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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

28
Sep
2019

No estar de acuerdo sin romper la comunión

5 comentarios
comunidadjesus

Un modo de desactivar el posible escándalo de las diferencias eclesiales, sería recordar que las tensiones son algo tan antiguo como la Iglesia. El Nuevo Testamento cuenta que Pablo “se enfrentó” con Pedro (Gal 2,11). La cuestión objeto de división era si los no judíos convertidos al cristianismo debían observar las leyes judías. Es posible que también hubiera discrepancias entre otros dos grandes líderes del cristianismo primitivo, Pedro (más liberal) y Santiago (más aferrado al judaísmo).

Muchas rupturas comenzaron siendo enfrentamientos o tensiones que no supieron o pudieron resolverse. Al no resolverse, se formaron “Iglesias” separadas, cada una considerándose la “verdadera” y acusando a las otras de desviadas de la verdad. Los periodos post-conciliares han sido momentos propicios para las rupturas, pues todo Concilio introduce modos de comprensión que molestan a los que se aferran a comprensiones literales y arcaicas. Tras el Vaticano I, algunos Obispos consideraron que la proclamación de la infalibilidad pontificia era contraria a la tradición católica. Tras el Vaticano II, un Obispo consideró que los pronunciamientos ecuménicos y litúrgicos del Concilio eran una clara descalificación de la tradición. Aquí, en España, las críticas al Cardenal Tarancón eran moneda frecuente entre muchos católicos.

Lo que está pasando ahora con Francisco es casi una repetición de lo que pasó con Juan XXIII cuando convocó el Concilio. Con una diferencia: entonces no había “redes sociales”, y las descalificaciones no se propagaban con la facilidad con que ahora lo hacen. Pero las críticas a Juan XXIII fueron de grueso calibre, también por parte de aquellos que más obediencia debían manifestarle, hasta el punto de que el famoso cardenal Ottaviani, en cuyo escudo episcopal se podía leer “semper ídem”, encabezó la oposición eclesial a muchas de las reformas del Vaticano II.

Son posibles respuestas diferentes sin romper la comunión. Uno suele juzgar a partir de los datos que tiene y de las experiencias vividas. Los lugares de misión y las necesidades diversas de los fieles y comunidades cristianas, provocan respuestas divergentes, pero la divergencia no está en el Evangelio, sino en la situación a la que el Evangelio debe responder. Hay diferencias que manifiestan la riqueza del Evangelio y su capacidad de adaptación a distintas situaciones.

La comunión se rompe no por los desacuerdos, sino cuando del desacuerdo se pasa al insulto y a la descalificación personal, cuando en vez de buscar elementos de bondad en la postura del otro, se considera que, hasta lo bueno que pueda decir o hacer, esconde las peores intenciones. No estaremos más unidos cuanto más uniformes seamos, sino cuanto más nos respetemos.

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1
Gabriel
28 de Septiembre de 2019 a las 18:07

Es lo mismo juan XXIII que Francisco????

2
JOSE MARIA VEGA DEL OLMO
29 de Septiembre de 2019 a las 19:12

Estoy totalmente de acuerdo con su magnifico artículo, pero los diferentes estamentos o personas dentro del mundo católico, incluso desde algunos puntos de nuestro pais, se manifiestan con actos y opiniones que en nada se parece a las enseñanzas contenidas en el Evangelio, aprovechándose de este desconcierto los diferentes medios de comunicación para atacar y poner en duda nuestras creencias e incluso poniendo en duda los trabajos que en favor de los más necesitados realizamos. Por lo tanto sería tremendamente bueno para nuestro devenir como católicos el RESPETARNOS PARTIENDO DE LAS MAGNIFICAS ENSEÑANZAS CONTENIDAS EN EL EVANGELIO.

3
Ernesto
30 de Septiembre de 2019 a las 17:58

Excelente reflexión y muy eclesial. Lástima que no quieran leerla quienes todavía viven y enseñan "el siempre se ha hecho así". saludos desde Guatemala.

4
Exalumno
2 de Octubre de 2019 a las 18:57

Qué pena que la fina lluvia de tolerancia con que siempre supiste permear tus clases no se haya convertido todavía en un torrente de aceptación y cambio en esta Iglesia tan aferrada al pasado más casposo.

5
Antonio
23 de Octubre de 2019 a las 22:00

No querria dejar sin comentario este articulo, pero a la vez, me va a costar desarrollarlo, pero si lo hago, es por el gran interes que suscita en mi. Y perdon por la introducción.
Me eduque en movimientos muy estrictos y del todo rigoristas. Y en la actualidad, amo y adoro la pluralidad de opciones y como usted bien dice, el respeto por encima de todos, que bajo mi humilde prisma, hoy por hoy y muy en el fondo del fondo, esta censurado no por el Papa, si no por los mismos grupos entre si. Y esto provoca claramente, grupos o clanes en el buen sentido (quiero pensar), y todos ubicados en sus burbujas.
Pienso que casi podria dar por concluida mi humilde opinion, pero, añadire con mis mejores intenciones, un apendice mas.
Y como no acudire a la mas que celebre Enciclica Humane Vitae, (creo se escribe asi). A mi juicio y segun he podido leer en muy abundantes libros, tesis, y articulos muy muy doctos y fiables todos ellos, pienso con sinceridad, que esa Enciclica estuvo redactada y "aprobada finalmente" en medio de tremendisimas dificultades, criticas, y bajo una gran presion por serias discrepancias entre muy conservadores y progresistas. Una cosa es objetiva y muy cierta. Un amplisimo consenso, para nada se dio. Y como suele pasar en temas de conciencia y moral, segun tengo entendido, al pobre santo Padre le toco zanjar el tema mas en falso que en certeza pero presionado finalmente, dio su nil obstat.
40 años despues todavia el episcopado español habla y opina dando glorias del citado documento. Soy padre de familia, y doy fe de ello, de que la inmenisima mayoria de matrimonios católicos prescinden olimpicamente y tranquilamente de gran parte de la cantidad de normativas y preceptos de sus enseñanzas y un servidor corrobora y apoya totalmente las razones y motivos de su me atreveria a decir, absurdas y inhumanas normas bajo pecado mortal. Yo discrepo profundamente.
La pregunta del millon seria pues, ¿nos condenaremos al infierno eterno por ello????
Gracias padre por sus interesantisimos articulos.

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