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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

26
Jul
2020

Matrimonio: mutua docilidad

6 comentarios
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En una entrega anterior me referí al Documento “¿Qué es el hombre?”. de la Pontificia Comisión Bíblica. A mi parecer es un documento que merece ser meditado en grupos cristianos de estudio y reflexión. La Biblia debe interpretarse teniendo en cuenta su contexto histórico y cultural. Dios, si quiere ser acogido, no tiene más remedio que hablar en un lenguaje humano, históricamente situado. Este lenguaje no debe ser absolutizado. Debe ser entendido e interpretado. Si así se hace, estamos ante el mejor remedio contra el fundamentalismo, producto de lecturas literalistas y descontextualizadas de la Escritura.

Pongo un ejemplo, sin ganas de polémica: el documento considera problemático, y en contraste con el modo de concebir hoy la relación esponsal, “deducir que como Cristo es cabeza de la Iglesia, así el esposo es cabeza de la esposa (Ef 5,23). Pablo trata así de fundar la potestad del marido sobre la mujer, acogiendo probablemente lo que en la cultura de su tiempo aparecía como algo natural, para garantizar el orden de la familia”. Pero entonces, la relación entre el esposo y la esposa resulta “asimétrica”, y “exige una específica forma de obediencia por parte del cónyuge sometido”.

Ahora bien, “prescribir que las mujeres se sometan a sus maridos en todo (Ef 5,24) no parece un mandato adecuado para definir la relación entre los esposos, donde la perfección del amor debería manifestarse en el diálogo, o mejor, en el consentimiento de cada uno hacia la verdad expresada por el otro, de modo que ambos obedezcan lo que Dios quiere. La docilidad, por tanto, no se exige sólo a la mujer, sino también al marido. Y no sólo se le pide al esposo que ame dándose del todo, sino que también a la mujer se le pide la misma donación total, expresada por Cristo en su entrega amorosa a la Iglesia”.

De estas reflexiones, el documento saca dos consecuencias: la primera es que los pronunciamientos pastorales de Pablo que ponen a la mujer en posición de inferioridad, han de comprenderse en su contexto cultural. “La segunda consecuencia va, en cierto sentido, en dirección opuesta y se expresa como un interrogante al modelo paritario exigido por la mentalidad contemporánea sobre cuál es la adecuada relación entre marido y mujer”. Cuando hay disparidad de criterios entre los cónyuges, ¿cómo tomar decisiones que afectan a ambos y tal vez también a los hijos? ¿Cómo tutelar la concordia familiar si ninguno cede, si ninguno se somete al parecer del otro?

Responde con sabiduría la comisión bíblica: una estructura paritaria “exige a cada uno de los cónyuges una gran atención al bien común de la familia y una humilde disponibilidad para escuchar al otro, hasta someterse amorosamente a la verdad (es decir, a la voluntad de Dios) que se revela en el paciente diálogo del discernimiento. En caso contrario, uno de los dos prevalecerá sobre el otro de forma solapada, con inevitables consecuencias negativas para la duración del vínculo esponsal”.

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1
J. Garcia
26 de Julio de 2020 a las 11:46

No creo que haya por ahí, fray Martín, ninguna pareja que llegara a un matrimonio normal y feliz, comenzando su relación de noviazgo aceptando superioridades o inferioridades de ninguna clase:
los masoquismos no llegan a lejos. Una relación amorosa entre los esposos la bendice Dios y perdura.

2
Martín Gelabert
26 de Julio de 2020 a las 13:23

Querido J.: claro que ninguna pareja ha llegado a un matrimonio feliz a base de sumisiones. Eso es lo fundamental y lo importante. Pero resulta significativo que la Pontificia Comisión Biblica interprete "corrigiendo" la letra. Ahí está lo que yo he querido destacar. Un abrazo

3
Marina Gutierrez
26 de Julio de 2020 a las 15:43

Efectivamente los dos esposos se someten el uno al otro. Pero este tiempo idolatra la "libertad" y la insumisión. Parece que ajustarse al parecer de otro fuera contra mi dignidad. Tengo incluso que hacer ostentación de mi autonomía... Incluso seguir una religión para muchos es una pérdida de libertad... Educar a los hijos es alinearlos... En fin, que damos un paso pa lante y otro pa tras... Gracias x sus post don Martín!

4
Javier Cabo
27 de Julio de 2020 a las 07:45

Pablo también dijo en sus cartas eso de... “ya no tiene importancia ser judío o griego, hombre o mujer, esclavo o libre, porque unidos a Cristo todos sois uno solo”. Por tanto, Pablo concede igual dignidad al hombre que a la mujer. Es un adelantado a suno tiempo y no era para nada machista. De hecho, él no concebía vivir en pareja y prefería vivir de otra manera (1 Cor 7, 7).

En la carta que tú haces mención, la escrita a los Efesios, no es original de Pablo sino deuteropaulina (esto es escrita por los discípulos de Pablo) una vez que la Iglesia empieza a crecer mucho y a institucionalizarse allá por finales del s. I y principios del s. II. Debido a la expansión del cristianismo, a los discípulos de Pablo les interesa recomendar comunidades jerarquizadas para evitar el desorden y capa. De esta forma la Iglesia se vuelve patriarcal, que es lo que había en la sociedad griega y Romana de la época, aunque algunas mujeres habían tenido puestos muy importantes en algunas comunidades cristianas.

Te recomiendo leer “Qué se sabe de San Pablo en el naciente cristianismo” de Carlos Gil Arbiol, editorial El Verbo Divino. Te va a encantar.

5
Rut
27 de Julio de 2020 a las 09:08

Qué buen comentario sobre la convivencia matrimonial ¡¡
Hoy en desuso, hoy parece que se pretende ¿ quién puede más ?
La clave está en esa escucha humilde, paciente, continuada de diálogo y discernimiento para encontrar la verdad y el bien de ambos y de los hijos. Fr. Martín, siempre da en el clavo...

6
Emilio
1 de Agosto de 2020 a las 02:42

Estoy en la línea de Javier. San Pablo, en su contexto histórico es un adelantado, supera las leyes civiles y el contexto cultural, da igual lo que estos digan, y sin enfrentarse directamente a ellos, antepone el amor de Dios como ejemplo a seguir, donde el hombre y la mujer, el esclavo y el amo tienen la misma dignidad con independencia del contexto histórico en que estemos, el cristiano debe estar por encima de esto, dando a Dios lo que es de Dios y al cesar lo que es del cesar.
Saludos

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