone, normalmente contra mi voluntad.

2.- Humillación: palabras que otro me dirige o actitudes que tiene hacia mí, y que resultan despreciativas o me denigran. Humildad: no responder con las mismas palabras o actitudes a aquel que me denigra o desprecia.

3.- Humildad: capacidad de autocrítica, reconocimiento de mis límites, conciencia de mis carencias o de mi no saber. Humillación: burla que otro hace de mis límites, de mi no saber, de mis carencias.

4.- Humildad: actitud del que se niega a utilizar el poder, amabilidad, buen trato. Humillación: actitud del que se somete al poder o actitud del poderoso, que somete a otro; prepotencia.

5.- Humildad: adecuada relación del ser humano con Dios. Por eso está relacionada con el amor. Los amigos no son prepotentes el uno con el otro, sino amables y cariñosos; saben ceder, ceden conjuntamente, condescienden. Humillación: servilismo, actitud del que cree que Dios quiere personas sometidas, pero el Dios cristiano no quiere esclavos, sino amigos.

6.- Humildad: pensar que mi hermano es tan inteligente como yo. Humillación: pensar que yo soy más inteligente que mi hermano y, por eso, mi hermano debe hacer lo que yo digo.

7.- Humildad: una sana autoestima. Humillación: no estimar a los otros.

8.- Humildad: actitud positiva y buena, divina y agradable. Humillación: acto negativo y malo hacia el otro; es diabólica y aborrecible.

Ir al artículo

25
May
2022
Ascensión, la otra cara de la Pascua
3 comentarios

galaxia2

Ascensión y Pentecostés. ¿culminación de la Pascua? Culminación en el sentido de terminar, no. Porque la Pascua es un acontecimiento permanente. Por eso los cristianos prolongamos cada domingo la celebración de la Pascua. Culminación en el sentido de plenitud, quizás. Y digo quizás, porque más que plenitud, Ascensión y Pentecostés son las otras caras del acontecimiento pascual. Se trata de un acontecimiento único y permanente, aunque nosotros, para entenderlo mejor, lo celebremos por etapas.

Viernes Santo, Pascua, Ascensión y Pentecostés son la misma realidad. Se puede hablar de cuatro momentos, pero en realidad, son distintas perspectivas del mismo acontecimiento. ¿Cuándo sube Jesús al cielo, cuando entra en el mundo de Dios para nunca más morir? El día de su resurrección. La resurrección es la subida de Jesús al cielo. Y desde el cielo asegura la perenne efusión del Espíritu, que él mismo entregó el día de su Crucifixión: al morir, dice el evangelio de Juan, entregó su espíritu. Y al morir, ¿qué ocurrió? Pues eso, que Dios le acogió para siempre en su seno.

La Ascensión no es el final de la historia de Jesús de Nazaret, sino el punto de partida de la misión de la Iglesia. Esa fue la recomendación de Jesús a los suyos en el momento mismo de subir al cielo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”. El tiempo de esta misión va desde la Ascensión hasta la Parusía, cuando Cristo vuelva glorioso para juzgar a los vivos y a los muertos.

La Ascensión no es tampoco la ausencia de Jesús. Es su nuevo modo de presencia: “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”, dice también Jesús en el momento de su despedida de la tierra. Sigue estando con nosotros de una manera distinta a como lo estaba durante su vida terrena, pero no menos real. Se hace presente en su Iglesia y en sus discípulos por medio del Espíritu. Jesús resucitado envía su Espíritu, de forma que cada cristiano puede decir con toda verdad: “es Cristo quién vive en mí”. Y como Cristo vive en mi, yo soy el modo como hoy Cristo se hace presente en esta sociedad.

Gracias al Espíritu que la guía y la conduce, la Iglesia puede llegar “hasta los confines de la tierra” y proclamar el Evangelio en todos los tiempos. La presencia terrena de Jesús de Nazaret estaba limitada a un tiempo y a un lugar por sus condicionamientos terrenos. Pero esta presencia puso en marcha un movimiento que, a lo largo de toda la historia, despliega sus múltiples virtualidades y potencialidades. El Espíritu es el que hace posible que hoy Cristo llegue a todos los lugares y tiempos por medio de su Iglesia, o sea, por medio de los cristianos. Esa es nuestra tarea y nuestra responsabilidad. Responsabilidad, sí, porque si la presencia de Jesús de Nazaret estaba condicionada por sus posibilidades físicas y temporales, la presencia de Cristo resucitado está también condicionada por las debilidades y pecados de los creyentes.

Ir al artículo

20
May
2022
Sin santuario y con paz
2 comentarios

paz03

El evangelio del 6º domingo de Pascua ofrece una palabra de Jesús que es un gran estímulo para nuestra esperanza. Y la lectura del libro del Apocalipsis, ofrece una imagen que hace pensar que la presencia de Dios es omniabarcante.

La palabra de Jesús: “Si me amaráis, os alegraríais de que vaya al Padre”. Los amigos deben alegrarse del bien de su Amigo. Porque en este caso el bien de nuestro Amigo, es nuestro bien. El Padre, al que Jesús ha subido, es el destino que queremos alcanzar. En un mundo donde hay tristeza y vaciedad, los cristianos somos personas de esperanza. No de una esperanza cualquiera, sino de la gran esperanza que resiste a pesar de todas las desilusiones, la gran esperanza de que, a pesar de todas las frustraciones, mi vida personal está custodiada por el poder indestructible del Amor, la gran esperanza fundada en las promesas de Dios.

Jesús, que se despide con palabras de esperanza, nos deja en herencia la paz. La paz es fruto del Espíritu Santo, una consecuencia directa de la acogida del amor de Cristo. San Pablo dice a una de sus comunidades: “que la paz de Cristo reine en vuestros corazones” (Col 3,15). Necesitamos paz sencillamente para ser humanos, para acercarnos al otro, para evitar enfrentamientos y vivir en el amor. ¿Por qué es tan difícil la paz? ¿Por qué, incluso entre cristianos, hay enfrentamientos y agresiones? Solo si hay paz en nuestro corazón podremos sembrar paz a nuestro alrededor.

Por su parte, el libro del Apocalipsis, a base de símbolos, describe también nuestra gran esperanza, la esperanza de entrar un día en esa ciudad llena de la gloria de Dios. Pues bien, en esa ciudad no hay santuarios, porque Dios es su santuario. Nosotros solemos pensar que lo sagrado está dentro del templo y lo profano está fuera del templo. Curiosamente, la última página de la Biblia afirma que en la Jerusalén celeste, en el cielo, no hay ningún templo. En el cielo Dios no ocupará ningún lugar especial, porque allí ocupa todo el lugar.

También en este mundo Dios está en todas partes, pero no nos enteramos. No hay nada que no esté determinado por Dios. El silencio del monasterio es tan eco de Dios como el ruido de la calle. Son nuestros ojos cegados los que no alcanzan a ver a Dios en todas partes. Eso de que en el cielo no hay templo invita a los creyentes a discernir la presencia de Dios en lo concreto de la vida, en el trabajo de los hombres, en las protestas de los oprimidos, en las búsquedas y balbuceos de muchas personas, en el ansia de amor que algunos expresan de formas poco convencionales.

En el cielo no hay templo, porque Dios ocupa todo el espacio. Jesús dijo que a Dios ya no se le iba a adorar en ningún templo, sino en espíritu y verdad. Allí donde hay espíritu, donde hay verdad, allí está Dios. Este mundo no necesita templos, sino espíritu y verdad. Que las lecturas de este domingo nos estimulen a vivir en espíritu y en verdad, a vivir en paz, y alimenten nuestra esperanza.

Ir al artículo

17
May
2022
La cruz, puente sobre la muerte
2 comentarios

puente

Cristo “muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró nuestra vida”. Estas palabras de uno de los prefacios de la liturgia de Pascua pueden ser un buen resumen de lo que proclama la fe cristiana. No sólo que Cristo ha sido injustamente torturado y ajusticiado, sino que esta muerte tiene efectos salvíficos para todos y cada uno de los seres humanos que acogen con fe al Hijo de Dios. La muerte de Cristo es la destrucción de nuestra muerte. No en el sentido de que ya no tengamos que morir, sino en el sentido de que unidos “al Jefe que lleva a los suyos a la Vida” (Hech 3,15) podemos morir con serenidad y esperanza, en la esperanza de que la muerte no tiene la última palabra, ella ha dejado de ser muro, para convertirse en puente por donde se entra en la vida eterna, acompañados por el que murió por nosotros y resucitó para nuestra salvación.

Esta imagen del puente para referirse a la muerte de Cristo y, por añadidura a la de los cristianos, la utiliza en uno de sus sermones el diácono Efrén de Siria: “con tu cruz elevaste como un puente sobre la misma muerte, para que las almas pudieran pasar por él desde la región de la muerte a la región de la vida” (Sermón sobre nuestro Señor, 3-4.9).

Que la muerte de Cristo es la destrucción de nuestra muerte solo es posible afirmarlo a la luz de la resurrección. De ahí la continuación del prefacio: resucitando restauró nuestra vida. Restauró: no sólo restableció, sino que renovó, potenció, la puso acorde con el proyecto de Dios. Por tanto, no se trata solo de que Cristo ha resucitado y ha vencido a la muerte, con el poder de Dios, sino que su resurrección tiene repercusiones salvíficas para todos y cada uno de los que se adhieren con fe a su persona: la resurrección del Hijo de Dios es la garantía de nuestra propia resurrección, pues si hemos muerte con él, también viviremos con él (Rm 6,8).

 

Ir al artículo

13
May
2022
Lo nuevo del mandamiento de Jesús
4 comentarios

flordelamor

El evangelio del quinto domingo de Pascua habla de un mandamiento “nuevo”. El mandamiento del amor era bien conocido, puesto que todo buen israelita lo recitaba cada día, en un texto que significativamente comienza así: “recuerda Israel”. Lo que cada día debe recordar Israel es que debe amar a Dios con todas sus fuerzas (Dt 6,5). También los buenos israelitas conocían la otra cara del amor a Dios, a saber, el amor al prójimo, según el precepto bien sabido del libro del Levítico (19,18): “amarás al prójimo como a ti mismo”. Más aún, la coordinación entre estos dos mandamientos la realizaban algunas corrientes de la época. Surge así la pregunta de dónde está lo nuevo del mandamiento de Jesús.

Son tres las novedades que aporta el mandamiento que Jesús dejó a los suyos. Mientras que los mandamientos de la ley de Dios son “amar a Dios” y “amar al prójimo”, el mandamiento de Jesús, “su” mandamiento, añade un matiz al amor al prójimo: el prójimo debe ser también amigo. Jesús había enseñado a las multitudes “el amor al enemigo” para imitar así el amor universal del Padre, que no conoce fronteras. El amor al enemigo es el caso extremo de la universalidad del amor. Pero cuando Jesús deja de dirigirse a las multitudes y abre su corazón a los suyos, enseñándoles lo más propio del amor, o sea, la intensidad e intimidad del amor, el amor con el que Jesús siempre ha amado, “su” amor, entonces habla de amor recíproco. En la comunidad de Jesús no hay enemigos, porque los miembros de su comunidad se aman “los unos a los otros”. Es lo propio de la amistad. El amigo es amigo del amigo.

Segunda novedad: Jesús califica este mandamiento “suyo” (“mi” mandamiento) de “nuevo” porque el amor al que están llamados los discípulos debe ser una imitación del amor que Jesús tiene por ellos: “este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15,12). Y como el amor de Jesús llega hasta el don de la vida (Jn 15,13), así debe ser el amor entre los hermanos: cada uno está llamado a dar la vida por el hermano (1 Jn 3,16). Podríamos todavía profundizar un poco más y añadir que el amor con el que Jesús nos ama es un amor semejante al que el Hijo tiene por el Padre y el Padre por el Hijo: “como el Padre me ha amado así os he amado yo” (Jn 15,9). El amor que Jesús tiene por nosotros es el mismísimo amor intra divino. Por eso el amor mutuo de los discípulos es divino.

Tercera novedad: si este amor es divino, entonces todos los que lo contemplan, lo sepan o no lo sepan, contemplan el mismísimo amor de Dios. De ahí que este amor sea no sólo el signo del cristiano y la prueba de que somos discípulos de Jesús, sino el mejor modo de dar testimonio de él. Así se comprende que “para que el mundo crea” en Jesús como el enviado del Padre (Jn 17,21) es necesario que contemplen este amor mutuo de los discípulos.

Ir al artículo

11
May
2022
El Papa de Roma y el Patriarca de Moscú
3 comentarios

PapayKirill

La guerra que se libra en suelo de Ucrania no debe hacernos perder de vista que hay muchas más guerras en nuestro mundo. Por ejemplo, en Etiopía o en Yemen. Hay además otros conflictos que, aunque no sean considerados guerra en el sentido técnico del término, producen daños y muertes. Basta pensar en las víctimas que la violencia de los cárteles de la droga se cobra cada daño en México. Con todo, la guerra de la que actualmente más se habla y nos toca más de cerca es la de Ucrania. Desgraciadamente, me temo que va para largo.

No cabe duda de que el Papa Francisco ha liderado las llamadas a la paz y ha alentado los esfuerzos para mitigar las consecuencias de esta guerra. Con buen criterio, el Papa pensaba que podría contar con la ayuda de otros líderes religiosos en su búsqueda de la paz. El líder religioso que seguramente hubiera sido más escuchado por una de las partes es el Patriarca ortodoxo de Moscú. Ni siquiera en un asunto tan claramente evangélico ha sido posible llegar a un acuerdo para tener una voz cristiana común. El Patriarca de Moscú tiene sus puntos de vista y no estaría mal que los occidentales escucháramos alguna de las cosas que dice. Porque la OTAN también tiene sus responsabilidades en lo ocurrido.

Cuando los problemas son complejos y hay muchos intereses en juego no es nada fácil hacer propuestas y decir palabras que sean escuchadas por todos. Aquel que está dispuesto a decir palabras que llamen a todas las partes a la conversión y al cambio (¡a todas!, insisto), puede terminar ganándose la enemistad de unos y de otros. O, al menos, la enemistad de unos y la cobardía de otros. O sea, puede terminar crucificado.

Se ha publicado que el Papa está dispuesto a reunirse con el presidente de la Federación rusa. No parece que la recíproca sea verdad, a saber, que Vladímir Putin quiera reunirse con Francisco. Y si uno no quiere, dos no se encuentran. Con todo, yo me pregunto qué oferta política podría hacer el Papa. Putin busca compensaciones políticas. Sin duda, la Santa Sede podría ser la instancia más neutral, independiente, libre y veraz en una mediación. Pero la mediación requiere unas disposiciones por todas las partes que, en este momento, es muy dudoso que se den.

Ir al artículo

7
May
2022
Vida cristiana como alternativa
2 comentarios

cruzmayo

¿Qué vamos a hacer en un mundo en el que, según como se miren las cosas, todo está mal? Para empezar, buscar cosas buenas, que las hay, y muchas. Vamos a cambiar nuestra mirada para ver lo mucho bueno que hay. Y reconocer en esto bueno las semillas del Verbo, las huellas de Cristo, los impulsos del Espíritu. Y luego, vamos a mirar con comprensión a tanta gente que, en medio de sus dificultades y problemas, hace lo que puede. Y, a veces, puede poco. Nuestra tarea, en este caso es no apagar la llama, el pábilo vacilante, la caña cascada. Y si podemos, dar un poco de aliento, enderezar la caña.

Finalmente, ante situaciones que no podemos aprobar, en vez de condenar, hay que presentar la fe y la vida cristiana como una alternativa. Frente a actitudes egoístas, presentar realidades generosas. Frente a tentaciones de muerte y de exclusión, ofrecer instituciones que acogen y ayudan. Frente a vidas desanimadas, ofrecer una mano amiga para animar. Porque cuando se da una mano al desanimado, esta mano transmite mucha alma. Frente a experiencias de ensimismamiento, de mirar solo para sí mismo, ofrecer experiencias de salida, desposesión, desasimiento. Frente a experiencias de control ofrecer confianza. Frente a experiencias de rechazo y desamparo ofrecer la experiencia de la paternidad de Dios, para el que todos somos importantes, necesarios e insustituibles. En una sociedad donde abundan las soledades, deberíamos presentar el cristianismo como una vida en la que desbordan los amores.

Nuestra cultura (si a eso se le puede llamar cultura) acentúa, por un lado, el imaginario del éxito y del poder y, por otro, el vivir y agotar a tope la vida. Para muchos el único objetivo parece ser el gozar. Todo esto nos encierra en nosotros mismos y conlleva una insensibilidad ante experiencias que nos sacan de nosotros mismos y un descuido ante el sufrimiento de los alejados. La experiencia de Dios, por el contrario, se apoya en experiencias que nos hacen salir de nosotros mismos. La experiencia de Dios en nuestra cultura podría tomar la forma de una experiencia de contraste, de un adentrarnos por caminos diferentes. Dios no es rentable, es absolutamente gratuito: nos ama porque sí. Es un Dios que genera fraternidad, hace que me sienta vulnerable frente a los débiles de este mundo. La preocupación por el bien de los demás puede convertirse en el buen camino para estar en el mundo sin ser del mundo, en línea con lo que Jesús dice de los suyos (Jn 15,19).

Ir al artículo

3
May
2022
En el mundo sin ser del mundo
3 comentarios

solencueva

En el Nuevo Testamento el término “mundo” tiene un triple sentido: mundo es el espacio en el que vivimos, nuestro hogar, la prolongación de nuestro cuerpo. Mundo tiene también un sentido peyorativo: es el lugar de actuación del “príncipe de este mundo”, del que trata de separarnos de Dios y, por extensión, mundo es el lugar donde abunda el mal. Finalmente, el término mundo puede referirse a los seres humanos que son amados por Dios: tanto amó Dios al mundo que le entregó a su único Hijo.

A veces los cristianos nos hemos quedado solo con el sentido negativo del término. Cuando Jesús dice a los suyos que “no son del mundo” se refiere a este sentido negativo, aunque también podría entenderse en un sentido más neutro. Los discípulos no son del mundo, si por mundo se entiende únicamente lo terrenal, incluso las cosas buenas que hay en este mundo, porque ellos aspiran a una patria mejor. Su mundo es el celestial. No hay que olvidar que, aunque no sean del mundo, Jesús envía a los suyos a este mundo, al mundo entero. Y los envía con una misión bien concreta: evangelizar, dar testimonio de él, hacer el bien.

En este mundo hay realidades positivas y otras negativas. Dicho con una imagen evangélica: en este mundo hay trigo y cizaña, hierbas buenas y hierbas malas. Los cristianos, antes de condenar y también antes de aprobar ingenuamente, tenemos que discernir. Para reconocer lo bueno de la situación actual, apoyar lo bueno, mejorar lo deficiente y cambiar lo malo. Eso último no es fácil, porque podemos encontrarnos con la oposición de aquellos que quieren mantener lo malo.

Es posible que algún lector piense que me pierdo en consideraciones teóricas y no desciendo a reflexiones prácticas. La verdad es que lo mío nunca han sido las recetas. Yo intento ofrecer levadura, para que cada uno haga fermentar su masa y sea responsable del resultado de la masa. Sin duda se podrían poner muchos ejemplos de las dificultades con las que se encuentra la Iglesia en esta sociedad. Una de las cosas más serias que están ocurriendo actualmente es que lo que hasta hace poco era tolerado, se ha convertido en un derecho social. Derecho social, o sea, protegido por leyes del estado e incluso subvencionado con dinero público.

Algunos políticos pretenden no solo convertir en derecho social determinadas actuaciones poco compatibles con el evangelio, sino convertir en delito cualquier asomo de crítica o, lo que es peor, cualquier posible alusión no favorable a estas actuaciones. Por otra parte, el ambiente social parece imponer un lenguaje llamado políticamente correcto que, en ocasiones, no facilita encontrar la realidad concreta y objetiva de determinados hechos. Dicho de otro modo: de entrada, el culpable solo puede ser uno, siempre en la misma dirección. Lo políticamente correcto impide un buen discernimiento.

Ir al artículo

Posteriores Anteriores


Suscripción

Suscribirse por RSS

últimos artículos

Archivo